El Eco de la cordillera - Capítulo 34
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34: Yo la quiero a ella 34: Yo la quiero a ella Argen trepó con cierta dificultad la terraza baja y se quedó sentado viendo el interior.
—Argen ven aquí —llamó Hyaker con un silbido.
El cachorro de lobo, que parecía más grande que hace una semana, paró las orejas puntudas y observó a Hyaker curioso, movió la cabeza hacia un lado y luego se giró hacia el exterior.
Hyaker ni siquiera intentó acercarse, la férula se había movido de su lugar ya una vez y aunque ni siquiera sintió un dolor fuerte, el médico de su padre le había exigido no moverse ni un centímetro.
Suficiente había hecho con trasladarse por su cuenta desde el escritorio hasta la cama, las muletas resultaban útiles, pero a la vez eran estorbosas.
—Argen, ven aquí —llamó de nuevo.
El lobo le dio la espalda e inició a mover la cola viendo hacia el exterior.
Hyaker inició a escuchar el lígero doblez del césped fuera de la habitación.
Sonrió por lo bajo extendiendo la camisa del hanyū para ponérsela.
La luz de la luna que entraba por la terraza se vio bloqueada.
Al levantar la vista se encontró a la gran duquesa de brazos cruzados.
Argen entró por completo en la habitación y se dirigió a Hyaker moviendo animadamente la cola.
Leone se aclaró la garganta y giró su rostro a Hyaker.
Trató de hablar pero su expresión se descompuso, perdió el color y luego lo recuperó en un ávido rojo, tanto que parecía una cereza.
Se volteó de golpe hacia el jardín —Por Dios, pero que tipo tan indecente —vociferó con el labio temblante y una punzada que iba desde la garganta hasta el vientre.
Hyaker tenía la parte superior de su cuerpo desnuda.
Leone sentía que se iba a desmayar de los nervios.
A Hyaker no solo le bastaba con tener el rostro más bello del mundo, sino que, incluso su cuerpo parecía esculpido por un maestro de las bellas artes.
Era aparentemente delgado, pero con músculos detallados; hombros anchos, brazos fornidamente marcados, una cintura pequeña (casi más que la suya, lo cuál le dio envidia) y abdominales, que seguramente no podían trabajarse más, dividían en ocho partes el estómago.
Hyaker sonrió coqueto al ver la reacción que provocaba en Leone por simplemente no traer camisa —Una disculpa si no estoy adecuadamente vestido para recibir a su excelencia doña Leone.
Me ha tomado por sorpresa.
—No lo disculpo, es más, me voy —dijo avanzando hacia el jardín.
—Ya estoy listo para recibirla —se vistió.
—He sido impertinente su alteza lo mejor es que me retire ¡Argen!
—llamó.
—Su excelencia no me haría el desaire —sostuvo a Argen entre sus brazos, sin dificultad.
Al animal parecía gustarle estar cerca de él—.
Dígame en qué puede ayudarle este humilde servidor.
Leone se giró viendo hacia todos los lugares del dormitorio, menos al segundo príncipe —No me trate con burla su alteza, sabe muy bien que usted no es “mi servidor”.
—No estoy en el techo —curvó los labios—.
Entonces, dígame en qué puede ayudarle este “su noble príncipe” —corrigió.
“¿Mío?” Pensó Leone con los pulmones cerrados —Quiero asegurarme de que usted no ha dicho nada respecto al asunto del otro día.
—Mmmm…
el cotilleo no es de mis actividades favoritas, pero me es difícil olvidar cosas importantes.
—Eso no es importante —se mordió las mejillas ansiosa.
En lugar de insistir con lo mismo aprovecharía para cambiar el rumbo de la conversación hacia el tema de su interés—.
Pero si se tergiversa la información podría atraerme problemas, incluso enemigos —asintió con exageración.
—¿La gran duquesa tiene enemigos?
—Bueno, no que yo sepa —mintió recordando a un par de personas que le habían hecho la vida imposible—.
Pero según la definición oficial, enemigo es alguien que hace el mal a otros sin necesidad de que este le haya hecho algo primero.
Es decir, tú no tienes por qué enterarte de que tienes un enemigo, sin embargo, es normal imaginar de dónde proviene el odio ¿Verdad?
—El viento frío hizo mover la tela de su camisón blanco, con un diseño simple, de mangas largas que le quedaban flojas y un escote recto que dejaban libres sus hombros y parte de su pecho.
—Por favor pasa —como artista Hyaker realmente apreciaba ver a Leone integrándose entre la luz y el paisaje, pero el aire de Lunhae helaba incluso en verano—.
Tu enemiga es la jefa de los sirvientes.
Leone entró y se sentó en un cojín cerca de la puerta —No lo creo, ella no puede odiar a alguien tan adorable como yo.
—Tus enemigos son los que te señalaron.
—Alguien puede señalar sin odiar realmente, sería más parecido, a presión, para no desencajar —A su mente llegaron personas desconocidas susurrándole palabras de odio.
Personas a las que jamás les hizo daño.
Hyaker asintió mientras Argen saltaba desde sus brazos y mordía una sábana.
—Tu enemigo es otro hombre que también está enamorado de la doncella en el pabellón del loto blanco —habló entrecerrando los párpados.
Hyaker torció la nariz —Ja —expulsó con sorna—.
¿Una mujer?
¿Crees que me buscaría enemigos por una mujer?
—¿Por un hombre entonces?
—se burló.
Hyaker rodó los ojos —Es más probable una mujer.
—¿Y tu crees que nadie más es capaz de enamorarse de la mujer que a ti te gusta?
—La gran duquesa supone que tengo una amante escondida y que mis enemigos son todos aquellos que la codician.
—Y que no pueden tener porque nadie se metería con la mujer de un príncipe —completó.
Hyaker entrecerró sus ojos casi sin doble párpado, incrédulo —¿Te gusta leer?
—Mucho —Leone se apartó los rizos sueltos visibilizando un par de hoyuelos—.
¿Por qué?
—Divagas.
—Divagar no es lo mismo que hipotetizar.
Tengo hechos que pueden respaldar mis ideas, sin embargo no puedo probar del todo que sea correcto.
—¿Pruebas?
—Sales muy tarde en las noches.
Utilizas un camino del que casi todos son ignorantes, y por si fuera poco, cuando te encuentro fuera del palacio estás abandonando un sitio sugerente.
Es normal que conecte hilos.
Hyaker se relamió los labios, exhaló el aire interior lentamente —Yo no estaba ahí por que tenga una amante —Recordó a la pobre mujer que se encontró con el asesino de su madre.
—¿No fuiste a ver a una mujer?
—Preguntó Leone forzándose a ocultar una sonrisa de emoción—.
No mientas ¿Qué más estarías haciendo ahí?
—Algo que a la gran duquesa no le incumbe…
pero, te explicaré brevemente para que no tengas ideas equivocas sobre mí —Hizo de sus pomposos labios una línea fina—.
Sí, fui a ver a una mujer, pero no para lo que tú imaginas.
Leone se rascó la nariz con impaciencia —Es difícil de creer.
No hay nada que afiance lo que estás diciendo.
—Y lo que tú dices ¿Sí?
—Es más lógico.
Mis palabras tienen base.
—Entonces si yo digo que encontré a la gran duquesa en la calle más deshonesta de Selinia, completamente sola, durante la noche ¿Significa que se escapó para ver a su amante?
Permíteme recordarte que nunca me explicaste que hacías en ese sitio —se mordió la mejilla en que sus lunares trillizos picaban—.
Dime Leone ¿Te fuiste a ver con un hombre?
—Leone ocultó su rostro bajo la desordenada y negra melena—.
Es el médico ¿Verdad?
Leone jugueteó con su anillo y giró la boca —Mmmm…
Eso no es un asunto que perturbe a su alteza.
—Mi visita al pabellón no es algo que tenga que perturbar a la gran duquesa entonces.
—¿Tengo razón?
—Soy más fiel al protocolo de lo que piensas —se acomodó el cabello lacio hacia atrás, caía largo hasta su cuello, a excepción de ciertos mechones desacomodados en su frente—.
Más que tú.
A Leone le llegó un enorme remordimiento.
Estaba frente al prometido de una de las pocas personas que jamás le juzgó o señaló.
—¿No consideras que tus salidas fuera del palacio te hayan brindado enemigos?
El único enemigo de Hyaker era el asesino de su madre, pero fuera de eso, era lo suficiente discreto para afirmar que nadie tenía información sobre él como para lograr atacarlo.
Estaba muy orgulloso de su sigilo.
—No, no lo creo —notó el ímpetu—.
¿Por qué tanta insistencia?
Nuevamente evadiste contar qué hacías tan lejos del internado tan tarde por la noche.
—Sí, es que a ti no te lo voy a contar.
—¿Por qué no?
—Necesito ser más fiel al protocolo, ya sabe, alteza, estoy estudiando con su prometida —Dijo con sorna pero verdadera culpa.
Se estaba dejando llevar más de lo permitido.
Hyaker enarcó una ceja —¿Te va bien con Jin Ah?
—Sí, bueno, ya es ¿Tarde?
—dijo viendo el reloj de agua—.
Tarde, sí.
Me voy.
Argen ven acá —Pero el lobo se había quedado dormido en piernas de Hyaker.
Leone se acercó con algo de recelo a la cama e hizo ademán de querer agarrar al lobo.
—A esa distancia ni siquiera Galen lo alcanzaría —mencionó evaluándola.
Leone se acercó un poco más bajo la mirada juiciosa del príncipe, se agachó a su altura y con temor de tener mínimo contacto con él agarró al animal entre sus brazos.
El lobo despertó y se lanzó de las manos de Leone hasta la cabecera de la cama, haciéndola tropezar y caer de frente al lado de Hyaker.
—Es desobediente, es normal por ser un cachorro, pero entiende que un lobo no es un perro —observó el cuello descubierto de Leone gracias a que el voluminoso cabello se derramó en el rostro por la caída—.
Él podría devorarte cuándo estés desprevenida.
—Ese es mi problema —se trepó en la cama arremangando la falda del camisón hasta la altura de sus rodillas y se fue a atrapar a Argen que gruñía molesto al no querer marcharse—.
Nos vamos —lo encerró entre sus brazos.
El lobo estaba creciendo tan rápido que en una semana pasó de ser casi tan pequeño como su muñeca a alcanzar la longitud de su antebrazo.
Se alzó y avanzó hasta la terraza—.
Hasta nun— —Hasta nunca —completó.
Observó a Leone batallar con Argen que amenazaba con rasgarle la parte superior del camisón y dejarla desnuda.
Apartó la mirada exhalando—.
Tráelo cada que puedas, te ayudaré a volverlo dócil.
Leone se giró hacia la salida —No quiero que Argen termine como un indecente —culminó antes de irse.
…
—La verdad es que eres bastante feo —Lupus Argentus paró las orejas al escuchar el objetivo comentario de su ama—.
Es decir, no feo del todo, pero hay algo en ti que no termina de convencerme ¿Tú no lo ves diferente?
—preguntó a Helio—.
Hace una semana sus orejas no eran tan grandes.
Con una mirada soporífera respondió —Señora, es un lobo en crecimiento.
Estos animales específicamente crecen demasiado rápido.
—Lo supuse pero…
¿Por qué tiene las orejas tan grandes?
—Son normales.
—No, están más grandes.
—Claro que no.
—A que sí.
Las mediré y la semana próxima te aseguro estarán más grandes —dijo colocando la palma de su mano enguantada a la altura de las orejas del cachorro.
—Señora ¿Le apetece vuelva a llenar su copa de té?
—Ofreció Hanae.
—Claro —Leone volvió a su asiento bajo en el quiosco en medio de uno de los jardines de peonias.
Argen jugaba libremente con algunos insectos entre las flores.
Desde la llegada del lobo, Leone había logrado espantar ciertas pesadillas, pero el asunto de Hyaker y la muerte del ílios no habían abandonado su mente.
Seguía empeñada en descubrir si cada suceso extraño guardaba alguna relación.
Esperaba ansiosa la respuesta de su hermano a la última carta que envió.
Ella no podía hacer nada sola, necesitaba a alguien de confianza cerca.
—Hanae por favor ve por mi sombrilla —pidió dando un sorbo al te de jengibre—.
Ya sabes que detesto el sol y durante la tarde suele quemar más la piel.
No quisiera arruinar la perfecta palidez de mi rostro.
Hanae alzó una ceja pensando que en realidad Leone necesitaba tomar más sol —A cómo desee mi señora —dijo accediendo de una vez.
Volvió diligentemente a los aposentos.
—Si las orejas de Argen crecen más para la otra semana, tendrás que responderme una pregunta —observó a Helio que permanecía pétreo e un borde del quiosco.
—Mi trabajo no es responder preguntas.
—Es verdad.
Pero esto no sería trabajo, es más….
Mmmm —tocó su mentón—.
Una apuesta.
—¿Cómo me atrevería a apostar con usted?
—Entonces ¿Responderás si pregunto algo?
El escolta la observó con los ojos casi cerrados.
Leone sonreía deslumbrante por lo que Helio no tuvo más remedio que acceder para mantener su paciencia —¿Qué es lo que quiere saber?
—Hace casi tres meses atrás.
La vez que ocurrió lo del príncipe en las caballerizas.
Me diste una advertencia —pausó la frase—.
¿Corro algún peligro?
Helio guardó silencio un momento y luego respondió —Señora, hay peligro en todos los lugares, incluso en su mansión en Ílios.
—Helio por primera vez hablemos con claridad.
Kyun me contó lo que hiciste el día que desaparecí en el bosque.
Obviamente no trabajas para el rey, de lo contrario lo que menos te importaría es proteger mi integridad.
Es mi familia quién te contrató ¿No es así?
—El benefactor pagó para no ser revelado.
—No creas que esas palabras van a despistarme.
Si no me dices yo— —Su excelencia —Un eunuco desconocido se acercó reverenciándose—.
Disculpe mi intromisión.
El príncipe Kairos ha pedido una reunión con usted.
Leone resopló ante la interrupción.
A lo lejos observó al tercer príncipe acompañado de su sequito de sirvientes —¿Le urge?
—Sus palabras indicaron que necesita hablar con usted ahora mismo.
Él ha solicitado su acceso al quiosco.
Leone y Helio se miraron de soslayo —Por favor dile que sería un honor me acompañara a tomar el té —El sirviente se alejó en dirección al príncipe—.
Realmente no piensa rendirse.
—¿La señora que piensa hacer?
—¿Qué me aconsejas?
Helio suspiró —No es buena idea que su alteza siga adelante con lo que sea que ocurra entre la señorita Kun y él.
Usted y yo sabemos que no va a terminar en nada de provecho.
—Los padres de Kyun tienen un pequeño título en Cartalia.
—Título sin validez aquí —Leone suspiró al escuchar la última frase.
Kairos se acercó completamente solo.
Los sirvientes se quedaron en el sitio de antes, solamente el soldado que parecía ocupar la posición de escolta avanzó unos cuántos metros más, sin embargo no accedió al quiosco.
—Su alteza —pronunció Leone parándose para reverenciarse—, por favor tome asiento.
Kairos se sentó en uno de los cojines de la mesa baja —Su excelencia agradezco que haya aceptado mi ingreso.
—Me ofende que piense que debe solicitarme su entrada a lugares de su propio palacio —sirvió una copa de té.
—Usted tiene todo mi respeto excelencia, no podría hacer menos.
—Entonces dígame —extendió la copa—.
¿En qué puedo servirle?
Kairos tomó la copa y dio un trago —Me gustaría hablar de un asunto delicado —miró algo incómodo a Helio—.
A solas si no es molestia.
Espero el señor Sera Min Har no se ofenda.
Leone presionó el entrecejo.
Iba a pedirle a Helio que se retirara, pero era la oportunidad perfecta para saber si era digno de confianza —Lo que tenga que decirme Helio puede escucharlo.
No hay nada que pueda ocultarle a mi sombra —sonrió hacia el escolta.
Helio alzó la ceja —Si su alteza prefiere que me retire, entonces así lo haré.
—No es necesario.
Si su excelencia Leone no lo ve inconveniente por favor quédese.
—Perfecto.
Entonces, lo escucho —Leone descansó su palma contra su mejilla derecha.
—Creo que está de más mencionar mi claro interés en su dama de compañía —declaró cansado.
—Nunca está de más decir las cosas a cómo son su alteza.
Aunque viniendo de usted, me sorprende un poco que quiera hablar ahora que es tarde.
—No es que no quisiera decir todo desde el principio.
Pero, no sabía si era lo correcto cortejar abiertamente a una dama como la señorita Kyun.
Leone se molestó ante el comentario —Correcto o no, su deber era ser franco alteza.
Gracias a eso, Kyun confundió la relación que mantenía con usted.
Una relación que hasta donde ella y yo sabíamos, era meramente profesional.
Kairos tocó sus sienes con cansancio —Antes de dar el primer paso, quería asegurarme de que ella pudiese sentir lo mismo.
—¿Y no le dieron ganas de asegurar su soltería antes de averiguar asuntos tan delicados?
El príncipe tragó grueso con leve molestia.
No toleraba que nadie le hablara de ese modo, pero Leone de Cartalia no representaba a cualquier persona, y él le guardaba suficiente respeto como para soportar —Mi soltería es un asunto político que involucra a muchas personas.
No puedo hablar libremente de ello ya que no solo me concierne a mí.
Leone lo observó un poco ofendida.
Entendía bastante bien lo complicado que era estar envuelto en un matrimonio político, sin embargo, la manera en la que él ocultó la verdad seguía pareciéndole injustificable —Si Kyun sintiera lo mismo que usted ¿pretendía cortejarla estando atado a ese compromiso?
¿se lo iba a ocultar?
Si conoce aunque sea un poco a Kyun ya se habrá enterado de que ella no habría accedido a nada con alguien atado a otra persona.
—Lo sé —dejó salir el aire en sus pulmones—.
Por eso fui a hablar con mi padre, para pedirle la anulación del contrato.
Leone levantó las cejas algo sorprendida, pero automáticamente arrugó la frente —¿No le parece que se retrasó bastante en hacerlo?
—No lo hice recientemente, fue mucho antes de la competencia de caza —hizo una pausa—.
Yo…
realmente estoy interesado en la señorita Kyun.
Leone jugueteó con la taza de té mientras las peonias del jardín le bailaban en modo de aroma.
Se sentía realmente mal de escuchar esas palabras.
La principal razón era porque a pesar de que Kyun era de sangre lunhayena pura, y sus padres poseían un pequeño título nobiliario, ella era una total plebeya dentro de Lunhae, lo que volvía todo considerablemente difícil.
La otra razón era porque en el fondo de su corazón, nadaba la envidia.
Con toda su alma deseaba que Hyaker fuese capaz de hacer por ella lo que Kairos estaba haciendo por Kyun.
—Kyun es una ílios, plebeya en Lunhae.
—Eso la verdad no me importa.
—Claro que importa.
No podrías avanzar mucho con ella bajo estas circunstancias.
—Puedo comprar el título que sea y regalárselo.
Ella es prácticamente lunhayena, para seguir la ley, solo necesita ser una noble.
Helio se aclaró la garganta al escuchar las palabras del tercer príncipe.
—¿Todo bien?
—preguntó Leone.
—Sí, no es nada —respondió—.
Una disculpa.
—Su alteza, no creo que las cosas sean tan sencillas.
Está comprometido con la sobrina de un general —continuó advirtiendo Leone—.
El rey podría no aceptar, además, en un futuro, usted podría llegar a arrepentirse.
—Yo la quiero a ella —Kairos miró a Leone a los ojos con una determinación ofensiva.
—¿Cómo puedes sentir tanto por alguien que conoces de hace apenas una estación?
—Sus gestos, la modulación de su voz, incluso la manera en la que peina su cabello.
Todo eso me dice más que una biografía salida de sus labios.
Así que por favor dígame ¿Qué puedo hacer para que ella entienda esto?
—Incluso a mí me cuesta entenderlo —admitió exhalando mientras colocaba su dedo índice sobre sus labios rojos.
—Si me dice que vaya a buscarla ahora mismo y le grite con todas mis fuerzas esto que le he dicho a usted —asintió un par de veces— lo haré.
—No le gusta que la interrumpan cuando teje —mintió recordando que esa tarde Kyun se iría al archivo—.
Intentaré hablar con ella.
Pero será mejor que pienses tú mismo como darle solución a esto.
—Señora —interrumpió Helio señalando con el mentón a las gradas del quiosco.
El shokan se encontraba inclinado en el primer peldaño —Su alteza —reverenció—.
Señorita Leone de Cartalia.
—Es excelencia, no señorita —corrigió.
—Una disculpa su excelencia, el rey desea verla.
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