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El Eco de la cordillera - Capítulo 37

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Capítulo 37: Ella es mía

Kyun volvió rápidamente al palacio, se había retrasado más de lo previsto gracias a la dificultad del tránsito. El gremio quedaba más o menos lejos, y el festival en las calles complicaba todo. Arribó al palacio usando el acceso secreto del bosque, llegó hasta la habitación de Leone por el jardín, le sorprendió ver todo cerrado.

Dio la vuelta al anexo por el exterior y accedió por un trecho donde no había vigilancia. Avanzó hasta la habitación de Leone, pero Helio tampoco estaba en la puerta, se extrañó todavía más. Abrió la puerta y todo estaba casi oscuro en su totalidad, de no ser por Hanae que con una lámpara de aceite se iluminaba mientras acariciaba la cabeza de Lupus Argentus que se removía inquieto mordiendo un guante de Leone.

—Señorita Kyun al fin llega —sonrió aliviada—. Vine a asistir a la señora Leone para dormir pero no la encontré, tampoco a usted. Estaba muy asustada.

—¿Leone no está aquí? —preguntó observando el reloj, eran las once de la noche.

—¿Ella no está con usted?

Kyun se fatigó al instante —¿El señor Helio no ha vuelto?

—Desde su ausencia común al atardecer no ha regresado ¿La señora no está con usted?

Kyun sintió su respiración acelerarse —No, pero iré a buscarla.

—¿Qué? ¿A dónde?

—A la ciudad.

—¿La señora está en la ciudad? Pero el festival está en su apogeo. Es muy peligroso —exclamó la chica.

—Ya lo sé. Por eso iré a buscarla.

—¿La acompaño?

—No. Quédate aquí, si alguien pregunta, Helio o quién sea, di que Leone está dormida con mucho dolor de cabeza.

—¿Y si preguntan por usted?

—¡Di que estoy entrenando en el bosque!

Salió corriendo hacia la colina. Esperaba con todas sus fuerzas encontrarse a Leone mientras bajaba o al menos cuando llegara al internado, si no, se volvería loca tratando de encontrarla entre esa multitud.

Atravesó el puente de piedra y llegó al punto donde la ciudad era visible, pero Leone no se veía en ninguna parte. Bajó a una velocidad increíble y en un par de minutos estaba frente a la puerta del internado.

—Abran la puerta —exigió a los soldados de la entrada.

—Vete de aquí mocoso. Es un internado de señoritas.

—Soy una mujer —refutó.

—Si claro, y yo soy el príncipe heredero —se burló.

Kyun ignoró a los hombres y se alejó de la puerta. Rodeó el internado hasta encontrar una puerta trasera que inició a golpear.

—¿Quién toca a esta hora? —Dijo una voz en el interior—Es la puerta trasera ¡Nari no abras!

—Tranquila señora Hwa Young, seguramente fue un gato. Revisaré y si ocurre algo le informaré a los guardias.

Un par de pasos se acercaron hasta la puerta que se abrió cuidadosamente. Kyun se alejó un poco para no asustar a la persona del otro lado.

Nari sacó la cabeza y lanzó un pequeño grito al ver una sombra moverse —¿Quién es usted?

—Tranquila —dijo Kyun en un tono suave y con el cabello suelto—. Soy amiga de Asteria, no ha vuelto a casa así que he venido a buscarla.

—Oh, me has asustado —se tocó las sienes algo embrollada—. Asteria no vino hoy, la esperamos pero atribuimos su falta al festival. Es casi imposible caminar con tanta gente.

—¿No está aquí? —Preguntó angustiada.

—No, quizás fue a disfrutar del festival. Escuché que es de occidente, seguro le llamó la atención y—

Nari no terminó de hablar, Kyun había iniciado a correr de nuevo mientras le rogaba al cielo que todo estuviera bien con Leone, o si no la culpa no la dejaría vivir.

…

—Me rindo —Hyaker tenía comprometidas casi todas sus fichas blancas en el tablero.

—Eso te pasa por no priorizar las esquinas —rio Galen tomando las fichas negras y reorganizándolas.

—No las ordenes, ya no quiero jugar.

—¿Por qué? ¿Tanto te molesta que te recuerde que eres malísimo en este juego? —se carcajeó victorioso.

Hyaker lo condenó con sus ojos finos y se quedó en silencio observando la noche en el exterior.

—Ya es muy tarde ¿No piensas dormir?

—No tengo sueño.

—Pero yo sí. No puedo dormir si tú no duermes.

—Se supone que haces guardia nocturna.

—No finjas que no sabes que siempre me tomo una siesta.

—¡Galen! —Hyaker y Galen se giraron hacia la puerta. Era extraño que alguien llamara a esa hora, mucho más raro era que Helio lo hiciera.

—Es mi hermano ¿Qué hace él aquí?

Hyaker entrecerró los ojos confundido ¿Había ocurrido algo? —Atiéndelo.

Galen se acercó a la puerta y la abrió —Jisung ¿Qué pasa? ¿Volviste a perder a Leone de Cartalia? —alzó la voz mirando a Hyaker por el rabillo del ojo. Este pareció no reaccionar, pero se concentró profundamente en Helio en la puerta mientras apretaba ligeramente una ficha en su mano.

—Su alteza —Helio se reverenció hacia Hyaker.

—¿Ocurre algo? —Preguntó el segundo príncipe.

—Un asunto familiar nada más. Por favor permítame hablar con Galen un momento.

Hyaker asintió. Galen y Helio salieron de la habitación al pasillo.

—Tenemos que irnos —susurró Helio—. Eunha salió de la mansión y no ha vuelto.

—¿Qué? ¿Nadie estaba vigilándola?

—Claro que sí. Se escapó cuando volvían de dar las condolencias a la familia Hwang. Saltó del palanquín y desapareció entre la multitud del festival.

—¿Cuánto tiempo lleva desaparecida?

—Desde el inicio de la tarde.

—¡¿Qué?!

—Anda, ayúdame a buscarla.

Galen asintió y volvió a la habitación —Hyaker, debo irme un momento ¿Estarás bien?

—Soy sano —respondió malgeniado.

—Vuelvo dentro de poco entonces “Señor sano” —dijo yéndose junto a Helio.

Hyaker suspiró al quedarse solo, movió la pierna sostenida con vendajes a la férula, estaba sumamente harto. Su pierna había sanado dos días después del accidente, tanto cuidado no era necesario en lo absoluto.

Guardó el tablero con las fichas en un cajón de su gabinete y volvió con ayuda de las muletas a su lugar junto a la puerta de la terraza. El clima esa noche era sumamente agradable.

—¿Puedo acompañarte? —Kairos asomó a través de la puerta principal.

—¿Qué haces levantado tan tarde? —sacó de su bolsillo el colgante con los medallones.

—Necesito un consejo —dijo sentándose a su lado—. El consejo de un hermano mayor.

Hyaker alzó una ceja —Casi nunca acudes a mí para pedir consejos.

—Casi nunca estás en un solo punto.

—Puede ser —movió la cabeza de un lado a otro.

Kairos suspiró profundo, con cierto abatimiento se sentó frente a su hermano —Quiero convencer a alguien de una verdad, pero, esa persona probablemente no confíe en mí porque oculté otra verdad muy importante.

—¿Qué verdad tiene más peso?

—Para mí, la que trato de demostrar. Para ella, probablemente la que oculté.

—Ella —susurró.

Kairos se sonrojó levemente mientras aclaraba la garganta —Quise decir “Esa persona”.

—Ella…—Chupó sus mejillas—. ¿La gran duquesa? —Cuestionó raspando el medallón cuadrado que estaba enrollado en su mano.

—Claro que no, yo me refiero a…— se quedó mudo.

El segundo príncipe dibujó una media sonrisa en sus labios —Kyun.

—Sí —exhaló debilitado—. A Kyun. Necesito que Kyun entienda que siento algo muy fuerte por ella, pero se niega a escucharme gracias a Dion Yi, ella le dijo que estábamos comprometidos.

Hyaker hizo una línea en sus labios mientras se quedaba callado unos segundos —Tienes que hacer que te escuche, pero si de verdad sientes algo, tu compromiso con Dion Yi debe diluirse.

—He hablado con mi padre, no está del todo negado, aunque no sé que opine si sabe que se trata de Kyun, ya sabes, ella es plebeya en Lunhae.

—Le compras un título y listo.

—Eso tengo planeado. Mi problema ahora es que sin importar cuántos títulos le compre, ella no quiere perdonarme.

Unos pasos casi inaudibles llegaron desde el jardín. Rápidamente Hyaker direccionó su mirada hacia el exterior, arrugó el entrecejo ante la sorpresa de ver a la tan mencionada Kyun en cuclillas en su balustre.

—Su alteza —bajó para reverenciarse.

—¿Qué? ¿Kyun? —Kairos asomó al exterior con sorpresa y nerviosismo ¿Ella habría escuchado algo?—. ¿Qué estás haciendo aquí?

—Necesito hablar con el segundo príncipe.

Hyaker buscó con la mirada algo inexistente a espaldas de Kyun. Se preocupó ante el hecho inaudito —Por favor dígame qué necesita.

Kyun que había barrido el lugar buscando a Leone con la vista y oídos, inició a sentir un temblor llegando desde sus codos hasta las puntas de sus dedos —Leone… Leone —balbuceaba a medias—. ¿Leone no está aquí?

Hyaker se quedó mudo viendo a Kyun con el ceño tan presionado que podía romper su frente —No, no está aquí.

—No puede ser —susurró cayendo sobre sus rodillas—. Por favor no —susurró tapando su boca con ambas manos—. Por favor no.

—¿Dónde está Leone? —preguntó el segundo príncipe agravando la voz.

—No lo sé —tragó con la garganta ácida—. La busqué por todas partes. Ella no está.

Hyaker se suspendió de su sitio, se arrancó la férula de un manotón y avanzó hacia la terraza —¿Dónde la buscaste?

—Hyaker ten cuidado, el médico aún no te da de alta —habló Kairos a sus espaldas.

—¿Ya la buscaste en el internado?

Kyun asintió con la vista clavada en el suelo —La encargada me dijo que no había asistido hoy. La busqué en todo el palacio y parte del bosque, pero ella no… Y… Ella ya intentó—

—Cálmate —alentó Hyaker—. ¿Qué es lo que intentó?

—Hyaker no la presiones, Kyun está muy nerviosa —pidió Kairos.

Trató de modular el tono de su voz —Dime ¿Qué intentó?

Kyun observó con ojos brillantes a Hyaker. Tenía miedo de admitir lo que una vez todos fingieron fue accidente para no atravesar el dolor que conllevaba aceptar el hecho. Volvió sentir la madera de nogal en su hombro al tratar de abrir la puerta de la habitación de Leone ese día; volvió a escuchar la desesperación del archiduque exigiendo imposibles al médico; volvió a ver como Leone estaba en un transe tan bello y romántico que parecía crimen interrumpir.

—Intentó matarse —musitó con la voz en un hilo—. Temo que haya hecho lo mismo.

Hyaker se levantó de golpe y caminó hacia el interior de la habitación —Iremos a buscarla.

Kairos se acercó a Kyun que temblaba mientras se abrazaba a sí misma de rodillas sobre el suelo. Extendió su mano, ella la tomó con recelo y luego se soltó evasiva.

—La encontraremos —el tercer príncipe trató de calmarla, pero mentía si simulaba estar en paz en ese momento.

Hyaker salió vistiendo un hanyū negro, se ató la espada a la cintura y envió a Kairos a buscar un par de caballos. Condujo a Kyun por el jardín hacia el camino del bosque.

—La buscaremos en la ciudad. Ya una vez la encontré merodeando por las calles —dijo ajustándose un pañuelo negro al rostro—. Deberían cubrirse el rostro también —sugirió lanzando dos pañuelos a Kyun.

—Hyaker las calles están rebosando de gente —Kairos se aproximó con dos caballos—. Será difícil encontrarla entre la multitud.

—Difícil pero no imposible —subió al caballo con una agilidad casi mágica. No parecía haber usado una férula por tanto tiempo—. Llévate a Kyun.

La aludida giró el rostro al escuchar al segundo príncipe.

—¿Te molesta ir conmigo? —Preguntó Kairos temeroso.

Kyun suspiró algo abatida —La situación lo amerita.

Kairos le ayudó a subir al caballo y junto a Hyaker bajaron la colina hacia la ciudad.

La multitud había disminuido en gran medida. La cuarta parte de la noche obligó a las madres y los niños más pequeños a ir a dormir, pero aún así había mucha gente a los alrededores.

Recorrieron casi la mitad de la capital llamando a Leone por su segundo nombre, no podían arriesgarse a que alguien reconociera a quién buscaban, pero a pesar de estar casi dos horas sin parar no pudieron encontrar nada.

—¡El médico! —gritó Kyun cuando vislumbró a Suho hablando con personas en la calle. Se acercaron de inmediato—. ¡Doctor!

—¡Señorita Kyun! —exclamó Suho preocupado—. ¡Por favor dígame que la señora Leone ya volvió al palacio!

—¿Usted la vio? —Preguntó la chica en un grito.

—Ella estaba conmigo.

Hyaker sintió sus tres lunares picar. Acercó el caballo al médico lo suficiente como para hacerlo retroceder —¿Y dónde está?

El médico retrocedió y entrecerró los ojos para reconocer a Hyaker, pero le fue imposible —Salió corriendo. Estábamos conversando en la calle de los pabellones cuándo se me perdió. La he estado buscando desde entonces.

Hyaker se mordió los labios. Sin esperar una palabra más cabalgó hasta la calle mencionada por el médico —¡Busquemos en las posadas! —Gritó a Kairos a sus espaldas—. Tiene que estar por aquí.

…

La posada estaba totalmente llena de extranjeros y lunhayenos. Había aroma a vino y cierto humo de tabaco debatiéndose por ocupar las fosas nasales de la gente. Leone estaba recostada sobre una mesa ancha. La capa y su pelo medio suelto ocultaban a la perfección su rostro, pero la delicadeza de sus manos desnudas evidenciaban que era una mujer.

—AH cwomo te decía… Hip—Se llevó un trago de brebaje borgoña a los labios mientras alzaba levemente la cabeza—, siempwre que quiero algow termino sin nada ¡Sin nadaaaa! —rellenó su copa con el líquido de la jarra. Vino de granada, a penas Leone lo probó no pudo dejar de tomarlo, era deliciosamente adictivo.

—No es mi prgoblema niñgaaa… —Un borracho de mediana edad la acompañaba en la mesa. A penas vio que Leone tenía monedas para pagar el vino se sentó a su lado y le rogó acompañarla. Ella no aceptó pero tampoco se negó, se limitó a beber y soltar uno que otro comentario sacando su frustración al aire—. Dimeg cuánto cobrgas.

—¡Sí que jodes! —gritó—. Ya te dijwe que no soy una prostituta —su lengua se pegaba de vez en vez por su ebriedad.

—Y entoncesg de donde sagcas tantas monedas… Mmmmmm…. ¿Egres la hijag de una familia rica?

Leone lo fulminó con la mirada desde la oscuridad de su capa, elemento que inició a hostigarle en demasía desde hace un rato atrás —Aunque no lo creas. Lo soy —musitó con las mejillas rojas de la rabia.

—Si clagooo ladrogna.

—¡No necwesito robar! Aunque lo odie… Hip… Aunque lo odie tengo dinero.

El hombre la ignoró, agarró la jarra y en su borrachera hizo salpicar el brebaje en toda la mesa. Leone hizo una mueca de asco, se quitó la capa del rostro e inició a secarse la mejilla en la que el vino salpicó. El hombre al verla abrió sus diminutos ojos lo más que pudo, se asombró de estar frente a una mujer extranjera con características tan únicas.

—AGhhhh… Ya veo porqué tienes dinergo —se acercó un poco hasta inclinarse en la mesa—. Egres una mercancía muy bella.

Leone que observaba todo de un modo borroso endureció sus facciones. Odió que ese asqueroso tipo le recordara que efectivamente ella era una mercancía —Aléjate de mí —le dijo remarcando cada sílaba.

—Ohhh mi ángel clago que no —la tomó de la muñeca—. Tú y yo pásaremos una nochge aggadable —rio mostrando los amarillentos dientes.

Leone forcejeó a medias —Suéltame imbécil —Pero el borracho tenía más fuerza de la que ella esperaba—. No me toques.

—Pergo te tocarge en buenos lugra— El hombre no tuvo tiempo de terminar la frase cuándo la mesa ancha se le vino encima con una fuerza atroz, la jarra se estrelló contra su cabeza y el borde de la mesa le golpeó duramente la nariz dejándole un sonido sordo y puntual—. ¡¿QUÉ PASOG?! —gritó confundido. A medias pudo enforcar una sombra alta y oscura, con una mano sostenía casi acunada por completo a la mujer y con la otra lo amenazaba con una espada de hoja brillante.

—No la veas directamente —escupió el segundo príncipe con el rostro pétreo. Ocultó el rostro de Leone en su hombro y avanzó hasta tocar el cuello del borracho con la punta de la espada.

—¡¿QUÉ CREGGES QUE HACES?! —gritó furioso aún teniendo la espada en la garganta—. ¡Esa mujerg estaba a punto de irgse conmigo! ¡DÁMELA!

Hyaker achicó los ojos arponeándolo duramente —No.

El hombre sacó una risa socarrona —¡Ahoga qué! ¿Quién te crgees que eres? ¡Dámela!

Hyaker respiró hondo. Leone se removió inquieta así que acunó su rostro entre el arco de su cuello para tranquilizarla —Ella es mía —habló abrasivo.

El borracho se rio tan fuerte que llamó la atención de casi todos en el lugar —¿Quién egres? ¿Un gunhyeon?

Hyaker movió la espada haciendo una herida fina pero ácida en el cuello del borracho, que hasta ese momento parecía no haber notado el arma. Se acercó más para musitar algo solo audible para él —El segundo príncipe de este reino —amagó la espada elaborando una herida horizontal para dejar una cruz de fina sangre en la garganta que se contenía para no temblar—. Más te vale no hablar.

Hyaker envainó la espada y salió cargando a Leone entre dormida y despierta. Kyun que permanecía en la calle se acercó corriendo hasta él.

—¿Dónde estaba? —preguntó aliviada girando levemente el rostro de Leone que tenía los ojos fuertemente cerrados. El olor a vino le golpeó la nariz—. Está ebria —tocó sus mejillas sonrojadas.

Kairos se acercó halando los caballos a su espalda —¿Está bien?

Hyaker la vio adormitada en su pecho, un fuerte peso se disolvió de la parte alta de sus hombros —Lo está.

—Tenemos que irnos —habló Kyun—. En cualquier momento alguien puede descubrir que estamos ausentes.

—¡No! —gritó Leone suspendiéndose—. No me quiero ir.

—Leone tenemos que irnos —regañó Kyun—. ¿No te parece que tienes mucho que explicar?

—Nooooooo… Iremos al… Al teatrwo callejero.

—¿Estás loca? Es más de media noche.

—No me voy sin… Hip… Sin ver el teatro.

Kyun se estrelló la palma contra la frente baldada. Solo faltaba que ebria Leone quisiera hacer un berrinche frente a todo el mundo, de por sí las personas ya les regalaban miradas curiosas.

—Yo la llevaré —dijo Hyaker—. Luego la regresaré al palacio.

—Su alteza, es muy arriesgado. Lo mejor es que la amordacemos y la llevemos a la fuerza —Insistió Kyun.

Hyaker y Kairos se vieron mutuamente mientras alzaban las cejas confundidos, ninguno imaginó una solución tan drástica.

—Kyun creo que… —Kairos mostró sus dientes inferiores buscando las palabras—. Creo que es un poco… ¿Severo?

—Oh no, tú no conoces a esa loca —señaló a su señora con el mentón.

—Por qué no dejamos que Hyaker la lleve al teatro. Nosotros volvamos al palacio y tratemos de encubrirlos.

Kyun apretó los labios indecisa.

—Tranquila —dijo Hyaker—. La cuidaré.

Kyun accedió luego de pensarlo por un rato y ver como Leone se aferraba a Hyaker como un mono. Ella y Kairos montaron uno de los caballos mientras Hyaker subía con Leone al otro y cabalgaba en dirección opuesta al palacio.

Kyun no pudo pasar desapercibido como el segundo príncipe trataba con naturalidad algo que a ella justo ahora le estaba volcando el estómago; él simplemente tomó a Leone entre sus brazos, la subió frente a él al caballo y listo, mientras que a ella le costaba un mundo simplemente ir a espaldas de Kairos sin temblar al tocarlo.

—La entrada del bosque solo la conocemos Hyaker y yo. Él suele escaparse por ahí —Kairos trató de romper el silencio.

—Ya veo —Kyun entendió porqué Leone estaba enamorada de Hyaker, ella y él eran iguales.

Llegaron a la parte alta de la colina y atravesaron el puente. Estando cerca de la muralla Kyun bajó del caballo.

—Agradezco de todo corazón el apoyo que su alteza el tercer príncipe me ha brindado —se reverenció.

—No es nada —suspiró—. Realmente yo… Yo haría cualquier cosa que tú me pidas.

Kyun sintió sus mejillas arder —No es necesario —se alejó un par de pasos—. Tengo que irme —Tenía miedo de que su corazón fuera a fallarle justo en ese momento. Le había costado muchísimo convencerse de que lo mejor había sido alejarse de Kairos antes de que sus sentimientos se hubiesen salido de control.

—Te lo ruego —masculló el príncipe dando una zancada para tomarle la mano —Te lo ruego Kyun, por favor déjame demostrarte que todo lo que percibiste era real.

Kyun clavó la vista en un árbol cercano, sentía el llanto a flor de piel —No importa si era real o no. Lo importante es que acabó a tiempo.

—Ni siquiera dejaste que comenzara.

Kyun inhaló con fuerza, el aire de verano quemaba como un incendio. Arponeó vorazmente al tercer príncipe —¿Cómo pretendías que iniciara si estás comprometido? Lo lamento mucho Kairos, pero aunque te amara con mi vida, yo jamás sería tu amante.

Kairos sintió esas palabras como una bofetada —Nunca te pediría eso.

—¿No? Pero era lo que estabas haciendo. Intentabas cortejarme mientras tu compromiso con una noble seguía vigente —un hilo delgado amarró sus pulmones—. Ese es otro factor, soy una plebeya. A un príncipe jamás se le permitiría casarse con una plebeya.

—Yo renunciaría a mi título de ser necesario. Incluso fui a pedirle a mi padre que cancelara ese maldito compromiso solo porque te quiero a ti —vociferó frustrado.

Kyun tragó grueso al escuchar de la boca de Kairos que la quería. Llegó a eliminar toda idea relacionada a un futuro juntos y ahora él se las reconstruía con dos palabras.

—Si no me crees, ve ahora mismo a pedir una audiencia con el rey y convéncete tú misma.

Los ojos de Kyun se cristalizaron, su boca formó un puchero que le cortaba las palabras —Quiero creerte —articuló—. Lo hago, pero si me convences, estaríamos haciendo algo incorrecto.

—Puedo asegurarte que yo jamás cometo errores. Nunca rompo las normas, sigo al pie de la letra el protocolo —tomó su mano y besó el dorso de su muñeca—. Por eso te prometo que amarte es lo más correcto del mundo.

Las lágrimas salieron como torrente, no podía seguir impidiéndose a sí misma sentir. Se ocultó el rostro con la mano, pero el príncipe le tomó una de las mejillas, se acercó con delicadeza y besó los caminos de agua salada que la inundaban.

La observó con precisión, detalló su boca con paciencia, como si quisiera guardarla en sus parpados durante mucho tiempo. Se aproximó lentamente hasta suspirar contra su nariz, el aroma de ambos se mezcló hasta que en un impulso premeditado juntó sus labios regalándole a Kyun el mayor sentimiento de pertenencia que experimentó en toda su vida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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