Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

EL ERROR QUE APRENDIO A AMAR - Capítulo 26

  1. Inicio
  2. EL ERROR QUE APRENDIO A AMAR
  3. Capítulo 26 - 26 Capítulo 8 — La Promesa del Fuego
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

26: Capítulo 8 — La Promesa del Fuego 26: Capítulo 8 — La Promesa del Fuego La nave volvió a respirar.

No como vuelve a respirar una persona que se calma, sino como respira un animal herido que sabe que el peligro no se ha ido, solo ha cambiado de forma.

Los pasillos fueron limpiados.

Las cámaras registraron lo suficiente para que ATENEA armara un reporte… pero no lo suficiente para que el reporte pudiera convertirse en juicio.

Porque incluso con tecnología avanzada, la política siempre encontraba la manera de romper la verdad en pedazos manejables.

Los soldados muertos fueron retirados en silencio.

Sin ceremonias.

Sin nombres pronunciados en voz alta.

Como si reconocerlos significara admitir que habían intentado matar a un bebé.

Evelyn permaneció con Kai toda la noche.

No lo dejó ni un segundo.

Ni en la enfermería, ni en el módulo de descanso, ni cuando ATENEA sugirió recuperación muscular.

Nada.

Solo lo sostuvo.

Kai no lloró.

Pero tampoco durmió mucho.

Parecía demasiado atento, como si su mente estuviera aprendiendo algo más importante que palabras: la forma exacta en la que el mundo intentaba tocarlo.

Y eso era lo que más asustaba a Evelyn.

No su fuego azul.

No su ADN de diez columnas.

No su capacidad de sobrevivir al vacío.

Lo que la aterraba era esto: Kai estaba empezando a entender.

A mitad de la noche, Evelyn lo llevó al pequeño módulo de observación, una sala donde el techo era casi todo cristal, un ojo abierto al cosmos.

La luz de las estrellas se filtraba sin ruido, y por un instante el universo parecía un lugar limpio, como si el horror fuera solo un rumor.

Evelyn se sentó en el suelo, espalda contra la pared, con Kai sobre su pecho.

Kai miraba el techo.

Como si las estrellas fueran familiares.

Evelyn lo miró a él.

Y sintió el golpe de una verdad simple: él no era un bebé normal.

Pero su corazón… Su corazón todavía lo era.

Evelyn le besó la frente, suave.

—No voy a perderte —susurró.

Kai parpadeó.

Evelyn apretó los dientes para no llorar.

—No voy a dejar que nadie te use.

No voy a dejar que nadie te llame arma.

No voy a dejar que te conviertan en una herramienta de guerra… aunque el universo entero crea que ese es tu destino.

Kai soltó un sonido pequeño.

No palabra.

Pero sí intención.

Y en ese sonido, Evelyn escuchó algo que la hirió más que cualquier bala: confianza.

Como si Kai, sin entender, ya hubiera decidido que ella era su lugar seguro.

Y eso era lo único que Evelyn no podía permitirse traicionar.

Al amanecer artificial, Nira entró al módulo.

No tocó la puerta.

Solo se asomó, como si temiera romper algo.

Evelyn levantó la vista, ojos cansados.

—¿Está muerto?

—preguntó de inmediato.

Nira parpadeó.

—¿Quién?

—John.

Nira asintió, lenta.

—No quedó nada que enterrar.

Evelyn cerró los ojos un segundo.

Ni alivio.

Ni culpa.

Solo un vacío frío.

—Era Nivel 3 —murmuró.

Nira se acercó y se sentó frente a ella, manteniendo cierta distancia, como se mantiene distancia de alguien que está sosteniendo la vida con las uñas.

—Sí.

Evelyn bajó la mirada a Kai.

—Mi hijo lo convirtió en ceniza.

Nira no lo dijo como acusación.

Lo dijo como realidad.

—Tu hijo lo protegió.

Evelyn tragó saliva.

—Es un bebé.

Nira miró a Kai y luego a Evelyn.

—Es tu bebé, Eve.

Y eso es lo único que importa ahora.

Evelyn soltó una risa seca.

—Eso es lo único que importa… para mí.

Nira asintió.

—Y para mí.

Y para Lisa.

Pero no para la gente con poder.

Evelyn la miró.

—Explícate.

Nira respiró hondo.

—John no era solo un soldado paranoico.

Era… un símbolo.

Una pieza de algo más grande.

Evelyn apretó la manta de Kai.

—Entonces no vino solo.

Nira negó lentamente.

—No.

Evelyn sintió que su estómago se apretaba.

—¿Quién más?

Nira bajó la voz.

—Estoy rastreando movimientos.

Comunicaciones cifradas.

Cambios de ruta.

Personal que desaparece de cámaras durante segundos exactos.

Gente que se “pierde” en sectores sin razón.

Evelyn la miró fijo.

—¿Hay un grupo?

Nira sostuvo su mirada.

—Sí.

Y no es pequeño.

Evelyn apretó los dientes.

—¿Cuántos?

Nira dudó.

—No tengo número exacto.

Pero los hay en seguridad interna.

En mantenimiento.

En logística.

Evelyn sintió rabia.

—¿En mi nave?

Nira bajó la mirada.

—Sí, Eve.

En tu nave.

Evelyn cerró los ojos.

Todo lo que ella había construido como capitana… se estaba pudriendo desde adentro.

Nira se inclinó hacia ella.

—Antes de que te enciendas… escucha esto.

Evelyn abrió los ojos.

Nira habló claro: —No van a atacarte de frente otra vez.

Aprendieron.

Saben que tú reaccionas rápido.

Saben que Lisa es un muro.

Saben que el bebé… —se detuvo— saben que Kai puede matar.

Evelyn sintió el pecho apretarse.

Nira continuó: —Van a hacer lo que hacen siempre los cobardes con estrategia: esperar el momento donde no puedas moverte.

Evelyn lo entendió.

Y eso la asustó.

—Van a usar una misión.

Nira asintió.

—Sí.

Evelyn miró a Kai.

Kai dormía ahora.

Tranquilo.

Como si el mundo no existiera.

Evelyn susurró: —¿Y qué hacemos?

Nira la miró con una dureza llena de cariño.

—Blindarlo.

No con metal.

Con personas.

Con lealtad.

Evelyn asintió.

—Entonces quiero una guardia.

Nira levantó una ceja.

—Oficial.

Evelyn sostuvo su mirada.

—Oficial.

No secreta.

Que el que quiera tocarlo sepa que lo va a pagar.

Nira asintió.

—Haré una lista.

Nivel 2 mínimo.

Y solo personas que yo misma haya entrenado.

Evelyn miró a Kai.

—Lisa.

Nira sonrió apenas.

—Lisa primero.

Evelyn tragó saliva.

—Y tú.

Nira la miró como si fuera obvio.

—Yo siempre.

La reunión con el General Varron ocurrió esa misma mañana.

Evelyn entró con Kai en brazos.

No como provocación.

Como declaración.

Si alguien quería convertir a su hijo en secreto… tendría que arrancarlo de sus manos con violencia.

Y Evelyn ya había decidido que el universo no iba a hacerlo otra vez.

Varron estaba solo.

Como la última vez.

Evelyn lo agradeció.

No podía soportar otra mesa llena de gente con opiniones sobre el niño que ella alimentaba.

Varron miró a Kai, luego a Evelyn.

—Estás cansada.

Evelyn no lo negó.

—No dormí.

—Lo imaginé.

Varron señaló la silla.

—Siéntate.

Evelyn se sentó sin soltar a Kai.

Varron tocó un panel.

Apareció el reporte.

—Ataque interno —leyó—.

Personal armado.

Intento de asesinato.

Neutralización por… el sujeto.

Evelyn sintió el asco de esa palabra.

—Su nombre es Kai.

Varron levantó la mirada.

—Lo sé.

Evelyn apretó los dientes.

—Entonces úsalo.

Varron sostuvo el silencio un segundo.

—Kai.

Evelyn respiró.

Varron continuó, serio: —Capitana… esto era inevitable.

Evelyn lo miró como si lo odiara.

—No.

Varron no se movió.

—Sí.

En el momento en que trajiste algo imposible a una nave humana… el miedo iba a aparecer.

Y el miedo siempre se organiza.

Evelyn apretó el uniforme.

—Entonces elimínelos.

Varron negó.

—No puedo sin pruebas.

Evelyn se levantó de golpe.

—¡General, intentaron matar a mi hijo!

Varron no se alteró.

—Y si yo ejecuto a gente sin pruebas, el ejército se rompe en dos.

Y cuando se rompe en dos… perdemos colonias.

Perdemos guerras.

Perdemos el control.

Y Kai se vuelve un símbolo de caos.

Evelyn respiró fuerte.

Sus dedos empezaron a arder.

Varron lo notó.

—Evelyn —dijo con voz dura—.

Apaga eso.

Evelyn apretó el puño.

Las llamas no aparecieron.

Pero el fuego seguía dentro.

Varron suspiró.

Y habló más suave.

—Te entiendo.

Más de lo que crees.

Evelyn lo miró.

Varron bajó la voz, casi humana: —Yo también enterré un hijo.

Evelyn se congeló.

Varron apartó la mirada un instante, como si mirar hacia atrás doliera todavía.

—Hace muchos años.

En una guerra estúpida.

En una frontera sin nombre.

Lo enterré y seguí trabajando al día siguiente porque… porque si me detenía… me moría.

Evelyn sintió que la garganta se le cerraba.

Varron volvió a mirarla.

—Así que sí.

Entiendo lo que estás sintiendo.

Pero escucha: Kai no solo es tu hijo ahora.

Kai es una tormenta futura.

Y si no lo protegemos con inteligencia… el mundo lo va a destruir por miedo.

Evelyn apretó a Kai, temblando.

—Entonces protégelo.

Varron asintió.

—Lo haré.

Pero tú también tienes que jugar el juego político.

Evelyn frunció el ceño.

—Odio ese juego.

—Lo sé —dijo Varron—.

Por eso eres peligrosa.

Evelyn apretó los dientes.

—Dame autoridad total sobre su seguridad.

Varron la miró.

—Te la doy.

Evelyn se tensó.

—¿Así de fácil?

Varron sonrió apenas.

—No es fácil.

Es necesario.

Evelyn sintió alivio… y luego miedo.

Porque cuando un general te da poder sin resistencia… es porque el peligro que viene es peor de lo que te ha dicho.

Horas después, en el puente, Nira caminó con su Tablet.

Lisa la seguía, más seria que nunca.

—¿Cuántos crees que son?

—preguntó Lisa.

Nira no apartó los ojos del mapa de seguridad interna.

—Más de diez.

Tal vez veinte.

Y con contactos externos.

Lisa apretó los puños.

—Los voy a congelar.

Nira la miró de reojo.

—No.

No todavía.

Si atacas sin pruebas, ellos ganan.

Te convierten en criminal.

Y a Kai en excusa.

Lisa respiró fuerte.

—Entonces, ¿Qué hago?

Nira bajó la voz.

—Lo que haces mejor: quédate con él.

Protégelo.

Y si alguien entra… no dudes.

Lisa asintió.

—No dudaré.

Nira se detuvo frente a una cámara.

La cámara no se movió.

Pero Nira sintió el presentimiento.

Ese mismo.

El de “nos están escuchando”.

Nira apretó los dientes.

—ATENEA.

La IA respondió.

—Aquí.

—¿Detectas señales de comunicación externa?

Hubo una pausa mínima.

Una pausa demasiado larga para una IA.

—Detecto intentos de comunicación desde Terra.

Nira sintió que se le helaba la sangre.

—¿Desde la Tierra?

—Sí.

Lisa parpadeó.

—¿Pero cómo?

¿Quién sabe?

ATENEA respondió con precisión quirúrgica: —La señal está cifrada con protocolos de alto mando y capital privado.

Nira se quedó inmóvil.

Lisa susurró: —John… Nira miró al vacío.

—No.

Esto no era John.

Esto era su familia.

Su apellido.

Su poder.

Sus dueños.

ATENEA añadió: —Mensaje entrante marcado como prioritario.

Nira tragó saliva.

—Léelo.

ATENEA proyectó la frase en el aire: “Confirmar estado del activo recuperado.

Requerimos acceso inmediato.” Lisa apretó los dientes.

—Activo… Nira cerró los ojos.

—Ya lo llamaron activo.

Lisa susurró con odio: —Van a venir por él.

Nira abrió los ojos.

Y en su mirada no había miedo.

Había decisión.

—Que lo intenten.

Evelyn estaba en el módulo con Kai cuando Nira llegó.

No tocó la puerta.

Entró directo.

Evelyn levantó la vista.

—¿Qué pasó?

Nira habló sin rodeos: —Terra está preguntando por él.

Evelyn sintió que el pecho se le hundía.

—¿Quién?

Nira apretó los dientes.

—La gente con dinero.

Con poder.

Con influencia.

Evelyn apretó a Kai.

—No se lo llevarán.

Nira asintió.

—No.

Evelyn miró a su hijo dormido.

Y por primera vez, el fuego dentro de ella dejó de ser solo dolor.

Se volvió promesa.

Evelyn susurró: —Juro que si vienen por él… les quemo el mundo.

Nira la miró.

Y no le dijo “no lo hagas”.

Solo respondió: —Entonces yo me encargo de que no tengas que hacerlo sola.

Evelyn la miró.

El universo seguía afuera.

El vacío seguía esperando.

Pero ahora Evelyn tenía algo que incluso el cosmos debía respetar: Una razón para destruir.

Y una razón para amar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo