EL ERROR QUE APRENDIO A AMAR - Capítulo 27
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27: Capítulo 9 — El Activo 27: Capítulo 9 — El Activo El laboratorio ya no era un lugar de ciencia.
Era un lugar de miedo educado.
Porque cada vez que los científicos abrían una nueva capa del misterio biológico de Kai, el universo parecía responder con la misma frase, solo escrita de formas distintas: “Esto no es normal.” En la pantalla principal, los modelos matemáticos seguían corriendo.
Simulaciones sobre simulaciones.
Cálculos sobre lo imposible.
Y aun así… lo imposible no fallaba.
ATENEA mantenía todas las proyecciones flotando como un cielo artificial: organogramas celulares, mapas de absorción energética, predicciones de desarrollo neurológico.
Evelyn estaba allí, como siempre.
De pie.
Sin dormir.
Sin irse.
Kai descansaba en una cuna térmica con sensores mínimos, porque nadie se atrevía a ponerle cosas encima que pudieran molestar su piel indestructible.
Nira entró sin anunciarse.
Su rostro ya no tenía duda.
Solo urgencia.
—Eve… —dijo con cuidado, como si temiera que una palabra errada provocara una explosión.
Evelyn no la miró.
—Estoy aquí.
Nira tragó saliva.
—Los científicos encontraron algo nuevo.
Evelyn levantó la vista al instante.
—Dímelo.
Nira giró hacia el equipo científico y les dio una señal.
El científico principal dio un paso adelante, nervioso.
—Capitana Ardent… estamos detectando… actividad.
Evelyn frunció el ceño.
—¿Actividad en qué sentido?
El científico miró a ATENEA como si necesitara permiso para seguir.
ATENEA respondió por él.
—Actividad en el patrón energético intracelular del sujeto.
Evelyn se tensó.
—¿Está absorbiendo más?
—No —dijo el científico rápido—.
De hecho… está absorbiendo con menos agresividad.
Está estable.
Pero sus células… están haciendo algo distinto.
Evelyn se acercó.
—¿Qué?
El científico tragó saliva.
—Estamos detectando que… sus poderes están comenzando a despertar.
Evelyn sintió un golpe en el estómago.
Nira se cruzó de brazos.
—Pero eso ya lo sabíamos.
El científico negó.
—No así.
Evelyn lo miró con dureza.
—Habla claro.
El científico respiró hondo y soltó la verdad como si le quemara la lengua: —No está despertando un poder.
Está despertando varios.
El laboratorio quedó en silencio.
Como si la realidad acabara de inclinarse.
Evelyn miró a Kai.
Kai estaba tranquilo.
Los ojos abiertos.
Mirando el techo como si la palabra “poder” no tuviera sentido para él.
Evelyn apretó los dientes.
—¿Cuántos?
El científico bajó la mirada.
—No podemos contar algo que no se define todavía.
Pero hay firmas que parecen… diferentes entre sí.
Como si su cuerpo estuviera probando capacidades.
Evelyn sintió que la rabia se le mezclaba con el miedo.
—¿Probar?
ATENEA intervino con precisión.
—Las células del sujeto muestran actividad similar a micro ajustes cuánticos.
Nira frunció el ceño.
—¿“Cuánticos”?
ATENEA proyectó una simulación nueva: partículas moviéndose, saltos, fluctuaciones.
—Posible capacidad de manipulación energética a escala cuántica.
Control de energía en niveles fundamentales.
Evelyn se quedó helada.
—Eso significa… El científico habló con un temblor de emoción y terror: —Significa que podría controlar energía de formas que no comprendemos.
No como un piroquinético o un telequinético… sino como alguien que toca la energía en su forma más pura.
Nira murmuró: —Como si su cuerpo tuviera acceso al “código” del universo.
Evelyn lo sintió en el pecho.
No era orgullo.
Era pánico.
Porque un bebé no debía ser capaz de tocar el código de nada.
Evelyn apretó el borde de la mesa.
—¿Puede volverse inestable?
El científico negó con fuerza.
—No ahora.
Parece… estable.
Sus células son absurdamente eficientes.
Y su cerebro… La frase quedó en el aire, porque todos sabían lo que venía.
Evelyn lo miró.
—¿Qué pasa con su cerebro?
ATENEA contestó antes de que el científico se atreviera.
—El desarrollo cerebral del sujeto se ha acelerado.
Comprende patrones con rapidez anormal.
Está absorbiendo información incluso cuando parece inactivo.
Evelyn sintió un escalofrío.
—¿Me estás diciendo que entiende más de lo que aparenta?
ATENEA tardó una fracción de segundo.
—Sí.
Evelyn miró a Kai.
Kai la miró de vuelta.
Y por primera vez Evelyn sintió algo raro, algo inquietante y hermoso: Era como si su hijo la estuviera viendo de verdad.
No como un bebé mira un rostro.
Como alguien que ya comprendía el significado del rostro.
Evelyn tragó saliva.
—Kai… —susurró.
Kai inclinó un poco la cabeza.
Una curiosidad suave.
Una inteligencia escondida detrás de pupilas azules.
Nira se acercó despacio.
—Eve… hay otra cosa.
Evelyn no apartó la mirada de Kai.
—Dímelo.
Nira miró a los científicos.
—Díganle.
El científico principal respiró hondo.
—Encontramos un patrón en su código celular.
Algo… programado.
Evelyn giró la cabeza lentamente.
—¿Programado?
El científico asintió.
—Sí.
No es evolución natural.
Es como si su cuerpo tuviera un objetivo final.
Evelyn se tensó.
—¿Cuál?
El científico tragó saliva.
—Crecimiento óptimo.
Nira frunció el ceño.
—Explícalo.
El científico levantó la mano y proyectó un esquema biológico.
—Sus células están diseñadas para crecer hacia el nivel más apto y de mayor potencial.
No crecerá como nosotros.
No tendrá adolescencia frágil.
No tendrá deterioro genético en el mismo sentido.
Evelyn apretó los puños.
—¿Hasta cuándo crecerá?
El científico dijo la cifra como si fuera una sentencia.
—Hasta los veinticinco años.
Silencio.
Evelyn se quedó inmóvil.
El científico continuó: —Después de eso, su crecimiento se detendrá en su punto máximo.
No envejecerá.
No se degradará.
No sufrirá decadencia celular.
ATENEA lo confirmó: —Inmortalidad biológica absoluta con fijación en plenitud.
Nira murmuró: —Veinticinco… Evelyn sintió un dolor extraño.
Porque, por primera vez, el futuro apareció con forma.
No un abismo.
Un número.
Veinticinco años.
Veinticinco años para convertirse en algo completo.
Y luego… Nada de envejecimiento.
Nada de deterioro.
Nada de pérdida por tiempo.
Evelyn miró a su hijo.
Y de pronto sintió un golpe de miedo distinto: Yo sí voy a envejecer.
Aunque fuera inmortal biológica como humana modificada, ella podía morir.
Podía caer en batalla.
Podía ser asesinada.
Pero Kai… no.
Kai podía quedarse.
Kai podía existir cuando ella ya no estuviera.
Y eso era hermoso… y cruel.
Nira tocó el hombro de Evelyn con cuidado.
—Eve… Evelyn no respondió.
Kai abrió la boca e hizo un sonido pequeño.
No palabra.
Pero algo parecido a intención.
Evelyn lo tomó en brazos y lo levantó suavemente.
Kai la miró.
Y Evelyn sintió que el laboratorio, con toda su ciencia, no podía explicar lo único importante: Ese bebé la necesitaba.
El científico tragó saliva.
—Capitana, con respeto… este nivel de potencial… es peligroso para el equilibrio humano.
Si Terra se entera… Nira lo cortó.
—Terra ya se enteró.
Todos se quedaron quietos.
Evelyn giró la cabeza hacia Nira.
—¿Qué?
Nira respiró hondo.
—ATENEA detectó comunicaciones cifradas.
Alto mando y capital privado.
Lo están llamando… “activo”.
Evelyn sintió que el mundo se le ennegrecía por un segundo.
—No.
Nira asintió.
—Sí.
Evelyn apretó a Kai contra su pecho.
—No lo van a tocar.
ATENEA habló desde el techo, sin emoción, pero con precisión mortal: —Nuevo mensaje entrante desde Terra.
Nira miró a Evelyn.
—¿Quieres escucharlo?
Evelyn levantó la mirada.
Y en sus ojos ya no había cansancio.
Solo fuego.
—Ponlo.
ATENEA proyectó la voz.
No era un militar.
No era un científico.
Era alguien con poder civil.
Un hombre de tono limpio y pulido, como quien está acostumbrado a comprar el mundo con palabras.
—“Capitana Ardent.
Apreciamos su servicio.
El activo será transferido a custodia central para evaluación.
Evite incidentes.
Se le recompensará.” Evelyn no respiró.
Nira apretó los puños.
Lisa, que estaba junto a la puerta, dio un paso adelante, furiosa.
—¿Recompensará?
—escupió—.
Como si fuera mercancía.
Evelyn habló en voz baja.
Pero su voz fue la más peligrosa del lugar.
—ATENEA.
—Aquí.
—Bloquea toda comunicación externa no autorizada.
ATENEA tardó una fracción.
—Confirmado.
Bloqueo activo.
Nira miró a Evelyn.
—Eve… si haces esto… es rebelión.
Evelyn miró a Kai.
Kai le tocó la mejilla con la mano.
Un gesto pequeño.
Cálido.
Humano.
Evelyn cerró los ojos un segundo.
Y cuando los abrió… la decisión ya estaba tomada.
—Entonces que lo llamen rebelión.
Nira la observó con una mezcla de miedo y orgullo.
—Van a venir.
Evelyn apretó a Kai.
—Que vengan.
Lisa dio un paso al frente.
—Mayor… yo lo protegeré.
Nira asintió.
—Yo también.
Evelyn miró a ambas.
Y su voz se quebró apenas, como si el universo por fin le estuviera arrancando una confesión: —No sé cómo se cría un ser que puede tocar el código del universo… Miró a Kai.
—Pero sí sé cómo se cría un hijo.
Kai parpadeó.
Evelyn besó su frente.
—Con amor.
Con límites.
Con verdad.
Y con dientes, si hace falta.
Nira soltó una risa pequeña, tensa.
—Esa última parte sonó muy tú.
Evelyn no sonrió.
Pero su mirada se suavizó un instante.
—Lo perdí una vez.
Silencio.
—No lo pierdo dos.
Y en el monitor, lejos, en la zona externa de comunicaciones, una señal insistente siguió golpeando el bloqueo como un puño en una puerta.
Terra no estaba preguntando.
Terra estaba reclamando.
Y Evelyn ya no era solo capitana.
Era madre.
Y una madre, cuando la acorralan… no negocia.
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