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EL ERROR QUE APRENDIO A AMAR - Capítulo 28

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  3. Capítulo 28 - 28 Capítulo 10 — Orden Directa
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28: Capítulo 10 — Orden Directa 28: Capítulo 10 — Orden Directa El problema con las órdenes es que nunca llegan como deberían.

No llegan envueltas en lógica.No llegan acompañadas de razones claras.No llegan con un manual de cómo obedecer sin perder el alma.

Llegan frías.Secas.Implacables.

Como un golpe en la puerta a medianoche.

Evelyn estaba sentada en su pequeño camarote, con Kai dormido sobre su pecho, cuando ATENEA anunció la llamada.

No fue una alerta urgente.No hubo sirenas ni luces rojas.

Solo la voz tranquila de siempre.

—Capitana Ardent.

Comunicación prioritaria desde el Alto Mando.

Evelyn sintió que algo dentro de ella se tensaba de inmediato.

Miró a Kai.Lo vio respirar despacio, con esa paz que todavía le costaba creer.

—Pásala —dijo en voz baja.

La pantalla se encendió.

El rostro que apareció no era el del General Varron.

Era otro.

Un hombre mayor, elegante, demasiado bien vestido para alguien que decía servir al ejército.

Su sonrisa era educada, pero sus ojos no sonreían.

—Capitana Ardent —saludó con un tono perfectamente medido—.

Soy el Comisionado Hale, representante del Consejo de Defensa Terrestre.

Evelyn se enderezó apenas.

—¿En qué puedo servirle?

El hombre inclinó un poco la cabeza.

—Hemos recibido informes preocupantes sobre el… activo que usted rescató.

Evelyn sintió que la palabra le quemaba la piel.

—Su nombre es Kai.

Hale la miró con calma.

—Sí, claro.

Kai.

Hizo una pausa breve, como si ese detalle no le importara realmente.

—El Consejo ha decidido que el sujeto debe ser trasladado de inmediato a instalaciones seguras en Terra para evaluación completa.

Evelyn apretó a Kai contra ella sin darse cuenta.

—No.

Hale parpadeó, sorprendido por la respuesta tan directa.

—Capitana, esto no es una sugerencia.

Es una orden formal.

Evelyn lo miró fijo.

—Entonces repito mi respuesta formal: no.

El silencio que siguió fue tenso, casi incómodo.

Hale cambió el tono.

—Entiendo que usted haya desarrollado un apego emocional— —No es un apego —lo interrumpió Evelyn—.

Es mi hijo.

El hombre frunció apenas el ceño.

—Capitana, con todo respeto, eso es irrelevante para la seguridad de la humanidad.

Evelyn sintió que la sangre le subía al rostro.

—Lo único irrelevante aquí es su opinión sobre él.

Hale dejó escapar un suspiro paciente, como quien habla con alguien que no comprende la gravedad de la situación.

—Enviaremos una nave de custodia en las próximas cuarenta y ocho horas.

Su deber será entregar al sujeto sin incidentes.

Evelyn no se movió.

—No pienso entregarlo.

—Entonces será considerada en desacato —respondió Hale, ya sin cortesía—.

Y eso tendrá consecuencias.

Evelyn miró a Kai.

El niño se movió un poco en sueños, como si hubiera sentido la tensión en la voz de su madre.

Evelyn levantó la mirada de nuevo.

—Que vengan —dijo en voz baja—.

Pero no se lo van a llevar.

Hale la observó unos segundos más, evaluándola.

—Está cometiendo un error muy grave, Capitana.

Evelyn apretó los dientes.

—Eso mismo me dijeron cuando lo traje del vacío.

La comunicación se cortó.

La pantalla volvió a quedar negra.

Y el camarote se llenó de un silencio pesado.

Nira entró minutos después sin tocar.

Ya conocía esa expresión en el rostro de Evelyn: la que aparecía cuando alguien intentaba quitarle lo que amaba.

—¿Fue Terra?

—preguntó.

Evelyn asintió.

—Quieren llevárselo.

Nira cerró los ojos un instante.

—Lo sabía.

Se sentó frente a ella, mirando a Kai con una mezcla de ternura y preocupación.

—¿Qué dijiste?

Evelyn soltó una risa breve, amarga.

—Que no.

Nira sonrió apenas.

—Eso también lo sabía.

Hubo un momento de silencio.

Luego Nira habló más seria: —Van a mandar gente, Eve.

Gente preparada para obligarte.

Evelyn acomodó a Kai con cuidado.

—Entonces nos prepararemos nosotros.

Nira la miró con atención.

—¿Estás lista para enfrentarte a tu propio ejército?

Evelyn tardó en responder.

No porque dudara de su decisión.

Sino porque comprendía el peso de lo que estaba diciendo.

—Si es por él… sí.

Nira asintió despacio.

—Bien.

Se inclinó un poco hacia adelante.

—Voy a organizar un equipo de confianza.

Gente que te sea leal a ti, no a Terra.

Evelyn levantó la vista.

—No quiero una guerra interna.

Nira sonrió con tristeza.

—A veces la guerra te encuentra aunque no la busques.

Lisa apareció poco después, todavía con una leve rigidez en los movimientos, recuerdo del ataque reciente.

Entró con cuidado, como si temiera molestar.

—Mayor —saludó.

Evelyn la miró y por primera vez en horas suavizó la expresión.

—¿Cómo te sientes?

Lisa se encogió de hombros.

—Viva.

Gracias a él.

Miró a Kai con una sonrisa tímida.

—Y gracias a usted.

Evelyn negó con la cabeza.

—Tú lo protegiste.

Lisa bajó la mirada.

—Era mi trabajo.

Evelyn se levantó y puso una mano sobre su hombro.

—No.

Fue tu corazón.

Lisa parpadeó, un poco sorprendida por esas palabras.

Nira interrumpió el momento con suavidad.

—Tenemos que hablar de lo que viene.

Lisa asintió de inmediato.

—Lo que sea.

Evelyn respiró hondo.

—Terra va a mandar un equipo para llevarse a Kai.

Lisa se tensó.

—¿Por encima de usted?

—Sí.

Lisa apretó los puños.

—Entonces tendrán que pasar por nosotras.

Evelyn la miró a los ojos.

—No quiero que nadie muera por esto.

Lisa respondió sin dudar: —Yo sí.

Nira la fulminó con la mirada.

—No digas tonterías.

Lisa negó.

—No es una tontería.

Es la verdad.

Evelyn observó a ambas y sintió algo parecido a gratitud.

No estaba sola.

Por primera vez en mucho tiempo… no estaba sola.

En el puente, el ambiente había cambiado.

La tripulación trabajaba como siempre, pero ahora había miradas de reojo, susurros, dudas que nadie se atrevía a decir en voz alta.

Todos sabían que algo venía.

Todos sabían que la nave ya no era solo un hogar flotando entre estrellas.

Era un tablero de ajedrez.

ATENEA proyectó una nueva alerta.

—Capitana Ardent.

Detección de nave militar aproximándose.

Identificación: Custodia Central.

Evelyn estaba de pie frente al panel principal.

Kai en brazos.

Nira a su lado.

Lisa unos pasos atrás.

Evelyn miró la pantalla donde la silueta de la nave visitante se dibujaba como una sombra amenazante.

—Ya están aquí —murmuró.

Nira asintió.

—Más rápido de lo que esperaba.

Evelyn sintió el peso de todas las decisiones que había tomado desde que encontró a Kai.

Cada una la había traído a este momento.

Se giró hacia su tripulación.

—Escúchenme todos.

Las voces se apagaron.

—Sé que muchos de ustedes tienen miedo.

Lo entiendo.

Pero ese niño que está en mis brazos no es una amenaza.

Es parte de esta nave.

Parte de nosotros.

Algunos bajaron la mirada.

Otros la miraron con duda.

Evelyn continuó: —No voy a entregarlo.

No importa quién me lo ordene.

El murmullo se hizo más fuerte.

Un oficial dio un paso al frente.

—Capitana… eso es desacato.

Evelyn asintió.

—Lo sé.

Miró a cada uno.

—Pero también es proteger a alguien que no puede protegerse solo.

El oficial tragó saliva.

—¿Y si eso nos pone a todos en peligro?

Evelyn respondió con honestidad brutal: —Ya estamos en peligro.

El puente quedó en silencio.

Nira tomó la palabra.

—Quien quiera mantenerse al margen puede hacerlo.

Nadie será obligado.

Pero quien decida quedarse… que lo haga por convicción.

Lisa dio un paso adelante.

—Yo me quedo.

Uno a uno, otros miembros de la tripulación asintieron.

No todos.

Pero los suficientes.

Evelyn los miró con gratitud.

—Gracias.

ATENEA interrumpió de nuevo.

—La nave de custodia solicita permiso para abordar.

Evelyn respiró hondo.

Miró a Kai.

Kai abrió los ojos y la miró como si supiera que algo importante estaba por ocurrir.

Evelyn besó su frente.

—Pase lo que pase —susurró—, te quedas conmigo.

Luego levantó la cabeza.

—ATENEA —dijo con voz firme—.

Permiso concedido.

Las compuertas se abrieron a lo lejos.

El sonido metálico resonó por la nave.

Y con él, llegó la certeza de que el verdadero conflicto apenas estaba comenzando.

Desde el pasillo principal, un grupo de figuras uniformadas comenzó a avanzar.

No eran soldados comunes.

Se notaba en la forma de caminar.

En la manera en que observaban.

En la seguridad que irradiaban.

Al frente venía una mujer de mirada fría y presencia imponente.

Un distintivo en su uniforme revelaba algo que hizo que Nira apretara los dientes.

—Nivel 4 —murmuró.

Evelyn la observó acercarse.

Sabía lo que eso significaba.

Terra no había mandado negociadores.

Había mandado ejecutores.

La mujer se detuvo frente a ellas.

—Capitana Ardent —saludó sin emoción—.

Hemos venido por el activo.

Evelyn sostuvo la mirada.

Apretó a Kai contra su pecho.

Y respondió con una calma que escondía una tormenta: —Pues han venido en vano.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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