EL ERROR QUE APRENDIO A AMAR - Capítulo 29
- Inicio
- EL ERROR QUE APRENDIO A AMAR
- Capítulo 29 - 29 Capítulo 11 — Custodia Central
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
29: Capítulo 11 — Custodia Central 29: Capítulo 11 — Custodia Central El sonido de botas en un pasillo metálico siempre tiene algo definitivo.
No es solo ruido.Es un anuncio.
Un “aquí estamos”.
Cuando el equipo de Custodia Central entró a la nave, nadie necesitó que ATENEA lo confirmara.
La tensión cambió de forma.
El aire se volvió más pesado, como si incluso el metal supiera que estaba a punto de convertirse en campo de batalla.
Evelyn los observó acercarse con Kai en brazos.
No tembló.No retrocedió.
Pero sintió, muy dentro, ese viejo instinto de soldado que reconoce a un enemigo peligroso incluso antes de que hable.
La mujer que encabezaba el grupo era distinta.
No llevaba un uniforme ostentoso.No levantaba la voz.No necesitaba imponerse.
Su presencia hacía el trabajo por ella.
Alta, de cabello oscuro recogido, mirada afilada como una hoja recién pulida.
En su brazo izquierdo asomaba un tatuaje extraño: la cabeza de una criatura que nadie en la nave podía identificar, una bestia de colmillos largos y ojos retorcidos, dibujada con trazos casi rituales.
No era un adorno.
Era una marca.
Nira lo notó de inmediato y murmuró apenas, inclinándose hacia Evelyn: —Contratista.
Evelyn asintió sin mirarla.
Sabía lo que eso significaba.
Un Nivel 4 no era solo alguien con un poder grande.Era alguien que había hecho un pacto con algo más.
Con una fuerza antigua, peligrosa, imposible de clasificar.
La mujer se detuvo a unos metros de ellas.
—Capitana Evelyn Ardent —dijo con voz tranquila—.
Soy la Comandante Selene Voss, enviada por Custodia Central.
Evelyn sostuvo su mirada.
—Sé quién es.
Voss miró a Kai por un segundo.Un vistazo rápido, casi clínico.
—Entonces también sabe por qué estoy aquí.
Evelyn apretó a su hijo contra el pecho.
—Sí.
Y ya sabe mi respuesta.
Voss asintió como si aquello fuera un detalle menor.
—Mi misión es llevármelo.
Con o sin su cooperación.
Lisa dio un paso adelante, casi por instinto.
Nira levantó una mano para detenerla.
Evelyn habló con calma: —Aquí nadie se va a llevar a mi hijo.
Voss ladeó un poco la cabeza.
—Entiendo su apego emocional.
—No es apego —respondió Evelyn sin vacilar—.
Es amor.
La contratista la observó en silencio unos segundos.
Luego suspiró.
—El amor no es un argumento militar, capitana.
Evelyn sonrió apenas.
—Tampoco lo es el miedo.
Y aun así, Terra parece estar llena de él.
El ambiente se tensó.
Los soldados de Custodia Central se acomodaron mejor sus armas.
Los miembros de la tripulación leales a Evelyn hicieron lo mismo.
Nadie disparó.
Todavía.
Voss miró a su alrededor.
—Esto no tiene por qué terminar mal —dijo con voz suave—.
Entregue al niño.
Regrese a sus funciones.
Nadie saldrá herido.
Evelyn negó lentamente.
—No.
Un silencio peligroso.
Voss cerró los ojos un instante.
—Lo lamentaba antes de venir.
Ahora lo lamento más.
Extendió su mano derecha.
Y el tatuaje en su brazo comenzó a brillar.
Lo que apareció no fue fuego común.
No fue una llama limpia, brillante, hermosa.
Fue algo distinto.
Algo que parecía vivo.
De su palma nació una llama oscura, viscosa, que se movía como si respirara.
Un fuego que no solo ardía… sino que devoraba.
El suelo metálico bajo sus pies comenzó a corroerse apenas la energía lo tocó.
Un soldado cercano retrocedió sin darse cuenta.
Nira apretó los dientes.
—Fuego caótico… —murmuró—.
Maldición.
Lisa miró horrorizada.
—Eso no es normal.
Evelyn dio un paso al frente, entregando a Kai a Nira con cuidado.
—Llévalo atrás —ordenó.
—Eve— —¡Ahora!
Nira obedeció.
Se retiró con el niño mientras Lisa y el resto de la guardia se colocaban en posición defensiva.
Voss observó la escena sin moverse.
—No tiene que hacer esto —dijo—.
No quiero herirla.
Evelyn encendió una pequeña llama roja en su propia mano.
Su piroquinesis era pura, brillante, controlada.
—Qué casualidad —respondió—.
Yo sí.
El primer choque fue brutal.
Las fuerzas leales a Evelyn se lanzaron con valentía, moviéndose como un solo cuerpo entrenado.
No eran rebeldes.
Eran soldados que habían decidido obedecer a su capitana en lugar de a un consejo lejano.
Disparos de plasma iluminaron el pasillo.
Campos de fuerza se levantaron.
Lisa creó muros de hielo para proteger a los suyos.
Pero cuando las llamas de Voss tocaron esos muros… se derritieron como si nunca hubieran existido.
—¡Cuidado!
—gritó Lisa—.
¡Ese fuego no es normal!
Un soldado fue alcanzado por una chispa oscura.
Gritó.
No por el calor.
Sino por el dolor.
La piel comenzó a deshacerse lentamente, como si el fuego se negara a extinguirse.
—¡No se apaga!
—gritó alguien desesperado.
Nira miró desde atrás, con Kai en brazos, sintiendo cómo el corazón le golpeaba el pecho.
—Esto es malo… —susurró.
Evelyn se lanzó directamente contra Voss.
No pensó.
No dudó.
Golpeó primero.
Sus llamas rojas chocaron contra las llamas oscuras y el pasillo se llenó de un rugido extraño, como si dos realidades distintas intentaran ocupar el mismo espacio.
Voss bloqueó el ataque con facilidad.
—Es rápida —comentó con frialdad.
—Y tú hablas demasiado —respondió Evelyn.
Se movieron como dos tormentas chocando.
El fuego de Evelyn era control, disciplina, entrenamiento.
El de Voss era salvaje, corrosivo, casi consciente.
Cada vez que Evelyn lograba herirla, la piel de la contratista se regeneraba lentamente, como si la bestia con la que había hecho pacto la protegiera desde adentro.
Voss sonrió.
—No puede ganar esto, capitana.
Evelyn esquivó un chorro de fuego oscuro que atravesó la pared como ácido.
—No necesito ganar —respondió—.
Solo necesito detenerte.
Voss levantó ambas manos.
Las llamas se hicieron más grandes.
Más densas.
Más vivas.
—Mi contrato no es con una simple entidad —dijo—.
Es con algo que nació donde su universo se rompe.
Evelyn no entendió del todo.
Pero lo sintió.
Había algo en esa energía que no pertenecía a este mundo.
Mientras tanto, atrás, Kai observaba todo desde los brazos de Nira.
Sus ojos azules seguían cada movimiento.
Cada explosión.
Cada grito.
No lloraba.
No temblaba.
Solo miraba.
Como si estuviera aprendiendo.
Lisa se colocó frente a ellos, levantando un escudo de hielo cada vez que una chispa oscura se acercaba demasiado.
—No pasarán —murmuró entre dientes—.
No se van a acercar a ti, pequeñito.
Kai la miró.
Y por un instante, sonrió.
Evelyn estaba empezando a cansarse.
No físicamente.Sino emocionalmente.
Pelear contra un enemigo era una cosa.
Pelear sabiendo que detrás de ti está tu hijo… era otra completamente distinta.
Voss lo notó.
—Está distraída —dijo—.
Y eso la va a matar.
Lanzó un ataque directo.
Una ola de fuego oscuro avanzó como un animal hambriento.
Evelyn levantó un muro de llamas rojas para detenerlo.
Pero esta vez no fue suficiente.
La energía corrosiva atravesó su defensa.
Evelyn sintió el calor imposible rozar su brazo.
Un dolor agudo.
Una herida que no quería cerrarse.
Apretó los dientes para no gritar.
Voss avanzó.
—Entréguelo —repitió—.
Y esto termina.
Evelyn levantó la mirada.
Sangrando.
Cansada.
Pero firme.
—Nunca.
Fue entonces cuando ocurrió.
Kai se removió en los brazos de Nira.
Extendió una pequeña mano hacia adelante.
No como un gesto inocente.
Sino como alguien que intenta tocar algo que le molesta.
El aire cambió.
Las llamas oscuras de Voss temblaron.
Por primera vez, la contratista perdió la calma.
—¿Qué…?
Kai frunció el ceño.
Y la energía alrededor de Evelyn se estabilizó.
El fuego corrosivo retrocedió apenas.
No porque Evelyn lo hiciera.
Sino porque Kai, sin entender del todo, había decidido que ese dolor no debía tocar a su madre.
Voss lo miró con una mezcla de sorpresa y miedo.
—Imposible… Evelyn sintió el cambio.
Miró a su hijo.
Kai la miraba.
Como si le dijera sin palabras: Estoy aquí.
Evelyn respiró hondo.
Se enderezó.
El cansancio se volvió furia.
—Esta pelea se acabó.
Con un grito, liberó todo su poder.
Un torrente de fuego puro, intenso, brillante, chocó contra la energía caótica de Voss.
Esta vez no fue solo fuerza contra fuerza.
Fue voluntad contra voluntad.
El pasillo entero se iluminó.
La tripulación observó sin moverse.
Lisa contuvo el aliento.
Nira abrazó a Kai con más fuerza.
Y poco a poco… las llamas oscuras comenzaron a ceder.
No a apagarse.
Pero sí a retroceder.
Voss retrocedió un paso por primera vez.
Su rostro mostró algo que nadie esperaba ver: Duda.
Evelyn avanzó.
—Te dije que no te lo llevarías.
Voss la miró fijamente.
Luego miró a Kai.
Entendió algo.
Algo que no podía vencer con contratos ni bestias espirituales.
Bajó las manos lentamente.
Las llamas se apagaron.
—Esto no termina aquí —dijo en voz baja.
Evelyn respondió sin bajar la guardia.
—Lo sé.
Voss dio un paso atrás.
—Retirada —ordenó a sus hombres.
Los soldados de Custodia Central dudaron.
—Comandante— —He dicho retirada.
Sin más, comenzaron a retirarse.
La nave volvió a respirar.
Cuando se fueron, el silencio fue casi irreal.
Evelyn cayó de rodillas.
Lisa corrió hacia ella.
—¡Mayor!
Nira se acercó con Kai.
Evelyn tomó a su hijo de nuevo.
Lo abrazó.
Fuerte.
Temblando.
—Estamos bien… —susurró—.
Estamos bien.
Kai apoyó su cabeza en su pecho.
Y por un momento, nada más importó.
Lejos de allí, en la nave de Custodia Central, Selene Voss observaba el tatuaje de su brazo.
La bestia dibujada parecía moverse apenas.
—Interesante… —murmuró—.
Muy interesante.
Sabía que había perdido una batalla.
Pero también sabía algo más: La guerra por ese niño apenas estaba comenzando.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com