EL ERROR QUE APRENDIO A AMAR - Capítulo 31
- Inicio
- EL ERROR QUE APRENDIO A AMAR
- Capítulo 31 - 31 Capítulo 13 — Después del Trueno
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
31: Capítulo 13 — Después del Trueno 31: Capítulo 13 — Después del Trueno El silencio después del desastre siempre es más pesado que el desastre mismo.
Las alarmas habían dejado de sonar.El metal ya no crujía.El vacío estaba sellado.
Y aun así, nadie hablaba.
Sostenía a Kai contra mi pecho mientras caminaba por el pasillo principal.
La nave seguía viva, pero herida.
Paneles quemados.
Marcas negras en las paredes.
Un olor tenue a ozono y metal caliente.
La gente se apartaba al verme pasar.
No por mí.
Por él.
El Guardián caminaba detrás de nosotros.
No hacía ruido.No respiraba.No proyectaba sombra.
Y aun así, su presencia llenaba el espacio.
Lisa caminaba a mi lado, en silencio.
Finalmente murmuró: —Mayor… ¿eso… siempre va a estar ahí?
Miré al frente.
—No lo sé.
Nira respondió antes de que el silencio creciera demasiado: —Está protegiendo al niño.
Eso es lo único que importa ahora.
Lisa tragó saliva.
—Sí… claro.
Kai levantó la cabeza y miró hacia atrás.
El Guardián inclinó levemente la figura luminosa, como si respondiera a una mirada que nadie más podía entender.
Sentí un escalofrío.
No miedo.
Algo más profundo.
Algo que no tenía nombre.
Llegamos a la enfermería.
La doctora alzó la vista… y se quedó inmóvil.
—Capitana… yo… Miró al Guardián.
Su voz bajó.
—¿Es seguro?
—Sí —respondí.
No sabía si era verdad.Solo sabía que no nos había hecho daño.
La doctora asintió con cautela.
—Necesito revisar sus constantes vitales.
—Primero revisa a los heridos —dije.
Ella dudó.
—Capitana, usted— —Estoy bien.
Nira soltó un suspiro.
—Eve, te reconstruyeron el cuerpo hace menos de una hora.
—Y sigo de pie.
La doctora intervino: —Eso no significa que esté bien.
La miré.
—Primero los heridos.
Hubo un segundo de silencio.
Luego asintió.
—Sí, capitana.
En la sala contigua, varios tripulantes estaban siendo atendidos.
Uno de ellos, con el uniforme desgarrado, me vio entrar.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Pensé… pensé que íbamos a morir.
No supe qué responder.
Solo asentí.
Él miró a Kai.
—¿Fue… él?
Apreté a mi hijo contra mí.
—Nos protegió.
El hombre cerró los ojos, como si esa respuesta fuera demasiado grande para entenderla.
—Gracias… —susurró.
No supe si me lo decía a mí.
O a él.
Horas después, el puente estaba casi en silencio.
Los técnicos trabajaban despacio, como si hablar en voz alta pudiera romper algo frágil.
Nira revisaba daños estructurales.
Lisa se mantenía cerca de Kai, observándolo como si temiera que desapareciera.
Me acerqué al ventanal principal.
Las estrellas parecían exactamente iguales.
Eso siempre me ha parecido injusto.
El universo sigue adelante, sin importar cuánto cambie tu vida.
Sentí a Nira acercarse.
—Las pérdidas pudieron ser peores —dijo suavemente.
Asentí.
—Siempre pueden ser peores.
Nira cruzó los brazos.
—Terra ya sabe lo que pasó.
Cerré los ojos un instante.
—Lo imaginé.
—No han enviado más mensajes.
—Están decidiendo qué hacer.
Nira me miró de reojo.
—¿Y tú?
Miré a Kai.
—Estoy decidiendo cómo vivir con lo que acaba de pasar.
Nira guardó silencio.
Luego dijo: —Ese… guardián… salvó la nave.
—Salvó a Kai.
—Y a todos nosotros.
No respondí.
Porque aceptar eso significaba aceptar que mi hijo podía decidir el destino de miles.
Y todavía no sabía cómo cargar con eso.
Lisa se acercó con pasos suaves.
—Mayor… —Dime.
Miró al Guardián.
Luego a mí.
—No me da miedo.
La observé.
—¿Seguro?
Asintió.
—Da miedo lo que la gente quiso hacerle a Kai.
Eso sí me da miedo.
Sentí algo apretarse dentro de mi pecho.
—A mí también.
Kai estiró la mano hacia ella.
Lisa sonrió y le ofreció un dedo.
Él lo sujetó con fuerza.
—Hola, pequeñito —susurró.
El Guardián permanecía inmóvil.
Vigilante.
Paciente.
Eterno.
Más tarde, cuando el puente quedó casi vacío, me senté en la silla de mando con Kai dormido en mis brazos.
El silencio era distinto ahora.
Más profundo.
Más consciente.
—ATENEA —susurré.
—Aquí estoy, capitana.
—¿La Tierra está tranquila?
Hubo una breve pausa.
—No.
Solté una risa cansada.
—Eso pensé.
—Sin embargo —continuó— no se detectan preparativos inmediatos de ataque.
Miré las estrellas.
—Están asustados.
—Es una evaluación probable.
Bajé la mirada hacia mi hijo.
—Yo también lo estaría.
Kai respiraba despacio, con esa paz que siempre me desarma.
El Guardián se encontraba detrás de nosotros, como una constelación viva.
—ATENEA… —Sí.
—¿Crees que hice lo correcto?
La IA tardó un segundo más de lo habitual.
—Creo que protegió a su hijo.
Tragué saliva.
—Eso no siempre es lo correcto.
—Para usted —respondió— parece ser lo único posible.
Cerré los ojos.
Y por primera vez desde el ataque… respiré.
No como capitana.
No como soldado.
Solo como una mujer que había sobrevivido a perderlo todo… y ahora tenía miedo de perder demasiado.
Kai se movió en sueños.
Apreté mis brazos alrededor de él.
—Estoy aquí —susurré.
Detrás de mí, el Guardián permanecía firme.
No sabía qué era.
No sabía cuánto tiempo se quedaría.
Pero entendía algo con claridad absoluta: Ya no estábamos solos.
Y el universo entero lo sabía.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com