EL ERROR QUE APRENDIO A AMAR - Capítulo 32
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32: Capítulo 14 — Disciplina 32: Capítulo 14 — Disciplina Siempre creí que una nave se parecía a su capitán.
Ordenada.Eficiente.Predecible.
Hoy la nave se parecía a una herida.
Los equipos de reparación trabajaban en silencio.
El eco metálico de las herramientas rebotaba por los pasillos como si nadie quisiera hacer ruido innecesario.
El aire todavía olía a circuito quemado y sellador térmico.
Caminé despacio, revisando cada sección.
No porque fuera necesario.
Porque necesitaba ver con mis propios ojos que seguíamos vivos.
Un técnico levantó la vista cuando pasé.
—Subcapitana.
Asentí.
—Estado.
—Casco sellado en un noventa y tres por ciento.
Secciones B y F operativas.
Aún… estamos evaluando pérdidas.
Su voz se quebró en la última palabra.
Apoyé una mano en su hombro.
—Buen trabajo.
No dijo nada más.
No hacía falta.
En la cubierta de mantenimiento, dos soldados discutían en voz baja.
Se callaron cuando me vieron.
—Continúen —dije.
Uno de ellos dudó.
—Señora… ¿eso… sigue aquí?
Sabía a qué se refería.
Miré hacia el pasillo.
El Guardián no estaba.
Pero su presencia se sentía igual.
—Está protegiendo al niño —respondí.
El otro soldado tragó saliva.
—No sé si eso me tranquiliza… o me asusta más.
Lo miré a los ojos.
—Nos salvó la vida.
Silencio.
—Sí, señora.
Y eso fue suficiente.
Cuando entré al área médica, la vi.
Lisa estaba sentada junto a la camilla donde Kai dormía, balanceando suavemente una pequeña esfera luminosa que él parecía seguir incluso en sueños.
Evelyn estaba cerca, observándolo como si el resto del universo hubiera dejado de existir.
Me apoyé en la puerta.
—¿Ha dormido?
Evelyn negó.
—No quiero cerrar los ojos.
Me acerqué un poco más.
—La nave está estable.
—¿La tripulación?
—Asustada… pero firme.
Evelyn asintió despacio.
Lisa levantó la vista.
—Mayor… todos preguntan si el Guardián puede aparecer en cualquier momento.
Evelyn suspiró.
—No lo sé.
Kai se movió en sueños y ella le acomodó el cabello con una delicadeza que nunca le había visto en combate.
Lisa susurró: —Cuando lo mira… parece tranquilo.
Evelyn respondió con una sonrisa cansada.
—Porque sabe que lo estamos mirando nosotros.
No dije nada.
Porque por primera vez en muchos años… no tenía una respuesta mejor.
Salí al pasillo y activé el comunicador.
—ATENEA.
—Aquí estoy, Subcapitana.
—¿Reacciones externas?
—Las comunicaciones civiles están saturadas.
Los canales militares permanecen en silencio.
Exhalé despacio.
—Silencio antes de la tormenta.
—Evaluación probable.
Seguí caminando.
—¿Detectas movimientos hostiles?
—No inmediatos.
Eso no significaba nada.
En el comedor de oficiales encontré a varios miembros de la tripulación reunidos.
Nadie comía.
Solo hablaban en voz baja.
Uno de ellos se levantó al verme.
—Subcapitana… necesitamos saber qué está pasando.
Me quedé de pie frente a ellos.
—Lo que pasó ya lo vieron.
Un murmullo recorrió la mesa.
—¿La Tierra va a intentar algo más?
—preguntó una ingeniera.
—No lo sé.
—¿Estamos en guerra?
Respiré hondo.
—Estamos protegiendo a uno de los nuestros.
Silencio.
Un piloto joven habló: —Yo me quedo.
Otro asintió.
—Yo también.
No era un discurso.
Era una decisión.
Y eso valía más que cualquier orden.
Volví al puente.
Las estrellas brillaban con la misma indiferencia de siempre.
Apoyé las manos sobre el panel principal y cerré los ojos un instante.
No podía permitirme miedo.
Pero podía sentir el peso.
Sentí pasos detrás de mí.
—Te ves cansada —dijo Evelyn.
Abrí los ojos.
—Tú te ves peor.
Ella soltó una risa suave.
Se colocó a mi lado.
Kai dormía en sus brazos.
El Guardián apareció detrás de ella como si siempre hubiera estado allí.
No hizo ruido.
No hizo movimiento.
Simplemente estaba.
Observé la figura luminosa.
—Aún me cuesta creerlo —admití.
Evelyn miró al frente.
—A mí también.
—Pero confías en él.
Evelyn bajó la mirada hacia su hijo.
—Confío en Kai.
Eso me bastó.
Nos quedamos en silencio unos segundos.
Luego pregunté: —¿Te arrepientes?
Tardó en responder.
—Tengo miedo… sí.
Miró a las estrellas.
—Pero si tuviera que elegir otra vez… lo elegiría a él.
Sentí algo aflojarse dentro de mi pecho.
Asentí.
—Entonces estamos en el camino correcto.
Kai suspiró dormido.
El Guardián permaneció inmóvil.
Y por primera vez desde el ataque… la nave dejó de sentirse como una herida.
Todavía dolía.
Pero seguía viva.
Y nosotros también.
Muy lejos de la nave dañada… muy lejos del silencio que seguía al desastre… la guerra comenzaba a tomar forma.
La sala estaba en penumbra.
No por necesidad.
Por preferencia.
El General Adrastus Kade observaba el holograma suspendido frente a él: la grabación fragmentada del ataque fallido, el instante congelado donde la figura de luz borraba la existencia del Nivel 5.
El video se detuvo.
El silencio era absoluto.
—Así que esto fue lo que lo mató… —murmuró.
El Coronel Ilyan Rho permanecía firme detrás de él.
—Sí, señor.
Confirmado.
Kade entrelazó las manos detrás de la espalda.
—Vaelor Kaïn Dravok… heredero menor de la Casa Dravok… eliminado por un niño.
No había sorpresa en su voz.
Solo cálculo.
—Los Dravokar no tomarán esto con calma —dijo el coronel.
Kade sonrió apenas.
—Exactamente.
Activó un nuevo holograma: la silueta de Kai, protegida por el avatar.
—No podemos atacar a la capitana Evelyn Ardent sin provocar un escándalo político.
Hizo una pausa.
—Pero ellos sí pueden.
El coronel dudó.
—Señor… eso podría escalar a un conflicto diplomático.
Kade lo miró por encima del hombro.
—No si se presenta como una cuestión de honor.
Silencio.
El coronel comprendió.
—Quiere revelar quién mató a Vaelor.
—Quiero asegurarme de que la información correcta llegue a oídos correctos.
Activó el canal cifrado.
El emblema de los Dravokar apareció: un sol negro atravesado por una lanza.
—Los Dravokar mantienen tratados con la Tierra para fortalecer sus linajes —continuó Kade—.
Necesitan nuestras alianzas genéticas… y nosotros su fuerza.
—Vaelor era el hijo más débil —añadió el coronel con cautela.
Kade sonrió con frialdad.
—Sus hermanos no lo son.
La transmisión comenzó a codificarse.
—Cuando descubran que un híbrido noble fue borrado de la existencia… susurró.
—Vendrán.
El coronel sintió un escalofrío.
—Señor… eso pondrá a Evelyn Ardent y al niño en la mira de una de las razas guerreras más poderosas del sector.
Kade observó el símbolo Dravokar brillar en rojo.
—Exactamente.
La transmisión fue enviada.
Sin firma.Sin origen.Sin rastro.
El general apagó el holograma.
—Que el universo decida quién merece sobrevivir.
Las luces se apagaron.
Y en algún lugar del espacio profundo… una raza guerrera comenzaba a despertar.
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