EL ERROR QUE APRENDIO A AMAR - Capítulo 39
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Capítulo 39: Capítulo 21 — Precio de Vivir
Siempre pensé que lo difícil era ganar una batalla.
Ahora sé que lo realmente complicado es mantenerte en pie cuando nadie te está atacando… y aun así todo pesa.
El segundo día de trabajo empezó antes del amanecer.
Evelyn ya estaba despierta cuando llegué.
Kai seguía dormido, abrazado a ella.
El Guardián en su lugar habitual.
—Dormiste algo —le dije.
—Lo suficiente.
—Eso significa poco.
—Lo sé.
Lisa apareció detrás de mí, bostezando.
—Si esto es la vida civil… prefiero las misiones suicidas.
—Te acostumbrarás —respondí.
—Eso suena peor.
Salimos temprano.
El mercado ya estaba despierto.
Aquí nadie espera.
El que se retrasa… pierde.
El supervisor nos señaló apenas llegamos.
—Llegaron.
—Listas —respondí.
—Carga pesada hoy.
—Perfecto.
Evelyn ajustó a Kai en sus brazos.
—Se queda conmigo.
El hombre asintió sin discutir.
Eso dice mucho.
Aquí el respeto se gana rápido… o se pierde más rápido aún.
El trabajo fue más duro que el día anterior.
Contenedores más grandes.Más peso.Más presión.
Lisa dejó caer una caja con un golpe seco.
—Esto pesa como un mal día.
—Levanta mejor con las piernas —le dije.
—Estoy usando todo.
—Aún puedes mejorar.
Me miró con cara de cansancio.
—Te odio un poco ahora mismo.
—Eso también ayuda.
Evelyn trabajaba con una sola mano libre.
La otra sostenía a Kai o lo mantenía cerca.
Aun así… se movía con precisión.
Eso no se enseña.
Eso se es.
Kai jugaba cerca de una zona segura.
El Guardián detrás de él.
Siempre.
Un grupo de trabajadores lo observaba desde lejos.
—¿Ese niño…? —murmuró uno.
—Déjalo —respondió otro—. Esa mujer es Nivel 3.
El tono cambió al instante.
Respeto.
Distancia.
Nadie quería problemas.
Durante una pausa me senté junto a Evelyn.
—Nos están midiendo.
—Lo sé.
—Aún no deciden si somos problema o ventaja.
—Que lo piensen.
Kai levantó una pieza metálica.
—Mira.
Evelyn sonrió.
—Estoy viendo.
Lisa se acercó con dos recipientes.
—Esto sabe raro.
—Aquí todo sabe raro —dije.
—Genial.
Un hombre se acercó al supervisor y señaló en nuestra dirección.
No era hostil.
Era curioso.
—¿Nuevas?
—Sí.
—Nivel 3 —respondió el supervisor.
El hombre levantó las cejas.
—Interesante.
Miró a Kai.
Más tiempo del necesario.
Sentí la tensión.
Di un paso adelante.
El hombre levantó la mano en señal de calma.
—Curiosidad.
—Mantén distancia —respondí.
Asintió.
—Claro.
Se fue.
Sin insistir.
Eso confirma algo importante.
Aquí todos saben cuándo cruzar una línea… y cuándo detenerse.
Más tarde, el supervisor se acercó.
—Trabajan bien.
—Gracias.
—Puedo subir el pago si mantienen este ritmo.
Evelyn asintió.
—Nos sirve.
Él dudó un momento.
—Ese niño…
Ahí viene.
—Habla —dije.
—Genera atención.
—Lo sabemos.
—Mientras estén aquí… mantengan el equilibrio.
—Lo haremos.
Al terminar el turno, el cuerpo pesaba.
Los brazos.
Las piernas.
Todo.
Lisa se dejó caer en una caja.
—Esto es peor que entrenamiento militar.
—Porque aquí nadie te da descanso —respondí.
—Fantástico.
Regresamos al refugio con pasos más lentos.
Pero firmes.
Evelyn caminaba adelante.
Kai en brazos.
El Guardián detrás.
Siempre igual.
Siempre constante.
Dentro del refugio, el silencio fue distinto.
Cansancio compartido.
Lisa se tiró en la silla.
—Mañana… alguien más carga.
—Mañana cargas igual —le dije.
—Te odio otra vez.
—También ayuda.
Evelyn se sentó junto a la ventana.
—Esto funciona.
—Por ahora —respondí.
—Es suficiente.
Kai se acomodó en su pecho.
—Mami… casa.
Ella cerró los ojos un segundo.
—Sí… casa.
Me quedé observando la ciudad.
Luces.
Sombras.
Movimiento constante.
Aquí todo tiene precio.
Y nosotros recién empezamos a pagarlo.
Pero algo estaba claro.
Nadie se acercaba demasiado.
Nadie cruzaba el límite.
El respeto estaba ahí.
Y eso…
nos daba tiempo.
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