EL ERROR QUE APRENDIO A AMAR - Capítulo 40
- Inicio
- EL ERROR QUE APRENDIO A AMAR
- Capítulo 40 - Capítulo 40: Capítulo 22 — Días Pequeños
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
Capítulo 40: Capítulo 22 — Días Pequeños
Cuatro años.
A veces miro a Kai y me cuesta aceptar cuánto ha cambiado el tiempo… y cuánto ha cambiado él.
Ya camina con seguridad.Habla con claridad.Pregunta demasiado.
Y aprende… demasiado rápido.
—Mami, mira esto.
Levanto la vista.
Kai está sentado en el suelo con una tableta vieja que conseguimos en el mercado. Sus dedos se mueven con una facilidad que aún me sorprende.
—¿Qué encontraste?
—Un mapa… de estrellas.
Nira levanta una ceja desde la mesa.
—Otra vez con eso.
Kai sonríe.
—Son bonitas.
Lisa se ríe.
—Eso lo sacó de ti.
Lo observo en silencio.
—Tal vez.
El estudio aquí tiene precio.
Alto.
Más alto de lo que la mayoría puede pagar.
Por eso Kai aprende en casa.
Bueno… en nuestro pequeño espacio.
—ATENEA, abre lección —dice él.
La voz responde desde el dispositivo.
—Tema: estructuras básicas del universo.
Lisa suspira.
—Yo a su edad estaba aprendiendo a no caerme.
Kai la mira.
—También aprendí eso.
—Claro que sí.
Después de un rato cierro la tableta.
—Suficiente por hoy.
Kai hace una pequeña mueca.
—Un poco más.
—Afuera también se aprende.
Eso cambia su expresión.
—¿Zara?
—Zara.
Salimos.
El barrio ha cambiado desde que llegamos.
O tal vez nosotros cambiamos.
La gente ya nos reconoce.
Respeto.Distancia.Cuidado.
Kai corre unos pasos adelante.
—¡Zara!
Una niña aparece desde la casa vecina.
Cabello oscuro, ojos curiosos, energía inagotable.
—¡Kai!
Se abrazan como si el mundo fuera sencillo.
Zara me mira.
—¿Puede jugar?
—Claro.
—Gracias, señora Evelyn.
Lisa susurra detrás de mí:
—Es más educada que tú.
—Eso duele.
Nira observa la calle.
—Se mueve bien.
—Sí.
Kai y Zara corren, inventan juegos, construyen cosas con piezas viejas.
Nada extraordinario.
Y aun así… lo es.
Porque durante esos momentos, Kai parece solo un niño.
Zara se acerca a él con algo en la mano.
—Mira lo que encontré.
—¿Qué es?
—Un cristal.
Kai lo toma.
Lo observa.
Por un segundo… su mirada cambia.
Más profunda.
Más… consciente.
La sombra bajo sus pies se mueve apenas.
Lo veo.
Siempre lo veo.
El Guardián.
Ahora vive ahí.
Silencioso.
Esperando.
Kai parpadea.
—Bonito.
Zara sonríe.
—Te lo regalo.
—Gracias.
Me acerco un poco más.
—¿Todo bien?
Kai asiente.
—Sí.
Pero siento algo.
Pequeño.
Leve.
Como una vibración en el aire.
Nira también lo percibe.
—¿Lo sentiste?
—Sí.
Lisa mira alrededor.
—Yo también… algo raro.
Dura un segundo.
Y desaparece.
Zara toma la mano de Kai.
—Ven, vamos a construir una base.
—Sí.
Se alejan riendo.
Me quedo observándolos.
—Crece rápido —dice Lisa.
—Demasiado.
Nira cruza los brazos.
—Y eso atraerá atención.
—Lo sé.
Miro la sombra de Kai.
Tranquila.
Silenciosa.
—Por ahora… está en calma.
Más tarde, Kai regresa corriendo.
—Mami, hicimos una casa.
—¿Sí?
—Y yo gané.
Zara lo corrige:
—Empatamos.
—Empatamos.
Sonrío.
—Eso suena mejor.
Cuando el sol comienza a bajar, Zara se despide.
—Mañana jugamos otra vez.
—Sí.
Kai la mira irse.
—Es mi mejor amiga.
—Lo sé.
—La voy a proteger.
Siento algo en el pecho.
—Estoy segura de eso.
Esa noche, Kai se queda dormido rápido.
Demasiado rápido.
Me siento a su lado.
Observo su respiración.
Su calma.
Su paz.
La sombra bajo la cama se mueve apenas.
El Guardián sigue ahí.
Siempre.
—Cuídalo —susurro.
La sombra permanece.
Pero siento la respuesta.
Nira se acerca.
—¿Todo tranquilo?
—Por ahora.
—Eso dura poco aquí.
—Lo sé.
Miro a Kai una vez más.
—Quiero que tenga esto… aunque sea por un tiempo.
Nira asiente.
—Entonces lo protegemos.
Lisa desde la otra habitación:
—Siempre.
Apago la luz.
La ciudad sigue viva afuera.
Ruido.
Movimiento.
Peligro.
Pero aquí… por este momento…
hay algo distinto.
Algo pequeño.
Algo frágil.
Algo que vale más que cualquier guerra.
Infancia.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com