Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Extra que Estaba Destinado a Morir se Convirtió en el Villano - Capítulo 36

  1. Inicio
  2. El Extra que Estaba Destinado a Morir se Convirtió en el Villano
  3. Capítulo 36 - Capítulo 36: El arte que no debía aprender
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 36: El arte que no debía aprender

Faltaba exactamente una semana para la apertura del Reino Secreto, y aunque el entrenamiento dentro del Pico de la Luna de Jade continuaba con aparente normalidad, el ambiente había cambiado de forma sutil pero evidente. Los discípulos ya no entrenaban únicamente para mejorar su cultivo, sino para prepararse para un entorno donde cada error podía costar la vida. La tensión era silenciosa, pero constante.

Chen Xuan, sin embargo, se encontraba en su habitación, completamente apartado de ese ambiente. Frente a él, la consola permanecía inactiva, mientras que en su mente seguía presente la notificación del sistema que había recibido días atrás. El paquete de recompensa no había sido abierto, no por descuido, sino por decisión. Comprendía que el sistema no actuaba al azar, y si había recibido algo en ese momento específico, entonces debía estar directamente relacionado con lo que vendría.

Después de unos segundos de silencio, finalmente tomó la decisión.

Activó el paquete.

El espacio frente a él se distorsionó levemente, como si la realidad misma se ajustara para dar paso a algo ajeno a ese mundo. Una pantalla apareció lentamente, delgada y oscura, completamente fuera de lugar dentro de un entorno de cultivación. Chen Xuan se acercó con cautela, observando cómo en ella se proyectaba una interfaz simple.

Una biblioteca.

Vacía.

Excepto por un único contenido.

Sword Master.

No dudó demasiado.

Al tocar la pantalla, el mundo cambió.

Cuando abrió los ojos, ya no estaba en su habitación. Se encontraba en un entorno completamente distinto, donde el aire era más denso y el silencio tenía un peso particular. Frente a él, la escena comenzaba a desarrollarse como si se tratara de una historia viva.

La película no era simplemente una serie de combates.

Era la historia de un espadachín.

Un hombre que había alcanzado la cima del arte de la espada, pero que había perdido su propósito. A lo largo de la narrativa, se veía envuelto en conflictos donde debía enfrentar a otros maestros, cada uno con su propio estilo y comprensión, obligándolo a redescubrir el verdadero significado del combate.

Chen Xuan no observaba desde fuera.

Vivía cada momento.

Sentía cada enfrentamiento.

Comprendía cada decisión.

A medida que la historia avanzaba, se hizo evidente que el núcleo de todo no era la técnica en sí, sino la intención detrás de la espada. Los combates no se resolvían por quién era más rápido o más fuerte, sino por quién entendía mejor el momento.

Una escena lo marcó profundamente. Bajo una lluvia constante, dos espadachines permanecían inmóviles durante largos segundos. Ninguno atacaba, porque ambos sabían que el primer movimiento definiría el resultado. Cuando finalmente uno avanzó, el combate terminó en un instante.

Un solo corte.

Preciso.

Inevitable.

En otro enfrentamiento, el protagonista se enfrentaba a un oponente cuya velocidad superaba cualquier expectativa. Sin embargo, en lugar de intentar igualar esa rapidez, el espadachín optaba por reducir el espacio, controlar la distancia y obligar al enemigo a entrar en su rango. No era velocidad contra velocidad, sino control contra impulso.

También observó técnicas que, aunque no tenían nombres específicos, representaban conceptos claros. Un corte descendente ejecutado en el momento exacto en que el oponente iniciaba su ataque, anulándolo por completo. Un movimiento lateral que no buscaba esquivar, sino posicionarse en el ángulo muerto del enemigo. Un ataque que no tenía como objetivo impactar directamente, sino forzar una reacción específica que dejara al rival expuesto.

Cada una de esas acciones tenía algo en común.

No eran movimientos complejos.

Eran decisiones correctas.

Chen Xuan comenzó a comprender que el verdadero arte de la espada no consistía en acumular técnicas, sino en eliminar lo innecesario. Cada movimiento debía existir por una razón, y cualquier exceso era una debilidad.

La historia avanzó hacia su punto final, donde el protagonista enfrentaba su último combate. No era una lucha por demostrar superioridad, sino por alcanzar una comprensión más profunda. En ese enfrentamiento, cada movimiento era limpio, directo y absoluto, como si la espada ya no fuera un arma, sino una extensión de la voluntad.

Cuando todo terminó, el mundo comenzó a desvanecerse.

Chen Xuan abrió los ojos.

Había regresado a su habitación.

La pantalla seguía frente a él, pero ya no proyectaba nada.

Durante unos segundos permaneció en silencio, procesando lo que acababa de experimentar. No eran recuerdos fragmentados ni imágenes sueltas. Era comprensión. Sabía cómo sostener una espada, cómo moverse, cómo anticipar.

Se levantó lentamente y tomó una espada cercana.

Durante semanas, cada intento de usarla había terminado en fracaso. Su qi rechazaba ese camino, como si su cuerpo no fuera compatible con las técnicas de ese mundo. Sin embargo, esta vez no ocurrió nada de eso.

No hubo resistencia.

No hubo rechazo.

Su cuerpo se movió con naturalidad.

El primer corte fue simple, pero completamente limpio. El segundo mostró mayor control, y el tercero ya no era un intento, sino una decisión consciente. Cada movimiento se sentía correcto, como si siempre hubiera sabido cómo hacerlo, pero hasta ahora no hubiera podido expresarlo.

Una sonrisa apareció en su rostro.

Era una satisfacción genuina.

Por primera vez, la espada no le resultaba ajena.

Continuó practicando, ajustando su postura, refinando cada corte. No imitaba escenas específicas, sino principios. Su cuerpo se adaptaba rápidamente, integrando lo aprendido de forma natural.

En ese momento, la puerta se abrió.

Lian Ruyu entró y se detuvo al verlo.

Sus ojos se fijaron en la espada, luego en sus movimientos, y finalmente en su expresión. Permaneció en silencio unos segundos, observando con atención.

Porque lo que veía no tenía sentido.

Ese mismo Chen Xuan que no podía ejecutar una técnica básica ahora se movía con una naturalidad que no correspondía a su nivel. Sus movimientos no eran perfectos, pero tenían estructura, intención y coherencia.

Ruyu entrecerró ligeramente los ojos.

—¿Qué estás haciendo?

Chen Xuan detuvo su movimiento y la miró con calma.

—Aprendiendo.

Ruyu no respondió de inmediato. Su mirada se mantuvo fija en él, analizando cada detalle, como si intentara encontrar una explicación lógica a lo que estaba ocurriendo.

Pero no la encontró.

Y eso… la hizo aún más curiosa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo