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el fin y el inicio de los reyes - Capítulo 32

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Capítulo 32: **VOLUMEN 4 – CAPÍTULO 32** **Mateo** **Las Katanas de Ragnarök**

El sonido del viento era lo único que rompía el silencio.

Mateo caminaba con dificultad por una carretera llena de autos abandonados. Algunos estaban abiertos, otros chocados entre sí como si la gente hubiera intentado escapar en el último momento.

El cielo estaba cubierto por una capa gris de nubes.

Mateo respiraba rápido.

Estaba cansado.

Muy cansado.

—…genial… —murmuró con frustración—. ¿Dónde estoy siquiera?

Se pasó una mano por el cabello.

Después de la explosión del laboratorio todo se había vuelto un caos. Habían aparecido demasiadas bestias al mismo tiempo, la energía se había vuelto inestable y el edificio había explotado.

Y ahora…

Estaba solo.

No sabía dónde estaban los demás.

Ni Israel.

Ni Tristan.

Ni nadie.

Mateo miró alrededor.

El lugar parecía una autopista que conectaba con la ciudad, pero estaba completamente vacía.

Bueno… casi.

A lo lejos vio movimiento.

Tres personas caminaban entre los autos.

Mateo dudó un segundo, pero luego levantó la mano.

—¡Hey!

Los tres se detuvieron inmediatamente.

Uno de ellos apuntó con algo que parecía un palo de metal.

—¡No te acerques!

Mateo levantó ambas manos.

—Tranquilo, tranquilo. No soy una bestia.

Los tres se miraron entre sí.

Finalmente uno de ellos habló.

—¿Eres humano?

Mateo levantó una ceja.

—…creo que sí.

Los tres se acercaron un poco.

Parecían estudiantes, como él.

El primero era un chico alto con chaqueta deportiva.

—Me llamo Andrés.

Señaló a los otros dos.

—Ella es Sofía… y él es Bruno.

Mateo asintió.

—Mateo.

Sofía suspiró con alivio.

—Pensamos que estábamos solos.

Mateo miró la carretera.

—Yo también.

Durante unos segundos nadie habló.

El silencio era incómodo.

Bruno finalmente rompió el silencio.

—¿Viste esas criaturas?

Mateo asintió lentamente.

—Sí.

Andrés apretó el palo que llevaba.

—Tenemos que seguir moviéndonos. Se mueven por esta zona.

Mateo miró a su alrededor.

—¿Hacia dónde?

Andrés señaló hacia adelante.

—Hay un túnel a unos kilómetros. Pensamos refugiarnos allí.

Mateo dudó.

Pero estar solo tampoco era buena idea.

—Está bien.

Comenzaron a caminar juntos.

El viento soplaba entre los autos abandonados.

Sofía hablaba en voz baja.

—Antes todo era normal… y de repente aparecieron esas cosas.

Bruno asintió.

—Mi familia estaba viendo las noticias cuando empezó todo.

Mateo escuchaba en silencio.

Todos estaban asustados.

Nadie sabía qué estaba pasando realmente.

Después de varios minutos caminando…

Algo cambió.

El viento se detuvo.

Mateo sintió un escalofrío.

—¿Escucharon eso?

Andrés frunció el ceño.

—¿Qué cosa?

Entonces algo cayó sobre un auto cercano.

El metal se dobló con un fuerte ruido.

La criatura los observaba desde el techo del vehículo.

Su cuerpo estaba deformado por la corrupción. Sus extremidades eran largas y su piel tenía grietas oscuras que recorrían todo su cuerpo.

Sofía dio un paso atrás.

—No…

La criatura rugió.

Mateo reaccionó primero.

—¡Corran!

Los cuatro comenzaron a correr por la carretera.

Pero el sonido de algo más moviéndose apareció detrás de ellos.

Otra criatura salió de entre los autos.

Y luego otra.

Bruno tropezó.

Andrés lo ayudó a levantarse.

—¡Sigue corriendo!

Mateo miró hacia atrás.

Las criaturas se acercaban cada vez más.

—¡Por aquí! —gritó Sofía.

Se metieron entre dos camiones volcados.

Las criaturas chocaron contra los vehículos al intentar seguirlos.

El grupo aprovechó para correr hacia un pequeño estacionamiento cercano.

Mateo respiraba con dificultad.

—No… vamos… a… escapar…

Andrés miró alrededor desesperado.

—¡Tenemos que encontrar algo para defendernos!

Pero el lugar estaba vacío.

Solo escombros.

Autos rotos.

Nada útil.

Las criaturas comenzaron a rodearlos.

Sofía retrocedió hasta chocar contra un muro.

—No quiero morir…

Bruno temblaba.

—Yo tampoco…

Mateo apretó los puños.

No tenía armas.

No tenía ningún poder especial.

Solo era un chico normal.

—Genial… —susurró.

Una de las criaturas saltó hacia ellos.

Mateo empujó a Sofía fuera del camino.

La criatura cayó frente a él.

Sus garras golpearon el suelo.

Mateo retrocedió rápidamente.

Andrés intentó golpearla con el palo de metal.

La criatura lo lanzó contra un auto.

Bruno gritó su nombre.

Las otras criaturas se acercaban.

El grupo estaba rodeado.

Mateo respiraba cada vez más rápido.

—Esto… no puede terminar así…

Dio un paso atrás.

Su pie golpeó algo metálico en el suelo.

Mateo miró hacia abajo.

Había una caja larga de metal medio enterrada entre los escombros.

La tapa estaba abierta.

Dentro había **dos katanas**.

Mateo frunció el ceño.

—¿Qué… hacen aquí?

No había tiempo para pensar.

Una criatura saltó hacia él.

Mateo tomó las dos espadas por instinto.

En el momento en que sus manos tocaron las empuñaduras…

Las hojas brillaron.

Un resplandor rojo recorrió ambas katanas.

El aire vibró.

Las criaturas se detuvieron por un instante.

Mateo abrió los ojos sorprendido.

—¿Eh?

Las espadas emitían un leve calor.

Como si algo dentro de ellas hubiera despertado.

Mateo levantó una.

La criatura volvió a atacar.

Mateo movió la katana por reflejo.

El golpe liberó una fuerte onda de energía.

La criatura fue empujada hacia atrás.

Andrés lo miró sorprendido.

—¿¡Qué fue eso!?

Mateo también estaba sorprendido.

—¡No tengo idea!

Las dos espadas brillaban con un resplandor rojo intenso.

Las criaturas dudaban.

Mateo respiró profundamente.

—Bueno… supongo que esto es mejor que nada.

Se colocó en posición frente a las criaturas.

Las katanas vibraban ligeramente en sus manos.

Algo antiguo.

Algo poderoso.

Había despertado.

Las **Katanas de Ragnarök** habían encontrado a su portador.

Mateo sonrió nerviosamente.

—Está bien…

Y dio un paso hacia las criaturas.

—Intentemos sobrevivir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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