el fin y el inicio de los reyes - Capítulo 33
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- Capítulo 33 - Capítulo 33: **VOLUMEN 4 - CAPÍTULO 33** **Tristan** **La Guadaña de la Parca**
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Capítulo 33: **VOLUMEN 4 – CAPÍTULO 33** **Tristan** **La Guadaña de la Parca**
El sonido del agua cayendo desde una tubería rota era constante.
Gota…
gota…
gota…
Tristan caminaba lentamente por el interior de lo que alguna vez fue una estación de metro. Las luces estaban apagadas, pero algunas chispas salían de cables colgando del techo, iluminando el lugar por momentos.
El aire era frío.
Y estaba demasiado silencioso.
Tristan llevaba una mochila pequeña colgando de un hombro. Sus manos temblaban un poco, pero intentaba no pensar demasiado en eso.
—Esto… no es bueno… —murmuró.
Su voz resonó suavemente en el túnel vacío.
Había bajado allí porque pensó que sería más seguro que la superficie. Las calles estaban llenas de criaturas y el ruido siempre terminaba atrayéndolas.
Pero ahora…
No estaba seguro de haber tomado la mejor decisión.
Tristan respiró profundo.
—Tranquilo… —se dijo a sí mismo—. Solo sigue caminando.
Intentó recordar el momento antes de que todo se separara.
El laboratorio.
Las bestias.
La explosión.
Después de eso todo fue caos.
Cuando despertó ya no estaba con los demás.
Ni Israel.
Ni Mateo.
Ni nadie.
—Genial… —murmuró con frustración.
Siguió caminando por el túnel.
Sus pasos hacían eco en la oscuridad.
Después de unos minutos llegó a una zona más abierta de la estación. Había torniquetes doblados, pantallas rotas y algunos bancos tirados en el suelo.
Parecía que mucha gente había intentado escapar por allí.
Entonces escuchó una voz.
—¿Hola?
Tristan se quedó quieto.
—¿Quién está ahí?
Una chica salió lentamente detrás de una columna.
Parecía tener su misma edad.
Su ropa estaba sucia y tenía una pequeña venda en el brazo.
—Pensé que eras una de esas cosas…
Tristan relajó un poco los hombros.
—Yo pensé lo mismo.
La chica suspiró aliviada.
—Gracias a Dios…
Detrás de ella aparecieron otras dos personas.
Un chico más alto y otro que parecía un poco menor.
—Somos sobrevivientes —dijo el chico alto—. Nos escondimos aquí cuando las criaturas llegaron.
Tristan asintió.
—Yo también estoy solo.
La chica sonrió un poco.
—Me llamo Daniela.
El chico alto señaló a su compañero.
—Yo soy Sergio… y él es Pablo.
Tristan se presentó.
—Tristan.
Por un momento el ambiente se relajó.
Daniela se sentó en uno de los bancos.
—Pensé que no encontraríamos a nadie más…
Sergio miró el túnel oscuro.
—Tal vez haya más gente escondida en otras estaciones.
Tristan se apoyó contra una pared.
Por primera vez desde la explosión… no se sentía completamente solo.
Pero entonces escuchó algo.
Un sonido.
Como algo arrastrándose.
Tristan levantó la cabeza.
—¿Escucharon eso?
Pablo frunció el ceño.
—¿Qué cosa?
El sonido volvió.
Más fuerte.
Algo se movía dentro del túnel.
Sergio tomó un tubo de metal del suelo.
—Tal vez sea solo una rata…
Entonces algo apareció en la oscuridad.
Una figura.
Pero no era humana.
Su cuerpo estaba deformado por la corrupción. Caminaba de forma extraña, como si sus piernas no estuvieran hechas para moverse así.
La criatura se detuvo cuando vio al grupo.
Daniela retrocedió.
—No…
La criatura dio un paso hacia ellos.
Luego otro.
Y entonces aparecieron más.
Dos.
Tres.
Salían lentamente del túnel.
Tristan sintió cómo su corazón empezaba a latir más rápido.
—Tenemos que irnos…
Sergio asintió.
—¡Corran!
El grupo comenzó a correr por la estación.
Las criaturas los siguieron.
Sus movimientos eran rápidos y erráticos.
Pablo tropezó con un banco caído.
Sergio lo ayudó a levantarse.
—¡Vamos!
Pero las criaturas ya estaban demasiado cerca.
Una de ellas saltó.
Daniela gritó.
Tristan intentó empujarla para apartarla del camino.
Pero la criatura cayó entre ellos.
El grupo se separó en direcciones distintas.
Tristan corrió hacia el andén abandonado.
Escuchaba los pasos de la criatura detrás de él.
—Esto es muy malo…
Miró a su alrededor desesperado.
No había salida.
El borde del andén terminaba en un túnel oscuro.
La criatura se acercaba.
Tristan retrocedió hasta chocar con algo en el suelo.
Un objeto largo.
Metálico.
Miró hacia abajo.
Era un **asta negra**.
Un arma.
Parecía una guadaña… pero la hoja estaba separada, tirada unos metros más adelante.
Tristan frunció el ceño.
—¿Una… guadaña?
No tenía tiempo para pensar.
La criatura saltó hacia él.
Tristan tomó el asta por instinto.
En el momento en que la tocó…
El aire cambió.
La hoja de la guadaña se movió sola por el suelo.
Como si algo invisible la estuviera atrayendo.
En un segundo se unió al asta.
La guadaña quedó completa.
Un brillo oscuro recorrió la hoja.
Tristan abrió los ojos sorprendido.
—¿Qué…?
La criatura atacó.
Tristan levantó la guadaña por reflejo.
La hoja cortó el aire.
Una onda invisible salió del arma.
La criatura cayó hacia atrás.
El silencio llenó la estación.
Tristan respiraba rápido.
La guadaña se sentía extrañamente ligera en sus manos.
Como si hubiera sido hecha para él.
El metal negro absorbía la poca luz del lugar.
Algo antiguo.
Algo poderoso.
Había despertado.
Tristan levantó la guadaña lentamente.
Las criaturas seguían acercándose desde el túnel.
Pero ahora él tenía un arma.
La **Guadaña de la Parca** había encontrado a su portador.
Tristan tragó saliva.
—Está bien…
Y dio un paso adelante.
—Supongo que tendremos que pelear.
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