el fin y el inicio de los reyes - Capítulo 34
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- Capítulo 34 - Capítulo 34: **VOLUMEN 4 - CAPÍTULO 34** **Daniel y Alexander** **Las Espadas del Caos / Las cuchillas de la oscuridad
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Capítulo 34: **VOLUMEN 4 – CAPÍTULO 34** **Daniel y Alexander** **Las Espadas del Caos / Las cuchillas de la oscuridad
El viento soplaba entre los edificios rotos.
Pedazos de papel y polvo recorrían las calles vacías de la ciudad. Algunas ventanas todavía colgaban de los marcos, golpeando suavemente con cada ráfaga.
Daniel caminaba con las manos en los bolsillos de su sudadera.
Estaba cansado.
Y bastante irritado.
—Esto es absurdo… —murmuró.
Miró hacia un lado de la calle.
Un autobús escolar estaba atravesado en medio del camino, completamente vacío.
Daniel suspiró.
—Ni siquiera sé dónde estoy.
Después de la explosión del laboratorio había corrido sin pensar demasiado. Solo quería alejarse de las criaturas que estaban apareciendo por todas partes.
Pero ahora estaba solo.
Y el silencio del lugar era incómodo.
Entonces escuchó pasos.
Daniel levantó la cabeza rápidamente.
—¿Hola?
Un chico apareció detrás de un coche volcado.
Daniel frunció el ceño.
—¿Alexander?
El chico también lo miró sorprendido.
—¿Daniel?
Por un momento ambos se quedaron quietos.
Luego Alexander caminó hacia él.
—Pensé que me había quedado solo.
Daniel soltó una pequeña risa.
—Yo también.
Alexander parecía un poco más tranquilo ahora que no estaba solo.
—¿Has visto a los demás?
Daniel negó con la cabeza.
—Nada.
Alexander suspiró.
—Genial…
Los dos caminaron por la calle durante unos minutos.
Aunque ninguno lo decía en voz alta, estar con alguien más hacía que todo se sintiera un poco menos aterrador.
Finalmente Alexander habló.
—Tal vez podamos encontrar un refugio.
Daniel miró los edificios cercanos.
—Si todavía queda alguno en pie.
Mientras avanzaban, escucharon voces.
Dos chicos y una chica salieron de una tienda destrozada.
Uno de ellos levantó un palo de madera como si fuera un arma.
—¡Alto!
Daniel levantó las manos.
—Tranquilo, tranquilo.
Alexander también levantó las manos.
—Somos humanos.
Los tres se miraron entre sí.
Finalmente el chico bajó el palo.
—Lo siento… pensamos que podían ser esas criaturas.
Daniel asintió.
—Sí… todos estamos un poco nerviosos.
La chica se acercó un poco.
—¿Están solos?
Alexander asintió.
—Sí.
El chico del palo habló.
—Nosotros también. Nos escondimos en esa tienda cuando empezó todo.
Se presentó.
—Soy Ricardo.
Señaló a los otros dos.
—Ellos son Valeria y Omar.
Daniel asintió.
—Daniel.
Alexander hizo lo mismo.
—Alexander.
Por un momento el grupo se relajó un poco.
Cinco personas ya no se sentían tan indefensas como uno solo.
Valeria miró la calle.
—Tal vez podamos movernos juntos.
Daniel se encogió de hombros.
—Me parece bien.
Comenzaron a caminar.
El viento soplaba con fuerza entre los edificios.
Ricardo hablaba en voz baja.
—Antes de que todo colapsara vimos militares pasando por la avenida principal.
Alexander levantó una ceja.
—¿Militares?
Omar asintió.
—Sí… tal vez haya una zona segura.
Daniel pensó en eso.
Si encontraban soldados tal vez podrían obtener ayuda.
Pero entonces…
Algo cayó sobre un coche cercano.
El metal se dobló con un fuerte ruido.
Todos se detuvieron.
La criatura estaba sobre el techo del vehículo.
Su cuerpo estaba deformado por la corrupción.
Sus brazos eran demasiado largos.
Sus movimientos eran torcidos y extraños.
Valeria dio un paso atrás.
—No…
La criatura gruñó.
Daniel retrocedió lentamente.
—Esto no es bueno…
Entonces otra criatura apareció detrás de ellos.
Y luego otra más desde el callejón.
Ricardo apretó el palo de madera.
—¡Corran!
El grupo comenzó a correr por la calle.
Las criaturas saltaron desde los coches y comenzaron a perseguirlos.
Alexander miró hacia atrás.
—¡Vienen demasiado rápido!
Omar tropezó con un pedazo de concreto.
Ricardo lo ayudó a levantarse.
—¡Levántate!
Pero las criaturas ya estaban demasiado cerca.
Daniel miró alrededor desesperado.
—¡Por aquí!
Se metieron en un estacionamiento subterráneo.
El lugar estaba oscuro y lleno de vehículos abandonados.
Daniel respiraba con dificultad.
—Tal vez podamos escondernos…
Pero el sonido de algo cayendo detrás de ellos les dijo lo contrario.
Las criaturas habían entrado.
Alexander miró a su alrededor.
—Genial…
El grupo retrocedió lentamente entre los coches.
Ricardo levantó el palo.
Valeria estaba temblando.
Omar miraba la entrada del estacionamiento.
Las criaturas comenzaron a rodearlos.
Daniel apretó los puños.
—No tenemos armas…
Entonces su pie golpeó algo metálico.
Miró hacia abajo.
Entre dos coches había una caja abierta.
Dentro había **dos espadas extrañas**.
Las hojas eran oscuras, con líneas rojas recorriendo el metal.
Daniel frunció el ceño.
—¿Qué hacen aquí?
Una de las criaturas saltó.
Daniel tomó las espadas por instinto.
En el momento en que sus manos tocaron las empuñaduras…
Las hojas brillaron intensamente.
Una energía roja recorrió el metal.
El aire alrededor de Daniel vibró.
Las criaturas se detuvieron.
Alexander abrió los ojos sorprendido.
—¿Qué… fue eso?
Daniel levantó las espadas.
Sentía una fuerza extraña recorriendo sus brazos.
Las **Espadas del Caos** habían despertado.
En ese momento Alexander vio algo más.
Entre los escombros cercanos había **dos cuchillas negras**.
Eran más pequeñas.
Pero emanaban una energía oscura.
Alexander las tomó.
Las cuchillas se iluminaron con un brillo profundo.
La oscuridad parecía moverse dentro de ellas.
Las **Cuchillas de Oscuridad** habían encontrado a su portador.
Daniel miró a Alexander.
Alexander lo miró a él.
Los dos sonrieron nerviosamente.
—Bueno… —dijo Daniel.
Las criaturas comenzaron a avanzar otra vez.
Alexander giró las cuchillas entre sus dedos.
—Supongo que ahora sí tenemos armas.
Daniel levantó sus espadas.
—Entonces… intentemos sobrevivir.
Y ambos dieron un paso hacia las criaturas.
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