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El Heredero del Vacio - Capítulo 10

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  3. Capítulo 10 - 10 CAPÍTULO 10 —La Noche de las Antorchas
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10: CAPÍTULO 10 —La Noche de las Antorchas 10: CAPÍTULO 10 —La Noche de las Antorchas El Torneo Juvenil de la Prefectura Lianshan se anunciaba cada cinco años con mensajeros que recorrían las aldeas del Dominio Exterior dejando pergaminos sellados en las puertas de las sectas y clanes registrados.

La Pequeña Secta del Jade Roto era una de esas sectas.

Apenas el mensajero llegó al amanecer del día cuarenta y uno de los entrenamientos de Zhen Wu con Wei Shan, montado en un caballo con gualdrapas del color de la prefectura —azul oscuro con franjas doradas— y con una actitud de quien realiza un trámite burocrático sin ningún interés personal en el resultado.

El maestro Gao recibió el pergamino con ambas manos, como correspondía al protocolo, y esperó a que el mensajero se alejara antes de leerlo.

Luego llamó a todos los discípulos al patio.

—El Torneo Juvenil tendrá lugar dentro de cuarenta días en la ciudad de Lianshan —anunció, con el tono solemne que reservaba para las ocasiones que consideraba importantes—.

Participarán discípulos de todas las sectas del Dominio Exterior con un rango mínimo de primera capa de la Apertura de Meridianos.

La secta enviará a sus tres mejores.

—Miró el pequeño grupo—.

Liang Hu, Chen Fang, y Yang Mei.

El resto permanecerá en la aldea cumpliendo sus funciones habituales.

Nadie miró a Zhen Wu.

No había ninguna razón para hacerlo.

Él escuchó la noticia y calculó: cuarenta días.

La ciudad de Lianshan estaba a dos días de camino.

El torneo era la primera oportunidad real de ver el mundo más allá de la aldea Cimientos de Piedra.

Cuarenta días.

⸻ ⸻ ⸻ Esa tarde, frente al árbol muerto, le dijo a Wei Shan lo que había escuchado.

—El torneo de Lianshan —dijo el anciano, sin sorpresa—.

¿Quieres ir?

—Quiero ver.

—¿Ver qué?

Zhen Wu tardó en responder.

No porque no supiera, sino porque la respuesta le parecía demasiado grande para las palabras disponibles.

—El mundo al que quiero pertenecer.

Cómo pelean los que tienen lo que yo no tengo.

Qué distancia hay entre donde estoy y donde necesito estar.

Wei Shan lo miró durante un largo momento.

—Si vas al torneo sin registro oficial de rango, no podrás participar.

Solo observar.

—Lo sé.

—Y si alguien de la secta te ve allí, habrás ido sin permiso.

Consecuencias.

—También lo sé.

—¿Y aun así?

—Aun así.

El anciano asintió.

—Bien.

—Golpeó el suelo dos veces con el bastón—.

Entonces tenemos cuarenta días para que llegues al segundo nivel de lo que corresponde a la Apertura de Meridianos del Vacío.

No para que puedas participar —no vas a participar.

Para que cuando veas pelear a los demás, entiendas lo que estás viendo.

—¿Es posible en cuarenta días?

—En condiciones normales, no.

—Una pausa—.

Pero llevas quince años de paciencia acumulada.

Y la paciencia, chico, es una forma de poder que los textos del cultivo nunca incluyeron en sus listas.

⸻ ⸻ ⸻ Esa noche hubo antorchas en el patio de la secta.

Liang Hu y los otros dos seleccionados celebraban con el ruido y el espacio que da saber que te han elegido.

Zhen Wu los escuchó desde su choza, con la caja de madera en el regazo y la mano sobre el sello sin romper.

Luo Bai apareció en el umbral, descalzo, con cara de no haber dormido.

—¿Los escuchas?

—preguntó.

—Sí.

—¿Te molesta?

Zhen Wu consideró la pregunta honestamente.

—Me informa.

Hay diferencia.

Luo Bai se sentó en el umbral, con las rodillas contra el pecho.

—¿Vas a ir al torneo?

—preguntó, porque conocía suficiente a Zhen Wu en cuarenta días para saber que esa pregunta tenía una sola respuesta posible.

—Sí.

—¿Puedo ir contigo?

Zhen Wu lo miró.

Luo Bai lo devolvió la mirada con la determinación tranquila de alguien que ha tomado una decisión y no planea discutirla.

—No tienes por qué.

—Lo sé.

Puedo ir contigo igualmente.

El ruido de las antorchas siguió llegando del patio.

El fuego siempre hace mucho ruido.

El Vacío no hace ninguno.

—No es un viaje seguro —dijo Zhen Wu.

—Limpiar las letrinas del ala norte tampoco —respondió Luo Bai—.

Al menos si me pasa algo contigo será por algo que valga la pena.

Luego Zhen Wu hizo algo que Luo Bai no le había visto hacer en los cuarenta días que llevaban conociéndose: sonrió.

No con los dientes.

Solo con una ligera elevación de la comisura derecha, tan breve que habría sido fácil perdérsela.

—En cuarenta días salimos.

—En cuarenta días.

El patio seguía iluminado por las antorchas de quienes habían sido elegidos.

En la choza, dos chicos a quienes nadie había elegido tomaron la misma decisión en silencio.

Y las raíces del árbol muerto, bajo la tierra, siguieron creciendo hacia abajo —hacia donde nadie miraba, hacia donde el peso del mundo no llegaba, hacia las profundidades donde el Vacío esperaba con la paciencia de las cosas que existen antes de tener nombre.

El camino a Lianshan empezaba en cuarenta días.

El camino verdadero, Zhen Wu lo sabía, había empezado hace mucho más tiempo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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