El Heredero del Vacio - Capítulo 14
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- Capítulo 14 - 14 CAPÍTULO 14 —La Primera Lección del Combate Real
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14: CAPÍTULO 14 —La Primera Lección del Combate Real 14: CAPÍTULO 14 —La Primera Lección del Combate Real Los semifinales de la tarde fueron una clase magistral de lo que el sistema de cultivo convencional podía producir cuando funcionaba bien.
El primer semifinal enfrentó a dos quintas capas de la Apertura de Meridianos —el límite superior del torneo juvenil, ya que participantes desde la primera capa de la Condensación del Núcleo competían en torneos de nivel superior.
Una quinta capa era, en el sistema convencional, el pico del potencial juvenil antes del primer gran umbral.
El combatiente del lado este representaba a la Secta del Tambor de Piedra, una de las cuatro sectas que sostenían la Alianza de la Prefectura.
Elemento rayo, estatura media, movimientos que revelaban un entrenamiento de velocidad pura: cada técnica que ejecutaba priorizaba la presión psicológica de ser imposible de seguir con los ojos sobre el daño real que generaba.
El combatiente del lado oeste representaba a la Secta del Agua Quieta.
Elemento agua en su variante de corriente profunda —no la versión defensiva, que era la más común, sino la versiva ofensiva que usaba la presión acumulada en lugar del impacto directo.
Era más alto, más lento en los movimientos de desplazamiento, pero cada técnica que lanzaba parecía llegar desde un ángulo diferente al que la preparación sugería.
Zhen Wu estaba de vuelta en el tejado con Luo Bai.
Observó el combate desde el primer intercambio con la concentración de quien sabe que lo que está viendo es exactamente lo que necesita ver.
El de rayo atacó primero.
Naturalmente —era su estilo, presión constante desde el inicio, sin dar tiempo al oponente de establecer su ritmo.
La técnica se llamaba, según Luo Bai que reconoció el movimiento de sus clases, Tormenta de Mil Agujas: rafagas de Qi rayo fragmentado que cubrían el campo de visión del oponente sin dirección fija, obligándolo a gastar Qi en defensas contra múltiples vectores simultáneos.
El de agua no se defendió.
Se desplazó.
No hacia atrás —hacia los lados, en un arco que lo mantenía en el campo de combate pero fuera del radio de máxima concentración de la Tormenta.
Y mientras se desplazaba, lanzó algo que a primera vista parecía una técnica defensiva: un escudo de agua que absorbió parte de los fragmentos de Qi rayo.
No era un escudo.
Era un capacitor.
El agua había absorbido el Qi rayo y lo había organizado en su interior.
Tres segundos después, cuando el de rayo preparaba su segunda descarga, el de agua lanzó esa energía almacenada de vuelta —multiplicada por la presión acumulada, convertida de rayo disperso en un chorro de agua-rayo concentrado que llegó al pecho del oponente antes de que pudiera reaccionar.
El de rayo voló tres metros hacia atrás.
Aterrizó fuera del círculo del pabellón.
Fin del combate.
Cuarenta y ocho segundos.
Las gradas explotaron.
En el tejado, Zhen Wu no aplaudió.
Tenía la mente ocupada procesando lo que había visto.
Absorbió el poder del enemigo.
Lo organizó.
Lo devolvió multiplicado.
El Vacío hace exactamente eso.
Solo que sin el paso intermedio del almacenamiento visible.
Si pudiera hacer lo mismo que ese cultivador de agua, pero usando el Vacío como el contenedor en lugar del agua… Era demasiado pronto.
Sabía que era demasiado pronto —llevaba cuarenta días entrenando, y lo que había visto requería años de dominio del elemento.
Pero la semilla de la idea se plantó con la precisión de las cosas que uno no elige recordar porque simplemente no puede olvidar.
—¿Viste?
—dijo Luo Bai, con los ojos encendidos—.
Usó el Qi del otro para ganar.
—Lo vi.
—Es… —Luo Bai buscó la palabra—.
Es como hacerse más fuerte con la fuerza del enemigo.
—Eso es exactamente lo que es.
—Pausa—.
Apréndelo.
Con tu elemento rayo y esa técnica adaptada, podrías— —¿Podrías tú hacerlo?
—interrumpió Luo Bai—.
Con tu… lo que tienes.
Zhen Wu no respondió de inmediato.
—Todavía no —dijo finalmente—.
Pero sé cómo se vería si pudiera.
⸻ ⸻ ⸻ El segundo semifinal fue menos elegante pero más instructivo desde otro ángulo.
Dos combatientes de quinta capa, ambos con elementos de ataque directo —metal y fuego— que no tenían ningún plan más sofisticado que golpear más fuerte y más rápido que el oponente hasta que uno de los dos no pudiera continuar.
El combate duró cuatro minutos y produjo más destrucción en el pabellón que todos los combates anteriores combinados.
Las marcas de metal en el suelo.
Las quemaduras en las barandillas.
El humo que tardó en disiparse.
El de fuego ganó por agotamiento del rival —ambos estaban casi sin Qi cuando terminó, pero el de metal había llegado al límite primero.
Lo que Zhen Wu aprendió de ese combate fue diferente a lo que aprendió del primero.
No sobre técnica —sobre consecuencia.
Después de cuatro minutos de combate real a quinta capa, los dos cultivadores necesitaron ayuda para salir del pabellón.
El que había ganado estaba tan agotado como el que había perdido.
Un combate de desgaste no tiene ganador real.
Solo tiene el que colapsa segundo.
Cuando llegue mi momento de pelear, no puedo permitir que se convierta en eso.
El Vacío no tiene reservas de Qi convencionales.
Si me desgasto, no tengo nada a lo que recurrir.
Velocidad.
Precisión.
Un golpe decisivo.
O absorber suficiente para terminar rápido.
Registró todo esto en la parte de la mente donde guardaba las cosas importantes y bajó del tejado cuando las sombras de la tarde empezaron a alargarse sobre la plaza.
El análisis de los semifinales que entregó al dueño de la tienda duró veinte minutos y fue lo suficientemente detallado como para que el hombre dejara de mirarlos con la condescendencia de quien hace un favor y empezara a escucharlos con la atención de quien recibe algo valioso.
La piedra espiritual entera que les dio al final era de segunda calidad —mejor de lo que habían acordado.
—¿Cómo os llamáis?
—preguntó el hombre, cuando estaban a punto de irse.
—Luo Bai —dijo Luo Bai.
Zhen Wu lo pensó durante un instante.
En la aldea, su nombre significaba nada.
En esta ciudad, su nombre era el de alguien sin rango, sin afiliación, sin importancia.
—Zhen Wu —dijo.
El hombre asintió como si guardara los nombres para algo.
—Si volvéis para la final mañana, el tejado es vuestro.
Sin pago.
Salieron a la calle dorada de final de tarde.
Luo Bai sostenía la piedra espiritual con las dos manos como si fuera frágil.
—¿Para qué la usamos?
—preguntó.
—Para tu entrenamiento de esta noche.
—Zhen Wu miró la ciudad encendiéndose en linternas—.
Vas a empezar a practicar Condensación de Núcleo esta noche.
La piedra te dará Qi estable para trabajar.
—Pero si todavía estoy en la primera— —Ya sé dónde estás.
Y sé dónde podrías estar en seis meses si empiezas antes de lo que el maestro Gao considere apropiado.
—Pausa—.
El maestro Gao considera muchas cosas inapropiadas.
Luo Bai miró la piedra.
Luego miró a Zhen Wu.
—Tú no eres un maestro.
—No.
Pero soy alguien que está aprendiendo más rápido de lo que nadie espera.
Y eso tiene que valer algo.
Durmieron esa noche en el mismo establo que la anterior, con la piedra espiritual entre los dos, y Zhen Wu meditó hasta que el Vacío le dijo que era suficiente —que había tomado todo lo que podía tomar por un día y que más sería codicia, no progreso.
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