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El Heredero del Vacio - Capítulo 17

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  3. Capítulo 17 - 17 CAPÍTULO 17 —Las Palabras del Vacío
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17: CAPÍTULO 17 —Las Palabras del Vacío 17: CAPÍTULO 17 —Las Palabras del Vacío El momento más quieto del Vacío llegó pasada la medianoche, cuando la luna había completado tres cuartas partes de su arco y el viento que venía del norte se había posado.

Era un silencio de los que tienen peso —no el silencio de la ausencia sino el del antes, como el instante antes de que caiga la primera gota de una tormenta que todavía no ha empezado.

Zhen Wu tomó la caja.

El sello de cera negra no presentó resistencia.

Se partió con un chasquido seco cuando aplicó una presión firme con el pulgar, y la cera cayó en dos pedazos que revelaron el símbolo grabado debajo: el círculo con el punto central rodeado de ocho trazos rotos.

A la luz de la luna, el símbolo no parecía pintado sino desgastado desde adentro, como si hubiera estado ahí mucho más tiempo que la cera que lo sellaba.

Sacó el pergamino.

Era más ligero de lo que esperaba.

El material no era papel convencional —era algo entre el cuero y la seda, de color crema oscuro, que se doblaba sin crujir y no tenía olor a humedad a pesar del tiempo que había pasado escondido detrás de una viga.

Las letras estaban escritas en negro con un pincel de trazo firme, sin correcciones visibles —la caligrafía de alguien que sabía exactamente lo que quería decir antes de empezar a escribirlo.

Zhen Wu lo leyó.

⸻ ⸻ ⸻ No era un manual de técnicas.

No era un mapa ni un testamento.

Era una carta.

Comenzaba sin saludo formal, sin la estructura protocolar que se usaba en los documentos oficiales del mundo del cultivo.

Empezaba directamente, como una conversación que se retoma sin necesidad de recordar el contexto porque el contexto nunca se ha olvidado.

«Cuando leas esto, tendrás suficiente del Vacío en ti para entender lo que voy a decir.

Eso significa que has sobrevivido lo suficiente, que alguien te ha encontrado antes de que el mundo te quebrara, y que la condición que pusimos —recibir daño sin convertir ese daño en veneno— la has cumplido.

De nada de esto estábamos seguros cuando lo escribimos.

Solo esperábamos.» Zhen Wu leyó esa primera parte tres veces antes de continuar.

La letra era de dos personas —lo notó en los trazos: algunos más angulares, otros más fluidos, como si el texto hubiera sido compuesto en diálogo y cada voz se hubiera impreso en la forma de escribir.

«Llevas en tu pecho el Vacío Primordial.

No una variante, no una mutación, no un error de nacimiento que los maestros del sistema convencional diagnosticarían como bloqueo espiritual.

Es el poder más antiguo que existe —anterior a los cinco elementos, anterior al sistema de reinos, anterior incluso al primer Inmortal que puso nombre a las cosas.

El Vacío fue lo primero.

Los elementos vinieron después, cuando el Vacío comenzó a diferenciarse en partes de sí mismo.» Zhen Wu contuvo el aliento un momento.

Continuó leyendo.

«No te lo transmitimos como un regalo.

Te lo transmitimos como una necesidad.

Hay algo en el mundo —en lo que llaman el Firmamento, donde los Semi-Inmortales y los Inmortales Verdaderos hacen sus guerras silenciosas— que lleva tiempo buscando el Vacío para absorberlo de vuelta.

Si lo absorbe, el equilibrio de los Nueve Dominios se rompe de una forma que no sabemos describir con palabras que no sean catástrofe.

La única forma de que eso no ocurra es que el Vacío tenga un heredero que sepa cómo sostenerlo, dirigirlo y, llegado el momento, usarlo para sellarlo.» «Ese heredero eres tú.» «No porque lo hayas elegido.

Sino porque te elegimos nosotros —y porque si nos conoces el día que llegues a ser lo suficientemente fuerte, esperamos que al menos parte de ti entienda por qué no pudimos quedarnos.» El pergamino continuaba con instrucciones específicas: los dos siguientes niveles del Vacío, sus nombres en el sistema antiguo, los principios que los regían, las señales que indicarían cuando Zhen Wu estaba listo para cada uno.

Era técnico, preciso, con la densidad de información de alguien que tenía mucho que decir y sabía que el espacio era limitado.

Pero Zhen Wu no llegó a leer las instrucciones esa noche.

Se detuvo en la última línea de la parte personal, antes de que el pergamino virara hacia lo técnico.

«Nuestros nombres no aparecen en este pergamino.

Cuando seas lo suficientemente fuerte para que sepan que existes, ellos mismos empezarán a buscarte —y en esa búsqueda, encontrarás los hilos que te llevarán a nosotros.

No lo apresures.

El Vacío tiene su propio tiempo, y ese tiempo siempre es el correcto.» Zhen Wu enrolló el pergamino.

Lo sostuvo entre las manos durante un largo momento, con los ojos en la luna que se había desplazado más hacia el oeste mientras leía.

No lloraba.

No era el tipo de persona que llorara con facilidad, y tampoco era el tipo de noche que pedía lágrimas —pedía otra cosa, algo más duro y más duradero.

Entonces existen —pensó, con la calma de las cosas que siempre se supo pero que se necesitaba confirmar—.

Existen y saben quién soy.

Y están esperando a que sea suficientemente fuerte para que el mundo sepa que existo.

Bien.

Voy a ser suficientemente fuerte.

No para encontrarlos.

Para merecer encontrarlos.

Guardó el pergamino en la caja.

La caja bajo la manta.

Y se sentó en la posición de meditación con la espalda recta, los ojos abiertos hacia el cielo, y el Vacío en el pecho haciendo algo que nunca había hecho antes: latir de forma rítmica, constante, como un corazón que por fin sabe para qué existe.

La segunda profundidad del Vacío comenzó esa misma noche, sin ceremonia, sin testigos, sin que nadie en la aldea Cimientos de Piedra lo supiera.

Como siempre habían ocurrido las cosas importantes en la vida de Zhen Wu: en silencio, en la oscuridad, solo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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