El Heredero del Vacio - Capítulo 4
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- Capítulo 4 - 4 CAPÍTULO 4 —El Anciano del Árbol Muerto
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4: CAPÍTULO 4 —El Anciano del Árbol Muerto 4: CAPÍTULO 4 —El Anciano del Árbol Muerto El árbol muerto llevaba en el centro de la aldea más tiempo que la aldea misma.
Era un roble de tronco negro y ramas retorcidas que apuntaban al cielo como dedos artríticos, y que según los ancianos de Cimientos de Piedra había sido alcanzado por un rayo durante la Gran Tormenta de hace doscientos años y nunca había vuelto a echar hojas.
Nadie se sentaba bajo él.
Excepto el viejo Wei Shan.
Zhen Wu lo había visto allí muchas veces en sus quince años de vida: una figura encorvada sobre un taburete de madera con las manos apoyadas en un bastón de bambú, ojos entrecerrados ante el vacío del horizonte, una calabaza de licor de arroz siempre a su lado.
Los aldeanos lo llamaban el Borracho del Árbol Muerto.
Los discípulos de la secta ni siquiera le daban ese grado de atención.
Esa mañana, Zhen Wu pasó frente al árbol cargando dos baldes de agua para el jardín medicinal de la secta, y el anciano habló sin abrir los ojos.
—Tú eres el que no tiene núcleo.
No era una pregunta.
Zhen Wu se detuvo.
—Sí.
—Mmm.
—El anciano abrió un ojo.
Era de color castaño, con la claridad particular de ciertos ojos viejos que han visto demasiado para seguir sorprendiéndose—.
Deja los baldes.
—Tengo que llevar— —Los baldes pueden esperar.
Acércate.
Algo en la voz del anciano —no su tono, que era el de alguien que pide sal en la mesa, sino algo debajo del tono, algo que Zhen Wu no habría podido nombrar pero que reconoció como se reconocen los truenos antes de verlos— hizo que dejara los baldes y se acercara.
Wei Shan lo miró durante un largo momento.
Luego extendió una mano arrugada.
—Dame tu muñeca.
Zhen Wu obedeció.
El anciano tomó su muñeca entre dos dedos —índice y pulgar— y cerró los ojos.
Pasaron veinte segundos.
Treinta.
Un minuto.
Cuando los abrió, algo había cambiado en su expresión.
No era exactamente sorpresa.
Era más parecido al reconocimiento.
—¿Cuánto tiempo llevas cultivando?
—No puedo cultivar —respondió Zhen Wu—.
No tengo núcleo.
—No te pregunté si puedes.
Te pregunté cuánto tiempo llevas haciéndolo.
Una pausa.
—Tres noches.
—¿Y antes?
—Ocho años de intentos.
Todos fallidos.
—¿Fallidos?
—El anciano soltó una exhalación que podría haber sido una risa—.
Chico, no fallaste durante ocho años.
Esperabas.
Hay una diferencia enorme entre las dos cosas, aunque desde afuera se vean iguales.
Zhen Wu lo miró sin comprender del todo.
—Tu dantian no está vacío —continuó Wei Shan, cogiendo su calabaza de licor—.
Está lleno de vacío.
Lo cual es exactamente lo contrario.
—Bebió un largo sorbo—.
Ven mañana a la misma hora.
Trae los baldes si quieres.
Pero ven.
—¿Por qué?
El anciano volvió a cerrar los ojos y apuntó su bastón hacia el árbol muerto a sus espaldas.
—Porque a este árbol lo alcanzó un rayo y todos creyeron que había muerto.
—Golpeó el suelo dos veces con el bastón—.
Pero sus raíces siguen vivas.
Solo que crecen hacia abajo, no hacia arriba.
Hacia donde nadie mira.
Zhen Wu recogió sus baldes.
Mientras se alejaba, escuchó al anciano murmurar algo en voz baja, casi para sí mismo.
—Igual que tú, chico.
Igual que tú.
⸻ ⸻ ⸻ Esa noche, Zhen Wu no durmió pensando en las raíces del árbol muerto.
Si el árbol seguía vivo bajo tierra mientras el mundo lo creía muerto, ¿qué estaba creciendo en él que todavía no se veía desde fuera?
Meditó hasta el amanecer.
El Qi se sostuvo durante treinta y dos segundos.
Mañana volvería.
Eso era suficiente.
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