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“El Humano Más fuerte de Dragon Ball” - Capítulo 61

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61: TEMP 2: CAPÍTULO 22 61: TEMP 2: CAPÍTULO 22 TÍTULO:Recuerdo del pasado ___________________________________________ -Punto de vista en tercera persona- Con emoción en su rostro, Shingen admiró la presencia de tan importante ermitaño, el cual fue crucial en ayudar a Goku en su arco contra Piccolo Daimaō.

Además, sus Semillas del Ermitaño fueron invaluables, incluso cuando los niveles de poder en la serie se dispararon a niveles universales.

Sintiendo que había estado aturdido por suficiente tiempo, Shingen se levantó del suelo y, con tono firme y mirada entusiasta, saludó al gato frente a él.

-Eh…

hola.

Perdone mi falta de cortesía -se aclaró la garganta, intentando sonar más educado-.

Me llamo Shingen, soy discípulo de la Escuela de la Grulla.

Vine para entrenar bajo su enseñanza y…

bueno, si me lo permite, también para probar el agua sagrada que fortalece a aquellos artistas marciales que la beben.

Mientras el joven hablaba, no alcanzó a notar que estaba usando un tono demasiado alto y, junto con su gran entusiasmo, pareció abrumar al pobre ermitaño, que se aferraba a su bastón.

-¡Cof!

¡Cof!…

Vaya, vaya…

No solo eres enérgico, sino que también estás demasiado bien informado.

-Estrechando aún más sus ojos, ya de por sí casi cerrados, Karin continuó interrogando a Shingen con un tono suave, pero cargado de suspicacia-.

Dime, muchacho…

Si sabes todo eso, ¿es porque el maestro Roshi te envió, no es así?

Tras esta pregunta, Karin quería confirmar si este joven tenía algo que ver con Roshi y por qué este último no lo había vuelto a visitar después de varios años.

Tomando una actitud más seria y sabiendo que debía comportarse, Shingen se puso firme.

-Así es, maestro.

Como dije anteriormente, soy un discípulo de la Escuela de la Grulla, y mi maestro es Tsuru, el Ermitaño Grulla.

Hace no mucho, tuve la suerte de conocer al maestro Roshi, de la Escuela de la Tortuga, y al ganarme su confianza, supe de este lugar -dijo Shingen, notando cómo la expresión de Karin permanecía inalterable mientras lo miraba fijamente.

-Conque es así…

Bueno, parece que, por tu entusiasmo y, sobre todo, por lo que me has dicho, no tienes toda la información.

Pero no importa.

Solo déjame decirte una cosa: yo no tengo nada que enseñarte.

Al decir esto, Karin notó cómo la actitud entusiasta de Shingen se desvanecía, adoptando una expresión más sospechosa y pensativa.

-«¿Que no tiene nada que enseñarme?

¿Qué clase de respuesta es esa?

¿No se supone que Roshi y Goku entrenaron aquí, o algo así?

¿Están mal mis recuerdos?

No, no…

algo no cuadra, pero no sé qué» -Sintiendo que caía en la locura, Shingen se obligó a tranquilizarse mientras miraba al inexpresivo gato frente a él.

Sin saber cómo expresar lo que tenía en mente, Shingen se puso tenso, algo que casi nunca le ocurría, algo que solo sucedía cuando su conocimiento de la serie se desviaba demasiado o cuando había algo que sabía pero no lograba recordar.

Después de unos segundos, y viendo cómo el joven frente a él caía en la preocupación, el maestro Karin volvió a toser mientras caminaba hacia el centro del lugar.

Al llegar a su destino, usó su gran bastón para señalar una jarra en lo alto de un pilar, sostenida por pequeños elefantes que servían de soporte.

 Al ver dicho objeto, Shingen sintió que estaba a punto de recordar algo importante, pero no lo logró sin la ayuda de su ahora irremplazable cuaderno, donde guardaba los conocimientos clave de toda la serie, hasta Dragon Ball Super.

-Esta es la razón de la fuerza de Roshi.

Sin embargo, solo aquellos con mi permiso serán capaces de beber el Agua Sagrada.

¿Lo entiendes, muchacho?

-preguntó Karin al ver cómo el rostro de Shingen se volvía más y más determinado.

-Lo entiendo, maestro.

Por favor, permítame beber el Agua Sagrada.

Se lo suplico.

Optando por primera vez en su nueva vida por rogar, Shingen sintió que, sin el gran poder de dicha agua, no sería capaz de mantenerse a la delantera de sus compañeros, quienes seguramente estarían entrenando muy duro.

Para Shingen, la decisión de venir aquí se basó principalmente en su recuerdo de que Goku logró beber un agua que lo volvió tan fuerte que incluso pudo derrotar a un namekiano como el Rey Demonio Piccolo.

Este recuerdo, aunque correcto, tenía un gran fallo: Shingen ignoró u olvidó por completo la diferencia entre el agua que tenía frente a él y la que Goku tomó para derrotar a Piccolo.

-Mmm…

Veo que eres un excelente discípulo, y tu corazón, aunque algo oscuro debido al entrenamiento de ese tal Tsuru, guarda una gran bondad y sentido de responsabilidad.

Algo no muy común en jóvenes de tu edad.

Está bien, tienes mi permiso para beber de dicha jarra.

Dándole permiso de forma tan ligera, Karin vio cómo el brillo de la emoción y la determinación crecían en el rostro de Shingen.

Inclinando la cabeza en agradecimiento, Shingen avanzó con seguridad hacia la jarra, ignorando el brillo astuto que apareció en los ojos del gato detrás de él.

Al ver que su altura no era suficiente para alcanzarla, Shingen flotó ligeramente sin tocar la elegante fuente que sostenía la jarra.

-¡Ha!

-¿Q-qué?

Sin esperarlo en lo más mínimo, Shingen fue golpeado en las costillas por Karin.

El bastón impactó con fuerza, haciendo que el joven cayera de bruces al suelo mientras se sujetaba la zona afectada.

En el mundo de Dragon Ball, los cuerpos de los personajes, pese a ser capaces de resistir ataques que podrían pulverizar ciudades, lunas e incluso planetas, en ocasiones -cuando su guardia está baja o su nivel de ki disminuye a mínimos extremos- no son más resistentes que los de un humano común.

Levantándose con una mano en el costado, Shingen miró resentido y confundido hacia Karin, quien, haciéndose el inocente, silbaba mientras miraba hacia otro lado.

Al ver esta clara muestra de descaro, el joven finalmente entendió algo y, con rostro atónito, recordó que esta escena era casi idéntica a la que vivió Goku al intentar tomar la jarra por primera vez.

Sin embargo, pese a comprender esto, todavía no recordaba la existencia de otra agua.

-«Así que es así…

Entonces solo debo superar su velocidad y tomar la jarra, con Karin como único obstáculo.» Sonriendo, pese al persistente dolor, Shingen se levantó con una idea en mente.

Interesado por la sonrisa confiada del joven, Karin sintió una leve preocupación, como si temiera que algo terrible ocurriera, algo que ni sus técnicas marciales podrían evitar.

-¡Allá voy!

-¡!

Sin perder más tiempo, Shingen se lanzó con todas sus fuerzas hacia Karin, quien sostenía la jarra con su bastón.

-¡Demasiado predecible!

-exclamó el viejo gato al esquivar el ataque.

Alejándose varios metros, Karin no perdió de vista a Shingen, quien, al ser esquivado, no perdió el entusiasmo.

Con una poderosa patada contra la pared, se impulsó de nuevo hacia su objetivo.

Con pasos pesados y fuertes impulsos, Shingen era muy diferente a los suaves pasos y precisos movimientos de Karin, los cuales lograban superar la técnica de Shingen.

Esto último lo emocionaba ante tal arte marcial, ignorando inconscientemente la expresión tensa de Karin, quien, sorprendido por las ya excelentes artes marciales del joven, hizo acopio de su poder superior para evitar que este cumpliera su objetivo.

El tiempo pasó y, tras varias horas, un exhausto Shingen jadeaba pesadamente.

Frente a él, Karin estaba igualmente agotado; aunque había ahorrado energía con movimientos más precisos, los constantes intentos de Shingen por tomar la jarra hicieron que alguien con un cuerpo ya no tan preparado para luchar, como el de Karin, se cansara más rápido que antes.

-Ja…

ja…

Sinceramente, estoy impresionado, Maestro.

No importa cuánto lo intente, su poder y habilidad son superiores a los míos.

Usted es todo un maestro -aunque el cansancio se notaba en su voz, Shingen mantenía los ojos llenos de determinación.

-Jo…

jo…

jo.

No conseguirás nada adulándome, muchacho.

Sin embargo, yo también estoy impresionado por tu poder.

Nunca en mi vida había visto a un humano tan fuerte, y lo digo porque sé que no estás usando todo tu potencial -dijo Karin con un brillo astuto en los ojos.

Sonriendo ante sus palabras, Shingen negó con la cabeza mientras se incorporaba.

Aunque el cansancio persistía, el joven, decidido a superar los límites impuestos por su raza, adoptó una pose de combate y fijó su mirada en el ermitaño.

-Aunque pueda sonar como un insulto hacia usted o como un exceso de orgullo, la verdad es que no necesito usar el Cénit Kai contra usted.

Después de todo, ¿qué ganaría si no me esfuerzo al máximo?

Si no rompo mis límites, jamás progresaré ni podré hacer frente a las amenazas del mañana.

Mientras hablaba, Shingen ajustó su postura, inclinándose aún más.

Al escuchar las sorprendentemente maduras palabras del joven, Karin sintió una inmensa fuerza de voluntad y una misión autoimpuesta que desconocía.

Presintiendo que el destino de Shingen sería largo y miles de veces más complejo que el de un joven Roshi, comprendió que era el momento y se preparó para el próximo asalto.

Decidiendo no apostar todo a la fuerza bruta, Shingen optó esta vez por usar aún más técnicas estratégicas o de soporte en algunos casos.

-¡!

Impactado, Karin vio cómo el cuerpo de Shingen se dividía en cuatro cuerpos totalmente independientes.

Los cuatro observaron con una sonrisa la tensión en el rostro del maestro.

Sin decir una sola palabra, los cuatro Shingen se dirigieron hacia Karin, quien comenzó a sudar frío ante tal embestida.

Optando por tomar la jarra con sus patas, maniobró sobre los intentos de los clones por arrebatársela, esquivando tanto barridos dirigidos a sus piernas como intentos por atraparlo en un abrazo de oso.

Entonces, saltó al centro del amplio salón, observando con cautela a sus cuatro oponentes, quienes volvieron a rodearlo.

-¡Ahora!…

¡Ha!

Al mismo tiempo, los cuatro Shingen apuntaron sus manos hacia Karin, quien se preparó para esquivar cualquier tipo de ataque de ki, pero dicho ataque nunca llegó.

-¡Tayoken!

-¿Q…

qué demonios!?

-exclamó Karin, conmocionado al no esperar que los dos Shingen de delante suyo lo cegaran con tal técnica.

Lastimosamente, para el desconcertado ermitaño, los otros dos Shingen que estaban detrás de él extendieron sus brazos y, sin esperar a que Karin se recuperara, lo inmovilizaron con telequinesis.

Técnica que, aunque extremadamente difícil de aprender, era fundamental para desarrollar la nueva técnica de curación por excelencia de la Escuela Grulla: el Kairiki.

 Al inmovilizar y cegar al muy enojado gato, un clon de Shingen se separó, creando ahora un quinto Shingen, quien avanzó con seguridad hacia el maestro Karin.

La frustración de haber sido derrotado de esta inesperada y muy “impredecible” manera hizo a Karin suspirar de cansancio.

Tomando la jarra colgada débilmente de las patas del ermitaño, Shingen pronto la entregó a su yo original, quien, tras tenerla en sus manos, chasqueó los dedos, fusionando de nuevo a sus clones con su cuerpo.

-Yo gané, maestro -exclamó el joven con orgullo mientras veía al gato frente a él lamerse el pelaje de los brazos.

 -Mmm, tienes razón, ganaste.

Y, sobre todo, te ganaste el derecho de beber el agua sagrada.

Tómala -insistió Karin con rostro inexpresivo, como si esperara ansiosamente lo que sucedería ahora.

Teniendo la jarra en sus manos, Shingen se detuvo un momento, aparentemente sumido en profundos pensamientos.

Sin más, antes de que Karin se impacientara, bebió toda el agua, dejando la jarra vacía.

-Ufff…

¿Ah?

Confundido, Shingen se miró el cuerpo, sintiendo únicamente que su sed se había apaciguado.

Sin embargo, no sintió dolor ni ningún otro efecto secundario perjudicial.

Viendo la expresión atónita de Shingen, Karin se rió entre dientes mientras se detenía al borde de su morada.

-¿Qué sucede?

¿Estás decepcionado?

-preguntó Karin, dándole la espalda a Shingen, quien lo observaba con confusión.

-Uh, maestro, ¿no se supone que esta agua debía volverme más poderoso o al menos provocar dolor cuando se bebe?

-preguntó Shingen, sin preocuparse por justificar su conocimiento.

-Ummm, ya veo.

Estás hablando del agua Ultradivina.

Aunque no sé cómo supiste de ella, no creo que me concierna interrogarte por ello -dijo Karin, acariciando su bigote mientras hablaba y se volteaba hacia Shingen.

Acercándose más y más hacia el joven, Karin pronto quedó a solo un metro de distancia, con la expresión más seria que su pequeña y redonda cabeza podía adoptar.

-Aunque ciertamente el corto entrenamiento para tomar esa agua común y corriente te hizo bien para mejorar tus estrategias en combate, veo que tu deseo de fuerza va más allá.

Antes de siquiera darte la oportunidad de tomar el agua Ultradivina, quiero que me digas: ¿por qué quieres más poder, si el que ya tienes es más que suficiente para vencer incluso a un viejo demonio como lo fue Piccolo Daimaō?

Haciendo su pregunta, Karin miró fijamente al joven, mientras este último dejaba atrás la confusión y mostraba un rostro serio y decidido.

Shingen mantuvo la mirada firme, sintiendo el peso de la pregunta de Karin.

No era algo que pudiera responder con mentiras bien elaboradas o excusas superficiales.

El gato ermitaño lo estaba desafiando a confrontar su propia esencia, y él lo sabía.

Después de un breve silencio, el joven exhaló y habló con una voz más baja, pero cargada de convicción: -Maestro Karin…

usted tiene razón.

Con lo que tengo ahora, podría enfrentarme a muchos de los peligros de este mundo, incluso a algunos que aún no han surgido.

Hizo una pausa, apretando ligeramente los puños mientras el peso de sus palabras aumentaba la tensión en el ambiente.

-Pero no se trata solo de vencer enemigos por capricho.

No se trata solo de superar mis límites por el simple hecho de hacerlo.

Sus ojos, usualmente llenos de arrogancia juvenil, ahora reflejaban algo más profundo y pesado: la sombra de una responsabilidad autoimpuesta y del deber, que, de manera curiosa pero asombrosa, parecían fortalecer el propio poder de Shingen.

-Quiero más poder porque el mundo nunca deja de cambiar, y las amenazas no desaparecen, solo evolucionan.

Piccolo Daimaō sumió al mundo en el caos, pero ¿y si algún día aparece alguien aún peor?

¿Si los amigos y familiares que protegemos terminan sufriendo porque nos conformamos con nuestra propia fuerza?

-afirmó, aflojando sus puños y dejando escapar un profundo suspiro.

-Dicho esto…

si para eso debo romper cada límite, sufrir cada entrenamiento infernal y beber hasta el agua más venenosa, entonces lo haré.

Porque el día en que ese futuro, donde nuevos y más terribles enemigos lleguen, se haga realidad…

no habrá segundas oportunidades.

Finalizando su confesión, Shingen miró tranquilamente a Karin, quien mantenía la misma expresión neutral.

Sin embargo, la intensidad de su mirada había desaparecido, reemplazada por una de gran orgullo y admiración.

-Es una respuesta muy interesante, muchacho.

Sabes, muy pocos guerreros que han subido mi torre han logrado impresionarme tanto como tú lo hiciste ahora.

No, me atrevería a decir sin equivocación que eres el más impresionante y excepcional de todos.

Mientras terminaba de hablar, Karin se dirigió a la parte inferior de la sala.

Viendo cómo el gato desaparecía, Shingen pronto suspiró aliviado para luego reír con autocrítica por haber olvidado un escenario tan importante.

-«Pff, no puedo creer que haya confundido el agua sagrada con la Ultradivina.

Creo que mi tiempo en este mundo me está haciendo olvidar más rápido los sucesos de mi anterior vida…» Antes de que Shingen siguiera con su diatriba interna, Karin pronto lo interrumpió.

Subiendo nuevamente al salón, el gato ermitaño llevaba consigo un solo vaso lleno de lo que parecía un extraño líquido morado, del cual exudaba un aura que solo alguien que hubiera manejado venenos sabía lo letal que era dicho líquido.

La reacción instintiva del cuerpo de Shingen lo hizo retroceder cuatro pasos antes de detenerse por pura fuerza de voluntad.

 -Listo, aquí tienes.

Solo espero que toda esa declaración tuya no haya sido en vano.

Aunque tampoco te culparé, ya que, a diferencia del agua sagrada que tomaste la cual era agua común y corriente, con esta la probabilidad de morir al tomarla es demasiado alta, dijo, optando por advertir una última vez al joven frente a él.

Karin pronto notó que la convicción de este último no flaqueó, sino que aumentó, lo cual lo dejó complacido.

Viendo cómo Shingen se acercaba, sin decir una sola palabra, tomó el vaso con el líquido casi hasta el borde y, sin pensarlo demasiado, con una determinación al límite, bebió todo el contenido de un solo trago.

Haciendo honor a su reputación de bebida mortal, un dolor infernal abrazó su cuerpo, haciéndolo gritar de agonía, para luego emitir solo gritos mudos al dañarse críticamente sus cuerdas vocales.

Para un terrícola como Shingen, beber el agua de los dioses le provocó un sufrimiento tres veces mayor que el que padeció Goku.

Después de todo, este último, al ser un saiyajin, incluso en su punto más débil y con la guardia baja, su cuerpo era capaz de soportar palizas terribles e incluso daño de balas.

Apretando los dientes hasta hacer sangrar sus encías, Shingen se obligó a cerrar la boca mientras todo su cuerpo era arrasado por espasmos musculares, calambres, desgarros y más, casi al mismo tiempo.

Dejando al joven librando su batalla, Karin se alejó y se sentó perezosamente, ignorando el sufrimiento del muchacho detrás de él.

El tiempo transcurría, y Karin, dormido con una revista sobre el rostro, seguía sin prestar atención a Shingen, quien yacía en el suelo.

Tras doce horas de agonía, el joven había dejado el suelo completamente empapado por su propio sudor y lágrimas.

Ya entrada la noche, con la oscuridad cubriendo la sala, Shingen, sintiendo que el dolor disminuía, apretó nuevamente sus ensangrentadas manos y, con esfuerzo, empujó su cuerpo hacia arriba.

Al sentir una mirada fija sobre él, Karin despertó sobresaltado.

Con horror, vio a un Shingen de pie en la oscuridad, observándolo intensamente.

-¡Y-yo…

no tengo nada que ver con tu muerte, muchacho!

¡Te advertí que podrías morir si la bebías, pero no me hiciste caso!

¡No puedes culparme por eso!

-Con el pelaje erizado, Karin se puso a cuatro patas, imitando a un gato callejero enojado.

Aturdido por su reciente experiencia, Shingen miró con diversión la reacción de Karin.

Aunque su exterior parecía sereno, su interior aún estaba conmocionado, pero su voluntad lo mantenía firme.

-No se asuste, maestro, estoy vivo.

Aún no he muerto, jeje.

Solo estoy muy cansado y hambriento…

-Sin energía para ser formal, Shingen habló sin preocupaciones, incluso frotándose el estómago para enfatizar su hambre.

Atónito al ver al primer artista marcial que logró sobrevivir al agua Ultradivina, Karin pronto recordó las palabras anteriores de Shingen, sin poder evitar sentir expectación por el futuro cercano y lejano de este joven frente a él.

Sonriendo con un renovado respeto y, obviamente, ignorando su anterior reacción vergonzosa, Karin tomó una pequeña bolsa de tela que había traído consigo junto al vaso con el agua Ultradivina.

Acercándose al maltratado, pero sonriente, joven, Karin le entregó una sola semilla.

-Cómela.

Una sola de ellas será capaz de mantenerte saciado por siete días, y en tu estado actual es algo invaluable -diría Karin mientras veía al joven frente a él tomar dicha semilla con una sonrisa ansiosa.

Para alguien tan longevo, que ha visto a innumerables artistas marciales intentando escalar su torre, el joven frente a él es, sin duda, el más interesante y prodigioso de todos.

Declaración que incluso en el futuro, cuando se tope con otro joven con cola, seguirá sosteniendo.

Después de ese momento tan importante, los días pasaron.

Cuando Shingen terminó su entrenamiento extra con Karin, en el que aprendió y pulió sus movimientos con la ayuda del ermitaño, el día llegó.

Con un respetuoso asentimiento y unas palabras de agradecimiento por su guía, Shingen partió de la Torre de Karin hacia su próximo destino La brisa nocturna soplaba suavemente sobre la Torre de Karin, moviendo ligeramente la alfombra en la que el ermitaño meditaba.

Junto al perfecto silencio de la noche, Karin aprovechó dicho momento de paz para recordar su tiempo entrenando a Shingen y toda la información que pudo recopilar sobre él.

Información que terminó por confirmar a Karin los verdaderos sentimientos y aspiraciones honorables de Shingen hacia la protección de la humanidad y su voluntad de no caer en la oscuridad por el exceso de poder.

Una sonrisa adornó la redonda cara del gato ermitaño.

Sin embargo, aquella calma fue interrumpida por una presencia imponente, imposible de confundir con cualquier otro ser de la Tierra.

Karin abrió los ojos y, sin necesidad de voltear, habló con serenidad.

-Hace mucho tiempo que no vienes en persona, Kami-sama.

Pensé que preferías observar desde las alturas.

El dios de la Tierra, con su figura alta y delgada, descendió lentamente y posó sus ojos sabios sobre el anciano felino.

Su expresión era tranquila, pero su mirada denotaba una profunda reflexión.

-Lo hago cuando hay algo que verdaderamente lo amerita -respondió con voz grave pero gentil-.

Y ese joven que partió de aquí…

parece haber llamado mi atención.

Karin entrecerró los ojos, tomó su bastón y caminó lentamente hacia el balcón.

Observando el paisaje nocturno, asintió.

-Shingen…

Un caso bastante único.

Determinación pura y voluntad imparable, pero no impulsiva.

No es un necio que busca poder por simple arrogancia.

Kami-sama dio unos pasos hacia adelante, dando un gemido ronco, como si la duda sobre Shingen le preocupara de alguna forma, mientras al mismo tiempo apretaba su propio bastón de madera.

-Eso es lo que me interesa.

Su fuerza está creciendo de una manera inusual, con una resistencia física y mental que sobrepasa a cualquier otro humano que haya entrenado bajo tu tutela.

El gato ermitaño soltó una ligera risa ante tales comentarios, mientras recordaba a los pocos artistas marciales dignos de su entrenamiento que apenas llamaron su atención, a diferencia de Shingen.

-No es solo cuestión de entrenamiento.

Ese muchacho tiene algo más…

algo que no se obtiene con práctica, sino con pura convicción.

Kami-sama guardó silencio, reflexionando cada palabra.

Era raro que Karin le diera tanta importancia a un solo guerrero.

Después de todo, había entrenado a muchos humanos prodigiosos, entre ellos al mismo maestro Roshi, y sin embargo, ninguno le había causado tal impresión.

-Si lo que dices es cierto, entonces su destino es aún más intrincado e interesante de lo que pensé.

El mundo está en constante cambio, y los guerreros siempre aparecen para protegerlo.

Pero este joven…

Kami-sama cerró los ojos por un momento, sintiendo el rastro de energía que Shingen dejó tras su partida.

-No solo busca proteger el mundo.

Es como si estuviera luchando contra algo invisible…

contra un futuro que solo él puede ver -murmuró Kami-sama con voz cargada de incertidumbre.

Karin exhaló pesadamente, volviendo a entrar para protegerse del frío de la noche.

-Tendrás que observarlo más de cerca, Kami-sama.

No sé en qué terminará el camino de ese joven, pero si logró sobrevivir al agua Ultradivina, algo a lo que ningún humano ha sobrevivido antes…

entonces quizás sea él quien desafíe y nos proteja de las terribles amenazas que vendrán en el futuro.

Kami-sama asintió lentamente, con la mirada fija y el ceño fruncido hacia el horizonte nocturno.

-Entonces, será mejor que lo observe con mucha atención.

/////////////////////////////////////// – Presente – Aún de pie, contemplando el horizonte ya oscuro tras la llegada de la noche, Kami-sama y Mr.

Popo guardaron silencio, como si las palabras del anciano namekiano necesitaran asentarse en el corazón de su fiel compañero.

Transcurrido un minuto en el que reinó el silencio, fue Mr.

Popo quien finalmente lo rompió.

-Ahora lo comprendo.

Le doy las gracias, Kami-sama, por ayudarme a entender la gran importancia que le da a ese hombre -dijo con tono monótono, aunque dejando entrever una leve satisfacción.

Luego miró al dios, quien le respondió con una suave sonrisa.

-No hay de qué, viejo amigo.

Será mejor que entremos.

Hace demasiado frío, y mañana ese grupo volverá.

No hay razón para desvelarnos más -dijo el dios, dándose media vuelta para entrar al templo.

Aún de pie, Mr.

Popo asintió ante las palabras de su señor y lo siguió.

Su mente, sin embargo, no podía dejar de pensar en Shingen y en lo extremadamente indispensable que fue y será, para proteger la Tierra.

– FIN DEL CAPÍTULO N°22 –

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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