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El invocado del rey demonio - Capítulo 13

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13: Capítulo 13.

El Descenso de la Reina 13: Capítulo 13.

El Descenso de la Reina Los clones continuaron su asalto implacable.

El suelo del santuario crujió bajo el peso de los golpes, y los árboles titilaban con chispas de luz y sombra que chocaban en el aire.

​El Héroe Centauro intentó alejarse para curar la herida en su pata, pero el clon lo siguió a toda velocidad.

​—Tu poder ancestral ahora es mío…

—gruñó el clon, sus ojos brillando con luz verde oscura.

​Con un movimiento idéntico al original, levantó su machete y gritó: ​—¡TRUENO DEL TRIGAL DORADO!

​Pero la habilidad robada se había corrompido: en lugar de raíces protectoras, surgieron garras de tierra negra que se lanzaron contra Hikarion.

El original tuvo que saltar con toda su fuerza para evitarlas, pero una de ellas arañó su costado, dejando una herida profunda.

​—Ha roto mi habilidad…

—jadeó Hikarion, presionando su mano contra la herida para detener la sangre.

​El clon avanzó lentamente, su machete ahora envuelto en una mezcla de fuego demoníaco y energía terrestre.

​Kaine se había recuperado del golpe en el hombro y ahora usaba su espada con ambas manos, buscando abrirse paso hacia el centro del triángulo.

​—¡No puedes dominar la luz con la oscuridad!

—gritó Kaine, concentrando su energía.

​—¿No?

—sonrió el clon, y su espada negra se iluminó con una luz tenue y distorsionada—.

¡LANZA DE LA JUSTICIA!

​La lanza de sombra que se formó era más larga y afilada que la original, y se dividió en tres proyectiles que volaron hacia Kaine desde diferentes ángulos.

El héroe humano tuvo que rodar, esquivar y bloquear con su escudo mágico, pero uno de los proyectiles impactó su pierna izquierda, hundiéndose hasta la empuñadura.

​Kaine cayó de rodillas, pero su rostro reflejaba más ira que dolor.

​—No solo la roba…

la mejora…

​La cúpula protectora de Seraphina ya no sostenía el peso de los ataques.

El clon voló en círculos alrededor de ella, lanzando dardos de agonía uno tras otro.

​—Tu magia de curación es débil…

¡mira cómo se usa de verdad!

—exclamó el clon oscuro, y su bastón empezó a brillar con una luz verdosa.

​—¡Magia de la Luz Pura!

—gritó, replicando la habilidad de Seraphina.

​Pero en lugar de sanar, la energía envolvió a Seraphina y le quemó la piel como ácido.

La Héroe Hada apretó los dientes, negándose a gritar, y retrocedió chocando contra el árbol donde yacía Lioren.

​—Ha invertido mi poder…

—susurró Seraphina, sus manos temblando pero manteniéndose firmes mientras usaba el último rastro de su maná para crear una barrera pequeña alrededor de sí misma y Lioren.

​El clon se posó en un tronco cercano, sonriendo con crueldad.

Las alas negras se movían con gracia siniestra.

​[TIEMPO TRANSCURRIDO: 50 SEGUNDOS DESDE EL INICIO DEL FRENESÍ] ​Los tres héroes estaban ahora en desventaja clara.

Sus propios poderes se les estaban volviendo contra ellos, y los clones parecían más fuertes cada segundo.

Yo seguía flotando en el aire, mis ocho alas oscuras batiendo lentamente, observando el caos con ojos rojos y vacíos.

​—Así es como se siente el dolor…

—murmuré, y mi espada negra empezó a vibrar con una energía nueva.

​Los clones se volvieron hacia mí al unísono, esperando la orden para terminar con sus contrapartes.

Pero antes de que pudieran moverse, Kaine se puso de pie con esfuerzo, levantando su espada plateada: ​—¡No terminarás así!

¡Juntos, podemos detenerlo!

​Hikarion, a pesar de su herida, se irguió sobre sus patas.

Seraphina, con el rostro quemado por su propia magia invertida, apretó su bastón con determinación férrea.

​—¡Fuego de Retribución!

—gritó Hikarion, concentrando su maná en un rayo de energía que, esta vez, lanzó directamente hacia mi figura flotante.

​—¡Escudo de Luz Pura!

—Kaine canalizó la luz restante de su espada, protegiendo a Seraphina y Hikarion para el golpe.

​Ignoré el ataque.

La rabia de mi corazón solo veía a Elarael, todavía inmóvil, y a los responsables.

​[TIEMPO RESTANTE: 30 SEGUNDOS] ​—¡Basta de jugar!

—rugí, y mi espada negra absorbió toda la magia oscura de mis clones, haciendo que se desintegraran por completo.

​Los tres héroes se quedaron momentáneamente solos, confundidos por la repentina desaparición de sus copias.

Pero no hubo alivio.

El poder que había dividido se había concentrado en una sola figura.

​Desde mi posición en el aire, levanté la espada negra sobre mi cabeza.

El arma no solo brillaba, sino que silbaba, atrayendo el aire y la luz circundante hacia ella.

​—¡CORTE DE VACÍO!

​Era un ataque de aniquilación total.

Estaba dirigido a la base del triángulo, al centro del santuario, con la intención de destruir el suelo bajo los pies de los tres Héroes y, de paso, vaporizar a Hikarion.

​Kaine, con su pierna herida, supo que el ataque era inesquivable.

​—¡Hikarion, Seraphina!

¡DEFENSA ABSOLUTA!

​[TIEMPO RESTANTE: 20 SEGUNDOS] ​El héroe humano se interpuso, invocando un aura de luz que se condensó en un último, desesperado, Escudo de Luz Pura, sabiendo que no resistiría el golpe.

Hikarion estampó sus pezuñas en la tierra, listo para recibir el impacto.

Seraphina, agotada pero sin ceder al pánico, sumó su magia al escudo, sus ojos fijos en la muerte que caía del cielo.

​La espada negra bajó a una velocidad imposible, arrastrando una estela de vacío.

El impacto estaba a medio segundo de convertir el claro en un cráter.

​Pero el golpe nunca llegó.

​[TIEMPO RESTANTE: 18 SEGUNDOS] ​Una presión, mil veces más pesada que cualquier Héroe, descendió sobre el claro.

No era una presión violenta, sino absoluta, como si el propio universo hubiera decidido la detención.

Mis alas se paralizaron a mitad de la brazada.

Mi espada, a centímetros del escudo de Kaine, se detuvo como si el tiempo se hubiera congelado.

​—Basta.

​Una sola palabra resonó en la cabeza de todos los presentes.

No era audible, sino mental.

Suave como la brisa, pero ineludible.

​En el centro del Santuario, donde yo intentaba golpear, una luz verde esmeralda y blanca se manifestó.

No apareció; simplemente existió.

El brillo era tan puro que hacía desaparecer cualquier sombra.

​Flotando a escasos centímetros del suelo, estaba Lumindara, la Reina de las Hadas.

Su cabello era una cascada de luz líquida y sus ojos eran galaxias giratorias, muy diferentes a como la vi la primera vez.

No miró a los Héroes.

Me miró a mí, directamente al pozo de ira de mis ojos rojos.

​Ella movió un dedo, sin esfuerzo, hacia el cuerpo inerte de Elarael, aún tirado junto a la roca.

​Fwoosh.

​Una enredadera de luz dorada, suave y cálida, envolvió a Elarael.

Se escuchó el sonido crujiente de sus huesos y tejidos sanando.

Elarael abrió los ojos y tomó una bocanada de aire profunda y vital.

​—Ella vive, Hijo de la Sangre y la Sombra —dijo Lumindara, su voz dulce y todopoderosa—.

Tu ira ya no tiene propósito.

Duerme.

​La niebla roja en mi visión se disipó al ver el rostro de Elarael, ahora sano y respirando.

La fuerza abandonó mis músculos de golpe.

Mi cerebro, exhausto por el Frenesí, cedió.

​[Modo Frenesí: Finalizado] [Efecto Secundario: Colapso Total] ​La oscuridad me tragó.

Mientras caía, lo último que captó mi conciencia no fue el suelo, sino una voz fría y gutural dentro de mí, resonando en el vacío: ​”Bien hecho, niño.

La ira te queda bien.” ​El sueño no fue un descanso.

Fue un recuerdo.

​Estaba de vuelta en ese lugar.

​El olor a antiséptico y agua de lluvia caliente.

Luces azules y rojas de la ambulancia parpadeando sobre el asfalto resbaladizo.

Yo apenas llegaba, ropa empapada, las manos temblaban.

​—¿Qué pasó?

¿Dónde está ella?

—mi voz salió rota, rasposa, como si me hubieran roto la garganta.

Intentaba avanzar, pero un policía con ojos tristes me detuvo por el pecho con una mano firme.

​—Lo sentimos, joven.

Fue un asalto callejero…

unos tipos bajo la influencia.

Solo querían la cartera de la señora, pero se resistió.

​—¡No…

no puede ser!

¡Déjeme verla!

—grité, tirando de su brazo con toda la fuerza que tenía.

​Vi el bolsito de cuero marrón de mamá en el suelo, abierto, sus cosas esparcidas como cristales rotos.

Su reloj de pulsera, el que le había dado por su cumpleaños.

​—Fue llevada de urgencias al hospital más cercano, pero…

—el oficial bajó la mirada—.

Perdió mucha sangre.

La herida en el pecho…

es muy grave, chico.

​El sonido de la sirena se desvaneció en la distancia.

Aun así, corrí y corrí con todas mis fuerzas hasta la entrada del hospital.

​Con lágrimas en los ojos y mi voz rota, pregunté dónde se encontraba.

Me señalaron una puerta, pero me negaron el acceso.

Los empujé y entré.

Llegué a la sala, me acerqué a su rostro pálido y ella me susurró al oído algo que ahora sonaba como el eco de sus últimas palabras en mi cabeza: ​”Protégete a ti mismo, Zyro.

Nunca dejes que nadie te haga daño.

Y si puedes…

protege a los que amas.” ​Ser débil es un pecado.

Ser débil significa ver morir lo que amas.

​—Nunca más…

—susurré en la oscuridad del sueño, mientras la imagen de la sala de hospital ardía hasta desaparecer—.

Quemaré el mundo antes de ser débil de nuevo.

​Abrí los ojos de golpe, aspirando una bocanada de aire con desesperación, como si emergiera de un océano profundo.

​Mi mano buscó instintivamente la empuñadura de mi espada, pero mis dedos solo encontraron sábanas suaves de seda.

​—Calma, bestia.

Ya no hay enemigos aquí.

​La voz era gruesa, pero carecía de hostilidad.

Giré la cabeza, sintiendo un dolor punzante en el cuello.

​No estaba en el bosque oscuro.

Estaba en una sala enorme, construida dentro del tronco de un árbol colosal.

La luz del sol se filtraba a través de paredes de ámbar traslúcido.

​A unos metros de mí, sentado en un taburete de madera y vendándose un brazo musculoso, estaba Kaine Thorne.

Ya no llevaba su armadura completa, solo unos pantalones de lino.

A su lado, Hikarion descansaba echado sobre una alfombra de musgo, con el flanco completamente vendado con hojas curativas.

Seraphina flotaba cerca de una ventana, su piel aún roja por las quemaduras, pero sanando.

​Estaba vivo.

Estaba en el dominio de la Reina.

Y por alguna razón, los Héroes que intenté matar hace unas horas no me estaban atacando.

​—Bienvenido de vuelta al mundo de los vivos —dijo Kaine, mirándome con una mezcla de respeto y cautela—.

Tenemos mucho de qué hablar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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