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El invocado del rey demonio - Capítulo 20

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20: Capítulo 20.

El Telón se Levanta 20: Capítulo 20.

El Telón se Levanta Me puse de pie de un salto.

El corazón me golpeaba las costillas como si quisiera salir.

Miré hacia abajo.

No era una piedra lo que había pisado.

Eran mis clones.

Estaban recostados contra la roca, durmiendo.

Al sentir mi bota, el de la izquierda se incorporó de golpe, frotándose el costado y abriendo la boca para hablar.

No le di tiempo.

Levanté la mano.

Silencio.

Mi respiración era irregular, raspando mi garganta.

El sol, el bosque intacto, Elarael durmiendo… todo igual.

Demasiado igual.

Los clones se miraron entre sí.

La confusión duró un segundo.

Luego, el horror les deformó la cara.

El de la derecha se llevó la mano al cuello, justo donde el perro me había arrancado la garganta segundos atrás.

—No fue un sueño —dijo con voz baja, casi rota.

El otro se puso de pie de un salto.

Me miró fijo, con los ojos inyectados en sangre.

—Sentimos cómo morías.

Y tú nos dejaste morir.

No respondí.

Giré la cabeza hacia el campamento.

Afrodita estaba sentada junto a las cenizas frías.

Mirándome.

Sin parpadear.

La rabia subió por mi esófago como bilis caliente.

No era alivio por estar vivo.

Era furia pura por haber sido una pieza en su tablero.

Caminé hacia ella.

Pasos pesados.

La tierra temblaba bajo mis botas.

—¿Fuiste tú?

—gruñí, mi voz sonando inhumana—.

¿Todo esto?

Elarael se despertó al oír el grito.

Se sentó de golpe.

—¿Zyro?

¿Qué…?

No la miré.

Mis ojos no se apartaban de la niña.

Afrodita se levantó despacio.

Retrocedió un paso, fingiendo una cara de miedo inocente.

—N-no sé de qué hablas… Mentira.

Salté.

La agarré por el cuello de la túnica y la levanté del suelo con una sola mano.

—¡Zyro, suéltala!

—Elarael se puso de pie, horrorizada, el maná comenzando a brillar en sus manos—.

¡Es una niña!

¡Te has vuelto loco!

Mis clones se movieron rápido.

Se interpusieron entre ella y yo, con las espadas desenvainadas apuntando al pecho de la elfa.

—No interfieras —dijo uno de ellos, con voz muerta—.

Esto es necesario.

Volví a mirar a Afrodita.

La acerqué a mi cara hasta sentir su respiración.

—Sé que fuiste tú.

Convenciste a Elarael de ir por esa caravana.

Y ahora… ahora vuelves el tiempo atrás como si nada.

El miedo se le borró del rostro instantáneamente.

Sonrió.

Burlona.

Fría.

—Vaya.

Eres más rápido de lo que pensé.

Me dio una patada en el pecho.

No era fuerza de niña.

Era como si me hubiera golpeado un gigante de piedra.

La solté por instinto.

Salí despedido hacia atrás, derrapando varios metros por la tierra.

Tosí, buscando aire desesperadamente.

Ella usó el impulso de la patada.

Dio una voltereta perfecta en el aire.

Aterrizó de pie y se sacudió el polvo invisible de su ropa.

—Creí que tardarías más en dejar de engañarte a ti mismo.

Hizo una reverencia exagerada, teatral.

—Afrodita.

Héroe Kitsune.

Para servirte… o para que me sirvas.

Tomó una piedra gris del suelo y la lanzó al aire.

Brilló con luz roja.

Al caer en su mano, era una manzana jugosa y brillante.

Le dio un mordisco sonoro.

Masticó lento, mirándome con desafío.

—No sé por qué estás tan enojado.

Tú eres el débil aquí.

Moriste.

Fallaste.

Yo solo te di…

otra oportunidad.

Elarael bajó las manos, el brillo de su magia apagándose por la confusión.

Miraba a la niña, luego a mí, luego a los clones.

—No entiendo nada… ¿Salvadora?

¿Héroe?

La ignoré.

Di un paso hacia Afrodita, limpiándome la sangre del labio.

—Si eres tan poderosa, ¿por qué no ayudaste?

¿Por qué finges ser una niña y dejas que nos maten?

Ella revoleó los ojos y soltó un suspiro largo, como si yo fuera un niño lento que no entiende la lección.

—Los Héroes no resolvemos tus dramas mundanos, Zyro.

Observamos el potencial.

Y el tuyo, en ese pantano, fue patético.

Empezó a caminar hacia atrás, hacia la espesura del bosque.

—Hagamos esto: derrota al Nigromante.

Salva a los prisioneros.

No mueras como un idiota esta vez.

Y entonces te daré todas las respuestas.

Tiró el corazón de la manzana al suelo, a mis pies.

—Por ahora… adiós.

Corrió.

Saltó.

En el aire, su cuerpo se encogió y se cubrió de pelaje dorado.

Tres colas se desplegaron.

Un zorro pequeño aterrizó con elegancia y desapareció entre los árboles como un fantasma.

Silencio.

Solo el viento moviendo las hojas.

Y mi respiración agitada.

Apreté la empuñadura de la espada hasta que los nudillos se pusieron blancos.

Sentí la piel de mi palma abrirse, sangrando sobre el cuero.

Miré hacia la oscuridad del bosque donde se había ido el zorro.

—La próxima vez —murmuré a la nada— no muero.

Los clones, entendiendo la orden tácita, envainaron sus espadas y caminaron hacia el cadáver del venado que yacía olvidado.

—Sé que esto te sonará extraño —le dije a Elarael, mi voz aún ronca—, pero necesito que prepares el venado.

Hazlo tal cual lo ibas a hacer.

Mientras tanto, te explicaré todo.

Los clones dejaron caer el animal cerca de donde ella estaba parada, todavía temblando por la confusión y el miedo.

Me acerqué, agachándome para quedar a su altura.

Tomé sus manos frías entre las mías y la miré a los ojos, buscando anclarla a la realidad.

—Elarael, cariño…

ya te perdí una vez hace unos instantes.

Lo siento.

Fui débil.

Pero necesito que confíes en mí ahora más que nunca.

Al escuchar la ternura en mi voz, el miedo en sus ojos dio paso a un sonrojo leve.

Asintió despacio, sacando su cuchillo con manos temblorosas para ocuparse de la carne.

Una tarea conocida para calmar la mente.

Me senté a su lado, sin soltarla del todo con la mirada, y empecé a hablar.

Le conté el futuro que ya era pasado.

La emboscada.

Los perros negros.

El Nigromante.

Y la forma patética en la que mi vida se apagó mientras ella gritaba.

Se detuvo en seco.

Con los ojos llenos de lágrimas, se limpió la mano ensangrentada en su túnica y acarició mi mejilla, como comprobando que yo era real.

—Lo siento…

debe dolerte solo de pensarlo —susurró, con la voz quebrada—.

Y no fue solo tu culpa.

Yo también fui débil.

Te distrajiste protegiéndome y no viste las amenazas.

Fui una carga.

Al ver su angustia, la culpa que sentía se transformó en una determinación ardiente.

Me incliné hacia ella y, dejándome llevar por el impulso de estar vivo, la besé.

Fue un beso desesperado, con sabor a promesa.

—Esta vez…

—murmuré contra sus labios— será diferente.

Los clones, incómodos ante la escena, carraspearon y se pusieron de pie para alejarse, pero alcé una mano.

—Ustedes dos quédense donde están.

Tengo preguntas.

Me separé de Elarael y me puse de pie, sintiendo el peso de mi armadura más ligero ahora que tenía un propósito.

—Te dejo asimilar esto con calma.

Yo necesito planear una estrategia con ellos.

Caminé rumbo a la gran roca y mis copias me siguieron en silencio.

—Zyro, yo…

Me detuve y giré.

Ella estaba roja, abrazándose a sí misma, pero sus ojos brillaban con una fuerza nueva.

—Zyro, yo te amo.

Y haré todo lo posible para no perderte esta vez.

Te ayudaré.

Corrió hacia mí, me dio un beso rápido y fugaz, y regresó corriendo a ocuparse del venado con una energía renovada.

<<También te amo>>, pensé, incapaz de decirlo en voz alta frente a mi propia audiencia crítica.

Seguí hasta las rocas.

—¿Por qué ustedes son diferentes a unos clones comunes?

—pregunté sin rodeos—.

Pueden pensar, hablar, tomar decisiones y hasta recuerdan lo que pasó…

incluso la muerte.

Intercambiaron una mirada indescifrable entre ellos.

—No sabemos explicarlo —dijo el de la izquierda—.

Aunque sabemos que somos copias, nos sentimos…

como si fuéramos el original.

Tu dolor es nuestro.

Tu miedo también.

Me recosté contra la piedra fría, cruzándome de brazos.

—¿Entonces dicen que comparten mi conciencia pero son libres?

¿Podrían matarme si quisieran y tomar mi lugar?

—Dudo que funcione así —respondió el otro, pensativo—.

Tal vez si tú mueres, nosotros también desaparecemos definitivamente.

O quizás…

tu conciencia saltaría a uno de nosotros.

—No creo.

Si fuera así, ¿por qué no sucedió en mi vida anterior?

¿O será que al morir el original, el vínculo se rompe instantáneamente?

La conversación filosófica fue interrumpida por el aroma inconfundible de carne asada.

El estómago me rugió, recordándome que, aunque hubiera viajado en el tiempo, mi cuerpo seguía necesitando combustible.

—Zyro, la comida casi está lista —gritó Elarael.

—Será mejor que vaya a comer.

Hice ademán de irme, pero uno de los clones me bloqueó el paso.

—Original.

También tenemos hambre.

Y sabiendo la carnicería que se avecina, será mejor que seamos tres cuerpos al cien por cien.

Tres mentes separadas y alimentadas tienen más oportunidad que una sola cansada.

Lo miré un segundo y asentí.

Tenían razón.

Eran mi mejor arma.

—De acuerdo.

Vamos.

Mientras caminaban hacia el fuego, el clon de la derecha se detuvo y señaló al aire.

—No te olvides de revisar nuestro panel de habilidades.

Siento…

siento que algo cambió cuando morimos.

Como si el residuo de la batalla siguiera ahí.

Me detuve en seco.

Antes de dar un paso más, abrí el sistema.

Mis ojos se abrieron como platos.

Tenía puntos de habilidad sin usar.

La experiencia por eliminar a los tres mercenarios, los sabuesos oscuros y los muertos vivientes del “futuro borrado” estaba ahí.

<<Entonces, cuando Afrodita rebobinó el tiempo, mi alma conservó la experiencia junto con los recuerdos>>, pensé, una sonrisa depredadora formándose en mi rostro.

<<Vaya habilidad más rota…>> —Mire el panel notando nuevas habilidades [NOTIFICACIÓN DEL SISTEMA] ¡Experiencia Retenida del Bucle Temporal!

Has absorbido la esencia de tus enemigos caídos en la línea de tiempo borrada.

Nivel Actual: 26 (Anterior: 20) Puntos de Atributo Disponibles: 30 Puntos de Habilidad Disponibles: 12 [DESBLOQUEOS RACIALES] Al alcanzar nuevos umbrales de poder, tu sangre mestiza despierta nuevos potenciales: • Raza Hada (Nvl 20 Desbloqueado): [Alas Etéreas].

o Efecto: Permite el vuelo o levitación rápida por periodos cortos.

Consume maná moderado.

• Raza Demonio (Nvl 25 Desbloqueado): [Doppelgänger].

o Efecto: Puedes adoptar la apariencia física de cualquier humanoide que hayas visto.

o Bonus: Al transformarte, obtienes un +10% temporal en el atributo más fuerte de tu objetivo copiado.

[ACTUALIZACIÓN PASIVA: ANTI-OSCURIDAD] • Debido al aumento de nivel (cada 5 niveles), tu daño contra entes oscuros ha aumentado.

• Multiplicador Actual: Daño x5 a enemigos oscuros (Nigromantes, Demonios, No-Muertos).

Sonreí y cerré el panel sin modificar Nada Miré hacia el bosque oscuro donde el Nigromante nos esperaba, ajeno a lo que estaba por ocurrir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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