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El invocado del rey demonio - Capítulo 5

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  3. Capítulo 5 - 5 Capítulo 5Susurros de Zorro y Libertad Frágil
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5: Capítulo 5.Susurros de Zorro y Libertad Frágil 5: Capítulo 5.Susurros de Zorro y Libertad Frágil ​La noche cayó rápido sobre el campamento de la Alianza.

Los guerreros, ebrios de victoria tras el sellado del Rey Demonio, se tomaron la noche para festejar.

Risas, cánticos y el choque de jarras de hidromiel resonaban fuera de nuestra prisión improvisada.

​Aun así, no eran descuidados: siempre teníamos dos guardias vigilando las celdas, aunque ahora estaban más ocupados charlando entre ellos que vigilando a los prisioneros.

​—Elarael, creo que es hora de hablar para tratar de escapar —susurré, rompiendo el silencio de nuestra celda.

​Ella estaba alerta, sentada en un rincón oscuro, siempre con la cabeza gacha y las rodillas pegadas al pecho.

​—¿Qué te sucede?

Te noto muy…

escondida —insistí.

​Levantó la cabeza lentamente.

Sus ojos, normalmente fríos y calculadores, ahora reflejaban un terror genuino.

​—Escuché a los guardias…

—su voz temblaba—.

Dicen que falta una de las hijas del Rey Demonio, Xylena.

La están buscando por todas partes para ejecutarla.

​—Pero ellos no tienen ni idea de que puedes cambiar de forma, ¿verdad?

​—Sí, saben que puedo cambiar, pero no saben a qué forma.

Por ahora estoy a salvo con esta apariencia humana, pero estoy segura de que no por mucho tiempo.

Y menos aquí encerrada, donde los magos pueden venir a inspeccionarnos.

​Sonreí levemente, tratando de calmar el ambiente.

​—¿Tienes alguna habilidad en esa forma que nos ayude a escapar?

​Negó con la cabeza con frustración.

​—En esta forma humana soy casi una inútil.

Solo tengo habilidades de Mercader y el Lenguaje Humano.

Por eso Padre odiaba esta forma; decía que era débil.

​Volvió a bajar la cabeza y se acostó haciéndose un ovillo contra la pared fría.

​—Trataré de dormir —susurró, cerrando los ojos con fuerza, como si así pudiera desaparecer.

​Asentí y me recosté en el lado opuesto.

Toqué mi pecho, activando mentalmente el panel.

​NOTIFICACIÓN DEL SISTEMA ​¡Subida de Nivel!

Nivel Actual: 5 (Has subido 4 niveles por sobrevivir al Reino Demoníaco y escapar).

​Nuevos Efectos Pasivos: ​Anti-Oscuridad: Daño x0.

5 a los entes oscuros.

Total de daño X1.5 ​Puntos de Habilidad: +4 (Se desbloquean al llegar al Nivel 15).

​Habilidad Racial Activada (Mimetismo Sanguíneo): ​Veneno de Baja Calidad (Pasivo): Tu sangre ahora contiene toxinas leves.

​«¿Subí de nivel y tengo un efecto de veneno?», pensé, frunciendo el ceño.

​Miré mis manos.

Bajo la piel de mis muñecas, las venas se veían de un tono violeta oscuro por un segundo antes de volver a la normalidad.

Sentí un cosquilleo en la lengua, como si hubiera lamido una batería, y al salivar, noté un sabor ácido.

Mi cuerpo ya no era el mismo; la mordida de esa araña había dejado algo más que una cicatriz.

​Al no ver nada más útil para ayudarme a abrir una cerradura física, cerré el panel con un suspiro.

​—¿Qué puedo hacer?

—murmuré, mirando a un lado y a otro de la celda vacía—.

Aiden, ¿alguna idea?

Cuando te necesito no apareces, ¿o será por otra cosa?

​Crucé mis piernas y cerré los ojos, empezando a despejar mi mente.

Poco a poco, el sonido de las victorias de los guerreros y el crepitar de las hogueras desapareció, reemplazado por un silencio absoluto.

​Cuando abrí los ojos, ya no estaba en la celda.

Estaba en el lugar vacío, blanco e infinito de mi mente.

​—Has vuelto.

Y esta vez por tu cuenta —escuché la voz, pero aunque miré alrededor, no encontré a nadie.

​—Si dices que eres una parte de mi “otro yo”, no te dejas ver mucho —repliqué al aire.

​—Tienes toda la razón, Zyro…

​A mis espaldas, el aire brilló.

Me giré esperando ver mi propio reflejo, pero lo que vi me dejó perplejo.

​Había un pequeño y adorable gato negro con partes blancas en su pecho.

Tenía una sonrisa arrogante que no encajaba con su hocico felino.

Se sentó sobre sus patas traseras y comenzó a lamerse la pata derecha con indiferencia.

​—Prefiero esta forma, si no te molesta —dijo el gato con la voz de Aiden—.

Es más…

Melódica.

​—Eso como tú quieras —dije, tratando de no distraerme—.

Tengo preguntas y quiero respuestas.

Primero, ¿por qué adquirí veneno?

Y segundo, ¿cómo diablos salgo de esta celda?

​El gato dejó de lamerse y me miró con sus ojos brillantes y verticales.

​—Parece que no me escuchas cuando hablo.

Esta vez te lo diré, pero presta atención.

Eres como un parásito, Zyro.

Tienes veneno porque tu sangre se mezcló con la de la Araña Demonio que te mordió.

Cuando la apuñalaste y ella te mordió, el Mimetismo Sanguíneo absorbió sus propiedades.

¿Contento?

​Aiden se puso de pie y caminó en círculos alrededor de mí.

​—Y para salir de la celda…

tú solo no puedes romper los barrotes, no sin alertar a todo el campamento.

Pero tal vez tu Sabiduría de Kitsune te ayude.

Recuerda: el zorro no rompe la puerta, convence al granjero de que la deje abierta.

​Dicho eso, el gato se desvaneció en una nube de humo.

​Desperté de golpe en la realidad.

Un guardia golpeó los barrotes de la celda con su lanza, sobresaltándonos.

​—¡Comida!

—gritó el guardia con desprecio—.

Aunque ustedes sean “especiales” para la Comandante, comerán igual que el resto de la escoria.

​Nos lanzó un trozo de pan duro como una piedra a cada uno y dejó un balde con agua turbia en el suelo.

Elarael ni se movió, pero yo sentí una oportunidad.

Me puse de pie y me acerqué a los barrotes.

​Sentí un calor extraño en mi garganta.

La habilidad del Kitsune, Don de la Voz, estaba lista.

​—Oye, amigo —dije, mi voz sonando extrañamente melodiosa y profunda—.

Buena victoria contra ese sucio demonio, ¿verdad?

​El guardia se detuvo y me miró con el ceño fruncido.

​—Escucha —continué, mirándolo fijamente a los ojos—, llevamos mucho tiempo encerrados ahí abajo y no siempre podíamos comer.

Míranos, somos humanos, igual que tú.

No somos monstruos.

¿No nos puedes traer algo de su comida?

No pedimos un banquete, solo…

algo que nos recuerde que seguimos vivos.

Algo de carne, quizás una cerveza para celebrar con ustedes.

​El guardia me miró con enojo al principio, pero algo en su cara cambió.

Sus pupilas se dilataron ligeramente y su postura rígida se relajó.

​[ACTIVACIÓN DE HABILIDAD: DON DE LA VOZ (KITSUNE)] [Tirada de Carisma…

ÉXITO] ​—Oh…

claro —murmuró el guardia, como si estuviera en un trance leve—.

Ustedes eran prisioneros de los demonios…

pobres diablos.

Deja que les traiga algo más.

​Tardó unos minutos, pero volvió con dos platos de madera con carne asada humeante y dos jarras de cerveza.

​—Cazamos unos ciervos cerca de aquí y nos sobró esto —dijo, su voz mucho más amable—.

No es un manjar, pero espero que les guste.

​Abrió la reja con sus llaves y dejó los platos en el suelo.

Al salir, cerró la reja y giró la llave…

o eso creyó él.

En su estado de confusión inducida, el pestillo no llegó a encajar del todo.

​Elarael me miró con curiosidad y sorpresa, pero no dijo nada.

Tomó su plato y empezó a comer con desesperación.

Tenía tanta hambre que la seguí de inmediato; la carne estaba dura, pero sabía a gloria comparada con la nada.

​Mientras comíamos, ella no dejaba de mirarme de reojo.

Dejó el hueso de la carne en el plato y susurró: ​—¿Qué fue eso?

—preguntó, con los ojos entrecerrados—.

Ese guardia…

sus ojos cambiaron.

Usaste magia mental, ¿verdad?

Magia de encanto.

​—Digamos que tengo facilidad de palabra —respondí, guiñándole un ojo mientras bebía el último trago de cerveza.

​—Ningún humano tiene esa “facilidad”.

Eres más peligroso de lo que pareces, Zyro —murmuró, aunque en su tono había más respeto que miedo.

​Me levanté y empujé suavemente la puerta de la celda.

​Creeeeec.

​Se abrió.

​—¿Crees que es una trampa?

—susurró Elarael—.

¿Nos están poniendo a prueba?

​—Lo sea o no, es nuestra única oportunidad —respondí, Mientras bajaba con mis pies descalzo—.

Si esperamos al amanecer, vendrá esa Hada y será el fin.

​Miramos hacia el puesto de guardia.

Los dos hombres estaban de espaldas a nuestra celda, sentados en unos troncos, riendo y bebiendo, completamente distraídos por el efecto residual de mi encanto y el alcohol.

​—Tengo un plan —susurré.

​Lentamente abrí la reja del todo.

Salí primero.

Sin nada en mis pies, la habilidad Sigilo Naga se activó.

Mis pasos eran silenciosos como los de un fantasma.

Me escabullí entre las sombras de las carpas, observando el patrón de los guardias.

​Identifiqué una salida lejos de la entrada principal, donde la empalizada de madera tenía un hueco cubierto por arbustos.

Volví a la celda tan silencioso como me fui.

​—Solo son tres guardias en esa zona —le informé a Elarael—.

Ellos dos, y uno más que está dando vueltas haciendo la ronda larga.

Podemos escapar.

​Ella asintió, pálida pero decidida.

La guié por donde noté menos movimiento.

​De repente, una risa estruendosa nos frenó en seco.

Un grupo de tres guerreros con armaduras brillantes cruzó tambaleándose justo frente a nosotros, a escasos metros.

Uno de ellos, un Enano con una barba trenzada, se detuvo y olfateó el aire.

​—Huele…

raro.

Como a perro mojado y…

flores podridas —balbuceó el Enano, mirando hacia el arbusto donde nos escondíamos.

​—¡Estás borracho, Gimble!

Es tu propio vómito —se burló su compañero humano, arrastrándolo lejos.

​Elarael me apretó el brazo con tanta fuerza que sus uñas se clavaron en mi piel.

Mi corazón martilleaba contra mis costillas.

Esperamos a que sus pasos se alejaran antes de soltar el aire que conteníamos.

​—Eso estuvo cerca…

demasiado cerca —susurró ella.

​Logramos llegar al perímetro.

Nos deslizamos por el hueco en la empalizada y corrimos agachados hasta llegar al borde del bosque, pero no entramos en el Bosque de las Almas.

​—¿Sabes por dónde ir?

—preguntó ella.

​—Sí, tengo un instinto.

Aléjate de la niebla oscura.

​Seguimos caminando, alejándonos del campamento y bordeando el bosque maldito hasta que la geografía cambió.

Ante nosotros se abrió un campo verde inmenso, iluminado por las lunas gemelas de este mundo.

​Me detuve.

​Por primera vez desde que llegué a este mundo, pude respirar un poco de tranquilidad.

El aire olía a hierba fresca y rocío, no a azufre ni a sangre.

Disfruté del campo verde con una noche despejada, sintiendo la brisa en mi cara.

​Elarael notó que me detuve y se acercó, tirando de mi manga con urgencia.

​—Sí, es muy lindo, Zyro…

—dijo, mirando hacia atrás con nerviosismo—.

Pero aún nos pueden encontrar.

Ellos tienen caballos y magos rastreadores.

​Tomó mi mano con fuerza y, sin previo aviso, echó a correr hacia la inmensidad del campo.

​El pasto verde bajo mis pies descalzos se sentía como un paraíso, pero ella tenía razón.

La libertad era frágil, y la caza apenas había comenzado.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES Aiden_Ghost Hola no se si alguien llego hasta aquí pero me gustaría un comentario para saber que les parece y seguir subiendo más.

Qué tengan una linda mañana, tardo o noche

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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