El legado de los caidos - Capítulo 16
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
16: Nuevos desafíos 16: Nuevos desafíos El claro donde practicaba había cambiado.
No en su forma sino en lo que guardaba.
Cada árbol del borde tenía marcas a distintas alturas, algunas de flechas, otras de dagas, trazadas con una precisión que aumentaba con cada semana que pasaba y que contaban la historia del progreso de Zael mejor que cualquier registro escrito.
Durg lo observaba desde el borde sin intervenir.
Eso también había cambiado.
Al principio cada sesión de práctica era una lección, Durg corrigiendo la postura, el ángulo, la respiración, la manera de distribuir el peso antes de soltar.
Ahora había mañanas enteras en que simplemente miraba, y Zael había aprendido a leer la diferencia entre el silencio de alguien que está esperando el momento de corregir y el silencio de alguien que no tiene nada que corregir todavía.
Esa mañana era el segundo tipo.
Zael tenía las dos dagas en las manos y se movía alrededor de un poste de madera que Durg había clavado en el centro del claro meses atrás, no atacándolo en línea recta sino en círculos que se cerraban y se abrían, cambiando el ritmo sin patrón fijo, obligando al cuerpo a responder a lo que encontraba y no a lo que esperaba encontrar.
Era un ejercicio que Durg le había enseñado en los primeros meses y que Zael había convertido en algo diferente con el tiempo, más rápido, más impredecible, con cambios de dirección que ya no eran parte del ejercicio original sino añadidos propios que había incorporado sin anunciarlo.
Durg los notó la segunda semana que aparecieron.
No dijo nada.
Zael terminó la secuencia y se detuvo.
La respiración era más rápida que al principio pero no estaba agotado, ese punto específico donde el esfuerzo era real pero todavía había reserva, que era exactamente donde Durg le había enseñado que convenía detenerse en los entrenamientos porque el cuerpo aprendía mejor desde ahí que desde el agotamiento total.
— Los cambios de dirección — dijo Durg desde el borde.
— ¿Qué tienen?
— Funcionan — dijo Durg — pero el segundo siempre va hacia la izquierda.
Zael procesó eso.
Lo repasó mentalmente, la secuencia completa, cada cambio.
Tenía razón.
No lo había notado.
— Es un patrón — dijo Durg — los patrones se leen.
Un rival que te vea dos veces va a saber adónde vas la tercera.
Zael miró el poste en el centro del claro.
— Lo corrijo — dijo.
— No hoy — dijo Durg — hoy lo registras.
Mañana lo corriges.
Si lo fuerzas hoy el cuerpo lo hace mal y después cuesta más desaprender que aprender.
Zael asintió y guardó las dagas en el cinturón.
Se sentaron en el borde del claro, los dos en silencio, con el vapor de las grietas cercanas subiendo entre los árboles y el cielo gris de Drakmor encima que no variaba pero que Zael había aprendido a leer en sus texturas, el gris que significaba lluvia inminente, el gris que significaba días, el gris de esa mañana que significaba que el clima había decidido no decidir nada por el momento.
— Durg — dijo Zael.
— Mmm.
— Cuando eras joven.
¿Cómo era Drakmor?
Durg tardó en responder.
— Igual — dijo — Drakmor no cambia.
Cambian los que viven en él.
— ¿Y vos cambiaste?
— Todos cambian — dijo Durg — el bosque se encarga de eso.
O te forja o te destruye.
No hay término medio en Drakmor.
Zael miró los árboles retorcidos del borde del claro, la vegetación agresiva, las espinas del tamaño de dagas que crecían en las plantas más bajas, y pensó en eso.
En ser forjado o ser destruido.
En la línea entre las dos cosas y en qué era lo que decidía de qué lado terminaba uno.
— ¿Cómo sabés en cuál de los dos estás?
— dijo.
Durg lo miró.
— Cuando el bosque ya no te parece peligroso — dijo — sino familiar.
Zael miró el claro.
Los árboles, las marcas en la corteza, el poste en el centro con sus cicatrices de daga y flecha.
El vapor de las grietas que olía a azufre y que en los primeros años le había quemado los ojos y que ahora simplemente olía a casa.
No dijo nada.
No hizo falta.
Esa tarde cazaron juntos en el sector sur, el más denso del territorio, donde la vegetación se cerraba tanto que la luz de los hongos era la única referencia de dirección disponible.
Era un sector que Durg frecuentaba poco porque requería moverse en espacios donde su tamaño era una desventaja, pero las presas que vivían ahí eran las más difíciles de encontrar en otro lado y de vez en cuando el esfuerzo valía la pena.
Zael se movía mejor en ese sector que Durg y los dos lo sabían.
No era solo el tamaño.
Era que Zael había pasado meses explorando esa zona solo mientras Durg hacía otras cosas, aprendiendo sus rutas, sus sonidos, sus patrones de luz y sombra, y ese conocimiento acumulado se traducía en una manera de moverse entre los árboles cerrados que era más instinto que técnica.
Durg lo dejó tomar la delantera sin decirlo explícitamente.
Simplemente ajustó el paso y siguió, y ese ajuste era suficiente reconocimiento para los dos.
Encontraron las presas, las cazaron, volvieron.
En el camino de regreso a la cueva Durg se detuvo en un punto del bosque que Zael no tenía marcado como especial y miró hacia el norte con esa concentración que no era olfato sino algo más difícil de nombrar, esa manera que tenía de leer el bosque que iba más allá de los sentidos individuales y que Zael llevaba años intentando entender y años sin lograrlo del todo.
— ¿Qué es?
— dijo Zael.
— Nada todavía — dijo Durg — pero algo cambió en el norte.
— ¿Qué cambió?
— No sé — dijo Durg, y esa respuesta específica era suficientemente rara en él como para que Zael supiera que no era toda la verdad.
Siguieron caminando.
La cueva los recibió con el olor de siempre y las brasas del fuego anterior que todavía tenían calor suficiente para encenderse con poco esfuerzo.
Prepararon la cena en silencio, comieron, y cuando las antorchas bajaron y el bosque afuera se asentó en sus sonidos nocturnos Zael se quedó despierto un rato mirando el techo de piedra y pensando en el norte y en lo que Durg había dicho y en la diferencia entre no saber y no querer decir.
No llegó a ninguna conclusión.
Se durmió con las dagas dentro del alcance de la mano, como siempre.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com