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El legado de los caidos - Capítulo 24

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24: El primer botín 24: El primer botín Pasaron tres semanas antes de que todo encajara.

No fue un momento específico ni una mañana distinta a las otras en apariencia.

Fue la acumulación de algo que había estado construyéndose debajo de cada salida, cada combate inconcluso, cada ajuste al sistema de señales, cada vez que una criatura se había retirado antes de que pudieran terminar lo que habían empezado y los dos habían vuelto al orfanato con esa sensación específica de algo que estuvo cerca pero no llegó.

Tres semanas de salidas dobles.

Temprano para el bosque, tarde para el duelo entre ellos.

El sistema de señales ya no requería pensamiento consciente, salía solo como salen las cosas que se han repetido suficientes veces para instalarse por debajo del nivel donde la mente supervisa.

El fortalecimiento de cuerpo que Auren había descubierto en el tercer intercambio seguía siendo inconsistente pero ya no era un accidente, era algo que podía intentar con intención aunque no siempre respondiera, y cuando respondía la diferencia en el golpe era suficientemente real para que Seris la registrara y ajustara su distancia en consecuencia.

Seris por su parte había estado desarrollando algo que no había nombrado todavía pero que Auren había notado en las últimas salidas, una manera de posicionarse en el combate que no era solo instinto sino cálculo activo, eligiendo siempre el punto desde el cual podía ver más de la situación que cualquier otro punto disponible.

No era el centro del combate sino el margen, el lugar desde donde el campo completo era visible y desde donde un paso en cualquier dirección llegaba a cualquier punto necesario en el menor tiempo posible.

Era su habilidad funcionando de manera más consciente aunque ella todavía no lo llamara así.

Lo llamaba posicionamiento.

Esa mañana salieron más temprano que de costumbre porque Seris había calculado que el sector noreste del bosque, el que habían empezado a explorar la semana anterior, tenía una ventana de actividad de las criaturas que correspondía a las primeras horas de la mañana y que si llegaban tarde esa ventana se cerraba y las criaturas se retiraban a sus zonas de descanso hasta el atardecer.

El noreste del bosque de Arken era diferente al norte.

Más denso en la vegetación del suelo pero más abierto en altura, con árboles que crecían más separados entre sí pero que tenían copas tan amplias que se tocaban arriba formando una bóveda continua que filtraba la luz de una manera particular, verdosa y uniforme, sin las franjas y sombras que el bosque del norte producía.

Era un ambiente que favorecía a las criaturas que cazaban en el suelo porque la visibilidad horizontal era buena pero la visibilidad vertical estaba bloqueada por las copas, lo que significaba que nada podía sorprenderlos desde arriba pero sí desde los costados si no prestaban atención.

Seris había mapeado todo eso en la primera visita y lo había compartido con Auren de la misma manera en que compartía todo, directamente y sin adornos, como información que el otro necesitaba y que por lo tanto se transfería sin ceremonia.

Encontraron la primera criatura a los quince minutos de entrada.

Un lobo de maná, más grande que el de la primera salida, con el pelaje gris azulado más intenso y los ojos con una luminosidad que no era tenue sino clara, lo suficiente para que se viera incluso con la luz filtrada de las copas.

Clase E alto o clase D bajo, era difícil determinarlo sin más información, pero el tamaño y la luminosidad sugerían que era más de lo que habían enfrentado antes.

Estaba solo.

Eso era importante porque los lobos de maná en grupo eran una situación diferente a la que todavía no estaban preparados para responder.

Solo era manejable.

Solo con ese tamaño y esa luminosidad era un desafío real pero dentro de lo que el entrenamiento de las últimas semanas había construido.

Seris tomó posición en el margen derecho del espacio entre los árboles.

Auren tomó posición al frente, la espada en la mano derecha y la izquierda libre, los pies en la postura que distribuía el peso de la manera más eficiente para moverse en cualquier dirección desde cualquier punto.

El lobo los miraba.

No cargó de inmediato como el primero.

Este evaluó, que era lo que hacían las criaturas de clase más alta, tomarse el tiempo de calcular antes de comprometerse con una dirección.

Movió el peso de una pata a la otra, la cabeza bajando levemente, los ojos pasando de Auren a Seris y de Seris a Auren con una regularidad que decía que había registrado que eran dos y que ese detalle importaba en su cálculo.

— Espera — dijo Seris en voz baja.

Auren esperó.

El lobo tomó su decisión y cargó hacia Auren, que era el más adelantado y el objetivo más directo, con esa velocidad silenciosa que tenían los lobos de maná que hacía que los metros entre el inicio del movimiento y el contacto desaparecieran más rápido de lo que el ojo calculaba.

Auren no esquivó hacia el costado esta vez.

Aguantó un paso, dejando que el lobo entrara al rango donde la velocidad del animal era un problema pero donde también el ángulo de ataque quedaba fijo, y en el último momento giró el cuerpo hacia la izquierda dejando que el lobo pasara por la derecha mientras la espada bajaba en un arco horizontal hacia el cuello del animal.

Conectó.

No limpiamente, el lobo era suficientemente rápido para que el arco llegara al hombro en lugar del cuello, pero conectó con suficiente fuerza y suficiente filo para que el animal sintiera algo diferente a lo que había sentido en los encuentros anteriores con los dos, y ese algo diferente lo hizo girar antes de reposicionarse completamente.

En ese giro Seris entró.

No desde el frente sino desde el ángulo que había estado esperando desde que el lobo cargó, el punto ciego que había calculado desde su posición en el margen y que solo existía durante el segundo en que el animal giraba después de un ataque fallido.

La espada de Seris fue directa y sin adornos, hacia el costado del lobo que el giro había dejado completamente expuesto, y el filo real de una espada real ejecutado desde el ángulo correcto por alguien que sabía exactamente lo que hacía produjo el resultado que las semanas anteriores no habían podido producir.

El lobo cayó.

No de inmediato sino con esa lentitud específica de algo grande que recibe un daño que el cuerpo tarda un momento en procesar, las patas delanteras cediendo primero y luego el resto, y cuando quedó en el suelo del bosque noreste con la respiración que ya no era la respiración de algo que puede levantarse los dos se quedaron quietos con las espadas todavía levantadas esperando un movimiento que no llegó.

Silencio.

Solo el bosque con sus sonidos de mañana, los pájaros en las copas, el viento entre las ramas, completamente indiferente a lo que acababa de pasar en el suelo debajo.

Auren bajó la espada.

Miró al lobo.

Luego miró a Seris.

Seris tenía los ojos en el animal con una expresión que Auren tardó un segundo en leer porque era una que no había visto en ella antes, no exactamente satisfacción sino algo más quieto, la de alguien que acaba de ver que algo que calculó resultó exactamente como calculó y está procesando lo que eso significa para los siguientes cálculos.

— El ángulo del giro — dijo Seris — siempre es el mismo.

Cuando un cuadrúpedo gira después de un ataque fallido el costado interior del giro queda expuesto durante aproximadamente un segundo.

Si Auren fuerza el giro hacia la izquierda yo entro por la derecha.

— Siempre — dijo Auren.

— En criaturas de cuatro patas que atacan en línea recta — dijo Seris — sí.

Las que atacan lateral o las que tienen más de cuatro patas van a ser diferentes.

Auren miró al lobo en el suelo y luego miró a Seris.

— ¿Ya estás pensando en las siguientes?

— dijo.

— Siempre — dijo ella, y esta vez había algo en ese siempre que no era la respuesta automática de otras veces sino algo más genuino, más cercano a lo que en Seris pasaba por entusiasmo.

Procesaron la presa.

No con la eficiencia de Durg y Zael que llevaban años haciéndolo en Drakmor, sino con la torpeza específica de alguien que sabe el concepto pero no tiene el músculo del hábito todavía.

El pelaje del lobo de maná era diferente al de un lobo común, más denso y con esa textura particular que las criaturas mágicas tenían, y Auren lo separó del animal con cuidado porque algo le decía que ese material podía valer algo aunque todavía no supiera exactamente cuánto ni exactamente para qué.

Lo enrolló y lo guardó en la bolsa que habían empezado a llevar a las salidas del bosque exactamente para eso, aunque hasta esa mañana había estado vacía.

— ¿Volvemos?

— dijo Seris.

— Tenemos tiempo — dijo Auren.

Seris lo miró.

— Una más — dijo — y volvemos.

— Una más — confirmó Auren, con el tono de alguien que sabe que está cediendo en la negociación pero que está de acuerdo con el resultado.

La segunda criatura de esa mañana la encontraron veinte minutos más al norte.

Un jabalí de bosque, pero no el tipo común que cualquier cazador de Arken hubiera reconocido.

Este tenía las mismas marcas mágicas que el lobo, una luminosidad tenue en los colmillos curvados que en la luz filtrada de las copas producía un brillo intermitente, y el tamaño era el de un jabalí adulto grande con algo adicional en la constitución del cuerpo que hacía que cada músculo visible pareciera más denso de lo normal.

Clase E, probablemente el mismo rango que el lobo pero con un perfil de combate completamente diferente.

Los jabalíes no calculaban como los lobos.

Cargaban, que era su fortaleza y su limitación al mismo tiempo, porque una carga de algo de ese peso era devastadora si conectaba pero una carga comprometida en una dirección fija era también predecible si uno sabía leerla con suficiente anticipación.

— Centro — dijo Seris antes de que el jabalí los detectara — cuando cargue los dos convergemos y dejamos que pase entre nosotros.

Golpeamos en el costado cuando pasa.

— Si nos toca a cualquiera de los dos con ese tamaño — dijo Auren.

— Por eso dejamos que pase entre nosotros — dijo Seris — necesitamos suficiente espacio entre los dos para que quepa.

Cuatro pasos mínimo.

Tomaron posición.

El jabalí los detectó y la carga llegó con ese sonido específico de algo pesado moviéndose a velocidad que no debería poder moverse a esa velocidad, las patas sobre el suelo del bosque produciendo un impacto rítmico que Auren sintió en las plantas de los pies antes de escucharlo claramente.

Centro.

Los dos convergieron hacia el punto medio entre ellos dejando exactamente el espacio que Seris había calculado, y el jabalí que venía en línea recta no tenía la agilidad de un lobo para ajustar la trayectoria en el último momento y pasó entre los dos como había calculado Seris, los colmillos luminosos cruzando el espacio entre ellos a una velocidad que hizo que el aire se moviera de manera perceptible.

Las dos espadas bajaron al mismo tiempo desde lados opuestos.

El jabalí siguió dos pasos más antes de que el cuerpo procesara lo que había recibido, y esos dos pasos fueron los últimos.

Cayó con un sonido pesado que levantó hojas del suelo a los costados.

Silencio.

Auren y Seris se miraron por encima del jabalí caído.

Dos en una mañana.

No dijeron nada porque no había nada que decir que estuviera a la altura de lo que acababan de hacer y los dos lo sabían y esa consciencia compartida era suficiente sin necesitar palabras.

Procesaron la segunda presa con más eficiencia que la primera, algo que Auren notó y guardó como dato porque significaba que el músculo del hábito se estaba construyendo más rápido de lo que esperaba.

El colmillo del jabalí fue a la bolsa junto con el pelaje del lobo.

Volvieron al orfanato con la bolsa más pesada que cuando habían salido y algo diferente en la manera de caminar de los dos, no más rápido ni más lento sino diferente, con esa modificación mínima en la postura que viene de haber hecho algo real y de saber que se puede repetir.

La ciudad de Arken los recibió con su indiferencia habitual.

Las tareas del hogar los esperaban como siempre y las hicieron como siempre, con la diferencia de que esa mañana Auren barrió el pasillo de entrada pensando en el ángulo del giro del lobo y en cómo forzarlo de manera más consistente y Seris preparó el desayuno de los más chicos pensando en criaturas de clase D y en qué ajustes al sistema de señales iban a requerir comparadas con las de clase E.

La hermana Maren los observó durante el desayuno sin que pareciera que los observaba, con esa manera suya de registrar todo desde el margen de su propia actividad, y cuando Auren levantó la vista y sus ojos se cruzaron con los de ella por un segundo vio algo en esa mirada que no supo clasificar del todo.

No era sospecha todavía.

Era la etapa anterior a la sospecha.

La de alguien que todavía no sabe qué está mirando pero que ya sabe que hay algo que mirar.

Auren bajó la vista al desayuno.

Esa tarde el duelo entre ellos fue diferente también, más intenso, con Auren intentando el fortalecimiento de cuerpo con más frecuencia y con más éxito que en semanas anteriores, como si el combate real de la mañana hubiera abierto algo que el entrenamiento controlado del claro no había podido abrir del todo.

Seris ganó por un punto.

El margen más estrecho del mes.

No lo comentaron pero los dos lo sabían y ese dato no escrito fue a los mismos lugares donde iban todos los datos no escritos que llevaban años acumulando entre ellos.

Mañana otra salida.

Y después de esa otra.

Y así hasta que el bosque de Arken no tuviera más niveles que ofrecerles o hasta que algo los detuviera, lo que llegara primero.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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