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El Lord que no podía olvidar - Capítulo 5

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  3. Capítulo 5 - 5 Encuentro inesperado 2
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5: Encuentro inesperado [2] 5: Encuentro inesperado [2] Eloise regresó a casa para enfrentarse a la ira de Clive.

—¿Es que no sabes cómo comportarte, niña?

Tenemos suerte de que haya podido calmar a Percival antes de despedirlo.

¿Y si lo hubieras perdido como pretendiente?

—preguntó Clive, pellizcándose el puente de la nariz para mantener la calma.

—¿Sería tan malo?

No creo que sea un buen partido para mí, y tampoco lo son los otros que vinieron antes que él.

Seguro que tú también lo viste —dijo Eloise, cruzando los dedos.

—Eloise, no sabes lo que es bueno para ti.

Por eso debo decidir yo en ausencia de tu padre.

No debemos perder a un buen hombre como Percival —dijo Clive, pensando en lo que Percival estaba dispuesto a ofrecerle.

—¿Buen hombre?

¿Lo conoces bien, tío?

—Sé que tiene buenos negocios en la ciudad, así que será útil para tu futuro —dijo Clive, pensando también en su propio futuro—.

Sé que las noticias de su primer matrimonio no fueron agradables, pero, al menos, no tuvo hijos que tuvieras que criar.

Está ansioso por tener hijos contigo.

—Sí, hijos varones —dijo Eloise, mientras la inquietud volvía a oprimirle el pecho.

—Es natural que un hombre como él sea así.

Necesita herederos con urgencia.

Sé que te tratará bien.

Solo tienes que dejar a un lado tus miedos —le aconsejó Clive a Eloise.

—No debemos encariñarnos demasiado con él.

Hay otros que debo conocer, ¿verdad?

—preguntó Eloise, esperanzada de que Clive no se hubiera decidido por Percival.

—Sí, hay otros.

Te estás convirtiendo en la comidilla de la ciudad.

Debo hacer que asistas a otro baile con Iris y mi esposa.

Preguntaré por ahí si hay bailes —dijo Clive.

Se dio la vuelta y se marchó, empezando a tramar su siguiente jugada.

—¡Tío!

—lo llamó Eloise, siguiéndolo—.

¿Le has escrito a mi padre o has recibido alguna noticia de su médico?

¿Has reconsiderado dejarme volver a casa por un momento?

—¡Eloise!

—espetó Clive, pero al ver que la había asustado, sonrió—.

Eloise, debes esperar a que yo decida cuál es el mejor momento para que veas a tu padre.

Cuando te comportas así, haces que todo el mundo piense en tu época en el campo.

Ahórramelo.

Eloise ocultó sus verdaderos sentimientos con una sonrisa.

—Perdóname.

No había pensado en lo que has tenido que pasar.

Clive se acercó a Eloise y apoyó la mano en su hombro.

—Sería mejor que te centraras en encontrar un marido.

Deberías elegir uno rápido, ahora que has cautivado a los hombres de la ciudad.

Me gustaría verte casada.

—Haré todo lo posible por disfrutar de la temporada y del próximo baile.

Como ya no hay más pretendientes, me gustaría volver a mi libro.

Que tengas un buen día —dijo Eloise, haciendo una reverencia.

Eloise se alejó de Clive con el corazón encogido.

Se temía lo peor en lo que respectaba a su padre, todo por culpa de las acciones de Clive.

¿Acaso su padre se había puesto tan enfermo que no podía verlo en un estado tan débil, o es que Clive le ocultaba algo más?

Eloise negó con la cabeza, deshaciéndose de la idea de que Clive tramaba algo malo.

Después de todo, Clive la había acogido cuando más necesitaba a su familia.

Eloise se retiró a su alcoba para disfrutar de un momento de paz, lejos de sus pretendientes.

Sabía que debería estar feliz por recibir tantas visitas, pues era todo lo que una dama podía desear, pero Eloise solo podía pensar en su padre.

Eloise permaneció escondida hasta que Iris regresó de su paseo con Agatha.

—¡Eloise!

—la juvenil voz de Iris llenó la alcoba—.

Tengo mucho que contarte.

¿Alguien te ha molestado?

—preguntó, al notar la tristeza en la expresión de Eloise.

Eloise sonrió, pues no quería cargar a Iris con sus problemas.

—No es nada.

—¿Cómo que no es nada si parece que te han amargado el día?

¿Es porque no has podido acompañarnos en el paseo o es que uno de tus pretendientes te ha disgustado?

Sabía que no debería haberte dejado sola —dijo Iris, sintiéndose culpable.

Iris cerró la puerta para que su conversación fuera privada.

—Nunca nos guardamos secretos.

Debes decirme qué te preocupa, o pensaré que soy yo la causa de tu tristeza.

Y seguro que no quieres que piense eso cuando no es verdad.

—Te aseguro que no eres la causa de mi tristeza.

No me importa que pases tiempo con tu madre, ya que estás tan ansiosa por casarte.

Los pretendientes sí que me han disgustado, pero lo que me preocupa es el bienestar de mi padre.

Mi tío no me permite verlo y se molesta cuando hablo de él —dijo Eloise.

Iris se sentó en la cama de Eloise.

—Eso es muy raro en mi padre.

¿No dijo cuando llegaste que podías volver a casa cuando quisieras?

¿Qué ha cambiado?

—Sospecho que la salud de mi padre ha empeorado y, aunque sus intenciones sean buenas, debo verlo.

Si es su último día, deseo estar a su lado, pero no me lo permiten.

Estoy preocupada —confesó Eloise.

—Y con razón.

¿Debería preguntarle yo?

—No, no.

No creo que puedas convencerlo.

Nunca lo había visto tan enfadado, y no quiero involucrarte en mis problemas —dijo Eloise.

Iris puso su mano sobre la de Eloise y dijo: —Tus problemas son los míos.

Deseo que estés con tu padre, y yo también quiero ver a mi tío.

¿Qué podemos hacer?

—¡Oh!

—exclamó Iris—.

Hay un baile al que debemos asistir pronto.

Mi madre recibió hoy la invitación.

Eloise intentó que no se le notara la decepción.

—No veo cómo un baile puede ayudarme.

—Mis padres estarán ocupados buscándome pretendientes con los que bailar.

Puedo mantenerlos distraídos mientras tú te escabulles para ir a tu casa.

Afrontaremos las consecuencias juntas después de que hayas visto a tu padre.

Como siempre hemos hecho —dijo Iris, apretándole la mano a Eloise—.

¿Te apuntas?

Eloise asintió lentamente con la cabeza.

Su humor mejoró al encontrar consuelo en la disposición de Iris para ayudar.

—Me apunto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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