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El nuevo y horrible mundo - Capítulo 38

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Capítulo 38: Desconexión

La mujer frente a Elena estaba furiosa, la súcubo sabía que su destino no iba a ser pacífico. “Parece que te estás divirtiendo un poco.” Le dijo a la mujer con los brazos cruzados bajo su pecho.

Elena volteó a otro lado mientras tenía una expresión complicada. “Bueno… Este…” Ella se quedó sin palabras, después de todo, sabía que decir que Adriel se lo pidió no era fiable.

“Quítate.” Dijo, tan firme, que incluso aunque ella no era la dueña de la súcubo, esta sintió que debía seguir su orden.

“P-pero dejaría al pobre Adriel solo… Parece muy cansado. ¿No crees? Yo digo que alguien debería de asistirlo así.” La voz de la súcubo salió sin confianza, de todos modos sentía que alguna oportunidad saldría de esa frase.

Azucena se le quedó viendo a la mujer durante un tiempo, luego al chico en su regazo. Luego de unos momentos, suspiro. “Aún así, quítate, yo te reemplazaré.”

“¿¡Eh!? Eso no es justo.” La súcubo se alteró un poco, moviendo al chico en su regazo.

“Nunca hubo nada supuesto para que fuera justo. Recuerda que eres su esclava, él te ve como un mero animal. No está ni estará de acuerdo con lo que haces.” Dijo la mujer mientras se sentaba al lado de Elena.

La súcubo se levantó de golpe, ofendida por lo que la mujer había dicho, pero antes de darse cuenta, escuchó la cabeza del chico golpear el suelo. Ambas se quedaron en silencio, pero Azucena clavó sus ojos en Elena, juzgándola fuertemente.

Luego de un profundo silencio, los ojos cerrados del joven se movieron un poco, después se abrieron de par en par. Él se levantó. “Buenos días.” Dijo mientras se estiraba, su tono era monótono, ni siquiera parecía que se hubiera despertado aún.

“Buenos días, Adri…¿el?” La expresión de Azucena se llenó de confusión mientras veía la cara del chico; sus ojos, antes normales, ahora brillaban con un color amarillo hermoso.

A diferencia de Azucena, Elena se acercó al joven, sus propios ojos púrpura se clavaron en los del chico. “Sorprendente. ¡Brillan demasiado! ¿Será que se ven bien cuando estás cansado de tanto follar?”

“¿Eh? Nadie te pidió que hicieras esa pregunta.” Adriel puso su palma contra la cara de la esclava y la hizo a un lado.

El cazador se giró para ver a Azucena, quien también estaba viéndolo fijamente. “No es nada sorprendente, creo.” El chico vio a otro lado con pena, luego volvió a verla. “Puedes ver más de cerca si quieres.” Dijo con un poco de duda.

La mujer se quedó en silencio un poco, sin siquiera moverse, después de unos segundos se acercó al chico y le agarró la cara. “Déjame examinarlos a profundidad un poco.” Dijo. Su propia cara estaba a centímetros de la de Adriel, quien estaba comenzando a ruborizarse demasiado.

Los alientos de ambos tocaban la piel de los labios del contrario, sintiendo cómo estaban cada vez más cerca, pero Azucena lo cortó de pronto. “T… te ves bien con esos ojos.” Ella lo soltó y giró su cabeza a otro lado.

Adriel, quien seguía algo desconcertado, sonrió un poco. “Tengo un poco de hambre. ¿Vamos a ver qué comemos?”

“Sí.” Expreso a la mujer tímidamente.

La mirada del joven se dirigió al cielo, donde vio al sol, pero antes de poder ver bien su posición se sintió raro, sus ojos no lo dejaban ver, así que volteó para abajo, pero poco después volvió a voltear a otro lado.

Su mirada comenzó a pasar de un lado a otro, nunca terminando de entender lo que veía. “¿Estas bien?” Pregunto a su acompañante.

“Sí, no pasa nada.” Dijo el joven mientras volvía a voltear a otro lado.

Ella se le quedó viendo por unos segundos, luego volvió a ver hacia adelante para seguir caminando.

Los dos pararon cerca de una parte del muro incompleto que estaba por el sureste. Cerca de aquel lugar estaba Amara, quien tenía la mirada clavada en el libro de rituales. “Me gustaría que vinieras conmigo, pero preferiría si te quedas y hablas con Amara.” Dijo Azucena mientras veía a la chica de reojo.

Él le tocó la espalda. “Mejor vámonos, si quieres hablaré con ella, pero es peligroso ir sola.”

La mujer suspiró un poco y asintió levemente.

…

El viento soplo con suavidad el rostro de todos. En lugar de cazar alguna bestia e intentar consumirla, Adriel y Azucena solo fueron a recoger frutas y verduras, después de todo, el cazador seguía mal.

Todos se juntaron alrededor de una fogata. Adriel, Amara, Azucena, Liora, Sahima, Kael y Selene.

“Sorprendente. Entonces ya eres el segundo que tiene ojos no naturales. Espero quedarme con los que tengo, aunque siendo sincero me gustaría tener un color genial.” Expreso Kael luego de escuchar la excusa falsa de Adriel.

‘Solo dormí, y al despertar estaba así… ¿Es creíble? Creo que estoy fallando.’ Pensó el joven mientras Liora decía algo similar.

El cazador volteó a ver a Kael, luego a su acompañante. “¿Quién es ella?” Dijo, luego le dio una sonrisa pícara al protector.

Él hizo una seña para que cortara el juego. “Solo es una clienta, necesita mi protección.”

“Eso me recuerda. Todos aquí tenemos un rango de edad similar. ¿No?” Pregunto a Sahima.

“Más o menos, la mayor es Selene, cumple en enero, y la menor es Liora, quien cumple en septiembre.” Cortó Amara mientras agarraba una fruta con forma de plátano enrollado morado y comenzaba a comerlo.

“Imagino que eso es sin contar a esas dos.” Ella apunto a Azucena y Elena.

“¿Huh? ¿Por qué lo dices?” Pregunto Selene.

Sahima hizo unas señas un poco raras, luego apuntó a las 3 chicas, puso su mano en su pecho y comenzó a mover su mano de arriba a abajo, pasando desde su cuello hasta su estómago. Después apuntó a las dos mujeres, y simuló que al sobar para arriba o abajo el busto le evitaba mover la mano.

Las tres chicas voltearon a ver sus propios bustos. “Pero… Son… Algo ¿Grandes?” Dijo Liora con complicación.

“Supongo, pero no tan grandes como estos bebés.” Dijo Elena, luego tocó su busto. Su propia mano estaba hundiéndose en él.

Azucena vio todo de reojo, intentando evitar el tema.

Adriel suspiro. “Ya dejen de hablar de eso y coman. Si necesitas la protección de Kael, es por algo, ¿no? Dime qué pasa. Yo me encargaré.” Dijo mientras llevaba comida a su boca.

“¿No te interesa el tema?” Elena se acercó un poco al joven.

“Si no estuviera en un mundo ajeno, donde la muerte es y probablemente será el pan de cada día, me encantaría hablar de ello.”

“Ah, ¿Hoy estás muy sincero?” Dijo Selene con molestia ante su comentario.

Adriel la ignoro. “Entonces. ¿Qué necesitas?” Pregunto a Sahima.

“Yo… No quiero hablar de ello. Kael es quien me está ayudando. Ahora mismo no tengo dinero para pagarte.”

“El amigo de mi amigo es mi amigo. Así es como va. No sostengo mucho esa filosofía, pero aún así, al cazar consigo monedas. Solo me quedaré con todo el botín.”

Sahima se puso nerviosa ante esas palabras. “N… No, gracias. Puede que me llegue a costar demasiado si haces eso.”

El cazador asintió ante sus palabras, se puso a comer, por lo que todo se quedó en silencio.

Las conversaciones triviales se encendían y apagaban como si de un interruptor se tratase; cada momento estaba lleno de incomodidad.

Adriel, quien se quedó en silencio durante la mayor parte de las pláticas, vio fijamente el fuego de la fogata.

Aquella hermosa llama bailaba. Un baile hermoso que cambiaba constantemente. Gracias a ello él era capaz de verlo bien.

Poco a poco todos se iban, la luz del sol se apagaba y la fogata se volvía una de las pocas fuentes de luz.

El campamento volvió a estar en silencio. Todos estaban haciendo sus cosas, pero Adriel se quedó allí.

‘¿Esto es real?’ pensó, su mirada captando cómo pequeñas motas de ceniza volaban.

‘Creía que lo era, tantas cosas que pasaban… Esto es irreal. Luego de consumir esa flor… Creo que todo es un sueño.’

El cazador invocó su katana. La empuñadura se sentía robusta, el filo se veía perfecto, listo para despedazar lo que tocará.

Aún así, él seguía sintiendo que algo estaba fuera de lugar.

¿La vista? No, recuerda haber tenido los ojos dilatados por medicina. ¿El olor? No, el fuego seguía emitiendo ese aroma tan reconocible. ¿El tacto? No, sus manos seguían sintiendo el cuero en la empuñadura. ¿Audición? No, podía claramente escuchar la madera romperse al ser consumida. ¿Sabor? No, claramente saboreo aquellas frutas dulces, amargas, ácidas y picantes.

‘¿Qué me falta?’ Pensó para luego voltear hacia arriba, viendo las estrellas conectadas en el cielo hermoso que se cernía sobre él.

Su pie comenzó a golpear la dura tierra bajo él. Su respiración se aceleró y su sangre se enfriaba. Todo su cuerpo tenía un muy ligero temblor, algo prácticamente imperceptible.

‘¿Siquiera existo? ¿Morí en el momento en el que consumí esa endemoniada flor?’

Siguió alterándose, hasta que su pie paró. Recordó todo lo que pasó en la Tierra.

“Cogito ergo sum.” Susurro para sí mismo. ‘Pienso, luego existo. Al morir, la mente no puede procesarlo, porque la mente no está allí. Eso significa, que esto es real, existo. Puedo seguir.’ Luego de pensar esto se puso de pie.

Sus ojos se ajustaron, podía volver a ver bien, no, incluso mejor. Acostumbrarse a sus nuevas habilidades era la clave.

Al notar por fin la Luna colgando sobre el tomo, una decisión. ‘Hoy saldré un poco para cazar.’ Pensó. Sus ojos amarillos brillan con intensidad al ver la salida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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