EL ODIO DIVINO - Capítulo 16
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16: Capítulo 16 : confección 16: Capítulo 16 : confección Lucifer estaba pensativo.
—¿Cómo mierda no me conoce?
Soy el primer ángel… Ariel, dentro de su mente, respondió: —Bueno… ¿qué le digo?
—No le digas nada de mí.
Después di lo que quieras.
Maeriel frunció el ceño.
—Oye, te estoy hablando.
¿Quién es la Estrella de la Mañana?
Ariel no tuvo más opción.
Entonces le contó casi toda la verdad.
Le habló de dónde venía, de cómo era su vida, de lo corrupto que era su mundo.
Le contó sobre su familia, sobre la enfermedad, sobre su muerte… y sobre el ángel que lo salvó.
También le habló de lo duro que era vivir allí.
De sobrevivir.
De luchar por cada cosa.
De cómo, incluso para comer, alguien tenía que morir.
En su mundo, para sobrevivir, muchas veces había que matar.
Y en cada acción terminabas haciendo algo malo, incluso cuando no querías hacerlo.
Maeriel lo escuchó en silencio.
—Wow… tu mundo se parece mucho a los cuentos del infierno.
Ariel bajó la mirada.
—No solo eso.
Cuando el ángel decidió fusionarse conmigo, la mitad de mi alma y de mi cuerpo se volvió divina… pero la otra mitad sigue siendo mortal.
Respiró profundo.
—Por eso soy algo… deforme.
No tengo una forma real.
No tengo un alma completa.
No tengo identidad.
Soy un ser incompleto… pero completo al mismo tiempo.
Maeriel sintió compasión.
—Sabes… yo pensé que era la única de mi especie.
Ariel levantó la mirada.
—¿Cómo?
—Mis padres son seres parecidos a los que viste.
Son como lobos… con cuerpo como el nuestro, pero cubiertos de pelo y con hocico.
Hizo una pausa.
—Para ellos yo soy un ser deforme.
No soy como ellos.
¿Me entiendes?
Es como nacer siendo otra persona.
Bajó la mirada.
—No me parezco en nada a mis padres.
Incluso soy más alta que ellos… creo que por eso se fueron.
Ariel cerró los ojos.
—Sabes, Maeriel… tú y yo nos parecemos mucho.
La miró de arriba hacia abajo.
—En mi planeta tú serías completamente normal… y una estúpidamente hermosa mujer.
Hizo una pequeña pausa.
—Bueno… si eres mujer, ¿verdad?
Maeriel se echó a reír.
—¡Jajaja!
¿Por qué preguntas eso?
¡Claro que soy mujer!
Nuestro mundo se parece mucho al tuyo.
Ariel hizo una mueca.
—Si en este plano matar es malo… entonces con la sopa de verduras también estarías matando.
Maeriel pensó un momento.
—En teoría sí… pero Padre nunca dijo nada de eso.
Y si te fijas, ellas nunca mueren.
Las cortas y crecen en otro lado.
Nunca desaparecen de este mundo.
Ariel frunció el ceño.
—Eso… es estúpidamente raro.
—¿Y en tu mundo no?
Ariel suspiró.
—La verdad… no lo sé.
Pero yo noto algo en este mundo.
Los seres vivos están llenos de amor.
Hizo una pausa.
—Menos hacia mí… porque soy mortal.
Maeriel lo miró con suavidad.
—Sabes, Ariel… yo nunca había peleado.
Esta fue la primera vez.
Bajó la mirada.
—Ojalá no haya repercusiones.
Ariel apretó los dientes.
—Perdóname, Maeriel.
Te juro que me haré más fuerte.
Maeriel sonrió.
—Si quieres, puedo entrenarte.
En la escuela donde estudiaba nos enseñaban cómo controlar el espíritu.
Pensó un momento.
—¿Qué tal si… Se detuvo.
Miró a Ariel.
Nuestro protagonista ya estaba inconsciente.
Estaba exhausto por la paliza… y por el remedio que Maeriel le había dado.
Maeriel lo observó un momento.
Y sonrió.
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