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El Peligroso Aroma de tu Piel - Capítulo 41

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  3. Capítulo 41 - Capítulo 41: Capítulo Cuarenta y uno
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Capítulo 41: Capítulo Cuarenta y uno

El Lobo de Hielo la tomó de la mano con firmeza y la dirigió hasta el interior de aquella casa, cerrando la puerta detrás de sí.

—No creo que haya nadie aquí—. Afirmó ella.

—No importa, podemos esperarlo en su dormitorio—. La tranquilizó.

El silencio era escalofriante y recordaba con vaguedad algunos puntos de la estancia en la que Jakob le había enseñado a través de la pantalla cuando hacían videollamadas, como la cocina y el patio donde había un enorme árbol, que vio desde la ventana.

—Esperemos que la perrita esté en alguna habitación para que no haga ruido si nos ve—. Murmuró ella.

—En ese caso, déjame buscar algún bocadillo para sobornar a esa pequeña bestia.

Egon se movió hacia la cocina mientras que ella siguió caminando con cautela, y se quedó de pie al inicio de la escalera en donde seguramente estaba su ex novio, al que jamás había visto en persona y ahora, gracias a su nuevo novio, le había hecho una visita para que recibiera la paliza que merecía.

Como estaba segura de que no había nadie, se atrevió a subir los escalones, uno a uno, con lentitud, con los oídos agudizados, por si escuchaba algo, pero nada.

Todo en completo silencio.

Llegó al segundo piso y se asomó en las habitaciones que sabía que eran de su padre y hermano, e incluso pensó en husmear en la de huéspedes, pero declinó la idea.

Así que la única que quedaba era la habitación de Jakob, la cual la puerta estaba entreabierta y su corazón parecía a punto de estallar dentro de sus costillas.

Se asomó lo suficiente para darse cuenta que su cama estaba vacía. No había nadie y eso la alivió, así que empujó la puerta y entró.

El interior estaba totalmente diferente a como lo recordaba, pero seguía siendo un desastre. La cama no estaba hecha, había ropa tirada y olía a sudor y a otras cosas que prefería no pensar.

Años atrás había fantaseado con pisar esa recámara y ahora estaba ahí, sin ningún tipo de aprecio por él, sino simplemente rechazo y sed de venganza.

Echó un vistazo a la cama más de cerca y encontró las mismas figuras de Star Wars que le enseñó por videollamada, legos, películas y más cosas de frikis, y se estremeció.

Se sintió también aliviada porque no encontró a la vista el peluche que ella le había regalado en su cumpleaños, una semana antes de terminarle para siempre y comprendió que él también la había superado y había seguido con su vida como ella.

No obstante, su mirada recayó en su armario, y la comezón de la curiosidad fue más fuerte y se animó a husmear un poco.

Encontró ropa negra. Él seguía estando en su moda dark. Vaya. Después de copiarle el estilo de playera, jeans y tenis, le copió el estilo dark a la chica lasciva y de ahí no se salió jamás.

Vaya imbécil.

Y cuando Elara soltó una de las prendas oscuras, tiró sin querer dos cosas que habían estado hasta el fondo de toda la ropa y rodaron hasta sus pies.

Apurada, se inclinó a levantarlo y se encontró con el peluche de gatito con un helado y el libro erótico que ella le regaló.

Enseguida sintió un escalofrío terrible que se fue alojando en su columna vertebral hasta dejarla fría de la impresión.

Si Jakob Severin ya la había superado, ¿Qué hacía ese peluche y libro ahí? ¿Por qué no los tiró?

Abrumada, volvió a meterlos como pudo y cerró el armario.

Sacudió la cabeza y se dirigió a la puerta para marcharse, porque no soportaba estar un momento más ahí, además de que abajo escuchó la voz de Egon, seguramente la perrita había aparecido y él la estaba sobornando.

Elara salió de la recámara y antes de bajar, se asomó a la de huéspedes. Entró hasta llegar al tocador y frunció el ceño al ver que la cama estaba destendida y la TV conectada, pero apagada. Había frituras, varias cajas de pizza y sodas en el suelo.

Tragó saliva y tras girar sobre sus talones, se encontró a Jakob Severin, que seguía igual a como lo recordaba en su IG, pero con el cabello más largo, más ojeroso, vestido de negro y una mirada fría, nada que ver con aquel chico que conoció y a más chicos con él y ella reconoció a cada uno de ellos.

Eran los amigos de infancia de Jakob, quienes supieron de su noviazgo con ella. El que se encargó de meterle cizaña para que todo se fuera más a la mierda, fue el que cerró la puerta con una sonrisa lunática en los labios.

—¿Se puede saber qué están haciendo? ¡Abran esa maldita puerta! —espetó Elara, a la defensiva.

—Entraste por tu cuenta sin ser invitada—. Dijo el que cerró la puerta y el que Elara más odiaba.

—Escucha, Friede, siempre me caíste muy mal y no voy a pasar la ocasión de hacerte pagar por toda la mierda que le metiste en la cabeza a Jakob, aunque él también tuvo la culpa por dejarse llevar por un idiota que no era capaz de conseguir novia—. Masculló ella con desprecio.

De pronto, todos ellos se desconcertaron al ver que ella los conocía.

—¿Cómo es que me conoces, perra? —bramó Friede, interesado y haciéndose pasar como todo un casanova, pero se miraba ridículo.

—Y sigues igual de ridículo y patético—. Se burló ella, pero eso ocasionó que ese cretino se le fuera encima y la quisiera someter en la cama, pero Elara fue más lista y le propició un golpe en la nariz que lo aturdió lo suficiente para ahogar un grito y miles de maldiciones.

—¿Quién eres tú? —quiso saber Jakob, ignorando a su amigo agonizando de dolor.

Elara parpadeó, confundida. ¿Acaso no la reconocía o solo estaba fingiendo no conocerla?

—¿Eres o te haces? —lo miró con arrogancia.

—Te me haces familiar, pero es imposible. Esa persona no conoce mi casa y ya es alguien del pasado que no tiene nada que ver conmigo ni me interesa—. Reconoció, con un dejo de burla.

—No eres un idiota, de eso estoy segura, pero si un imbécil—. Le dijo, sonriendo cínicamente y rodeó a Friede con el resto de sus amigos para acercarse a la puerta—. Creo que ni siquiera mereció la pena venir hasta acá. Ya me cercioré de lo obvio, adiós, Jakob. Espero jamás volver a ver tu patética cara ni tu diente frontal inexistente. Pensé que ibas a crecer un poco, pero parece que has encogido. Pobre idiota…

Y aquellas palabras fueron las que provocaron algún tipo de choque eléctrico en su cabeza porque no dejó que Elara alcanzara la puerta. La embistió con su cuerpo y la derribó hacia atrás, sometiéndola con su peso.

Ella se contorsionó, pero no gritó, porque si lo hacía, Egon subiría corriendo y asesinaría a esa bola de frikis.

—Suéltame, Jakob.

—Eres tú… ¿verdad? Eres Elara Moreau, mi primer amor.

La fémina se quedó quieta cuando lo escuchó hablar. Rebobinó involuntariamente los momentos en los que él le enviaba audios tiernos o las llamadas de horas o videollamadas, donde le juraba amor eterno y le daba su palabra de que siempre la amaría y estarían juntos por toda la eternidad.

Evocó recuerdos hermosos y dolorosos; y al encontrarse con sus ojos oscuros, comprendió que él también los había recordado por completo.

Todas aquellas promesas rotas y vacías.

Ella parpadeó para alejar las lágrimas, pero él no.

La tenía sometida de las manos y él estaba a horcajadas de ella para que no huyera, sin dejar de mirarla a los ojos con intensidad, y poco a poco se le fueron llenando de lágrimas.

—¿Qué haces aquí? ¿Por qué viniste? ¿Qué buscas? —le preguntó con la voz ahogada.

Jakob Severin siempre había sido sensible solo con ella. Con nadie más.

—Si me liberas, te haré el favor de no saber a qué he venido—. Logró decir voz ronca—. Pero si me tienes aquí, sabrás la razón y no te gustará.

Jakob parpadeó y ella sintió las lágrimas de él cayendo en su rostro. Elara habría dado todo hacía varios años por estar así con él, viendo sus preciosos ojos en persona, pero ahora eran simples ojos oscuros que alguna vez la miraron con amor y que ella amó con toda su alma.

Ahora Elara amaba unos ojos grises que la miraban como la mujer más bella del universo.

—No sé a qué has venido y no me importa—susurró—, solo déjame cumplir ese sueño frustrado que jamás pude, por favor, Elara. Prometo que te liberaré después de eso.

—¿Qué crees que haces? ¡Dale una bofetada! —gruñó Friede junto a él.

—Ella es Elara Moreau, idiota. Jamás le pondría una mano encima a pesar de que me rompió el corazón.

Elara usó ese momento de vulnerabilidad para zafarse de él y se arrinconó junto a la puerta.

—Yo no te rompí el corazón, ¡Fuiste tú! —gritó Elara, encolerizada y giró el pomo, abriendo lentamente—. Te fijaste en esa asquerosa chica de enormes pechos y fingiste aun amarme cuando ya te la querías coger, Jakob.

—¡Eso no es verdad! ¡Te expliqué es de mis mejores amigas y además tenía novio! —intentó excusarse, pero Elara simplemente se encogió de hombros.

—Así que tú eres la famosa Elara Moreau, eh. Por tu estúpida culpa, Jakob no puede ser feliz—. La acusó Friede—. Cuando se le presenta la oportunidad de conseguir novia, él solo se sabotea porque tu maldito recuerdo lo atormenta.

—Que se le venga a la mente Elara, no significa que ella tenga la culpa, idiota—. Añadió Dante sabiamente. Él siempre había sido el único normal de todos sus amigos.

—Gracias, Dante—. Le agradeció ella y el chico le sonrió en complicidad.

—No creas que vas a salirte con la tuya. Estás aquí y vas a cumplirle la fantasía a mi amigo—. Aseveró Friede con tono lascivo.

Elara comprendió tardíamente a qué se refería cuando Friede y otros más la agarraron con fuerza y ella entornó los ojos al ver a Jakob cerrar la puerta con pestillo.

—¡Egon, ayúdame! —gritó con todas sus fuerzas.

—Nadie va a escucharte y si lo hacen, no podrán entrar—. Le aseguró Jakob.

Su semblante de inocencia había cambiado, ahora volvía a ser aquel con quien había discutido en redes sociales después de terminar, el que tenía la mirada oscura y despreciable, e irreconocible.

Había mostrado su verdadera cara, la que siempre ocultó cuando estaban juntos.

—No estarán pensando en abusar de ella, ¿verdad? Porque no lo voy a…

Elara gritó aún más cuando Friede golpeó a Dante hasta dejarlo inconsciente sobre la cama.

—¡Egon! ¡Auxilio! ¡No me toquen! —gritó ella con horror.

Afuera se escucharon paso acelerados subir por la escalera y todos se miraron entre sí.

—¡Aquí, Egon! —volvió a gritar ella, pero Friede le dio una patada en la cara, reventándole el labio.

Ella escupió sangre y aun así, no se rindió pese a tener las manos de cuatro hombres encima y ser observada por Jakob desde arriba.

—¡Abran esa maldita puerta o la derribaré! —vociferó Egon Schreitz desde afuera.

Jakob comenzó a desabrocharse el cinturón con rabia y tiró del cabello de Elara para levantarle la cabeza.

—¿Quién es ese sujeto de afuera? —le ladró. Jamás lo había visto tan molesto.

Ella sonrió y le escupió sangre a la cara.

—Tu peor pesadilla si no me dejas ir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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