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El precio de los sueños - Capítulo 11

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11: Capitulo 11.

Amor y odio 11: Capitulo 11.

Amor y odio Alina despertó con el sonido de algo que se rompió en la cocina.

Parecían platos.

Se levantó sobresaltada, se dirigió a la cocina y vio a su padre y Stella juntando los platos blancos del piso de madera de la cocina.

Su padre estaba haciendo más movimientos de lo que su cuerpo le permita y el accidente era algo esperado, minimizó el accidente diciendo que su brazo le falló de golpe, Alina sabía que era uno de los tantos síntomas de su tumor, ya lo había hablado con Marcos.

Solo deseaba que no empeorará de golpe , aún no tenían un presupuesto claro de cuánto dinero iba a salir el tratamiento completo.

Ayudo a su padre a juntar los restos de la cerámica rota, mientras Stella permanecía parada junto a mesada.

Alina observo que su sobrina ya no tenía vendas en su mano, en su lugar la piel estaba cubierta por un aposito antimicrobiano y en la mesa del comedor descansaban una serie de cajas con cremas, apositos de diferentes tipos y algunos libros de cuentos.

Terminaron de recoger los trozos de platos y ella se dirigió hacia la mesa, tomo una a una las cajas, leía sus componentes y las instrucciones de uso.

-Me las trajeron del laboratorio está mañana, son lo mejor que tienen para estos casos- le dijo su padre con tono orgulloso.

– Que bueno!.

Estos productos son geniales.

Mañana Stella tiene turno con la dermatóloga, va a evaluar las heridas de su carita- le contestó Alina y le dirigió una mirada cálida a Stella- vamos a hacer hasta lo imposible porque no queden cicatrices en tu carita, Stella-.

Stella sonrió detrás de las vendas pero se la notaba triste.

– También iremos a ver a tu mamá – agrego Alina de forma casual.

– Seguro la extrañas mucho.

– Si!

– Exclamó Stella sin ocultar su alegría repentina.

– Creo que debemos hablar de eso, Ali.

No creo que sea prudente llevar a Stella al hospital, ese lugar está lleno de bacterias y gérmenes y la salud de Stella es muy frágil.

En cuanto trasladen a Alexia a terapia Intermedia la iremos a visitar.

Alina asintió con un gesto en su cara, pero no estaba de acuerdo con ello.

No obstante, no discutió con su padre.

Jamás lo hacía.

– Voy a terminar de preparar el almuerzo- dijo su padre luego de que el silencio se prolongará más de lo necesario.

– Ahora tengo una ayudante de lujo y no quiero decepcionarla con el menú – agrego dirigiéndose a Stella con una sonrisa en su rostro.

– Entonces, no les quitó más tiempo ni inspiración – le contestó Alina sonando graciosa- me voy a duchar.

Unos minutos después la cocina estaba inundada de olores a especies, en la mesada descansaban las pechugas de pollo marinadas 24 hs antes con curry ( cúrcuma, comino y cilantro) y aceite de oliva mientras Augusto y Stella preparaban los vegetales, trozos de brócoli blanqueado, papas, batatas, calabazas y unos dientes de ajos estarían listos para ir al horno, con sal marina y aceite de oliva.

Stella parecía una niña feliz,ajena a sus heridas y a la ausencia de su madre, envuelta en una charla amena con su abuelo.

Alina termino de ducharse, se puso ropa cómoda y se desplazo hacia la cocina, se detuvo unos pasos antes de ingresar, la imagen frente a sus ojos le devolvía un recuerdo de su infancia pese a que estaba acostumbrada a esos olores, incluso antes de que su madre partiera su padre era quien cocinaba al mediodía.

Recordó a su padre en la cocina con Alexia, preparando el almuerzo, mientras ella llegaba del brazo de su madre del jardín.

Recordó los besos y abrazos y lo cálido que se sentía todo en esos años.

Su madre trabajaba en un laboratorio importante, muchas horas al día, pero siempre llevaba a Alexia a la escuela y a Alina al jardín antes de entrar a su trabajo.

Luego las recogía, almorzaban todos juntos, las niñas se quedaban a dormir la siesta con su padre y ella volvía al trabajo.

Su padre trabajaba solo de mañana, siempre había priorizado la carrera profesional de Alejandra.

Los recuerdos inundaban la mente de Alina, recordaba como su madre se esmeraba, estaba trabajando en un proyecto muy importante, decía que iba a revolucionar la medicina.

Su padre siempre la miraba con admiración, incluso decía que lo mejor que había hecho en su vida, además de a sus dos niñas, era dejar el modelaje y dedicarse a la medicina.

La admiraba.

Conocía de su capacidad intelectual.

Alina se había criado con un concepto de amor así, de admiración, de apoyo incondicional, de respeto mutuo.

Sin notarlo , las lágrimas comenzaron a trazar un río en su rostro, su padre lo notó, dejo lo que estaba haciendo y se acercó a abrazarla.

En silencio, esperando que su abrazo calmara a su pequeña.

– Quieres hablar de esto?

– le pregunto con voz suave – No papi.

Han sido días cargados de emociones tan diferentes!

Ya no sé si lloro de dolor o felicidad!

Es todo tan complejo!

– le dijo entre sollozos.

– Tranquila mi niña!

Todo va ir acomodándose de a poco, ya lo verás.

Ahora solo tenemos que pensar en todo lo que tenemos!

– El abrazo se prolongó un buen rato, Stella miraba la escena con una tenue sonrisa en sus labios.

Otra vez la tristeza llenaba sus ojos pero ellos no lo notaron.

Cuando Alina se desahogo lo suficientemente, se desprendió de los brazos de su padre y se dirigió al baño, debía lavarse la cara y estabilizar sus emociones.

El almuerzo estaba casi listo y el día recién comenzaba para ella.

Antes de ir a comer, reviso su teléfono celular, las llamadas perdidas y los mensajes eran muy por encima más numerosos que lo habitual.

Hizo una nota mental: “a partir de las 14 se dedicaría a contestar a todos” y se dirigió al comedor.

Su padre y Stella ya se encontraban sentados y listos para comer.

El almuerzo transcurrio con una atmósfera tranquila, entre charlas relajadas y preguntas a Stella.

Nada profundo, solo cosas generales para conocerla.

Gustos musicales, color, comida y bebidas favoritas, etc.

Stella respondía tranquila, cómo si estuviera acostumbrada a ese tipo de charlas.

Alina pregunto por su escolaridad y la niña le respondió que iba al Colegio San Bartolomé, que debía iniciar el tercer grado ahora.

Miro a su padre, el nombre no le sonaba pero lo buscaría luego.

-Creo que deberíamos pedir el pase y anotarla en un colegio cercano- le dijo Alina a su padre.

Su padre no respondió enseguida, hizo un gesto de desaprobación con el rostro y cambio de tema.

Alina se dió cuenta de que no quería hablar de eso.

El almuerzo finalizó y Stella se dirigió a la que era ahora su habitación, dormiría una siesta y luego verían una película animada con su abuelo.

Ambos adultos se quedaron de sobremesa.

Alina arranco la charla.

– Aquí encontré que el colegio de Stella esta en Rosario, tendremos que pedir el pase…- antes de que continuará su padre la interrumpió.

– No Ali.

No creo que sea prudente enviarla al colegio con esas heridas en su carita, además de que es un riesgo por lo sensible de su piel, los niños se van a burlar y no quiero que sufra más.

Sé nota que ha sufrido mucho.

– Te dijo algo?

Cómo se hizo eso?

Sé que no les quiso decir nada a los médicos ni a los psicólogos que la vieron- – No, pero a juzgar por el daño y su miedo fue algo intencional, me preocupa que haya sido Alexia.

– No, no podemos pensar que ell es capaz de algo así, es su hija, cómo puedes siquiera imaginarte algo así?

– Es tu hermana, y es mi hija, sé que la amas pese a todo al igual que yo pero no te olvides lo que fue capaz de hacer en el pasado.

Ella nunco superó lo de tu madre, sabés bien que ha tenido problemas siempre.

Sus adicciones…- le dijo al final con la voz quebrada, no podía continuar hablando.

Su mano temblaba y Alina temió por un ataque de epilepsia.

Lo abrazo.

Lo contuvo y le aseguro que se haría como el creyera mejor.

Después de todo, el solo quería lo mejor para su nieta.

Alina nunca le guardo rencor a su hermana, todo lo contrario, siempre había anhelado volver a verla, ahora que su vida estaba en peligro, solo podía pensar en las distintas formas de ayudarla.

Cuidar de Stella era una y la otra era encontrar un buen equipo médico que la salvará.

Con esas ideas en la cabeza Alina se dispuso a ayudar a su padre con su vendaje.

Debía quitar las gasas,limpiar con alcohol y volver a tapar con gasas limpias.

Al finalizar con eso, ella se fue a su habitación, necesitaba contestar los mensajes que seguían entrando a su WhatsApp.

Comenzó con los más importantes, Juan, Lisa, Teresa, siguió con conocidos que la felicitaban por la prensa recibida y luego por los desconocidos.

Algunos eran simples conocidos que ella no tenía agendado.

Les respondió con educación, agradeció su interés y no mucho más.

Siguió con los audios, gente que se presentaba cómo agentes de agencias de modelos y le ofrecían representarla, Alina los escuchaba y desestimaba al instante,siempre con amabilidad pero no le interesaban las promesas de las agencias, ella no quería viajar por el mundo, ella solo quería un trabajo en blanco que le permitiera pedir la tutela temporal de Stella y trabajos esporádicos que le permitieran cubrir los costos del tratamiento para su padre.

Perdió la noción del tiempo envuelta en redes sociales y WhatsApp.

Contestaba y mantenía charlas en simultáneo desde la computadora y su celular.

Estaba agotada.

Miro el reloj de su muñeca y vio que eran las 17 hs.

Su vista ardía.

Tenía que hacer algo productivo antes de terminar el día ya que sentía que no estaba haciendo nada.

Un mensaje nuevo entro a su WhatsApp, de Victor.

Le pedía un CBU o alias para transferirle el dinero del desfile, sintió un gran alivio.

Lo llamo.

Estuvieron hablando más de media hora, él se deshacía en halagos hacia ella y le ofrecía sus contactos para nuevos trabajos.

Le sugirió que se hiciera monotributista para poder facturar sus trabajos y que no se atara a ninguna agencia si no pensaba volverse una modelo profesional.

Alina se sentía muy a gusto con él, ya lo empezaba a considerar un amigo.

Un dolor en los hombros le recordó a Alina lo tensa que estaba y que necesitaba volver a su rutina de alguna forma, el estudio,el gym y salir a correr eran parte de su rutina hace unas semanas atrás, debía volver a eso mientras buscaba la forma de vivir del modelaje sin dejar la universidad.

Sus ojos estaban irritados de tanta pantalla, así que decidió dejar todo eso,se puso unas leggins cortas, unas zapatillas deportivas , un top y una remera suelta.

Todo negro.

Recogió su cabello en una trenza , se seguro de tener batería en su reloj y sus auriculares y salió de la habitación.

En el living si padre y Stella disfrutaban de una película animada, se despidió de ellos y salió con dirección al parque.

Camino unas cuadras, para ajustar el paso, activo su reloj y puso a reproducir su lista de Spotify favorita, Lenny Kravitz sonaba en sus oidos mientras su pulso se aceleraba al igual que sus pasos.

Comenzó a trotar, conocía en camino de memoria.

Los kilómetros pasaban mientras su tensión comenzaba a disminuir.

Amaba está sensación de liberad que le daban sus piernas sobre el asfalto del parque.

Le gustaba sentir el viento sobre su cara, la gente a su alrededor que parecía indiferente a su paso.

Disfrutaba de la sensación de paz que solo esa actividad solitaria le daba.

Aceleró el paso, se sentía liviana, aún le quedan 3 kilómetros más para cumplir con su objetivo del día.

Giro en una curva y sus pasos la traicionaron, tropezó con alguien de frente.

Una mano la tomo por la cintura mientras le pedía disculpas e intentaba evaluar sus potenciales heridas.

Se giró mientras intentaba incorporarse sola, en simultáneo que agradecía la ayuda para encontrarse con esos ojos verdes que ya conocía.

Federico.

Su pulso se aceleró, se trató de apartar pero él de manera profesional se negó a tomar distancia, la ayudo a sentarse en un banco cercano mientras evaluaba su rodilla.

Un raspón, superficial pero que dejaría una cicatriz fea sino se trataba rápido y bien.

Le ofreció ayuda, tenía un botiquín de primeros auxilios en su auto.

Ella se negó a recibir ayuda pero los curiosos comenzaban a acercarse y no le quedó más opción que aceptar la ayuda.

Una chica más joven que vio todo el incidente ofreció quedarse con ella mientras Federico iba por su botiquín.

– Que suerte, no?

No querrá curarme a mi también?

– le dijo sin pudor esa joven a Alina mientras Federico se alejaba.

Alina no le contestó, no le parecía adecuado el comentario.

La joven que no tenía vergüenza siguió con sus comentarios hacia Federico, sin dudas lo había miradp bastante.

– Hace siempre el mismo circuito , hace meses que lo veo y ni un hola- le agrego en medio de su parloteo- parece que solo tiene ojos para su novia.

Que suerte la tuya.

Le vas a pedir su teléfono, no?- continuo.

Alina solo ignoro sus comentarios y le agradeció su ayuda.

Le dijo que no estaba interesada en él e incluso estaba a punto de decir que lo conocía cuando lo vio cerca de ellas.

Su figura imponente, sus abdominales se marcaban debajo de su remera, sus cuádriceps se lucian sin ningún esfuerzo y sus bíceps eran la prueba de porque ella se sentía tan liviana contra su cuerpo.

Nuevamente sintió ese cosquilleo en su vientre, tenía que admitir que era atractivo.

Su mirada se quedó demasiada fija en él, al punto que se vio obligada a quitarla cuando se le arrodilló para aplicar desinfectante en su rodilla.

– Sucede algo- le pregunto con vos suave mientras buscaba sus ojos con su mano sobre su rodilla.

– No, solo creo que la caída…creo que me hizo mal- respondió Alina con la voz entrecortada y algo de nerviosismo.

– Te puedo llevar a tu casa, ya casi termine mi rutina de hoy- le contesto él.

– No creo que sea buena idea- le dijo ella intentando sonar casual.- Voy a llamar a mi novio para que me recoja – agrego con más firmeza.

– Ok.

No voy a insistir.

Sabes cómo cuidar la herida.

Usa un buen parche o te dejará una cicatriz.

– y diciendo eso, se incorporo, cerró su botiquín y retiró del lugar.

La joven que aún permanecía junto a Alina se acercó aún más a ella y comenzó a preguntarle por él, era obvio que se conocían.

Alina le respondió con amabilidad que solo lo había visto en la clínica y paso por próximos 15 minutos tratando de que la joven la dejara sola mientras le pedía a Lisa que pasara por ella.

25 minutos después del incidente notó a Lisa caminando en dirección a ella, Alina se relajo pero de lejos noto que no venía sola, José venía con ella.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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