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El precio de los sueños - Capítulo 12

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12: Capitulo 12.

El Perdón 12: Capitulo 12.

El Perdón Alina los vio acercarse y su cuerpo se tenso por completo de inmediato,la joven a su lado noto su nerviosismo pero siguio parloteando como si nada.

Lisa saludo desde la distancia , con una sonrisa amplia, a su lado José mantenía una expresión neutral.

-Hola amiga!

Qué te paso?

Un paso en falso?

– le dijo Lisa mientras se acercaba con toda su espontaneidad a cuestas.

Alina no alcanzo a contestar, antes que ella pudiera emitir alguna palabra, la joven se incorporo y extendió su mano en forma de acercamiento hacia Lisa y José.

– Mucho gusto, Valeria!

Vale para los amigos.

Soy su nuevo ángel de la guarda – les dijo con humor en su voz y sus gestos.

Ambos la saludaron, Valeria les contó una versión abreviada de lo sucedido, no mencio a Federico y cambio algunos detalles de la historia.

Alina asintió, no sabía porque está jovencita la ayudaba pero agradecio al universo su presencia.

Valeria no era ninguna ingenua, había notado que Alina conocía.

Federico y que el hombre que se presentó como su novio no era ningún santo, también miraba con algo de recelo a Lisa.

Los últimos años de su corta vida, habían entrenado a Valeria en muchos aspectos y uno de ellos era saber leer a las personas entre líneas.

José intentaba ser más amable de lo habitual, Alina trataba de mantener la distancia sin reaccionar mal, aunque aún le dolía aquella bofetada, no en la cara sino en su corazón.

Ella creía amar a José con cada célula de su cuerpo, juraba que solo tenía ojos para él pero algo se había roto en el verano, esa magia que los mantenía unidos ya no estaba, cómo si fuera un fino cristal rosa que había mantenido distorsionada la realidad de la pareja que en diciembre dejó de existir.

Recordaba que fue lo que rompió ese cristal, las imágenes se reproducían en su cabeza otra vez, los gemidos de esa adolescente contra la mesa del escritorio de José, la intensidad con que él la penetraban.

Lo absorto que estaba penetrando a esa adolescente que no noto su presencia.

Recordaba su ilusión destrozada, ella había ido a sorprenderlo a su oficina por su tercer aniversario, llevaba una tarta de crema y frutillas, la favorita de él.

Lo había llamado antes y él le dijo que iba a estar trabajando hasta tarde.

Alina se había estado sintiendo culpable por no pasar tiempo de calidad con el durante el último semestre, pero la exigencia de la universidad la mantenían alejada de toda vida social.

Así que preparo su pastel favorito y fue a sorprenderlo.

Ingreso sin problemas al piso donde estaba la oficina de la familia Ferreyra, el conserje la dejo entrar como de costumbre, atravesó 3 puertas y no encontró a nadie.

Siguió por el pasillo hasta que los sonidos del interior de la oficina de José le sacudieron el corazón, dudo, pensó que era un error, quizás otra persona con acceso a su oficina, abrió la puerta y allí estaban.

Los pantalones de él contra sus tobillos, ella completamente desnuda, con la espalda curvada contra el gran escritorio de roble oscuro.

El la penetraban con desesperación, cómo si su vida dependiera de eso.

Ella gemia sin ningún pudor, solo interrumpía los gemidos para pedir más, más fuerte, más adentro.

Alina se movió, se giro sobre sus talones y dió la vuelta.

La puerta se cerró detrás de ella y todo se detuvo, escucho la urgencia en la voz de José, los sonidos de ropa, zapatos y el roce de algún mueble.

Fueron apenas 3 minutos que parecieron una eternidad.

Ella salió primero, rubia, voluptuosa, no tenía siquiera 18 años, con un vestido que apenas tapaba sus nalgas.

Salió sin emitir palabras, acomodándose el pelo y tratando de controlar su respiración.

Él la siguió luego, con su postura firme.

Se paró frente a ella.

La miro mientras ella lloraba sin parar, sentada en un sillón en el pasillo, la tarta de frutillas descansando sobre su falda.

– Lamento que hayas tenido que ver esto- le dijo él sin una pizca de culpa en la voz.

– pero supongo que eso era lo que buscabas, sino porque otra razón vendrías a mi oficina a esta hora?- agrego Ella no podía hablar, un nudo cerraba su garganta , lo miraba sin ver.

– O vas a decirme que ahora eres una novia buena y solo venías a darme algo de amor?

Si fueras tan buena novia, tendrías sexo conmigo cada vez que yo lo necesito y no tendría que acudir a chicas fáciles para saciar mis necesidades fisiológica – continuo mientras ella solo lo miraba llorando.

Ponía enfasis en “novia buena” y ” necesidades fisiológicas” .

Siempre las mismas palabras, siempre el mismo argumento.

Siempre hacia que todo pareciera su culpa.

Mientras las imágenes se repetían en un bucle interminable Valeria seguía alargando la conversación.

Fue Lisa la que sacó a Alina del bucle.

– Seguro que estás bien, amiga?- insistió mientras la abrazaba.

-Si, solo un poco estresada por todo lo transcurrido de estos días- contesto Alina tratando de sonar convincente.

-Necesitas descansar- le dijo José mientras ponía una mano sobre su hombro- te ves fatal-.

Alina no tenía ganas de discutir, solo abrazo a Valeria cómo si fueran las mejores amigas, intercambiaron números telefónicos y se unió a Lisa y José que ya se dirigía había donde habían dejado estacionado el auto.

Enfrente, desde un Audi negro , alguien observaba la situación.

Valeria se dió cuenta y con gran disimulo, salió al cruce del conductor del auto.

Se acercó desde el costado opuesto a su posición original.

Golpeó el cristal del vehículo con mucha gracia.

La ventanilla se bajo.

Los ojos verdes de Federico aparecieron detrás de unos lentes negros.

-Asi qué voy a suponer que chocaste a mi amiga de manera intencional?

– lo increpo destacando con su tono de voz alegre la palabra “amiga”.

– No sé de que estás hablando!

– le contesto simulando sorpresa.

-Vamos!

Somos grandes.

Se te nota en la cara las ganas que le tenés!.

Y en lo personal el novio me parece un idiota.- -Asi que ese es el novio?

No parecía muy afectuoso!.

– Porque es un idiota.

Sí le hacía dos sonrisitas más me lo llevaba a casa con moño y todo.

Vale, un gusto.

– agrego con una sonrisa amplia en su rostro.

Él le tendió la mano, -Federico.

Espero poder decir lo mismo.- – Me vas a amar en unas semanas – agrego ella.

-Me llevas a mi casa?

Vivo a 3 cuadras de la tuya!

– -Siempre eres así de directa?- -Naaa.

Solo cuando me relajo con alguien.

Te veo siempre acá, ya somos como amigos-.

Federico abrió la puerta del acompañante y la invitó a subir.

– Tu rostro me resulta familiar – le dijo mientras conducía.

-Sip.

Soy la nueva hermanita de tu mejor amigo!

– Federico la miro con sorpresa, pero unió las piezas y si, en efecto.

Su mejor amigo había descubierto hace 2 años que su padre tenía una hija en Uruguay con otra mujer.

Alfredo hablaba de ella de vez en cuando, se notaba que era un gran problema para su familia ya que estaba viviendo sola en Argentina y era muy liberal para su gusto.

A Federico le resultaba simpática y alegre.

La llevo hasta su casa, se despidió de ella y le pidió que sea más cauta con la gente.

Ella asintió y se despidió desde el zaguán del edificio donde vivía.

Federico continuo su camino, llegó a su mansión pero al entrar se encontró con una situación caótica.

Si madre lloraba en el amplio living, abrazada a ella estaba Claudia y a su alrededor, había platos, floreros, vasos y cuadros rotos.

No sé explicaba que había sucedido,ya casi no recordaba cuando fue la última vez que su madre tuvo una crisis así.

-Fede, mi amor- dijo su madre buscando su abrazo.

– Que paso, mamá.

Estás bien?

– le pregunto mientras dejaba que ella se apoyará en su pecho para continuar llorando.

– Miralo tu mismo- le dijo señalando una serie de fotografías sobre la mesa de diseño del living.

Federico se acercó, mientras Claudia volvía a sostener entre sus brazos a su suegra.

Miro las fotos, conocía la secuencia, su padre y Alina.

Ese abrazo fraternal a la salida del hotel y luego Alina subiendo a la SUV de su padre.

Sabía que esas fotos eran falsas, pero como iba a desmentirlas.

Cómo explicarle a su madre y su novia que el se quedó 45 minutos esperando fuera del hotel.

Que vio como su padre se acercaba a la joven y como se retiraba, solo.

Como justificaba su espera sin parecer interesado en Alina.

Prefirió callar.

Solo abrazo a su madre y le dijo con voz suave: – Estás segura de que son reales?

Hay muchas fotos adulteradas con IA hoy en día,madre.

No pudo continuar, Claudia estalló en ese momento.

– Vas a defender a la zorra esa?

La misma que arruinói carrera?

La que me golpeó?

La misma que ahora rompe tu hogar?

– -No la estoy defendiendo.

Solo quiero que mi madre esté segura antes de acusar a mi padre de algo que no sabemos si cometió- agrego intentando parecer neutral.

-Ahi estás!

Cómo siempre!

Tomando partido por tu padre- le dijo su madre mientras lo empujaba a un lado.

En eso , Martin ingresaba al living, venía con el celular en mano.

– Ya está, esa zorra no va a conseguir trabajo de modelo en ninguna parte del país ni del mundo.

Me asegure de que su imagen quede por el piso- dijo con satisfacción en su voz.

– Todo va a estar bien, mami.

Se va a lamentar de meterse con esta familia.- -Gracias hijo!

Menos mal que estás siempre de mi lado- le dijo mientras se movía a su encuentro para dejarse consolar por su hijo más pequeño.

– He perdonado tantas veces a tu padre- le dijo a Martin con la cara apretada en su pecho- que ya no me quedan más perdones para dar.

Federico se sentía de más en ese espacio, solo se dió vueltas, subió por las escaleras de mármol y se dirigió hacia su habitación.

Claudia lo siguió detrás.

-No vas a consolar a tu madre?

No ves que está destrozada?

– lo increpo de espalda a mitad de camino.

-Mi madre ya tiene quien la consuele y yo tengo hambre, sueño y pacientes que me esperan está noche- le dijo sin darse la vuelta.

– Serás así conmigo cuando nos casemos?

– le pregunto con su mejor tono lastimero.

– Serás así conmigo cuando nos casemos?

– le devolvió la pregunta enfrentandola.- Me acusaras de buenas a primera?

.

La pregunta quedó suspendida en el aire, incómoda, inesperada.

Federico entro a su habitación y cerró la puerta detrás de el.

Claudia quedó en el amplio pasillo, mirando la gran puerta de madera blanca que daba a la habitación que compartía en esta casa con Federico.

Tomo una respiración profunda, se acomodo un mechon del cabello detrás de su oreja izquierda y se giro para volver al living.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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