El precio de los sueños - Capítulo 13
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13: Capitulo 13.
La peor amiga 13: Capitulo 13.
La peor amiga El silencio dentro de la camioneta era ensordecedor, incómodo.
Del tipo de silencio que aprieta el corazón hasta hacerlo crujir.
Alina iba en el asiento trasero, Lisa en el del acompañante, José conducía con ambas manos sobre el volante, sujetándolo con más fuerza de la necesaria.
Lisa rompió el silencio sepulcral.
: – ¿Con qué exquisites nos estaremos esperando a Augusto?.
Espero sea algún corte de carne jugoso, amo como cocina tu padre amiga!
ya quisiera yo tener a alguién así en mi vida- dijo mientras se giraba para mirar de frente a Alina.
-No sabía que los esperaban a cenar, papá.
No me dijo nada cuando sali de casa- le respondió Alina, sin poder ocultar su cara de sorpresa.
– Seguro te lo dijo pero estabas taaan ocupada en tu nueva vida de modelito que no lo escuchaste- agregó José, poniendo énfasis en las palabras “tan ocupada” y “modelito” y sin apartar su vista del frente.
-No seas cruel, Jos.
– intervino Lisa con voz dulce.- No voy a cansarme de decirte lo increíble que estuviste en ese desfile, amiga!
Pagano bien?
Vas a dedicarte a eso o aún quieres que le pida trabajo a mi tio en su bar- le pregunto a Alina, girada sobre su asiento con falsa preocupación.
-¿Ehhh?
trabajo en el bar de tu tio?
¿Alina?
ustedes dos deben estar locas.
No es un lugar para alguien como ella.- interrumpio José, elevando su voz más de lo necesario.
– Necesito un trabajo en blanco, para poder pedir la tutela temporal de Stella.
Con los ingresos de papá solo no nos alcanza- contestó Alina sintiendose cada vez más pequeña.
– ¿Y por eso vas a andar de puta por ahí?
por plata?
Podrias pedirme trabajo a mi, siempre estamos necesitando nuevos asistentes en nuestras oficinas.- siguio diciendo José, mientras agregaba argumentos de porque ella no debía trabajar en un bar, de las obscenidades que iba a tener que escuchar, de las veces que hombres sin moral iban a intentar meter la mano en sus pechos, de lo mal visto que era ese trabajo y de como afectaría a su imagen que su novia trabajar ahi.
Alina no lo escuchaba, siempre que José comenzaba a hablarle en ese tono, su cerebro se cerraba para no salir más herida, era su mecanismo de defensa, solo veia como gesticulaba con las manos con enojo.
Lisa interrumió con su voz casi angelical.
– Jos, no seas tan dura con ella.
Lo hizo con la mayor de las inocencias , además, yo no iba a dejar que nada malo le sucediera ahí- La charla entre ellos continúa, muy amena, demasiado.
Parecían muy cercanos, casi íntimos.
Alina solo miró por la ventanilla sin ver, perdida en su mente, buscando algún salvavidas virtual para no sentirse tan mal pero de golpe un recuerdo la golpeo.
Su padre hablandole a su hermana en forma obscena, tocando sus partes íntimas en el baño mientras ella lloraba.
Las lagrimas se hicieron presentes sin pedir permiso.
No sabía de dónde venía esa imagen, no la recordaba, creyó que era una mala jugada de su estresado cerebro, intentó convencerse de ello, pero la imagen se hacia más nítida, los detalles eran demasiados reales, el uniforme de 6to grado tirado en el piso del baño, la voz de su padre, el llanto de Alexia pidiendole que se detuviera, las amenzas de él, su respiración entrecortada y ese liquido viscoso que salia de alguna parte de su cuerpo y se escurria por la cara llena de lagrimas de Alexia.
Alina comenzó a temblar, Lisa se giró y comenzó a hablarle, la respiración de Alina se aceleró, se sintió sin aire, incapaz de respirar.
La camioneta detuvo su marcha, se estacionó en en cordón de la vereda, con las balizas encendidas.
Ambos bajaron del vehículo y se dirigieron a la parte trasera, sacaron a Alina de la camioneta, la sentaron en la vereda, algunos curiosos se acercaban, otros miraban y seguían su camino.
Era evidente que Alina estaba sufriendo un ataque de pánico, José lejos de calmarla solo le repetia que no era necesario hacer esas escenas mientras Lisa intentaba alclarla al presente contando en voz alta, en forma regresiva.
Una mujer rubia que venía transitando por la avenida detuvo la marcha de su vehículo, se estaciono en doble fila y se acercó a brindar ayuda, era la doctora Allende.
Luego de 10 minutos Alina volvio en sí, se aferró a los brazos de la doctora como si su vida dependiera de ello, la doctora Allende no se resistió, permanecieron así mientras el cielo se pintaba de tonos púrpuras, ajenas al ruido del entorno.
José hablaba mientras con alguíen por teléfono, culpaba a Alina y sus ataques de pánico por el retraso que llevaban, la doctora lo miraba de reojo por encima del hombro de Alina, decidió que ella ya estaba mejor, se soltó de su abrazo y le ofreció ayuda, una especialista en terapia conductiva conductual.
Se levanto de la fria y sucia vereda y se dirigió a su auto, busco una tarjeta, se volvió sobre sus pasos y se la tendió a Alina.
-Dile que vas de mi parte, la doctora Allende.
Ella te va a ayudar con esos episodios- le dijo con tono maternal mientras se despedia de ella con un abrazo.
Lisa agradecio la ayuda, José seguia impaciente caminando de un lado a otro con el teléfono en su oreja.
Lisa ayudo a su amiga a ingresar nuevamente en la camioneta, se sentó junto a ella en la parte trasera y desde alli, adelanto su cuerpo para ahcer sonar la bocina y llamar la atención de José.
– Ya estamos listas para seguir camino- le grito con tono alegre, como si todo fuera un juego.
José camino hacia ellas, subió a la camioneta y continuo el camino.
Llegaron al barrio de Alina, estacionaron en una de las avenidas más transitadas y se dirigieron de a pie hasta el edificio donde ella y su padre vivían.
José llevaba una caja en la mano, a juzgar por su presentación era una botella de vino, de esas caras con las que le gustaba ir a visitar a su suegro.
Lisa por su parte bajo con unos sobres de papel madera, contenian alguna documentación adentro.
Ingresaron al edificio con la llave de José, su suegro le habia facilitado una copia hace dos años, para que no tuviese que esperar afuera cuando Alina no estaba.
Ni bien llegaron al piso, el olor a comida los recibio, no necesitaron llamar a la puerta, Augusto los estaba esperando.
Se saludaron con amplias sonrisas y algarabía, ingresaron al departamento y una dulce Stella los estaba eperando, sentada en el living con un lindo vestido amarillo , se notaba vintage.
Lisa fue la primera en saludarla y elogiar su atuendo .- Era de mamá- respondió a los elogios la niña con timidez.
-Si, estuvimos sacando ropa del baúl de los recuerdos, hay muchas cosas que le quedan perfectas a Stellita!- dijo su abuelo.
-Qué bien- agrego Alina intentando sonar alegre.
– Que te sucedió?
qué le paso a tu rodilla?
te intentaron robar?- dijo su padre dirigiendose a ella con tono urgente, mientras señalaba su rodilla con ese vendaje.
– Tropece con un sujeto meintras corria, caí sobre la grava y me raspe.
Pero estoy bien.- contestó Alina evitando dar más detalles.
– Por qué no te das un baño mientras nosotros nos ponemos al día?
No vas a sentarte a cenar así, no?
– dijo de forma despectiva José.
Alina no contestó, solo se dió media vuelta y se dirigió al baño, minutos más tarde salió con sus pijamas de algodón.
– Te vas a ir a dormir sin cenar?- le dijo José interrumpiendo su paso.
-No, voy a cenar con ustedes, por?
– De pijama?
te parece?
Somos familia pero creo que no es lo más adecuado.- agregó José mientras su padre asentía con el rostro.
– Ahora me pongo algo diferente- dijó Alina y se fue hacia su habitación.
Se sentía tan infima, que apenas le salia la voz.
Su padre adoraba a José, siempre que tenia oportunidad le marcaba a Alina lo afortunada que era de tener a un novio como él , profesional, de buena familia y responsable.
Del living se dirijieron al comedor, separado de éste por una puerta corrediza , unificado a la cocina con una gran arcada , la mesa estaba tendida, platos playos, bols con ensaladas varias y el olor de la carne asada.
Augusto era un gran cocinero, le gustaba destacarse cuando se trataba de invitar a comer y esta no era una ocasión más.
La cena comenzó con una charla sobre medicina, sobre nuevos tratamientos para su tumor y el pedido hacia José: -Necesito que te encargues de eso.
Pasaron muchos años y esa causa sigue trabada.
No quiero solo que paguen por las patentes que le robaron a Alejandra, quiero que además nos compensen por daños y prejuicios, por mi, por ellas- agregó mientras señalaba a las mujeres de su familia y continuo con tono un tono plano – Gran parte de la fortuna de los Alvarez Soller se hizo con esas patentes, que deberieron ser mias como legitimo viudo y de mis hijas , ahora quiero que se haga justicia.
Ellas se merecen una vida de lujo.
– Pero papá, estamos bien así.
Siempre dices que más plata solo trae más problemas- interrumpio Alina.
José y Lisa se largaron a reir, como si estuvieran compartiendo algun chiste.
-Probecita, la has criado muy bien, Augusto, pero tu hija no deja de ser ingenua.
Siempre tan humilde y sencilla- dijo Lisa entre risas.
la cena continuo, Alina no volvio a hablar hasta que se excuso para acompañar a Stella a lavarse los dientes para ir a dormir.
Se tomó más tiempo del necesario, realmente no estaba a gusto en su propia casa.
Se sentia ajena, como una intrusa.
-El otro tema del que debemos hablar es de Stella- dijo Augusto cuando Alina por fin volvio al comedor.
– Quiero su tutela total, independientemente de quién o quienes la reclamen, incluso, por encima de su madre.
La criare yo.
Será mi hija.
Lisa deslizo un conjunto de papeles y una lapicera.
– Aquí esta todo lo que necesitamos para iniciar los tramites – le dijo con una sonrisa distinta en su rostro.
Augusto firmo todo sin leer.
Lisa guardo los papeles y la cena continuo con charlas sobre estrategias legales y posibles testigos para la demanda contra los laboratorios Alvarez Soller.
De golpe , Augusto comenzó a temblar, su pulso se acelero, su cara se comenzó a torcer de manera antinatural.
Alina no alcanzó a levantarse de su silla antes de que su padre se cayera al suelo.
El caos lo envolvió todo, Alina intentaba sostener a su padre mientras José llamaba a una ambulancia.
Los minutos siguientes se sintieron como horas.
Lisa se adelanto para guiar a los del servicio de emergencia, firmo papeles y autorizo el traslado a una pequeña clinica privada en una localidad cercana y se ofrecio a cuidar de la pequeña Stella.
José acompaño a Alina a la clinica, en silencio absoluto.
Cuando finalmente todo tomo un pulso más tranquilo, Alina llamo a Lisa para preguntarle por Stella y darle la noticia.
Su padre se encontraba en coma inducido, el tumor habia ocacionado un ACV y su vida peligraba.
Estaba destrozada, pero eso no sería lo peor de la noche.
Lisa no contestaba, Alina intentaba una y otra vez.
Al 5to llamado, Lisa contesto : – Qué sucede “hermanita”?
– le dijo con sarcasmo.
Alina le conto todo mientras no paraba de llorar, Lisa en vez de apenarse se comenzo a reir de una froma maniática.
– Asi que existe una justicia divina después de todo y nuestro padre va a comenzar a pagar por sus pecados- Alina se quedó muda, mirando a José sin decir una palabra.
– Te diría que lamento mucho que te estés enterando de esto justo ahora, pero no es así, realmente estoy disfrutando de como tu vida perfecta se desmorona.
Bienvenida a tu infierno “hermanita”- La llamada se corto, José la miraba con una sonrisa en sus labios.
– Ahora si, creo que se termino la farsa, Ali.
Es hora de que paguen por sus pecados- le dejo mientras se acercaba de manera lenta, como un cazador que tenia rodeada a su presa.
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