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El precio de los sueños - Capítulo 14

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14: Capitulo 14.

El principio del fin 14: Capitulo 14.

El principio del fin Alina se quedó paralizada, con su pulso acelerandose de manera desafinada, sus ojos se desenfocaron, el pasillo se sentia cada vez más frío, sus piernas y manos comenzaron a temblar mientras José la miraba con una sonrisa burlona en su rostro.

Acorto lentamente la distancia entre ellos, buscando generar más dramatismo al momento, acaricio su mejilla, de forma lenta y calculada, seco con su pulgar las lágrimas que se juntaban y desbordaban como una represa rota sobre su rostro.; sujeto su cara con ambas manos, con más fuerza que la necesaria y puso un beso en sus labios; la jalo del pelo yy susurro en su oido: – Ahora serás mi puta el resto de tu vida- soltó su cabello y la sujeto del brazo, la arrastro por el pasillo, aunque ella no se resistía.

Cruzaron a dos médicos y una mujer en su camino hacia la salida de la pequeña clínica pero ninguno ofrecio ayuda, cada uno sigue por su camino sin mirarla.

Llegaron a la calle, quitó el seguro de la camioneta, entró y le dijo que subiera.

Alina se quedó parada afuera, queria correr, alejarse, pedir ayuda, reaccionar pero su cuerpo y su mente estaban desconectados.

El miedo la paralizaba, siempre el miedo la paralizaba.

José bajo, se dirigió hacia ella, abrió la puerta del acompañante y la empujo adentro.

Algo en Alina se encendió, su instinto de supervivencia la invitaba a pelear, sacudió su puño y se conectó con la mandibula de José.

La reacción del otro lado fue mucho peor de lo esperado, el tomo de los pelos, la insultó, le pego un puñetazo en el estomago, ella se retorció y grito pidiendo ayuda, pero él no se detuvo, la sacó de la camioneta, el tiro al piso, pateo su vientre, su espalda y su cabeza, la sangre comenzaba a correr por el rostro de Alina.

Cuando ella dejó de gritar, acurrucada sobre la vereda, protegiendo su rostro con sus brazos, la levantó del cabello y la obligo a subir a la parte trasera de la camioneta.

– Si te levantas, gritas o intentas respirar más fuerte de lo que me gusta, te voy a deformar la cara a golpes, ¿me escuchas?- le dijo mientras se acercaba a su rostro y la obligaba a mirarlo.

Ella no respondió, apenas si podía respirar.

– ¿Me escuchaste?

Cuando te hago una pregunta quiero que respondas  -Si-, susurró ella.

-Así esta mejor- le contestó y cerro la puerta del vehículo.

Cuando iba a subir del lado del conductor, notó que una pareja lo observaba desde la vereda de enfrente.

Le preocupaba que hubiesen visto algo así que se acerco diplomáticamente.

– Todo bien, chicos?

– les preguntó.

-Si, nos preguntabamos lo mismo, respondió la joven tomando coraje- nos pareció que estabas peleando con alguién.

-Si, con mi hermano, esta ebrio y se negaba a ser llevado a casa, así que tuve que subirlo a la fuerza pero esta tan ebrio que ahora no puede ni incorporarse en su asiento- dijo tratando de sonar casual.

-Es la misma historia siempre- agregó.

-Uhh.

Que mal.

Espero no te cause muchos problemas- intervino el joven de la pareja.

-Espero lo mismo- contestó José.

-Gracias por preocuparse chicos- agregó y se despidió de la joven pareja.

Las cosas no estaban saliendo tan pulcras como a él le gustaban, esa reacción de Alina no la esperaba, habia pasado tres largos años haciendola sentir poca cosa, denigrandola cada vez que tenía la oportunidad, asegurandose de parecer el novio perfecto en público pero hiriéndola de todas las formas psiquicas posibles , fue prolijo, metódico, nunca un insulto sin luego un beso , nunca un grito sin luego una disculpa ensayada.

Juraba amarla una y otra vez, le decía que su reacción era por su culpa, que lo hacia sentir impotente y que nunca encontraba la forma de expresar su frustración de manera adecuada porque ella nublaba su juicio.

La esperaba a la salida de la universidad con flores despúes de cada discución, una vez hasta colocó una pancarta en frente del edificio donde ella vivía diciendo : “Ali, te amo”.

Pero nunca habia usado la violencia física con ella, porque en el fondo temía que eso implicara una rutura inmediata y ese no era su ´plan, ni muchos menos el de Lisa.

Trato de calmar su pulso, mientras se dirigia a toda velocidad a la “casita del amor”, así le llamaban con Lisa a su refugio en una zona rural, donde dejaban que sus instintos más profundos y perversos salieran a flote, allí donde toda la suciedad de sus cabezas era expuesta como un sucio lienzo.

Llego mucho más rápido de lo previsto, Lisa aún no había llegado.

Obligo a una disminuida Alina a bajar del vehículo.

Abrío la puerta, el olor impacto en el olfato de Alina y la hizo reaccionar.

Olor a alcohol, a algo quemado, a sudor y algo más…olor a sangre.

Avanzaron por el que parecia un living, la empujo al llegar a una puerta que permanecía cerrada, sacó una llave y la abrió.

Un suave gemido se escucho del interior de la habitación que estaba absolutamente a oscuras.

Encendió la luz, focos rojos iluminaban tenuemente el espacio, un sommier con las sábanas desparramadas junto a un cuerpo que apenas se movía.

Alina se espanto, sin querer su garganta emitió un sonido de horror, intentó girarse para salir de ese lugar pero sus reacciones eran lentas y el agarre de José parecia haberse vuelto más firme de lo habitual.

– Emma, no asustes a tu nueva amiga- le dijo dirigiendose al cuerpo que intentaba moverse entre las sábanas mientras empujaba a Alina sobre la cama.

Tomo dos esposas de la mesa de luz que estaba a la derecha de la cama y se la puso mientras ella intentaba resistirse.

La volvió a golpear, esta vez en el rostro.

Entonces Alina dejó de luchar.

Se quedó inmóvil, tanto como aquel cuerpo que yacía a su lado.

Vió como José se alejaba y la puerta se cerraba detrás de él con el sonido de la llave.

Entonces se permitió llorar aún más fuerte, con desesperación, como si las lágrimas lograran arrancarle el dolor que estaba sintiendo.

Todo aquello que creía saber sobre su novio y su mejor amiga se había desvanecido, en su cabeza comenzaban a aparecer imagenes y episodios que gritaban peligro por todos lados, las veces que Lisa la convenció de no romper la relacion con él, las veces que el se ponía violento y rompía objetos frente a ella, las veces que Juan le decía que no el gustaba la forma en que la trataba, lo posesivo que era con ella.

Recordaba a Lisa preguntandole por su padre, que tan amoroso había sido con ella de niña, preguntando por Alexia, por su madre…por todo lo que hacía de su mundo un lugar perfecto y feliz pese a la ausencia de esas dos mujeres.

Lloraba, era todo lo que podía hacer.

Su cabeza no le permitía pensar en nada más que no sea llorar y culparse.

Ahora se encontraba allí, en un lugar que no conocía, con una chica tan desnuda como inconsciente a su lado, sin poder escapar, sin poder pedir ayuda, pensó en gritar, en pedir auxilio pero su cuerpo le dolía demasiado para soportar otra paliza.

Se obligo a sí misma a calmarse, recordo ejercicios de mindfulness, trató de buscar dentro de sus herramientas algo que le permitiera pensar con claridad.

Tenía que salir de allí, debia encontrar a Stella, pero sobretodo, debía sobrevivir.

De a poco sus lágrimas se fueron apagando, intentó hablarle a la chica que permanecia casi inmóvil a su lado, pero ésta no reaccionaba, entonces si dió cuenta de que estaba drogada, había varias jeringas usadas en la mesa de luz, botellas de alcohol con restos de su contenido.

La habitación era ciega, ni una ventana, ni un ventiluz, aunque no estuviera esposada, no podría salir de allí por otro lugar que no sea la puerta.

Prestó atención a los sonidos del exterior, nada, ni autos ni voces, ni música, solo el sónido de alguna vaca a la distancia, todo le indicaba que estaba en una zona rural.

De a poco, su mente se fue calmando y paso del pánico a la estrategia, debía salir de allí viva y por voluntad de su captor.

Lo llamo una vez, lo llamo dos y nada…solo silencio.

Dejo pasar un rato y lo intentó otra vez.

Volvió su voz más dulce, más tranquila, lo llamo con un dejo de ternura en su voz, la respuesta fue inmediata.

La puerta se abrió, José apareció con un vaso de vino en la mano.

– Necesito ir al baño, por favor- le dijo suavemente.

– Así me gusta, buena chica- le respondió él mientras se arrimaba a ella para quitarle las esposas.

la guio hasta el baño y la espero afuera.

– Estoy sucia y con sangre- le dijo ella minutos después mientras abria la puerta del baño.

-Me puedo bañar?

y tendrás gasas y alcohol para mis heridas?

– La ducha esta en el otro baño, creo que puedo conseguirte gasas e incluso un analgésico, Lisa no vendrá hasta mañana al mediodia, así que si te portas bien, quizás no te puedas bañar – le contestó intentando sonar amable.

– Gracias- Le respondió suavemente ella, su voz era una mezcla de sumisión y frialdad.

-Gracias?

vas a tener que hacer algo más que darme las gracias.

Higienizate y lava bien tu hermoso trasero, hoy me vas a dar todo lo que nunca me diste- le dijo en tono amenazante mientras palmeaba sus glúteos.

Alina obligó a su cuerpo a responder pese al miedo que circulaba por su sangre, se desplazo lentamente al otro baño mientras él la drigia.

Entró, era grande, cómodo, lujoso, como el resto de la casa, podí notarlo pese a que todo estaba a media luz.

Lavo su cuerpo bajo el agua de la ducha fria para ayudar a su mente a centrarse en el presente sin entrar en pánico.

Analizó cada una de sus posibilidades, ni luchar ni resitirse parecian buenas ideas.

Recordó a su madre y aquella vieja lección que antes habia parecido ireal y que ahora tenía sentido: – “hay veces que la mejor forma de luchar es cediendo” le habría dicho una tarde mientras la peinaba junto a Alexia y hablaban de un episodio del colegio, donde una niña no se defendió de otra luego de que la primera le tirara del cabello.

Con ese recuerdo en carne viva y tratando de parecer fuerte salió del baño con una toalla envuelta.

José permanecia a pocos pasos del baño, con un cigarrillo en una mano y su vaso de vino en la otra.

– Quitate la toalla- le dijo cuando la vio.

Ella obedecio y la dejo caer.

-Vení, arrodillate y chupamela bien chupada-.

Ella nuevamente obedecio.

El resto de la noche transcurrio entre las solicitudes de él y abediencia de ella.

Uso su cuerpo hasta el cansancio, la obligó a masturbarse frente a él, la filmo, mordio, chupo y abuso de su cuerpo tantas veces como quiso, ella solo se movia como un fantasma, evitando pensar.

LLevaban más de una hora en ese juego perverso en el que la sometia una y otra vez, hasta que tomo un recipiente de lubricante.

-Toma, ponete en cuatro- le dijo mientras le daba el lubricante.

-Lubricate bien el orto.

Ella nuevamente obedecio, su cuerpo temblaba pero no iba a mostrarle más debilidad a ese mounstro, tenía que sobrevivir.

Se puso en cuatro patas, lubrico su ano con lentitud, eso hizo que el perdiera el control de la situación , estaba muy exitado para pensar con claridad.

La tomo por atrás, con fuerza, sin preservativo, ella se sacudió, grito, sentía el calor extenderse por su cuerpo, él continuo, con fuerza, con violencia, sin control.

A los 5 minutos habia acabado dentro de ella, se dejo caer a su lado, desplomado por el cansancio y el esfuerzo físico.

La abrazo – Buena chica- le dijo antes de dormirse profundamente.

Alina aprovecho el momento, era hora de huir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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