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El precio de los sueños - Capítulo 23

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  3. Capítulo 23 - 23 Capítulo 23- Sangre y silencio
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23: Capítulo 23- Sangre y silencio 23: Capítulo 23- Sangre y silencio El celular vibró por tercera vez en la mesa.

Alina lo miró sin tocarlo.

Federico Álvarez.

Había llamado, escrito, insistido.

Ella no podía contestar.

No podía explicarle dónde estaba.

No podía arrastrarlo a este mundo.

Miranda entró al cuarto sin golpear.

—¿Él otra vez?

—preguntó, señalando el celular.

Alina asintió.

Miranda suspiró.

—Los hombres buenos son los más peligrosos cuando no entienden lo que pasa.

No porque hagan daño… sino porque intentan salvarte sin saber de qué.

Alina bajó la mirada.

—No quiero que se meta.

—No va a meterse —respondió Miranda—.

No mientras yo esté de por medio.

Además, se casa en breve, el doc.

-¿Cómo sabés quién es?- preguntó desconcertada Alina.

-Revise.

Averigue- le contestó de modo casual.

En el living, las chicas conversaban entre risas.

Alina se sentó con ellas, todavía sintiéndose fuera de lugar.

Nadia le ofreció un té.

—Tomá.

Te va a hacer bien.

Roxy la observó con curiosidad.

—¿Ese médico es tu novio?

Alina negó rápido.

—No.

Solo… me ayudó.

Ingrid sonrió con un dejo de ironía.

—Los hombres que “solo ayudan” suelen ser los más peligrosos para el corazón.

Alina sintió un calor extraño en el pecho.

No quería pensar en Federico.

No ahora.

La puerta del departamento sonó como un trueno.

Miranda frunció el ceño.

—Nadie sube sin mi permiso.

Vera abrió.

Y ahí estaba.

Lisa.

Con el cabello rojo desordenado, los ojos encendidos de furia y un temblor en las manos que no era miedo: era rabia.

—¿Dónde está?

—escupió—.

¿Dónde está mi hermana?

Las chicas se quedaron en silencio.

Miranda avanzó con calma, como una pantera que no necesita demostrar su poder.

—No tenés permiso para estar acá —dijo.

Lisa la ignoró.

—¡Alina!

—gritó—.

¡Salí!

Alina apareció en el pasillo, pálida, con el corazón golpeándole las costillas.

Lisa la vio y sonrió.

Una sonrisa torcida, rota.

—Así que acá estabas.

Con la reina de las putas de lujo.

Miranda no se inmutó.

—Cuidá tu boca, nena.

No estás en posición de insultar a nadie.

Lisa se dio vuelta, furiosa.

—¡Ella es mía!

—gritó—.

¡Vos no podés tocarla!

Miranda levantó una ceja.

—¿Tuya?

¿Desde cuándo las personas son propiedad?

Lisa apretó los dientes.

—Desde que mi papá decidió que ella sí era su hija y yo no.

El silencio cayó como un golpe.

Alina sintió que el aire se le escapaba.

—Lisa… —susurró—.

No es mi culpa.

Lisa rió.

Una risa rota, desesperada.

—¡Claro que es tu culpa!

—gritó—.

Él te amó a vos.

A vos.

A la hija perfecta.

A la que sí quiso.

A la que sí reconoció.

A la que sí cuidó.

Se acercó, temblando.

—¿Y a mí?

—susurró—.

¿Sabés qué me dio a mí?

Nada.

Ni un apellido.

Ni un abrazo.

Ni un lugar.

Me dejó tirada.

Me dejó con mi mamá, que me vendió al primero que pagó.

Me dejó en la calle.

Y solo me salvo Estteban.

Alina sintió un nudo en la garganta.

—Lisa… yo no sabía.

—¡No tenías que saber!

—gritó—.

Solo tenías que pagar.

Miranda dio un paso adelante.

—Se terminó —dijo—.

Ella está bajo mi protección.

No vas a tocarla.

No vas a acercarte.

No vas a amenazarla.

Lisa la miró con odio puro.

—No podés detenerme.

Miranda sonrió.

Una sonrisa fría, peligrosa.

—¿Querés apostar?

Lisa se quedó inmóvil.

Sabía que no podía ganar.

Miranda tenía contactos, dinero, poder.

El tipo de poder que podía desaparecer a alguien sin dejar rastro.

Lisa respiró hondo, temblando.

—Esto no terminó —dijo, mirando a Alina—.

Vos me quitaste a mi papá.

Yo te voy a quitar todo lo que amás.

Y se fue.

Golpeando la puerta con tanta fuerza que las paredes vibraron.

Miranda se acercó a Alina.

—¿Estás bien?

Alina negó.

No estaba bien.

No iba a estar bien por mucho tiempo.

Miranda le puso una mano en el hombro.

Un gesto firme, casi maternal.

—Lisa está rota —dijo—.

Y la gente rota hace daño.

Pero no te preocupes.

No va a tocarte mientras estés conmigo.

Alina tragó saliva.

—Ella… dijo que somos hermanas.

Miranda asintió.

—Lo sé.

Esteban me lo dijo hace años.

Pero no era mi historia para contar.

Alina sintió que el mundo se le movía bajo los pies.

—¿Por qué me odia tanto?

Miranda la miró con una mezcla de compasión y dureza.

—Porque vos tuviste lo que ella nunca tuvo: amor.

Y la gente que crece sin amor… aprende a destruirlo en otros.

Alina cerró los ojos.

Le ardían.

Miranda suspiró.

—Descansá.

Mañana hablamos del resto.

Pero Alina sabía que no iba a dormir.

No esa noche.

No con la voz de Lisa resonando en su cabeza.

“Yo te voy a quitar todo lo que amás.” Y lo peor era que, por primera vez en mucho tiempo, había alguien a quien empezaba a amar.

Y eso la aterraba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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