El precio de los sueños - Capítulo 3
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3: Capitulo 3.
Recuerdos 3: Capitulo 3.
Recuerdos Alina regreso al piso 2, su mejor amigo estaba jugando con su sobrina, sentado en el piso del pasillo, su hermana sentada en una de las sillas, mirando la nada.
Tenía la mirada perdida, parecía que había envejecido 10 años más.
Su cuerpo se notaba flaco, subnutrido, sus ojos hundidos detrás de unas ojeras que no eran de esta semana.
Su piel opaca y su cabello que alguna vez fue rubio natural, tenía restos de tintura rojiza.
Se la notaba agotada, consumida, abatida.
No quedaba nada de aquella adolescente que con 16 años huyo de su casa con su novio.
Alina aún recuerda esa tarde, Alexia entro en su habitación con un palo de amasar que había tomado de la cocina y comenzó a golpearla, mientras la insultaba y le decía con el frenesí que solo podía darle alguna sustancia tóxica “no vas a quitarme lo mío, no vas a quitarme lo mío”.
Los gritos alertaron a su vecino que entró derribando la puerta y la saco inconsciente de la habitación mientras Alexia se quedaba parada junto a la ventana .
Otros vecinos vinieron a auxiliar, y en cuestión de minutos, las sirenas de las patrullas se empezaban a sentir.
Alexia huyo en el revuelo, se escapó en una moto que la esperaba en la esquina del edificio.
Alina estuvo internada 15 días, los golpes habían dejado heridas graves en su cráneo, sus piernas y brazos.
Desde ese entonces, Alexia no fue vista nunca más, pese a que su padre la busco durante años, incluso diciendo en los programas de televisión que la perdonaba.
Alina no volvió a bailar ballet nunca más pese a que su recuperación fue exitosa, su fémur derecho nunca quedó del todo bien.
Se detuvo en el pasillo mientras los recuerdos de esa tarde inundaban su memoria, memoria que le llevo años sanar.
Y ahora estava ahí, cómo si nunca se hubiese ido, cómo si nada hubiese pasado.
Reclamando su lugar de hija.
Unas lágrimas se escaparon de los ojos de Alina y antes de que pudiese deterlas unos brazos la sujetaban por la espalda, el perfume era familiar.
Se volteo para encontrar a su novio frente a ella : – Qué sucede hermosa?
Cómo está tu padre?
Vine ni bien desperté- su tono demostroba preocupación o quizás culpa por no haber llegado antes.
Otra persona se suma al abrazo, Lisa, su mejor amiga, también estaba ahí.
Ante esa imagen tan fraternal , Alexia se movió de su silla hasta donde estaban ellos.
– No me vas a presentar a tus amigos?
– reclamo Alexia.
Lisa se volteo y contesto: – que haces aquí?
Con que derecho apareces en este momento,?
– Con el derecho de ser hija de mi padre, falsa pelirroja !
– le retruco Alexia En eso una puerta se abrió y un doctor salió -Disculpen pero hay pacientes descansando , pueden continuar con su diferencias afuera del edificio?
Oficial, acompañe a estos individuos a la salida- dijo y se dirigió a un oficial de policía que ya se había acercado para ver que era el alboroto.
– Acompañenme- dijo educadamente el oficial.
En eso, Alina saca su cara del pecho de José y se voltea para hablar con el oficial pero el doctor la interrumpe antes de que pueda emitir ni una sola palabra.
-Alina, querida!
No sabía que estabas aquí?
Que sucedió?
Estás bien?
– dijo dirigiéndose a ella he intentando abrazarla.
-Mi padre fue asaltado, se encuentra en terapia Intermedia.
El doctor Álvarez me dijo que estaba estable pero que si estado era delicado- le contesto Alina intentando contener las lágrimas que se acumulaban bajo sus ojos, producto de todo lo que estaba sucediendo.
– Ohh, cuanto lo siento.
Pasa por favor, debo tener su parte médico en mi oficina.
Si a los demás no les molesta, por favor, hagan silencio o me veré obligado a pedir que los retiren.
– Gracias doctor Estévez – le contesto Alina mientras aceptaba la invitación a ingresar a su oficina.
– Siento mucho esto, pequeña.
Debes sentirte fatal- le dijo mientras la llevaba contra su pecho y acariciaba su espalda de una manera poco profesional.
Alina rompió en llanto otra vez y pese a que le incomodaba la situación, peor se sentía afuera con su hermana.
-Llamame Héctor, pequeña, siempre te lo he dicho, para mí alumna favorita soy Héctor- le decía mientras hundía su nariz en el cabello de Alina y apretaba más su cuerpito contra el de ella.
Alina recuperó la compostura y se apartó suavemente para sentarse en una silla.
Tomo un pañuelo y se secó las lágrimas.
Héctor sintió la indirecta y se acomodo frente a ella, en otra silla, con sus rodillas rozando las de ella.
– Aquí está el parte médico – comenzó y enseguida se quedó en silencio, encontró un punto de vulnerabilidad en esta situación y un camino para llegar a lo que desde hace 3 años anhelaba, llevar a la cama a su joven estudiante.
-Alina, que sabés de la salud de tu padre?
– comenzó dulcemente.
-El doctor Álvarez me dijo que tenía alguna enfermedad y me pidió que me contacte con su médico clínico pero aún no lo hice- contesto Alina sin sospechar las intenciones de fondo.
– Mira, no te voy a mentir pero quiero que estés preparada para cuando te dé la noticia, tu y yo sabemos perfectamente de lo que vamos a hablar.
Tu padre tiene cáncer y a juzgar por los resultados de los análisis realizados en el laboratorio, muy avanzado.
Alina se quedó helada, su mente no podía procesar la información.
Rompió en llanto.
Héctor se arrodilló frente a ella y la abrazo, mientras acariciaba su espalda e incluso besaba sus mejillas dándole palabras de consuelo.
En eso un sonido fuerte vino de afuera, un vidrio estallo y se escuchó un disparo, gente corriendo y alguien pidiendo a gritos un médico de urgencia.
Todo fue un caos, ambos salieron de la oficina para encontrarse con el cuerpo de su hermana en un charco de sangre y su pequeña Stella no estaba.
Las horas siguientes fueron todas de tensión.
Alexia entro en terapia intensiva, Alina dono su sangre A positiva para una transfusión a su hermana.
Pidieron más dadores.
La policía buscaba a Stella por todos lados, nadie la había visto.
Nadie la encontraba.
Las horas pasaban y todo se había derrumbado en su vida.
Héctor seguía ahí, al igual que José que lo miraba de reojo y Juan junto a Lisa.
La policía le tomo declaraciones a todo los presentes.
La señora mayor que estaba desde temprano juraba y re juraba que la niña estaba junto a su madre hasta 2 minutos antes de escuchar el disparo.
Las horas seguían transcurriendo.
Teresa apareció solo un instante para abrazar a Alina y ofrecerle ayuda.
Le llevo un recipiente con pollo y verduras grilladas (las favoritas de Alina).
Alina se negaba a dejar el lugar pese a la insistencia de todos.
-Vamos amor, solo ven a casa a darte un baño y comer algo y luego volvemos- le insistía José.
-Si amiga, o si prefieres puedes venir a casa a ducharte, podemos pasar por tu departamento ante para buscarte ropa.
– Gracias, pero si papá despierta quiero que sea lo primero que vea,además, Stella puede estar encendida en algún lugar dentro de este edificio y quizás me necesite.
Ropa y comida ya me trajo Teresa e incluso toallas húmedas por si necesito higienizarme- respondío Alina a ambos.
Aún tenía la camisa blanca manchada con la sangre de su hermana, al verla tendida en el suelo, se había acercado para abrazarla- no te mueras, te perdono, no te mueras- le alcanzó a decir .
La situación de Alexia era crítica, la bala perforó su pecho y destruyó su auricula derecha.
Los médicos eran poco optimistas pero siempre hay lugar para los milagros.
-Ustedes vayan, hagan tranquilos si necesito algo,los llamo- les dijo dirigiéndose a los tres.
-Ni sueñes que te voy a dejarte sola acá con el carancho de Héctor dando vueltas- acotó José – Qué?
Enserio vas a hacerme una escena por Héctor?
Me dobla en edad!
Es un gran profesor y siempre ha sido muy amable conmigo.
En esta situación lo último que necesito son tus celos- le recriminó por lo bajo Alina pero con un gesto en la cara que decía más que mil palabras .
– Ali tiene razón , Jos, no es momento para estás cosas.
Yo me voy así te doy espacio- Dijo Lisa.
– Me llevas?
– le pregunto a José de forma casual.
– Ok.
Nos vamos pero quiero estar al tanto de todo- le contesto José a Alina.
Y clavo un beso en su boca aunque Alina no fue muy receptiva.
– Yo también me voy Ali, pero sabes que mi teléfono está disponible a cualquier hora para ti- le dijo Juan.
Y la abrazo.
– Lo sé Juani, y agradezco todo lo que hacen tu y tu madres.
Dile a Teresa que estoy bien y que no debió tomarse tantas molestias- le contesto Alina mientras prolongaba el abrazo y las figuras de José y Lisa se alejaban por el largo pasillo.
– Antes de que me olvide, te traje esto por si deseas distraerte un rato, puedes hacer anotaciones en los power point , no me voy a ofender- le dijo Juan mientras sacaba una tablet de su morral y se la dejaba a Alina.
Alina lo volvió a abrazar – Gracias, eres lo mejor del universo- le dijo.
– Ok, estás muy sensible hoy- le respondió Juan con una sonrisa.-Avisame cualquier cosa, si?
– Lo haré, te lo aseguro.
Gracias.
Juan se alejaba por el pasillo, Alina se sentó en la silla blanca , acomodo su bolsa de cartón al lado y procedió a comer.
Eran las 9:00 de la noche y su cuerpo pedía comida aunque su cabeza estuviera en otra.
Termino de cenar, guardo la lonchera y saco la tablet, busco la carpeta Inmunología y la abrió, allí estaban todos los archivos con los que estudiaban con Juan.
Arranco por el tercero, justo donde habían quedado ayer.
Necesitaba poner su cabeza en algo productivo antes de que la angustia volviera a aparecer.
Entonces vio en el reflejo de la tablet su camisa manchada y decidió que era mejor idea buscar un baño y cambiarse.
Tomo sus cosas y se fue hacia el buffet.
Entro al baño, se cambió, aprovecho para higienizarse y acomodarse el pelo.
Sus ojos azules resaltaban debajo de sus ojeras, se veía fatal pero no estaba con la cabeza como para preocuparse por eso.
Se puso una calza negra, unas zapatillas de lona haciendo tono y una remera escote en V de color blanca.
Se ato el pelo con un rodete y se lavo la cara con un agua micelar que Teresa había agregado en su bolsa.
Continúo con un sérum con vitamina C y finalizó con una crema humectante.
Teresa tenía su propia línea de cosméticos dentro del pequeño laboratorio de insumos médicos que tenía su esposo.
Alina adoraba todos sus productos.
Salió del baño y se sentía mejor, pidió una coca cola en el buffet, pago con su celular y de golpe sintió ese perfume que la inquietaba tanto detrás de ella y una voz masculina que le pedía caramelos suggus al chico del buffet.
-Buenas noches, doc.
Enseguida.
-Contesto el chico.
– Discúlpame, quizás estabas vos y yo me adelante- le dijo a Alina que aún no se había dado vueltas-.
– No, no – dijo torpemente- yo ya me iba.
Se dirigió hacia el ascensor con prisa pero no subía y cuando se quiso dar cuenta, El doctor Álvarez estaba detrás de ella.
Esperando el ascensor.
– Creo que vamos al mismo piso- le dijo.
– Si, si.
– solo pudo contestar Alina.
Se sentía particularmente nerviosa cerca de ese hombre.
Sy perfume le inundaba los sentidos y su masculinidad le hacía sentir un hormigueo en su vientre.
El ascensor llegó y en su apuro no vio bien el desnivel que quedaba y al intentar entrar tropezó, esperaba sentir la caída contra el suelo pero eso nunca sucedió.
Sintió un brazo ancho ajustado a su cintura y antes de que pudiera reaccionar estaba con el ascensor cerrado y ese brazo sujetándola mientras le preguntaba si se sentía bien, si estaba mareada e intentaba indagar sobre su presión arterial.
Alina no contestaba y ante su silencio el aseguro que no estaba bien y en vez de bajar, subió al 5to piso con ella.
Al abrirse el ascensor se dió cuenta que no era el primer piso y entro en pánico, en su cabeza se empezaban a suceder una tras la otra las imágenes de un hombre forzandola a entrar en un departamento de su propio edificio.
Imágenes que había olvidado por el stress post traumático de los acontecimientos.
Comenzó a hiperventilar, a sentir que no podía respirar.
Entonces la vos del doctor la saco del grande.
-Estas bien, estás acá, en la Clínica del Soller, Soy el doctor Álvarez.
Vos sos Alina Costas Fredes- le decía con su tono más calmo posible para anclarla al presente.
– Contemos juntos de atrás hacia adelante, si?
Repite conmigo: 10,9,8,7…
Alina se iba relajando.
La sentó en una silla junto a una mesa grande.
Era una sala de reuniones.
Alina se fue calmando pero comenzó a llorar.
Esos recuerdos.
No era justo que ahora todo volviera a su cabeza a torturarla.
– Si te sirve, puedes contarme, cómo profesional que soy te puedo ayudar- le dijo mientras se arrodillaba frente a ella.
Alina se derrumbó, otra vez, le contó que hace 4 años, alguien intento secuestrarla en el ascensor de su edificio y meterla por la fuerza a un departamento deshabitado del mismo.
Que no alcanzo a hacerle daño, solo unos golpes en su cara.
Quería abusarla.
Un vecino escucho los gritos y salió a ayudarla.
El agresor logro escapar pero nunca lo encontraron.
Ella nunca pudo reconocerlo pero ahora su cara se le vino a la mente.
Ahora podía identificarlo.
-Bien, si estás de acuerdo, podemos llamar a la policía para que hagan un identikit y hacer que esta situación traumática encuentre un alivio.
Si?
– le dijo sin apartar la mirada de ella.
– No creo que pueda ahora.
Quizás más adelante.
Ya tuve demasiado por un día- le respondió entre lágrimas con lo poco de razocinio que le quedaba.
– Ok.
Está bien.
Cenaste?
Dormiste algo?
– Si, cene.
Hace un ratito.
No, no tengo sueño.
– Tengo que hacer la primer ronda de pacientes de mi turno, si te parece , mientras yo hago eso, tu descansas en ese sillón – dijo señalando el sillón de cuero marrón que estaba a un costado- Yo vuelvo al finalizar con las novedades de tu padre.
Me lleva todo casi 2 horas.
Alina estaba agotada y solo asintió como una niña pequeña a la que acaban de consolar.
El doctor Álvarez se incorporo y se retiró de la sala de reuniones.
Alina se dirigió al cómodo sillón marrón y se sentó, no pasaron ni 20 minutos cuando el sueño la venció.
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