El precio de los sueños - Capítulo 4
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4: Capitulo 4.Vulnerable 4: Capitulo 4.Vulnerable A sus 32 años, Federico Alvarez Soller era todo lo que estaba bien, joven, apuesto, profesional, con una gran posición económica, con una novia que había desfilado en las mejores pasarelas del mundo .
Una madre dulce y profesional, un padre firme y presente y tres hermanos menores que aportaban un poco de caos a tanta perfección.
Su estadía en la clínica era para conocer el funcionamiento interno, ya que antes de fin de año su padre le cedería la gestión de la misma.
Federico siempre se caracterizo por ser serio, de pocas palabras y muy poco demostrativo.
Se sorprendía a su mismo con esta joven,no podía evitar admirar su belleza, esos ojos profundos lo tenían hipnotizado y hoy, cuando la vio en un simple conjunto deportivo, sintió un deseo viseral cómo nunca antes había sentido.
Eso lo incomodaba, el no perdía jamás los estribos, ni cuando mujeres increíblemente bellas se tiraban prácticamente encima de él, el las rechazaba si no eran de su interés con educación y frialdad.
Había aprendido por las malas que la mayoría de las mujeres que se acercaban a él lo hacían solo para mejorar su posición económica aunque luego todas se quedaban por el sexo.
Ninguna le duraba más de tres meses, dónde amanecía con ellas y no podía tener una conversación interesante, las dejaba.
Claudia era la excepción, era Alemana y hablaba inglés y francés fluido.
Además , tenía un curso en marketing digital y siempre aportaba ideas para los productos de los laboratorios que funcionaban en alianza con ellos.
Y con eso para él era suficiente.
El sexo no era el mejor, ella era muy clásica para su gusto y no siempre tenía deseos así que eso no le gustaba ni un poco.
Pero prefería eso a una caja vacía dónde solo saciar un poco de deseo.
Además ella no tenía apuro en tener hijos porque aún hacia publicidades gráficas y su vientre hiper plano siempre era el foco de las fotografías.
No entendía porque esa joven, le inquietaba el corazón pero tampoco estaba dispuesto a averiguarlo.
Se iba a comprometer dentro de una semana y no quería generarse un problema.
Salió de la sala de conferencia y se dirigió a hacer su ronda diaria.
Paso por cada uno de las habitaciones.
Reviso los partes medicos, anoto la visita y si había alguna novedad.
Cosas rutinarias.
Al entrar en la última habitación encontró a la doctora Allende llorando junto al cuerpo de Augusto Costas , sus parámetros se veían estables y su mano sujetaba la de la doctora.
– Disculpe doctora, se encuentra bien?
– le dijo intentando parecer casual.
La doctora se sobresalto, se incorporo de prisa, aliso con las manos su delantal y contesto secándose las lágrimas – Si, solo un poco triste por un viejo amigo, solo eso- Solto la mano del paciente, se disculpo del doctor y se retiró.
Él analizo el último parte médico, dejo indicaciones para las enfermeras y se retiró.
Ya no era un paciente más y si bien su situación no era crítica ese tumor debía ser tratado a la brevedad, el lo sabía pero desconocía si Alina sabía algo.
A juzgar por la cara que puso cuando le menciono está madrugada la palabra enfermedad, Alina no estaba al tanto.
Salió de la habitación y se dirigió a la oficina , acomodo papeles, dejo indicaciones y agarro el botón de emergencia para dirigirse a la sala de conferencias.
En el camino pensó de que forma era mejor hablar del tema con Alina pero al ingresar a la sala, se encontró con Alina completamente dormida, de costado , el posición fetal.
Su cabello cayendo desordenado sobre su cara y su escote expuesto.
Se veían dos hermosos senos, voluptuosos, firmes, con ese tono canela que tenía toda su piel.
No pudo sacar la vista de ese cuerpo, era perfecto por dónde se la mire, su pequeña cintura, sus brazos firmes, sus largas piernas.
Le calculó una altura de 1,70 metros.
Todo su cuerpo se notaba firme, trabajado.
Se lamento no haber traído consigo una manta, tanta exposición de su cuerpo lo estaba matando.
No lo pensó más, salió a buscar una manta del servicio de las habitaciones.
Volvió a los 20 minutos y Alina seguía dormida.
La acomodo un poco mejor, le puso una almohada debajo de su cabeza y la cubrió con una manta.
Salió de la sala y se dirigió a su trabajo.
Trato de concentrarse pero ella y sus ojos no salía de su cabeza.
A la hora volvió a la sala y la encontró sentada, con unos lentes de marco rojos, su cabellos desordenado, sus piernas cruzadas debajo de su cadera y sus pies descalzos.
Leyendo desde una tablet algo que le exigía bastante concentración.
Se sobresalto al notarlo parado en la puerta y la tablet cayó de sus manos.
– Disculpe- dijo con nerviosismos – la puerta estaba cerrada y no quería entrar en crisis, así que me puse a estudiar.
– No tienes que disculparte, debí dejarte la llave.
Mejor?
Que estudias?
– ni siquiera sabía porque le preguntaba cosas personales, el no era de hacer eso.
– Inmunología, tengo la mesa de examen en dos semanas- dijo con cierta timidez al notar que la miraba fijamente.
-Estudias medicina?
Supongo que tercer año?
-Si, arranco a cursar 4to este año.
– Y te gusta ?- Le pregunto queriendo alargar la charla.
– Si, no es que me fascine, me gusta más la medicina animal,pero se lo prometi a mi madre y la verdad que le empiezo a encontrar lo fascinante de entender el cuerpo humano, todos nuestros sistemas…- ella continuaba hablando de medicina pero él solo podía mirar el brillo en esos ojos,el entusiasmo en su voz, de golpe la chica tímida y que se traba con las palabras hablaba con una elocuencia que lo dejaba embobado.
Hasta que ella interrumpió su parloteo y le dijo:- No me estaba escuchando, verdad?
-siempre es igual.
Mejor voy a ver a mi padre- dijo con desilución en su voz y se empezó a incorporar.
Busco sus zapatos comenzó a calzarse.
El no tenía reacción hasta que su cerebro volvió en si.
-No, por favor, tengo otras cosas en mi cabeza dando vueltas, discúlpame- y la tomo de sus manos.
Sintió como ella se estremeció bajo su toque.
-Quería hablar sobre tu padre y no encontraba las palabras adecuadas- se excuso.
– Ya lo sé, tiene un tumor.
El médico me lo dijo hoy.
– le dijo con dolor en la voz.
– Su médico de cabecera me envió los resultados.
El tumor cerebral va a exigir un tratamiento rápido, de ser posible una intervención rápida.
Alina se quedó helada, no pensó que fuera tan grave.
Él se volvió a acercar , se dió cuenta que ella no sabía realmente la gravedad de la situación.
La abrazo, no tenía palabras para consolarla.
Se sentó junto a ella en el sillón y la dejo desahogarse sobre su pecho.
35 minutos después, Alina estaba sin energía, rota,con su cabeza dando mil vueltas.
– Tendré que buscar un médico oncólogo y ver qué cubre la obra social de papá, además de juntar el dinero para la intervención.
Tendré que pedir presupuesto y olvidarme de la universidad por un tiempo.
– dijo Alina, pensando en voz alta.
– Tranquila, un paso a la vez.
La doctora Allende es nuestra mejor oncología.
Tendrías que comunicarte con ella inicialmente para analizar la situación.
En breve van a trasladar s tu padre a las habitaciones comunes, así que podrás verlo y charlar con él.
– Porque me ayudas?
– le dijo Alina de golpe- -si crees que vas a acostarse conmigo pierde su tiempo.
Tengo novio y no me interesa ser la aventura de nadie.
Sus palabras lo desorientaron pero también hirieron si orgullo.
– Soy médico, es mi función ayudar a los que puedo y quédate tranquila “nena” no me interesan las niñas.- dijo con tono burlón y con algo de cinismo en su voz.
Estaba dolido.
Alina por su parte se dió cuenta de que metió la pata y no sabía cómo salir de allí.
Había ofendido al doctor pero no se sentía culpable, siempre que un hombre le ofrecía ayuda,era para intentar tener sexo con ella.
-Gracias por amabilidad y caridad- dijo arrojando la manta sobre el sillon- que bueno que a mí tampoco me interesen los veteranos.
Se dió media vuelta, tomo sus cosas y salió por la puerta directo al ascensor.
-Habitacion 9- le dijo él desde la sala – ahí trasladaron a tu padre.
Y cerró la puerta detrás de ella.
Alina se dirigió al ascensor.
Se sentía rara, ese hombre le hizo sentir cosquillas por todo su cuerpo con un mínimo roce.
Odia sentirse vulnerable, odiaba que la miraran cómo una cosa, odiaba dudar de sus elecciones.
Era demasiado orgullosa para ceder.
Ella tenía novio, no era una ” chica fácil” y no necesitaba un héroe de bata blanca que la consuele en estos momentos.
Respiro profundo y bajo por el ascensor .
Se dirigió hacia la habitación 9 y allí estaba, su padre con esa mujer de pelo corto que le seguía pareciendo conocida.
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