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El precio de los sueños - Capítulo 5

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5: Capítulo 5.

La doctora Allende 5: Capítulo 5.

La doctora Allende – Buenas noche- dijo Alina con su voz que era apenas un susurro.

Del otro lado, la respuesta no fue nada profesional, la doctora se sobresalto como quien es descubierto en un delito.

Estaba de pie,con su guardapolvos blanco, sus lentes redondos con marco negro.

Su rostro era de angustia y Alina podría asegurar que estaba al borde del llanto.

Su padre la miraba fríamente, pocas veces había visto esa expresión en sus ojos.

-Papi, despertaste.

Cómo te sientes?

Necesitas algo?

Te acomodo la almohada?

– decía Alina mientras se dirijia hacia su padre.

La emoción en su voz era evidente, también sus ganas de llorar.

-Estoy bien, pequeña- contesto de manera lenta y baja.

– Estoy bien.

Hierba mala nunca muere, no?

– dijo tratando de sonar gracioso pero se estaba esforzando demasiado y eso Alina lo notó.

-Shhhh.

Mejor no te muevas ni hables demasiado.

Necesitas recuperarte- le contesto Alina mientras besaba su frente.

-Usted debe ser la doctora de guardia.

Cómo lo encuentra a mi padre?

– dijo Alina dirigiéndose a la doctora.

– No, no soy la doctora de guardia.

Soy la doctora Allende- le dijo estirando su mano para ofrecer su saludo.

-Ah…ya veo, me hablaron de usted.

Seguramente está para ver los análisis de mi padre y evaluar su tumor- dijo Alina un poco decepcionada, pensó que ella había venido por indicación del doctor Álvarez y eso le molestaba.

– Así que…ya lo sabes.

Lo siento mi pequeña, no encontraba el momento para contarte de esto- interrumpió Augusto mientras intentaba contener sus lágrimas y buscaba sostener la mano de su hija.

– No te preocupes papi.

Ya lo resolveremos.

Por la visto esta doctora es la mejor oncologa del país y por suerte está aquí.- le contestó Alina mientras intentaba sonar fuerte y esperanzada.

-Voy a solicitar nuevos análisis y una tomografía, para ver dónde se encuentra alojado el tumor exactamente y que tamaño tiene.

Su historia clínica está un poco incompleta- respondió con tono profesional.

– No, no, de ninguna manera.

No me voy a tratar con usted ni mucho menos aquí.

Solo quiero que me den el alta he irme a casa- contesto Augusto con tono decidido.

-Pequeña, puedes llamar a Marcos para que trámite mi traslado a otra clínica?

Este lugar es muy caro para estar ocupando una cama- le dijo con tono dulce a Alina.

-Ok papi.

Llamo a Marcos pero luego charlamos lo de tu tumor.

Dicen que necesita intervención a la brevedad- – No te preocupes, pequeña, eso lo hablaremos luego- le dijo a Alina y le beso la mano.

La doctora Allende seguía parada allí, sin emitir ni una sola palabra, hasta que los ojos de Alina se posaron en ella, pidiendo disculpas por el comportamiento de su padre porque Augusto estaba en lo cierto, era una de las clínicas más caras de la ciudad y su obra social solo cubría el 50 % del valor de la internación.

Su situación económica no era la mejor, trabajaba durante la semana cómo bioquímico en una farmacéutica y los fines de semana como entrenador de un equipo de fútbol local.

En la casa de Alina nunca faltó un plato de comida pero tampoco sobraban los lujos.

-Esta bien, comprendo su punto- dijo con tono profesional la doctora.- Si me permiten puedo recomendarle algunos colegas con quienes he trabajado , de excelentes trayectorias y muy profesionales- acotó mientras sacaba de su bolsillo un papel para anotar.

Anoto tres nombres y sus respectivas direcciones, además el teléfono del primero.

-Diganle que estuvieron conmigo y que yo los envié, por favor- le dijo a Alina mientras le extendida el papel -Muchas gracias, es usted muy amable.

No tenía que tomarse la molestia.- le respondió Alina mientras guardaba el papel.

Su padre miraba a la doctora con desprecio y como si no aguantará su presencia un minuto más le dijo con voz cortante.

-nos puede dejar solos?

Mi hija y yo tenemos que hablar.

Alina se quedó helada, su padre no era de tener esas reacciones con la gente, era amable, simpático y siempre tenía un chiste listo para cualquier ocasión.

-Si, disculpen- dijo con una mueca de disgusto la doctora y se retiró.

La puerta se cerró despacio y adentro de la habitación solo estaban Alina, su padre y dos camas vacías.

– Hablemos mi pequeña, que dicen los médicos de mi estado de salud?

Qué me hicieron?

Dónde están tu hermana y mi nieta?

…las preguntas continuaban así que Alina tomo otra silla, se acomodo con sus cosas y comenzó la charla con su padre.

Arranco por cosas triviales, luego continuo por si tumor.

Le contó cómo se enteró del intento de robo, cuántas horas pasaron.

La cantidad de gente que se comunicó con ella para saber por su estado de salud.

Le contó sobre Alexia y su hija pero no se animó a contarle sobre el incidente dentro de la clínica, omitió hablar del disparo, de que Alexia estaba en terapia intensiva y que Stella estaba desaparecida.

Mientras la charla transcurría la doctora Allende volvía a su oficina.

Abrió la puerta, ingreso y cómo si hubiese acabado de ocurrir una tragedia, se largo a llorar de manera desconsolada.

Lloro por más de media hora, su cabeza con miles de ideas, recuerdos y supuestos que se mezclaban intentando justificar el pasado.

Habían pasado 16 años desde que esa noche que lo cambio todo.

Ella era una joven médica de 34 años, mostrando al mundo sus primeros grandes logros.

No era feliz pero tenía amigos que la amaban y cuidaban siempre.

Ahora ella se lamentaba de sus errores, de su cobardía.

La culpa la volvía a consumir por dentro.

Quería volver el tiempo atrás.

Quería que todo volviese a ser como fue alguna vez.

Se juzgaba ahora como hace 16 años atrás, ya no era tan joven, ya no podía culpar al amor de sus actos.

Nunca se casó, la vida le quitó a su único hijo en nombre del amor y la profesión.

Luego le quitó a su amiga y con ella a la única persona que había amado alguna vez, a Augusto Costas.

Los recuerdos la invaden, esa lluvia torrencial en plena madrugada, al hombre que saciaba su sexo con ella metiéndose de madrugada en su casa, diciendo que había tenido un día fatal y que no tenía intenciones de volver a su casa.

La mancha de sangre que encontró en su toalla después de que él se bañara.

A él buscado una bolsa para meter su ropa sucia.

Y luego…y luego las noticias a la mañana siguiente.

Habían secuestrado a Alejandra Fredes, su teléfono tenía más de 15 llamadas perdidas de Augusto.

Un testigo aseguraba haber visto a un hombre que la metía por la fuerza a un porche negro.

El testimonio quedó desestimado por qué era un callejero, que vivía hebrio en la zona de la Clínica Alvarez Soller.

Las cámaras de seguridad de la zona no habían captado nada.

Los rastrillajes se hacían en distintos puntos de la ciudad, su padre pedía por los medios cualquier información que pudiese dar con el paradero de su hija.

Ofrecía recompensa.

La prensa se apostó fuera del edificio donde vivían.

Los vecinos salían a dar notas a los reporteros.

Todos hablaban de lo buena persona que era.

Todos tenían alguna anécdota digna de ser contada con ella.

Todos la amaban.

Las siguientes semanas solo fueron caos y dolor.

Sus hijas ya sabían lo del secuestro de su madre.

Su padre sufrió un infarto.

Su esposo salía a “patrullar y rastrillar” la ciudad para encontrarla.

Las teorías aparecían y desaparecían como si se tratara de un inocente juego.

Los titulares de los noticieros decían a la mañana: “Aseguran que Alejandra Fredes fue vista en Brasil de la mano de un hombre, todo parece indicar que se fugó con su amante” y por la tarde “Se sigue la pista de un empresario que maneja una red de trata, la ex- modelo Alejandra Fredes podría haber sido víctima de sus engaños”.

Las teorías avanzaban, los días pasaban hasta que 32 días después de su desaparición una llamada anónima arrojo una nueva pista: una casa quinta, a las afueras de la ciudad donde esa madrugada estacionó un porche negro.

Las autoridades policiales fueron al lugar y casi en vivo encontraron el cadáver de Alejandra o lo que quedaba de ella en una habitación de la casa.

La casa era de la familia Allende.

Una vieja casa quinta estilo colonial.

La puerta había no había sido forzada, quien ingreso con Alejandra lo hizo con la llave.

La autopista arrojo la causa de muerte: por asfixia.

Había sido drogada y violada.

No había huella de ninguna otra persona que no fuera Alejandra.

No había testigos en la zona.

No huellas de ningún vehículo.Su cuerpo no tenía restos de semen, ni saliva.

No había pelos de otra persona.

No había pistas, no había nada que permitiera dar con el asesino.

Solo el apellido de la familia que alguna vez hábito ese lugar.

Carla Allende fue la primera sospechosa, su mejor amiga, la dueña de la casa quinta.

Carla no tenía cuartada, su amante no iba a admitir que estuvo con ella.

Fue detenida.

Paso 10 días en prisión y fue liberada por falta de méritos.

Entonces apareció un hombre, un barrendero que trabajaba en la zona de la clínica, admitió la violación y la muerte de Alejandra.

Dijo que eran amantes.

Que fueron de común acuerdo allí,que solian verse con frecuencia en ese lugar, que a ella le gustaba el sexo rudo y que se fue de mano.

Se justifico diciendo que había bebido demás.

Lo detuvieron,lo llevaron a prisión y 5 días después apareció colgado con sus cordones de los barrotes de su celda.

Y al día siguiente de esa noticia, su amante le pidió que llevará un paquete a un domicilio en La Matanza, le dijo que era para cubrir un posible caso de malapraxis, ella sabía que esas prácticas se habían vuelto recurrentes con los nuevos medicamentos que estaba desarrollando el laboratorio Soller así que no se opuso y llevo el paquete de unos 3 kilogramos a la direccion correspondiente.

Aún recordaba la dirección: Av.

Luro 2010, Laferrere.

Augusto la culpo de por vida.

Ella se defendió inicialmente diciendo que no sabía cómo Alejandra podía tener acceso a la llave, pero en el fondo sabía que Alejandra jamás haría algo así.

Alejandra amaba a Augusto a con cada célula de su cuerpo.

Lo veía perfecto .

Vivía en una eterna luna de miel.

Carla también lo amaba, también lo veía perfecto, ella también vivió una luna de miel con él pero una noche se dejó llevar por su avaricia y dejó a ese hombre perfecto por su amante y su especialización.

Se fue del país y cuando volvió, rota, desilucionada , con el alma hecha jirones, él ya estaba con la hermosa Alejandra.

Carla dejo en europa sus sueños, su amor, su vida e incluso un pedazo de su alma al dejar también a su hijo.

Volvió con una especialización en oncología y la esperanza de volver a empezar con Augusto pero ya era demasiado tarde.

El amaba con locura a esa mujer tan perfecta y buena.

Carla se acercó a ella y sin querer, se volvió su mejor amiga.

Era tanta la paz y el amor que irradiaba Alejandra que era imposible resistirse a su sonrisa, su dulzura y su amabilidad.

Se adapto,se mimetizo y fue cómplice de esa felicidad, y aunque nunca dejo de amar a Augusto, se conformo con su amistad.

Ahora todo volvía a sentirse crudamente, los fantasmas aparecían y todos los interrogantes estaban nuevamente ahí.

Desafiandola.

Exigiendo la verdad.

Pero ella ya no quería ninguna verdad.

Solo quería volver el tiempo atrás y ser feliz.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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