Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El precio de los sueños - Capítulo 51

  1. Inicio
  2. El precio de los sueños
  3. Capítulo 51 - Capítulo 51: Capítulo 51- Café amargo
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

Capítulo 51: Capítulo 51- Café amargo

Alina no durmió. No cerró los ojos ni un segundo.

La madrugada se le hizo interminable, como si el tiempo se hubiera detenido en un punto exacto: el suelo frío del patio del hotel, el temblor en sus manos, la sensación de que el mundo entero la había visto caer y había decidido mirar hacia otro lado. Cada vez que intentaba respirar hondo, el pecho se le cerraba. Cada vez que intentaba pensar, la mente la arrastraba de vuelta a ese pasillo, a esa voz, a ese miedo.

Cuando la luz tenue del amanecer empezó a filtrarse por las cortinas del departamento de Miranda, Alina seguía sentada en el sillón, con las piernas recogidas contra el pecho, envuelta en la campera que Sofi le había puesto horas antes. Tenía los ojos hinchados, la piel fría, los labios partidos. No había hablado desde que llegaron. No había llorado más. Era como si el cuerpo se hubiera quedado sin lágrimas.

Miranda apareció en la puerta del living con una taza de café en una mano y un blister de pastillas en la otra. Llevaba el cabello recogido, la cara lavada, y un gesto que no era habitual en ella: preocupación.

—Tomá —dijo, acercándole la taza.

Alina no movió las manos.

—Es café —agregó Miranda, como si necesitara aclararlo—. Y esto… —levantó el blister— son analgésicos. Te van a ayudar con el dolor.

Alina bajó la mirada hacia sus brazos. Tenía moretones nuevos, marcas rojas, pequeños raspones. El cuerpo le dolía como si hubiera sido golpeada por dentro y por fuera. Pero el dolor físico era lo de menos.

—No quiero nada —susurró.

Miranda dejó la taza sobre la mesa baja del living y se sentó frente a ella. No demasiado cerca. No demasiado lejos. A una distancia que no invadía, pero tampoco abandonaba.

—Tenés que tomar algo —dijo con suavidad—. No podés quedarte así.

Alina apretó los labios.

—No puedo… —la voz se le quebró—. No puedo moverme.

Miranda respiró hondo. No era una mujer acostumbrada a la ternura. No era una mujer acostumbrada a consolar. Pero algo en ella se ablandó.

—Alina… —dijo, con una voz que rara vez usaba—. Escuchame. Lo que pasó anoche… no fue tu culpa.

Alina cerró los ojos. Una lágrima solitaria le cayó por la mejilla.

—Yo… —intentó decir—. Yo no… no pude…

—No tenías que poder —la interrumpió Miranda—. No tenías que defenderte. No tenías que ser fuerte. No tenías que hacer nada. Vos no provocaste nada. ¿Me escuchás?

Alina asintió apenas, como si el movimiento le costara.

Miranda la observó un momento largo. Había algo en su mirada que no era solo preocupación. Era memoria. Era dolor antiguo. Era la sombra de otra mujer.

—Tu mamá… —dijo de pronto, sin pensarlo—. Alejandra… también era así. Creía que podía con todo. Que podía arreglarlo todo sola. Que no necesitaba a nadie.

Alina levantó la vista, sorprendida.

—¿Cómo sabés? No la conocias.

Miranda negó con la cabeza.

—No. Quizás nunca la termine de conocer pero lo si sé es que siempre fue una mujer fuerte pero nadie puede con todo sola. Ni siquiera ella.

El silencio se instaló entre las dos. Un silencio pesado, lleno de cosas que ninguna sabía cómo decir.

Finalmente, Miranda se inclinó hacia adelante.

—Pero vos… —dijo, con un tono más firme—. Vos tenés que aprender algo. Y lo vas a aprender hoy, aunque te duela.

Alina la miró, agotada.

—¿Qué?

Miranda sostuvo su mirada sin parpadear.

—Que nadie te va a cuidar. Nadie. Ni los hombres que te desean. Ni los que te pagan. Ni los que te prometen cosas lindas. Ni los que dicen quererte. Ni los que te miran como si fueras especial. Nadie.

Alina sintió un pinchazo en el pecho.

—Pero vos… —susurró.

Miranda apretó la mandíbula. Por un segundo, pareció quebrarse. Solo un segundo.

—Yo no voy a estar siempre —dijo, con dureza—. Y aunque quisiera… —hizo una pausa, como si la frase le costara— no puedo cuidarte como quisiera. No puedo involucrarme. No puedo cometer el mismo error que cometí con otras.

Alina frunció el ceño.

—¿Error?

Miranda desvió la mirada. Se levantó. Caminó hacia la ventana. Encendió un cigarrillo que no llegó a fumar.

—Conocí a tu mamá, ella era… —buscó la palabra—. Era luz. Y yo… yo no supe protegerla. No supe mantenerla lejos de lo que la destruyó. No supe alejarla del peligro a tiempo. Antes, las chicas tenían que hacer “cosas” para ganarse un lugar en el mundo del modelaje. Y yo lo sabía, pero nunca me metía. Vas a salir de esta, ¿si? pero por ahora, vas a tener que jugar un par de manos con cartas marcadas y te vas a tener que armar de coraje y fuerza. No sé a quienés ofendiste , pero sé que Lisa te quiere peor que muerta, te quiere rota y si ella te rompe, ella gana y nunca te va a dejar en paz. Es peligrosa y no tengo dudas de que el que te atacó anoche esta vinculado con ella.

Alina sintió un nudo en la garganta.

—No soy mi madre. Nunca tuve caracter. No me educaron para esto.

Miranda la miró con una mezcla de tristeza y orgullo.

—No. No sos ella. Pero tenés algo de ella. Algo que te va a meter en problemas si no aprendés a defenderte.

Alina bajó la mirada.

—No pude defenderme anoche.

Miranda se acercó. Le levantó el mentón con dos dedos. No con dureza. Con una delicadeza que sorprendió a ambas.

—Porque estabas sola —dijo—. Y porque sos una nena todavía. Una nena que cree que la gente es buena. Que cree que si sonríe, el mundo va a sonreírle de vuelta. Pero este mundo… —miró alrededor— este mundo no funciona así.

Alina sintió que las lágrimas volvían.

—No quiero estar en este mundo.

Miranda suspiró.

—Nadie quiere. Pero acá estamos.

En ese momento, Sofi apareció en la puerta del living. Tenía los ojos rojos, como si hubiera llorado también.

—Alina… —dijo, acercándose con cautela—. Tengo algo que puede ayudarte.

Miranda la miró con advertencia, pero Sofi igual se inclinó hacia Alina y le mostró, escondido en la mano, un pequeño frasco con pastillas.

—Esto… —susurró— te hace todo más llevadero. Te calma. Te desconecta. Te ayuda a trabajar sin sentir tanto.

Alina abrió los ojos, horrorizada.

—No —dijo, con un hilo de voz.

Sofi insistió.

—No es para siempre. Solo hasta que estés mejor. Todas lo usamos alguna vez.

—No —repitió Alina, más firme.

Miranda se levantó de golpe.

—Sofi. Guardá eso.

Sofi obedeció, pero antes de irse, se inclinó hacia Alina.

—No te juzgo. Solo quiero ayudarte.

En ese momento, la puerta del pasillo se abrió. Vera apareció.

Tenía un ojo negro. El labio partido. Caminaba con dificultad.

Alina se quedó helada.

Vera no las miró. No dijo nada. Solo pasó de largo, con la mirada perdida, y fue directo a la habitación de Miranda.

Sofi la siguió con la mirada, luego se acercó a Alina y se sentó a su lado.

—Así es Alejandro cuando se siente traicionado —dijo en voz baja—. Preguntó por vos anoche. No estabas. No respondiste. Y… —tragó saliva— te reemplazó con Vera.

Alina sintió que el mundo se le caía encima.

—¿Qué… qué le hizo? ¡Ese no fue Alejandro!

Sofi negó con la cabeza.

—No sé. Pero Vera es fuerte. Lo va a superar. Mejor ella que vos.

Alina sintió que el estómago se le cerraba.

—No… —susurró—. No quiero que nadie… por mi culpa…

Sofi la tomó de la mano.

—No es tu culpa. Es Alejandro. Él es así. Y vos… vos sos nueva. Sos suave. Sos… —la miró con tristeza—. Sos demasiado buena para esto.

Alina rompió a llorar. No por el dolor físico. No por el miedo. Sino porque entendió algo que la destruyó por dentro:

No había salida. No había refugio. No había nadie que la protegiera. No había nadie que la eligiera por ella misma.

En ese mundo, todos estaban solos. Incluso las que parecían fuertes. Incluso las que parecían invencibles. Incluso Miranda.

Y ella… ella era apenas una chica intentando sobrevivir a un juego que no sabía jugar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo