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El Príncipe Jack: El Despertar De Los Legendarios. - Capítulo 32

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Capítulo 32: Capítulo 32: El Tejedor de Ilusiones y la Grieta en el Orgullo

El interior de la refinería era un laberinto de tuberías oxidadas y pasarelas metálicas que crujían bajo el peso del silencio. Pero no era un silencio normal; era un vacío pesado, como si el aire hubiera sido succionado por una presencia invisible.

**Shadow** caminaba al frente, con las manos en los bolsillos y una sonrisa despreocupada en sus labios rosados. Sus ojos grises brillaban en la oscuridad, escaneando cada sombra con desdén.

—Este tal “Tejedor” tiene mal gusto para los escondites —comentó, su voz resonando con demasiada claridad—. Huele a miedo rancio y a magia barata.

—No bajes la guardia —advirtió **Luna**, su cabello verde-blanco flotando suavemente mientras detectaba distorsiones en el flujo temporal—. Las ilusiones más peligrosas son las que se sienten reales. Tu mente es tu fortaleza, Shadow. No dejes que nadie entre en ella.

Shadow soltó una risa corta.

—Mi mente es mía, chica del tiempo. Nadie entra sin invitación. Y si lo intentan… —sus ojos brillaron con esa luz hipnótica de medusa—, se quedan congelados para siempre.

De repente, las sombras alrededor del grupo comenzaron a alargarse de forma antinatural, retorciéndose como serpientes negras que emergían de las paredes. Una voz suave y melosa llenó el espacio, pareciendo venir de todas direcciones a la vez.

—Bienvenidos, jóvenes héroes. Especialmente tú, **príncipe de las sombras**. Te hemos estado esperando.

Una figura encapuchada descendió lentamente desde las vigas del techo. Llevaba una túnica violeta bordada con hilos de oro que parecían moverse solos. Su rostro estaba cubierto por una máscara de porcelana blanca con una sonrisa pintada que cambiaba de expresión constantemente: de triste a alegre, de furiosa a serena. Era **El Tejedor**, uno de los agentes de élite de los Cuatro Genios.

—Vaya, una máscara sonriente —burló Shadow, cruzándose de brazos—. ¿Es todo lo que tienes? Pensé que los Genios enviarían a alguien con un poco más de… estilo.

El Tejedor inclinó la cabeza.

—El estilo es subjetivo, joven Wittelsbach. Pero el poder… el poder es absoluto. Y tú tienes tanto que desperdiciar. Tu velocidad, tu inmunidad, tu capacidad de alterar la realidad… todo eso podría ser perfecto si estuviera… *dirigido*.

—¡Mis poderes son míos! —rugió Shadow. En un instante, desapareció en una estela de luz blanca y sombra negra. Reapareció detrás del Tejedor, con una espada de oscuridad pura formada en su mano, lista para cortar.

Pero la hoja atravesó la capa del enemigo como si fuera humo.

—¿Atacar físicamente? Qué aburrido —dijo la voz del Tejedor, ahora surgiendo directamente de la mente de Shadow—. Déjame mostrarte algo más interesante. Algo que ni tu velocidad puede alcanzar.

De repente, el entorno cambió. La refinería oxidada desapareció. Ahora, Shadow se encontraba en un lugar que conocía demasiado bien: los jardines del **Reino Estelar**, pero versión distorsionada. El cielo era de un color violeta enfermizo, y las estrellas parpadeaban como ojos cerrándose.

Frente a él, aparecieron dos figuras.

Un hombre alto, de cabello blanco platinado y ojos tristes: **Steve Wittelsbach**, su padre.

Y una mujer de belleza etérea, con armadura de luz estelar y ojos llenos de decepción: **Astrid Voidwalker**, su madre.

—Padre… Madre… —susurró Shadow, bajando la espada. Su corazón dio un vuelco. Esa era su única debilidad real: el amor y el deseo de aprobación de unos padres separados por el destino y el deber.

La ilusión de Steve negó con la cabeza, con lágrimas en los ojos.

—Shadow, ¿por qué nos haces esto? Tu poder es incontrolable. Eres un monstruo. Mirate… ni siquiera sabes qué eres realmente.

La ilusión de Astrid dio un paso atrás, como si le temiera.

—Teníamos miedo de ti desde el día en que naciste. Esa esencia dentro de ti… ese rugido… no es humano, Shadow. Es una bestia. Y pronto te consumirá. Todos te tienen miedo. Incluso tus nuevos “amigos”.

Shadow giró la cabeza instintivamente hacia donde estaban Jack, Luna y Sara. Pero en la ilusión, ellos también habían cambiado. Jack lo miraba con recelo, con hielo listo en sus manos. Luna retrocedía asustada. Sara tenía la daga apuntándole.

—¡No! ¡Eso no es real! —gritó Shadow, llevándose las manos a la cabeza. Su copete platino comenzó a brillar con una luz frenética, intermitente. El suelo bajo sus pies tembló violentamente, agrietando el metal—. ¡Son mentiras! ¡Yo controlo mi poder! ¡Yo soy el amo de la realidad!

—¿Lo eres? —la voz del Tejedor susurró en su oído, íntima y venenosa—. Entonces, ¿por qué sientes miedo? ¿Por qué tu corazón late tan rápido? Si realmente fueras invencible, no dudarías. Tu propia mente te está traicionando, Shadow. Y esa bestia dentro de ti… está despertando por tu dolor.

Dentro de Shadow, algo rugió. No fue un sonido externo, sino una vibración profunda que nació en su pecho, recorriendo sus venas como lava caliente. Sus ojos grises parpadearon, y por una fracción de segundo, se volvieron de un **fucsia eléctrico** intenso, con pupilas verticales de dragón. Una energía dorada y negra comenzó a emanar de su piel, agrietándola como si escamas de diamante negro quisieran romper su superficie humana.

*”¡Shadow!”* gritó la voz de **Aelion** en la mente de Jack, llena de urgencia. *”¡Está pasando! ¡Su dominio mental se está rompiendo! La duda ha abierto la puerta. Esa esencia oculta… el Dragón Estelar… está reaccionando a su dolor. Si no lo calmas ahora, se transformará aquí mismo y perderá el control para siempre. ¡Los Genios lo quieren así!”*

Jack actuó al instante.

—¡Luna! ¡Detén el tiempo a su alrededor! ¡Sara, rompe la concentración del Tejedor! ¡Yo iré por Shadow!

Luna extendió sus manos, y su cabello se expandió como una aurora boreal furiosa.

—¡Flujo Temporal: Estasis Absoluta!

Una onda de luz dorada salió de ella, congelando el aire alrededor de Shadow. La ilusión vaciló por un segundo, dando una apertura.

Sara se lanzó contra el Tejedor, sus dagas brillando con energía anti-mágica.

—¡Despierta, ilusionista barato!

El Tejedor tuvo que desviar su atención para bloquear el ataque de Sara, rompiendo parcialmente el contacto mental con Shadow.

Jack corrió hacia Shadow, ignorando las grietas en el suelo que amenazaban con tragárselo. El joven príncipe estaba de rodillas, jadeando, con sus manos clavadas en su cabeza mientras luchaba contra la visión de sus padres rechazándolo.

—¡Shadow! ¡Mírame! —gritó Jack, agarrándolo por los hombros. La piel de Shadow quemaba, alternando entre fría como el hielo y caliente como el fuego—. ¡Es una mentira! ¡Tus padres te aman! ¡Tu poder no es una maldición, es un don! ¡Tú eres el dueño de tu destino, no esa bestia!

Shadow levantó la vista. Sus ojos volvieron a ser grises, pero estaban llenos de pánico y confusión. Las escamas de diamante negro que habían comenzado a brotar en sus mejillas se retractaron lentamente, dejando su piel blanca lunar intacta, aunque sudorosa.

—Jack… yo… vi… ellos me tenían miedo… —susurró, su voz quebrada.

—Era una ilusión. Solo una ilusión —insistió Jack, manteniendo el contacto visual, usando toda su fuerza de voluntad para anclar a Shadow a la realidad—. Tú eres fuerte. Tú eres Shadow Wittelsbach. Y nosotros somos tu equipo. No estamos asustados. Estamos contigo.

Por un momento, pareció funcionar. La respiración de Shadow se calmó. El rugido interno se silenció.

—Tienes razón… —murmuró Shadow, cerrando los ojos—. Soy yo. Solo yo.

Pero entonces, una risa fría y triunfante resonó en la sala.

—Qué conmovedor —dijo **El Tejedor**, que había logrado repeler a Sara y ahora sostenía un dispositivo extraño en su mano: una red hecha de hilos de vacío puro, brillando con runas de supresión dimensional—. Pero el daño ya está hecho. La duda ha entrado, príncipe. Y una vez que la grieta está ahí… es fácil ensancharla.

El Tejedor activó el dispositivo.

—¡Ahora!

Del techo y de las sombras laterales, surgieron docenas de lanzadores automáticos. No dispararon flechas ni balas, sino **cadenas de energía violeta** diseñadas específicamente para aprovechar la inestabilidad emocional de Shadow.

—¡Cuidado! —gritó Luna, intentando crear una barrera temporal, pero era demasiado tarde.

Las cadenas impactaron contra Shadow justo cuando su guardia estaba baja, aún recuperándose del shock emocional. Al tocar su piel, no fueron repelidas. Al contrario, parecieron *alimentarse* de su confusión residual, adheriéndose con fuerza brutal.

—¡¿Qué?! ¡Fuera! —gritó Shadow, intentando usar su velocidad para escapar, pero las cadenas emitieron un pulso que anuló su conexión con el flujo temporal.

—¡Mis poderes… no responden! —exclamó, horrorizado, mientras caía de rodillas, atrapado.

—Tu mente dudó, muchacho —dijo El Tejedor, acercándose lentamente—. Y en ese instante de debilidad, tu esencia se volvió vulnerable. Estas cadenas no solo atan tu cuerpo; sellan tu voluntad. Pronto, olvidarás quién eres. Olvidaras a tus padres. Olvidaras a estos falsos amigos. Y solo servirás a los verdaderos maestros.

Jack intentó avanzar, pero una barrera de sombras densas creada por el Tejedor lo separó de Shadow.

—¡Shadow! ¡Resiste! ¡No los escuches! —rugió Jack, golpeando la barrera con fuego y hielo, pero era increíblemente resistente.

Shadow levantó la vista, sus ojos grises empezando a nublarse, perdiendo ese brillo pícaro.

—Jack… ayúdame… —susurró, antes de que su cabeza cayera hacia adelante, inconsciente, mientras las cadenas lo envolvían completamente en una esfera de oscuridad.

—¡Lo tenemos! —anunció El Tejedor con satisfacción—. El arma perfecta está lista para ser forjada. Retirada.

Una nube de humo violeta explotó, cegando a Jack, Luna y Sara. Cuando se disipó, El Tejedor y el cuerpo inconsciente de Shadow habían desaparecido. Solo quedaba el eco de una risa malévola y el silencio aterrador de la refinería.

Jack cayó de rodillas, golpeando el suelo con frustración.

—No… llegamos tarde. Lo dejamos dudar. Lo dejamos solo.

Luna se acercó, poniendo una mano en su hombro, su rostro pálido.

—No fue culpa tuya, Jack. Fue una trampa diseñada específicamente para explotar su mayor secreto. Nadie podría haber previsto esa profundidad de manipulación.

—Pero ahora lo tienen —dijo Sara, apretando los puños con rabia—. Y si Aelion tenía razón sobre lo que hay dentro de él… si logran despertar esa esencia oscura conscientemente…

Jack se puso de pie, sus ojos heterocromáticos ardiendo con una determinación feroz.

—Entonces los detendremos. No importa dónde lo hayan llevado. No importa qué tengan que hacerle para controlarlo. Vamos a traer a Shadow de vuelta. Antes de que el dragón despierte para el lado equivocado.

La misión de rescate había terminado en fracaso. Ahora comenzaba la carrera contra el tiempo para evitar que el Príncipe de las Sombras se convirtiera en la mayor amenaza del multiverso.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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