El sistema - Capítulo 10
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10: El nombre 10: El nombre El silencio después de la pelea duró más de lo normal.
No por el cansancio.
Por lo que significaba.
— No habían intentado ganar.
No habían intentado huir.
— Los habían observado.
Hasta el final.
— Tomás caminó unos pasos, mirando el punto donde el último hombre se había detenido antes de irse.
—Ese no dudó —dijo.
Martina asintió.
—No.
—Decidió.
—Sí.
— Eso era peor.
— Tomás se giró hacia ella.
—Necesitamos algo más que suposiciones.
—Lo sé.
— Martina dudó.
Por primera vez… más de lo habitual.
— —Hay algo —dijo finalmente.
Tomás no habló.
Esperó.
— —No es información completa —continuó—.
Es… fragmentada.
—Decilo igual.
— Martina miró alrededor.
Instintivo.
Como si incluso hablar de eso fuera un riesgo.
— —Hace años —empezó— empecé a seguir ciertos movimientos.
—¿Financieros?
—Sí… pero no solo eso.
— Pausa.
— —Personas.
— Tomás entrecerró los ojos.
— —Gente que desaparecía del sistema —continuó ella—.
No muertos.
No fugitivos.
—Borrados.
—Exacto.
— El aire cambió.
— —Algunos reaparecían —agregó—.
Tiempo después.
—¿Dónde?
—En lugares… donde no deberían estar.
— Tomás procesó rápido.
— —¿Operativos?
—A veces.
—¿Mercenarios?
—A veces.
— Pausa.
— —¿Y otras?
Martina lo miró fijo.
— —Algo más.
— Silencio.
— —Los seguí —continuó—.
Lo más que pude.
—¿Y?
— Martina respiró hondo.
— —Todos tenían algo en común.
— Tomás no necesitó preguntarlo.
— —Habían pasado por esto —dijo ella.
— La palabra no hacía falta.
— Esto.
— La selección.
— Tomás se quedó quieto.
— —¿Y después?
—preguntó.
— Martina tardó en responder.
— —Después… desaparecían otra vez.
— El ruido de la ciudad parecía más lejano.
— —¿Quién los manejaba?
—dijo Tomás.
— Martina negó lentamente.
— —No lo sé.
— Pausa.
— —Pero encontré algo.
— Eso sí le interesó.
— —¿Qué?
— Martina dudó.
— —Un nombre.
— Tomás sintió cómo todo se alineaba un poco.
No mucho.
Pero lo suficiente.
— —Decilo.
— Martina lo miró directo.
— —No es un nombre real.
—No importa.
— Silencio.
— Y entonces lo dijo.
— —“Círculo Negro”.
— El sonido de esas palabras quedó suspendido.
— No tenía sentido.
Pero lo tenía todo.
— —¿Qué es?
—preguntó Tomás.
— —No lo sé —respondió ella—.
Pero aparece siempre… en los márgenes.
—¿En qué sentido?
— —Transacciones que no deberían existir.
Registros incompletos.
Referencias cruzadas sin origen.
— Pausa.
— —Como si no fuera una organización… — Tomás terminó la idea: —Sino un sistema.
— Martina asintió.
— —Uno que decide quién entra… y quién no.
— Silencio.
— Tomás miró alrededor.
La calle.
La gente.
La normalidad.
— Todo parecía igual.
— Pero ya no lo era.
— —Si eso es real… —dijo— —lo que estamos viendo es solo la superficie.
— Martina lo sostuvo con la mirada.
— —Sí.
— Pausa.
— —Y nosotros… — Tomás completó: —Estamos abajo.
— Un auto pasó lento.
Demasiado lento.
— Ambos lo notaron.
— Pero no reaccionaron.
— Todavía no.
— —¿Por qué nosotros?
—preguntó Tomás.
— Martina no respondió enseguida.
— Cuando lo hizo, su voz fue más baja.
— —Porque ya éramos visibles… antes de darnos cuenta.
— Eso le dejó claro algo.
— Esto no había empezado con el mensaje.
— Había empezado mucho antes.
— —Entonces no estamos entrando… —dijo Tomás.
— —Estamos siendo arrastrados.
— Martina no negó.
— —Sí.
— Silencio.
— Y en ese silencio… ambos entendieron lo mismo.
— No estaban investigando una organización.
— Estaban dentro de ella.
— Y lo peor… — ni siquiera sabían en qué nivel.
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