El sistema - Capítulo 11
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11: Confianza minima 11: Confianza minima El nombre no cambió nada.
Y lo cambió todo.
— “Círculo Negro”.
Dos palabras.
Sin forma.
Sin estructura clara.
Pero suficientes para darle dirección a algo que hasta ahora era solo intuición.
— Tomás caminaba unos pasos delante.
No por liderazgo.
Por costumbre.
— Martina iba atrás, sin apurarse.
Sin perderlo.
— Ninguno hablaba.
No hacía falta.
— El ruido de la ciudad volvía a sonar normal.
Pero ambos sabían que no lo era.
— —No confío en vos —dijo Tomás de repente.
Sin girarse.
Sin frenar.
— Martina no respondió de inmediato.
— —Yo tampoco —dijo finalmente.
— Eso, al menos, era honesto.
— Tomás se detuvo.
Se giró.
La miró fijo.
— —Pero te necesito.
— Martina sostuvo su mirada.
No sonrió.
No reaccionó como alguien que gana.
— —Lo sé.
— Silencio.
— —Y yo a vos —agregó ella.
— Esa frase quedó suspendida.
Más pesada que cualquier otra.
— No era emocional.
Era estratégica.
— Y por eso… era más peligrosa.
— Tomás asintió apenas.
— —Entonces reglas claras.
— Martina cruzó los brazos.
— —Decí.
— —Nada de mentiras directas.
— —Omisiones sí.
— —Obvio.
— Pausa.
— —Si uno cae… el otro no se expone.
— Martina lo pensó un segundo.
— —Depende.
— Tomás entrecerró los ojos.
— —¿De qué?
— —De si vale la pena.
— Silencio.
— No era una respuesta que tranquilizara.
Pero era real.
— —Bien —dijo él finalmente.
— Se miraron unos segundos más.
— Evaluándose.
— Midiendo límites.
— Y entonces, por primera vez… no había hostilidad.
— Había algo distinto.
— Respeto.
— —Necesitamos información —dijo Tomás.
— —Tengo algo —respondió Martina.
— Eso le llamó la atención.
— —¿Qué?
— Martina sacó el teléfono.
Mostró una imagen.
— Un rostro.
Hombre.
Cuarenta y tantos.
Aspecto común.
Demasiado común.
— —¿Quién es?
— —No lo sé —dijo Martina—.
Pero aparece en tres casos distintos.
— —¿Desaparecidos?
— —Sí… pero no solo eso.
— Pausa.
— —Siempre después de la “selección”.
— Tomás observó la imagen.
— —¿Intermediario?
— —Tal vez.
— —¿O supervisor?
— Martina no respondió.
— —Lo seguimos —dijo él.
— Ella negó.
— —No tan rápido.
— —¿Por qué?
— —Porque eso es lo que esperan.
— Silencio.
— Tenía razón.
— Otra vez.
— Tomás exhaló lento.
— —Entonces lo usamos.
— Martina levantó una ceja.
— —¿Cómo?
— —Si aparece después de la selección… — Pausa.
— —nosotros somos el siguiente paso.
— Eso la hizo pensar.
— —Arriesgado —dijo.
— —Todo lo es.
— Silencio.
— Martina guardó el teléfono.
— —Está bien.
— Pausa.
— —Pero esta vez… lo hacemos juntos.
— Tomás la miró.
— —Siempre lo hicimos.
— Martina negó apenas.
— —No.
— Se acercó un paso.
— —Antes nos estábamos midiendo.
— Pausa.
— —Ahora… nos están midiendo a los dos.
— Eso cambió la perspectiva.
— Completamente.
— Tomás asintió.
— —Entonces no hay margen para errores.
— Martina lo sostuvo con la mirada.
— —No.
— Pausa.
— —Pero va a haberlos igual.
— Silencio.
— Real.
— Inevitable.
— Se quedaron ahí unos segundos más.
— Sin moverse.
— Sin hablar.
— Y por primera vez… no estaban pensando en el otro como una variable.
— Sino como un factor.
— Y eso… — los hacía más fuertes.
— O mucho más vulnerables.
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