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El Soberano de las Cenizas - Capítulo 10

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10: Capítulo 10- Raíces 10: Capítulo 10- Raíces Llevaba tres días con esa imagen en la cabeza.

No el árbol en sí — sino la historia que Shen Kaiming le había contado sobre él.

Lo que le había llamado la atención no era la historia misma sino la forma en que la contó: como alguien que habla de algo que lo sobrevivió sin querer, sin ninguna pretensión de que sirva de lección para nadie.

En la mañana, antes de que la secta despertara, Jaha se sentó con el pincel y dejó que llegara lo que tenía que llegar.

Tardó menos que la primera vez.

Nació donde nadie esperaba que hubiera vida, sin permiso extendió sus ramas al cielo.

La tierra no juzga de dónde es la semilla, solo acoge lo que tiene voluntad de vuelo.

Lo leyó una vez.

Lo guardó junto a los otros dos sin releerlo.

Afuera empezaba a haber luz.

* * * Esa misma mañana lo intentó antes del desayuno.

La comunicación era más natural ahora — establecerla costaba menos, aunque todavía costaba.

Como aprender a nadar: el agua sigue siendo la misma, pero el cuerpo va recordando cómo moverse en ella.

La voz llegó.

“Llevas días pensando en un árbol.” Jaha no respondió de inmediato.

Le había dado vueltas a eso — que Aethon pudiera saber en qué pensaba.

“¿Puedes ver lo que pienso?” “Es como si lo pensara yo mismo” respondió Aethon.

“Al fin y al cabo compartimos el mismo espacio.” Jaha procesó eso en silencio.

La idea de que alguien pudiera leer sus pensamientos le habría incomodado con cualquier otra persona.

Con Aethon era distinto — no sabía bien por qué, pero lo era.

“El poema es mejor que el primero.” “No te pedí opinión.” “Lo sé.

Pero la tienes de todas formas.” Jaha soltó una pequeña carcajada por la nariz — casi sin querer.

“Tengo una pregunta.” “Tienes muchas.” “Esta en específico.

¿Cómo te llamas?” El silencio que siguió no fue el de alguien que no quiere responder.

Fue el de alguien que sopesa cuánto pesa una respuesta antes de darla.

“Aethon.” Solo eso.

Seco y completo, como una piedra que alguien deja caer en agua quieta.

Jaha sintió algo que no supo nombrar del todo — una mezcla de alivio y de algo más grande que el alivio, como cuando una puerta que llevaba semanas cerrada finalmente cede.

Tenía mil preguntas más.

Quién era, cómo había llegado hasta él, por qué.

Pero algo le dijo que empujar ahora no era la forma correcta.

Que había cosas que llegaban solas si uno sabía esperar.

“¿Puedes enseñarme algo?” “Depende de si puedes recibir lo que enseño.” “¿Y eso cómo se sabe?” “Ya lo estás descubriendo.” Otra pausa.

“Estás escribiendo versos que cambian el aire de tu cuarto.

Estás construyendo artefactos con materiales que no deberías saber combinar.

Estás aprendiendo a buscarme en lugar de esperar a que llegue.” “Sí” dijo finalmente.

“Puedes.” Jaha sintió el impulso de preguntar cuándo empezaban, qué aprendería primero, cuánto tardaría.

Lo contuvo.

Había algo en la forma en que Aethon hablaba que le decía que ese tipo de impaciencia no le iba a servir de nada aquí.

“Pero lo que voy a enseñarte no son técnicas” continuó Aethon.

“Son comprensiones.

Las técnicas se aprenden.

Las comprensiones se viven — y algunas de las que yo tengo van a costarte más de lo que imaginas ahora mismo.” “¿A qué te refieres con costarme?” “Es algo que solo tiene sentido cuando ya lo estás viviendo.

No antes.” Jaha quería insistir.

Decidió no hacerlo.

“¿Por dónde empezamos?” “Por lo que ya empezaste” dijo Aethon.

“El Dao no se construye desde fuera hacia adentro.

Se descubre desde adentro hacia afuera.

Tú ya lo sabes aunque no lo hayas pensado en esos términos.” “El poema.” “Entre otras cosas.” Jaha abrió los ojos.

El cuarto tenía la luz fría de la mañana temprana.

Aethon.

El nombre existía ahora fuera de su cabeza, aunque solo él pudiera escucharlo.

Eso era suficiente por ahora — y quería más, pero sabía que esa ansiedad era exactamente lo que tenía que aprender a manejar si iba a recibir lo que Aethon tenía para enseñarle.

* * * La sesión de esa tarde empezó como las demás.

Shen Kaiming pidió que circulara energía.

Jaha lo intentó.

Las corrientes se movieron — paralelas como siempre, pero la inclinación que había notado días atrás era más pronunciada.

Como si la distancia entre ambas hubiera disminuido sin que él hubiera hecho nada deliberado para acortarla.

No era resultado de esfuerzo directo.

Era consecuencia de entender cosas que parecían no tener relación — una conversación sobre un árbol, un nombre pronunciado en silencio, un verso escrito antes del amanecer.

Así funcionaba, al parecer.

El trazo en el cuello apareció.

Tres segundos.

Luego cuatro.

Luego desapareció.

Shen Kaiming no habló durante un momento largo.

Después anotó algo en su cuaderno — la primera vez que Jaha lo veía escribir durante una sesión — y cerró la tapa.

“Por hoy terminamos.” “Todavía quedan dos horas.” “Ya lo sé.” Se levantó y fue a buscar té con la calma de alguien que ha decidido que la conversación que podría tener ahora es mejor tenerla en otro momento.

Jaha salió sin presionar.

Eso era lo que le llamaba la atención de su maestro — que nunca decía más de lo que era necesario, y que cuando decidía callarse era por alguna razón que con el tiempo siempre terminaba entendiéndose.

* * * Caminaba hacia su dormitorio cuando los escuchó.

Dos maestros en el corredor exterior al comedor, hablando con la animación de quienes acaban de recibir una buena noticia y todavía no han terminado de procesarla.

Jaha redujo el paso sin detenerse — lo suficiente para escuchar sin que pareciera que lo hacía.

Una veta de piedras espirituales de trueno.

Encontrada esa semana en los límites del territorio de la secta, durante una inspección rutinaria que no esperaba encontrar nada.

No era un hallazgo menor — las piedras espirituales de trueno tenían un valor considerable en cualquier mercado, y una veta significaba suministro continuo.

Uno de los maestros dijo que cambiaba todo.

Que por fin la Qingtian Zong tendría los recursos que siempre le habían faltado.

El otro estuvo de acuerdo con una alegría completamente genuina.

Jaha siguió caminando.

Lo que le llamó la atención no fue la noticia en sí.

Fue que Shen Kaiming no le había dicho nada.

Llevaba días sabiendo esto — tenía que saberlo, era su secta — y sin embargo esa tarde había estado igual que siempre.

Sin una chispa de emoción extra, sin ninguna señal de que algo hubiera cambiado.

Un hombre que recibe una buena noticia y no reacciona a ella no es un hombre indiferente.

Es un hombre que está pensando en lo que esa noticia trae consigo.

Jaha no sabía qué traía consigo.

Pero empezaba a tener una idea de por qué su maestro no estaba especialmente ilusionado al respecto.

* * * Pasaba por el sector norte camino a su dormitorio cuando algo le llamó la atención.

Era una sensación más que una observación concreta — el tipo de cosa que notas cuando llevas tiempo prestando atención a cómo se siente el espacio alrededor de las formaciones perimetrales.

Algo que debería estar de una forma estaba de otra.

Se detuvo.

Miró.

La formación norte había sido reparada.

Jaha conocía el fallo — Moshi se lo había descrito con la precisión de alguien que no entiende por qué los demás no lo ven también.

El tercer nodo de anclaje desalineado, la barrera que cedería por ese punto bajo presión sostenida.

Ahora estaba corregido.

Sin señales visibles del trabajo, sin ninguna nota en el tablón de avisos de la secta.

Fue a buscarlo directamente.

Moshi estaba en su roca habitual, con cuatro libros abiertos a su alrededor.

“Reparaste la formación.” “Sí.” “Sin decírselo a nadie.” “¿A quién se lo iba a decir?” “Al patriarca.

A los maestros.

A alguien.” Moshi levantó la vista del libro.

“Estaba roto.

Lo reparé.” “No es cuestión de repararlo o no.

Es cuestión de que la secta sepa que alguien encontró un fallo que nadie había visto en años.” Moshi lo consideró con la expresión de quien genuinamente no había pensado en ese paso.

Su mente había ido directamente de problema a solución sin pasar por informar a nadie — no por arrogancia sino porque ese paso intermedio era simplemente invisible para él.

“La próxima vez aviso primero.” “Primero y después.” “¿Hay diferencia?” “Sí.” Moshi asintió.

Sin discutir, sin pedir que le explicaran la lógica.

“Hay otro fallo.

En el sector este.

Más pequeño pero del mismo tipo.” “¿Lo vas a reparar?” “Después de avisarle al patriarca.” Jaha sonrió levemente.

“Bien.” Se fue caminando por donde había venido.

Detrás de él escuchó el sonido de un libro cerrándose y de pasos que se alejaban en dirección al pabellón del patriarca.

Fin del Capítulo 10 REFLEXIONES DE LOS CREADORES Yeiler Aethon, el nombre de ese “ser”, qué misterios traerá consigo….

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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