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El Soberano de las Cenizas - Capítulo 11

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  3. Capítulo 11 - 11 Capítulo 11- Una visita sin invitación
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11: Capítulo 11- Una visita sin invitación 11: Capítulo 11- Una visita sin invitación  noticia tardó dos días en llegar a todos los rincones de la Qingtian Zong.

No porque alguien la hubiera retenido — sino porque así viajan las cosas en espacios pequeños, de boca en boca, con el calor específico de algo que todo el mundo lleva esperando sin saberlo.

Una veta de piedras espirituales de trueno en los límites del territorio de la secta.

No un hallazgo aislado — una veta.

Suministro continuo.

Valor real.

Los discípulos hablaban de ello en el comedor, en el jardín, durante los descansos entre entrenamientos.

Había en sus voces algo que Jaha reconoció sin esfuerzo — esa mezcla de alivio y expectativa que tiene la gente cuando por fin siente que la suerte se pone de su lado.

La Qingtian Zong llevaba años siendo la secta que nadie mencionaba cuando se hablaba de las grandes facciones de la región.

Pequeña, honrada, sin recursos que justificaran atención.

Eso podía cambiar.

Jaha escuchaba esas conversaciones sin participar en ellas.

No porque no entendiera la alegría.

La entendía perfectamente.

Era precisamente por eso que no podía compartirla.

Shen Kaiming, en los tres días desde que se conoció la noticia, había estado exactamente igual que siempre.

* * * Lo buscó esa noche.

La comunicación llegó con la fluidez que había ganado en las últimas semanas — todavía costaba, pero ya no de la misma forma.

Era más parecido al esfuerzo de subir una cuesta conocida que al de escalar algo nuevo.

“Encontraron una veta de recursos en el territorio de la secta” dijo Jaha.

“Lo sé.

Lo pensaste durante la cena.” “¿Y?” Silencio breve.

Aethon respondió sin dramatismo, con la calma de alguien que ha visto ese tipo de situación más veces de las que puede contar.

“El poder atrae al poder.

Los recursos sin protección suficiente no son una buena noticia — son una invitación.” “Una invitación para quién.” “Para cualquiera que pueda tomarlos y tenga razones para quererlos.” Jaha ya lo había pensado.

Pero escucharlo de Aethon era diferente — había algo en su forma de hablar sobre estas cosas que no correspondía a nadie que Jaha hubiera conocido antes.

“¿Qué harías tú?” “Yo” dijo Aethon, “nunca estuve en una posición donde no pudiera proteger lo que era mío.

Así que esa pregunta no tiene respuesta útil viniendo de mí.” “Entonces dame la respuesta inútil.” Un momento.

“Haría que el coste de tomarlo fuera mayor que el valor de tenerlo.

De una forma u otra.” Jaha guardó eso.

No como estrategia inmediata — como principio.

La diferencia entre los dos era importante.

* * * Al día siguiente llegó al pabellón antes de la sesión habitual.

Shen Kaiming ya estaba dentro, sentado ante la mesa con un mapa extendido — el territorio de la secta y sus alrededores.

Las anotaciones en los márgenes eran de su letra pero más apresurada de lo habitual, como escritas mientras pensaba en otra cosa.

“Quería preguntarle algo.” “Ya lo sé” dijo el patriarca sin levantar la vista del mapa.

“Sobre la veta.” “Sí.” Shen Kaiming lo miró con la atención tranquila de siempre, pero había algo debajo de ella que Jaha no le había visto antes — una preocupación genuina que no intentaba disimular.

“Hay tres opciones” dijo el patriarca.

“Declarar el hallazgo públicamente y buscar alianzas que nos den protección a cambio de acceso.

Venderle los derechos de explotación a un clan mayor y quedarnos con una parte del beneficio bajo su paraguas.

O desarrollarlo solos y asumir lo que eso implica.” “Ninguna es perfecta.” “No” confirmó Shen Kaiming.

“La primera nos hace dependientes de quién elijamos y nos expone a cualquiera que no elijamos.

La segunda nos da seguridad a cambio de control — y perder el control de algo en tu propio territorio tiene consecuencias que van más allá del recurso en sí.

La tercera…” Hizo una pausa.

“La tercera requiere que seamos más de lo que somos ahora mismo.” Jaha miró al patriarca.

Era la primera vez que lo veía hablar de la secta con esa honestidad — sin el optimismo moderado que usaba habitualmente, sin el peso de tener que parecer tranquilo delante de los discípulos.

Solo los hechos.

“¿Cuánto tiempo tiene antes de que alguien más lo sepa?” “Menos del que nos gustaría” dijo Shen Kaiming.

“Las piedras espirituales de trueno son un material base para cualquier clan cuyo Dao tenga relación con el trueno o el rayo.

Para la creación de artefactos y matrices de alto nivel también son difíciles de sustituir.

Una veta de este tamaño es exactamente el tipo de recurso que ciertos clanes considerarían demasiado valioso para dejarlo en manos de una secta pequeña.” No añadió nada más.

No hacía falta.

* * * Moshi escuchó el resumen completo sin interrumpir, con los libros cerrados por primera vez en semanas — señal, Jaha había aprendido, de que algo le parecía genuinamente relevante.

Cuando Jaha terminó, Moshi guardó silencio durante un momento.

Después habló con la precisión de quien ha procesado la información mientras la recibía.

“Una veta de piedras espirituales de trueno de tamaño suficiente para ser noticia tiene un valor de mercado que supera en varios órdenes de magnitud los recursos anuales de una secta de este tamaño.

Eso significa que cualquier facción con ambición y capacidad va a enterarse tarde o temprano.

El territorio de la Qingtian Zong no está en una ubicación que dificulte el acceso.

Y las formaciones perimetrales, aunque ya sin el fallo del sector norte, no están diseñadas para resistir presión sostenida de un poder mayor.” “¿Y?” “Y eso convierte el hallazgo en un problema disfrazado de buena noticia.” Lo dijo sin énfasis.

Como quien describe el tiempo.

Pero la frase quedó en el aire entre ambos con el peso específico de las cosas que son ciertas y que nadie quiere ser el primero en decir.

“El patriarca ya lo sabe” dijo Jaha.

“Por eso no está celebrando” respondió Moshi.

Y volvió a abrir el libro.

* * * Llegaron al tercer día.

Jaha los vio desde el corredor del edificio principal y se retiró un paso hacia la sombra antes de que cualquiera de ellos pudiera verlo.

El símbolo del Clan Jinrae bordado en el pecho.

Discreto, pero Jaha no necesitaba que fuera visible — había crecido viendo ese símbolo en las visitas diplomáticas que su padre recibía en el Clan Yeon.

Aliados en la superficie, como muchos clanes lo eran entre sí.

Lo suficientemente cercanos para sonreírse en público, lo suficientemente distantes como para que nadie confundiera esa sonrisa con confianza real.

Sabía exactamente quiénes eran.

Y sabía exactamente que ellos no debían saber que él estaba aquí.

Desde la sombra del corredor observó el intercambio — el discípulo de guardia, las palabras de uno de los visitantes con el tono de quien está acostumbrado a que las puertas se abran cuando llega, la salida de Shen Kaiming para recibirlos personalmente.

El patriarca no salía a recibir visitas de cortesía en persona.

Que lo hiciera significaba que había calculado que no hacerlo costaría más de lo que valdría.

El intercambio fue breve.

Sonrisas de las dos partes, una inclinación formal, palabras que a esa distancia llegaban como murmullo.

Shen Kaiming los invitó al interior con un gesto que no tenía nada de forzado.

Jaha los siguió con la mirada hasta que desaparecieron dentro del pabellón de recepciones.

El representante principal había mirado el jardín al entrar — un vistazo rápido, aparentemente casual.

Era la mirada de alguien que no viene a visitar.

Viene con un propósito.

Fin del Capítulo 11 REFLEXIONES DE LOS CREADORES Yeiler Invitados no deseados en la secta ,¿Cómo resolverá esta situación el patriarca?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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