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El Soberano de las Cenizas - Capítulo 9

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  3. Capítulo 9 - 9 Capítulo 9- Una herida con forma de verso
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9: Capítulo 9- Una herida con forma de verso 9: Capítulo 9- Una herida con forma de verso Antes del amanecer el mundo tiene una calidad específica — no silencio exactamente, sino algo anterior al ruido.

Jaha lo había aprendido en el Clan Yeon sin buscarlo, y lo había reencontrado aquí sin proponérselo.

Se sentó en el suelo de su cuarto con la espalda contra la pared y cerró los ojos.

Esta vez no esperó.

Buscó.

La presencia respondió antes de lo que esperaba — con menos esfuerzo que las veces anteriores, como si el camino entre ambos se volviera más transitable con cada uso.

“Estás mejorando” llegó la voz.

Más clara.

Todavía con ese peso de algo que viene desde muy adentro, pero sin el esfuerzo visible de las primeras veces.

“¿Mejorando en qué?” “En saber dónde buscar.” Jaha consideró eso.

“¿Qué perdiste?” preguntó.

Directo, sin introducción.

La clase de pregunta que solo funciona cuando el otro ya sabe que vas a hacerla.

Una pausa.

No de evasión — de alguien que decide cuánto dar.

“Todo” respondió la voz finalmente.

“Lo construí durante más tiempo del que puedes imaginar.

Y lo perdí en un momento.” “¿Cómo?” “De la única forma que realmente duele.” Jaha no preguntó más.

Había aprendido que algunas respuestas llegaban solas si sabías esperar.

“¿Puedes enseñarme algo?” preguntó después de un momento.

La voz tardó en responder.

Cuando lo hizo no era un sí ni era un no.

“Depende de si puedes recibir lo que enseño.” “¿Y eso cómo se sabe?” “Ya lo estás descubriendo.” Y después silencio.

No el silencio vacío de las primeras semanas.

El silencio de alguien que dijo exactamente lo que quería decir y no necesita añadir nada más.

Jaha abrió los ojos.

El cuarto empezaba a tener luz.

Tenía más preguntas que respuestas.

Pero también tenía algo que no había tenido antes — la certeza de que las respuestas existían.

* * * El patriarca llegó a la sesión con el papel doblado en la mano.

Lo dejó sobre la mesa entre los dos sin decir nada.

Jaha lo miró un momento antes de tomarlo.

Lo desdobló.

Reconoció su propia letra — o algo que se parecía a su letra pero con una cadencia que no recordaba haber decidido conscientemente.

Leyó en voz baja: Aprendí el nombre del dolor el día que lo pronunció alguien que quería.

El silencio después duró lo suficiente para ser real.

“¿Sabes lo que escribiste?” preguntó Shen Kaiming.

“Palabras” dijo Jaha.

La misma respuesta que la primera vez.

El patriarca no sonrió exactamente.

Pero algo en su expresión se movió.

“Las técnicas del Dao de los Poemas se aprenden.

Se practican.

Se perfeccionan con el tiempo y el esfuerzo.” Se levantó y fue hacia la ventana.

“Pero hay algo que ninguna técnica puede producir.

Las verdades más profundas no se piensan, Jaha.

Se escapan.

Llegan cuando la mente está en otra parte y el alma encuentra un momento sin vigilancia.” Hizo una pausa.

“Lo que escribiste no lo pensaste.

Por eso vale lo que vale.” Jaha miró el papel en sus manos.

El verso era suyo — reconocía el movimiento del pincel, el peso de cada trazo.

Pero había algo en él que no podía reclamar completamente.

Como si hubiera sido el instrumento de algo más que su propia mano.

“¿De dónde cree que vino?” preguntó.

Shen Kaiming se volvió a mirarlo con esa atención tranquila que tenía para las preguntas que importaban.

“De donde siempre vienen las cosas verdaderas” dijo.

“De un lugar que todavía no has aprendido a nombrar.” Jaha dobló el papel con cuidado — el mismo cuidado que había usado el patriarca — y lo guardó.

* * * Lo encontró después de la sesión, sentado en su roca habitual con cuatro libros abiertos simultáneamente a su alrededor como si fueran una formación de estudio que solo él podía leer.

Moshi no levantó la vista cuando Jaha se acercó.

Pero habló.

“La formación de protección norte tiene un fallo.” Jaha se detuvo.

“¿Qué formación?” “La perimetral norte.

La que llevan años sin revisar porque nadie la ha necesitado.” Cerró uno de los libros.

Lo abrió en otra página.

“El tercer nodo de anclaje está desalineado.

No mucho — suficiente para que bajo presión sostenida la barrera ceda por ese punto antes que por cualquier otro.” “¿Cómo lo encontraste?” “Lo leí.” “¿Leíste la formación?” “Leí el patrón de energía que deja.

No es lo mismo pero produce la misma información si sabes qué buscar.” Jaha lo miró durante un momento.

Moshi ya había vuelto al libro — con la indiferencia de quien acaba de mencionar algo obvio sin entender por qué el otro lo encuentra notable.

Eso era exactamente lo que lo hacía notable.

“¿Se lo dijiste a alguien?” “Te lo estoy diciendo a ti.” “Me refiero a los maestros.

Al patriarca.” Moshi levantó la vista por primera vez.

“No me preguntaron.” Jaha procesó eso.

Después se sentó en el suelo junto a la roca.

“Cuéntame más sobre el fallo.” Moshi lo miró un segundo — evaluando si la pregunta era genuina o educada.

Determinó que era genuina.

Volvió al libro y empezó a explicar.

Habló durante veinte minutos sin parar, con la precisión de alguien que lleva semanas procesando algo que ahora por fin tiene un receptor adecuado.

Jaha escuchó sin interrumpir.

Cuando terminó el silencio entre ambos era diferente al de siempre.

Más denso.

Del tipo que se produce cuando dos personas acaban de entender algo que ninguna de las dos había podido articular sola.

* * * Esa tarde en su cuarto, con el papel del primer verso sobre la mesa, Jaha intentó escribir conscientemente por primera vez.

No para demostrar nada.

Para entender qué había ocurrido la primera vez — si podía reproducirlo o si había sido algo irrepetible.

Tomó el pincel.

Esperó.

Nada al principio.

El papel en blanco y la mente demasiado presente, demasiado consciente de sí misma para dejar pasar lo que Shen Kaiming había descrito.

Intentó lo contrario de lo que su instinto le pedía — en lugar de buscar las palabras, dejó de buscarlas.

Pensó en la voz de esa mañana.

En lo que había perdido.

En la forma en que había dicho *todo* con la misma calma con que alguien describe el tiempo.

El pincel se movió.

Cuando levantó la vista había algo en el papel.

No lo leyó inmediatamente.

Esperó.

Después lo leyó.

No era perfecto — notaba dónde la mente había interferido, dónde la técnica había reemplazado la verdad.

Pero había un verso en el centro de lo escrito que tenía algo.

Algo pequeño y real.

Y cuando lo leyó en voz baja el aire del cuarto cambió.

No dramáticamente.

No de una forma que nadie en el corredor habría notado.

Pero cambió — una variación leve en la densidad del espacio, como cuando alguien abre una ventana que llevaba tiempo cerrada.

Jaha dejó el pincel.

Dobló el papel y lo guardó junto al primero.

Este no lo compartiría todavía.

Pero existía.

* * * Al atardecer, camino a su cuarto, Jaha pasó por el jardín central y vio al patriarca junto al árbol sin nombre.

Manos cruzadas a la espalda, mirando las ramas con la calma de alguien que no tiene ningún lugar urgente al que ir.

Jaha redujo el paso sin saber exactamente por qué.

“¿Sabes por qué está aquí este árbol?” preguntó Shen Kaiming sin voltearse.

Jaha se detuvo.

Lo miró — el mismo que llevaba semanas en el centro del jardín sin que le hubiera dedicado un pensamiento consciente.

“No.” “¿Lo plantaste tú?” “Nadie lo plantó” dijo Shen Kaiming.

“Cuando construí esta secta ya estaba aquí.

Una semilla que llegó sola — el viento, un pájaro, quién sabe.

Para cuando lo vi ya tenía raíces y no tenía sentido arrancarlo.” Se rascó la nuca con la expresión de alguien recordando algo que le causó más problemas de lo que esperaba.

“El primer año quise cortarlo.

Estaba justo donde necesitaba poner el área de práctica.

Pero cada vez que iba a hacerlo algún discípulo estaba sentado debajo.

Al final dejé el área de práctica en otro lado.” “¿Y el árbol?” “El árbol se quedó.” Lo dijo sin énfasis.

Como un hecho que ya no necesita comentario.

“Con el tiempo los discípulos empezaron a reunirse aquí solos, sin que nadie se los pidiera.

Ahora no imagino el jardín sin él.” El patriarca recogió la tetera del banco — fría desde hacía horas — y caminó hacia el interior sin añadir nada más.

Jaha se quedó mirando el árbol.

Las ramas crecían hacia donde querían, sin que nadie les hubiera dicho en qué dirección ir.

No sabía todavía que recordaría esa conversación durante mucho tiempo.

Y que cuando la recordara ya no sería posible tenerla de nuevo.

Fin del Capítulo 9 REFLEXIONES DE LOS CREADORES Yeiler Se desvela el primer poema de Jaha, nueva interacción con la voz, primer vestigio del verdadero talento de moshi

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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