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El Soberano de las Cenizas - Capítulo 12

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  3. Capítulo 12 - 12 Capítulo 12- La respuesta correcta
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12: Capítulo 12- La respuesta correcta 12: Capítulo 12- La respuesta correcta La reunión duró menos de una hora.

Jaha escuchó desde el corredor exterior con la misma atención que prestaba a todo lo que no estaba destinado a sus oídos.

El representante del Clan Jinrae hablaba con la fluidez de alguien que conoce el valor exacto de lo que ofrece y no necesita subrayarlo.

La oferta era simple en su superficie y más clara todavía en lo que no decía: la Qingtian Zong se convertía en rama menor del Clan Jinrae.

Protección, recursos, un porcentaje de los beneficios de la veta.

Todo el control pasaba al clan.

La secta seguía existiendo en nombre — sus muros, sus discípulos, su historia — pero sus decisiones dejaban de ser suyas.

Shen Kaiming escuchó todo sin interrumpir.

Cuando el representante terminó, el patriarca hizo una sola pregunta.

“¿Cuánto tiempo nos dan para considerar la oferta?” Una semana, respondió el representante.

Generosos.

“Entendido” dijo Shen Kaiming.

“La respuesta es no.” Silencio.

“No necesito una semana.

Agradezco la visita.” Se puso de pie.

La reunión había terminado.

El representante salió con una sonrisa que no había traído al entrar.

El tipo de sonrisa que no es cortesía.

* * * Cuando la tarde empezaba a enfriarse Jaha salió al jardín.

Shen Kaiming estaba junto al árbol sin nombre con las manos detrás de la espalda — la postura de siempre, pero había algo diferente en el peso de ese silencio que Jaha había aprendido a leer en semanas de convivencia.

Se puso a su lado.

No dijo nada sobre lo que había escuchado.

El patriarca tampoco mencionó la reunión.

“He estado pensando en los dos” dijo Shen Kaiming después de un momento.

“¿En quiénes?” “En ti y en Yan Moshi.” Hizo una pausa breve.

“En los años que llevo dirigiendo esta secta he visto pasar a muchos discípulos.

Algunos con más talento que otros, algunos que llegaron con más de lo que aparentaban.

Pero lo que tenéis vosotros dos no es algo que encuentres fácilmente — y menos en una secta como esta.” “Moshi ve cosas que nadie más ve.

Tú entiendes cosas que nadie te enseñó a entender.

Creo que ya es tiempo de que lo uséis fuera de estos muros.” “Una misión.” “Un pueblo bajo nuestra protección lleva semanas con problemas de bandidos.

Irás con Moshi.” Jaha asintió.

Shen Kaiming lo miró un momento más.

“Hay algo que quiero que consideres antes de salir” dijo.

“Ciertos clanes con tradición en armas tienen una práctica que el mundo exterior apenas conoce — sellos de combate.

Artefactos de un solo uso.

Nadie los espera, nadie los ve venir.

Una carta que se juega una vez en el momento exacto.” “¿Existen textos sobre cómo crearlos?” “No que yo tenga” dijo el patriarca.

“Pero alguien con tu Dao no debería necesitarlos.” Volvió a mirar el árbol.

La conversación había terminado.

* * * Antes de la cena fue a buscar a Moshi.

Lo encontró en su roca habitual, rodeado de los libros de siempre.

“¿Sabes algo sobre sellos de combate de un solo uso?” Moshi levantó la vista.

Era una de esas preguntas que lo activaban — Jaha ya reconocía esa expresión, la que tenía cuando alguien le daba el tipo exacto de problema que le gustaba.

“¿Sellos de activación única con carga ofensiva concentrada?” “Algo así.” “Hay un capítulo en el tercer volumen de Teoría de Formaciones Aplicadas” dijo Moshi.

Sin levantarse de la roca extendió la mano hacia la pila de libros a su derecha, sacó el tercero desde arriba sin mirar y lo abrió directamente en la página correcta.

“Capítulo doce.

No es completo pero es lo que hay.” Jaha tomó el libro.

“¿Lo has leído?” “Hace tres semanas.

El principio de carga es diferente al de las formaciones perimetrales pero la lógica de contención es la misma.” Una pausa.

“¿Para qué lo quieres?” “Shen Kaiming nos va a mandar a una misión, a los dos.” Moshi lo miró.

Algo cambió en su expresión — no exactamente entusiasmo, pero algo cercano.

La cara de alguien a quien le acaban de decir que el problema teórico en el que lleva semanas pensando tendrá una aplicación real.

“¿Cuándo salimos?” “En dos días.” “Devuélveme el libro cuando termines” dijo Moshi, y volvió a su lectura.

Jaha se fue con el volumen bajo el brazo.

Detrás de él escuchó a Moshi murmurar algo en voz baja — una nota mental sobre alguna formación que acababa de conectar con lo que acababan de hablar, probablemente.

Ya lo conocía suficiente para saberlo.

* * * El capítulo doce tenía dieciséis páginas escritas para especialistas, no para principiantes.

Jaha lo leyó tres veces.

Después lo dejó abierto sobre la mesa y tomó el pincel.

El primer sello se deshizo en cuanto intentó cargarlo.

El segundo aguantó treinta segundos.

El tercero explotó antes de tiempo y le chamuscó dos dedos.

Miró los dedos.

Miró el sello destruido.

El problema no era la carga — era la estructura.

El trazo que debía contener la energía cedía bajo presión real.

Esa noche buscó a Aethon.

“Los sellos no retienen la carga.

La estructura cede.” “¿Qué estás trazando?” “Líneas de contención.

El patrón del libro.” Silencio breve.

“Conocí a alguien cuyo Dao era la pintura” dijo Aethon.

“Uno de los seres más poderosos que he encontrado.

Decía que la diferencia entre un trazo técnico y un trazo real es que el primero describe lo que quieres que ocurra.

El segundo hace que ocurra.

Tus líneas de contención describen un límite.

No lo crean.” “¿Cómo se crea uno real?” “No se traza el contenedor” respondió Aethon.

“Se traza la intención de contener.” Jaha cerró los ojos un momento.

Después tomó el pincel.

Esta vez no pensó en líneas ni en patrones.

Pensó en lo que quería que el sello hiciera — su propósito, no su forma.

Y trazó desde ahí, dejando que su Dao de la Pintura y su comprensión de los artefactos se encontraran en el mismo trazo por primera vez.

El cuarto sello aguantó la carga.

El quinto también.

El sexto, cuando lo sostuvo en la palma, tenía un peso diferente — no más elaborado, sino más real.

Como la diferencia entre repetir palabras de memoria y decirlas porque las sientes.

Hizo tres en total.

Los guardó.

Afuera, tarde en la noche, una paloma mensajera salió del pabellón del patriarca.

* * * Yeon Zhaoren — Clan Hwarin Llevaba seis semanas en el Clan Hwarin y ya era exactamente lo que necesitaba ser.

No había llegado pidiendo nada.

No había necesitado hacerlo.

En las primeras semanas había resuelto tres situaciones que los ancianos del clan llevaban meses sin poder cerrar — una disputa territorial con una facción menor, un problema de recursos en el sector norte, una negociación que había fracasado dos veces antes de que él se sentara a la mesa.

Lo hizo sin que nadie se lo pidiera y sin hacer del resultado algo mayor de lo que era.

El clan llegó a sus propias conclusiones.

Eso era lo que Zhaoren entendía mejor que nadie — que las personas se convencen solas mucho más profundamente de lo que se dejan convencer.

No necesitaba demostrar nada.

Solo crear las condiciones para que los demás vieran lo que él quería que vieran, y quedarse quieto mientras lo hacían.

Seis semanas después de llegar como huésped, los miembros del Clan Hwarin gravitaban hacia él con la naturalidad de algo que simplemente ocurre.

Los más jóvenes lo buscaban.

Los mayores lo consultaban.

El patriarca lo invitaba a reuniones que técnicamente no le correspondían.

Nadie sabía explicar exactamente por qué — solo que cuando Zhaoren estaba en una sala, la sala lo notaba.

Esa tarde estaba en los jardines con Hwarin Sera, la hija menor del patriarca.

Diecinueve años, talentosa, acostumbrada a que los demás cedieran ante ella.

Llevaba semanas intentando descifrar a Zhaoren con la determinación de quien no está acostumbrada a no entender algo.

Él la dejaba intentarlo.

Era más útil así.

Conversaban sobre técnicas de cultivo — ella hablaba, él escuchaba con la atención justa, y en los momentos correctos decía lo que necesitaba decir para que ella llegara a las conclusiones que él quería.

No la contradecía.

No la halagaba.

Solo hacía que cada idea que ella tenía pareciera más brillante después de pasar por él.

Era un arte.

Zhaoren lo practicaba con la misma precisión con que practicaba cualquier otra cosa.

Un mensajero cruzó el jardín.

Zhaoren lo registró sin mirarlo — sello de correspondencia urgente, dirección al pabellón del patriarca — y siguió la conversación sin pausa.

Lo que sí le había llegado esa mañana por un contacto propio era que el Clan Jinrae había enviado representantes a una secta menor de la región.

Una secta con un hallazgo reciente de valor considerable.

El Clan Jinrae no mandaba representantes a facciones menores por cortesía.

Eso significaba que lo encontrado en esa secta valía la pena — y que alguien había decidido que era más conveniente negociar antes de actuar.

Archivó esa información junto a todo lo demás que acumulaba sobre los movimientos de poder en la región.

Los patrones del Clan Jinrae siempre decían algo sobre el estado del tablero, y Zhaoren llevaba meses construyendo una imagen completa de ese tablero.

Hwarin Sera seguía hablando.

Zhaoren la escuchaba con la expresión de alguien genuinamente interesado, porque esa era la expresión que convenía tener.

No era difícil.

Nunca lo había sido.

Fin del Capítulo 12 REFLEXIONES DE LOS CREADORES Yeiler Shen Kaiming dijo que no.

Zhaoren sigue moviendo sus piezas.

Y en algún lugar entre los dos, Jaha acaba de crear algo que nadie esperaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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