Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

El Soberano de las Cenizas - Capítulo 17

  1. Inicio
  2. El Soberano de las Cenizas
  3. Capítulo 17 - 17 Capitulo 17- Una última oportunidad
Anterior
Siguiente
Configuración
Tamaño de Fuente
A A 16px
Tipo de Fuente
Color de Fondo

17: Capitulo 17- Una última oportunidad 17: Capitulo 17- Una última oportunidad Yan Moshi abrió los ojos antes de que Jaha terminara de hablar.

No hizo preguntas de inmediato.

Se incorporó en el futón, apartó el cabello de la cara y miró hacia la ventana abierta.

Las luces seguían ahí — pequeños puntos dorados moviéndose entre los árboles de la montaña, descendiendo con una paciencia que era más inquietante que cualquier prisa.

—No intentan ocultarse —murmuró.

—No parece que tengan motivo —respondió Jaha desde el marco de la puerta.

El viento nocturno movía las cortinas.

La lámpara de aceite sobre la mesa oscilaba sin apagarse.

—¿Cuántos crees?

—preguntó Moshi.

—Demasiados para ser exploradores.

—Genial.

Se levantó del futón y tomó el libro que tenía sobre la mesa — un gesto tan automático que probablemente no lo pensó — antes de acercarse a la ventana.

Permaneció observando el bosque un momento.

—Supongo que el patriarca ya lo sabe.

—Si no lo sabía antes, lo sabrá ahora —dijo Jaha.

—Eso no suena tranquilizador.

¿Hace cuánto las viste?

—Unos minutos.

Ya están dentro del territorio.

El silencio que siguió fue más pesado.

—Vamos a ver al patriarca —dijo Moshi.

—Pensé que dirías eso —respondió Jaha, apartándose de la puerta.

* * * Cuando llegaron al pabellón principal la puerta ya estaba abierta.

Shen Kaiming estaba sentado frente a una mesa baja con una tetera humeante.

Ni siquiera levantó la vista cuando entraron.

—Me preguntaba cuánto tardaríais.

—¿Ya lo sabía?

—preguntó Moshi.

—Hace un rato.

Sentaos.

El patriarca sirvió té con calma y empujó las tazas hacia ellos.

Jaha se quedó de pie junto a la entrada abierta, mirando el patio oscuro.

Las luces seguían avanzando — despacio, con una calma deliberada que no era descuido sino demostración.

—El Clan Jinrae —dijo Moshi.

—¿Conoces a algún otro clan que llegue de noche con esa falta de sutileza?

—No cuando quieren ser educados.

—Tampoco cuando creen que no necesitan serlo —respondió Shen Kaiming.

—¿Qué piensa hacer?

—preguntó Jaha sin volverse.

—Recibirlos.

Han venido a hablar, así que escucharemos lo que tienen que decir.

Había algo en su tono que no era ingenuidad — era la serenidad de alguien que ha pensado en sus opciones con tiempo suficiente para no necesitar apresurarse ahora.

—Intentad descansar lo que podáis —dijo el patriarca—.

Antes de que lleguen hay algo que quiero mostraros.

* * * Los llevó al interior de sus aposentos sin más explicación.

Era una habitación austera — los mismos textos en las paredes que el estudio, sin adornos que no tuvieran una función.

Shen Kaiming se arrodilló junto a la pared norte y retiró tres piedras con la precisión de quien lo ha hecho muchas veces.

Detrás había una abertura estrecha.

Más allá, oscuridad.

—Conecta con una cabaña en el bosque —explicó—.

Siete kilómetros al sur.

La construí hace años cuando fundé la secta.

Una precaución.

Nunca la he necesitado.

Moshi miró la abertura.

—¿Por qué nos lo muestra ahora?

—Porque prefiero que lo sepáis antes de que lleguen.

—Los miró a ambos—.

Si en algún momento la situación se complica más de lo que espero, quiero que os llevéis a los discípulos que quieran salir.

Los más jóvenes, los de menos nivel.

Esa será vuestra misión.

—¿Y usted?

—preguntó Jaha.

—Yo estaré negociando.

Para eso estoy aquí.

Les explicó cómo orientarse dentro del túnel, dónde estaba la salida, cómo abrir la trampilla desde adentro.

Una vez, con claridad, sin dramatismo.

—Prometedme que si llega ese momento lo haréis.

Jaha no respondió de inmediato.

Moshi sí.

—Prometido —dijo.

Shen Kaiming miró a Jaha.

—Prometido —repitió Jaha, aunque algo en su voz dejaba claro que la promesa le costaba más de lo que aparentaba.

El patriarca asintió.

Volvieron a colocar las piedras y salieron de los aposentos sin añadir nada más.

* * * Llegaron cuando el cielo empezaba a tomar el color gris que precede al amanecer.

Cinco cultivadores.

No más — no necesitaban más.

Entraron por la puerta principal de la Qingtian Zong como si el espacio ya les perteneciera, con la soltura de quien está acostumbrado a que las puertas se abran a su paso sin que nadie lo pida.

Sus ropas llevaban los colores del Clan Jinrae — negro y dorado — y sus tatuajes del Dao asomaban por los cuellos con la visibilidad de quienes no tienen ninguna razón para ocultarlos.

Habían avanzado despacio desde el bosque.

No porque no pudieran ir más rápido — un cultivador de su nivel podría haber cruzado ese territorio en minutos — sino porque no sentían ninguna prisa.

Una secta pequeña no era una amenaza.

Era un trámite.

El que iba al frente era mayor, con el cabello recogido y la expresión de alguien que ha tenido esta misma conversación muchas veces y sabe exactamente cómo termina.

Shen Kaiming los recibió en el patio central, de pie junto al árbol sin nombre, con las manos unidas a la espalda.

Jaha y Moshi estaban a un lado.

Lo suficientemente cerca para escuchar.

—Patriarca —dijo el enviado con una inclinación mínima—.

El Clan Jinrae agradece que nos reciba.

—Siempre bien recibidos —respondió Shen Kaiming—.

Pasad.

* * * La conversación en el pabellón empezó con la formalidad habitual entre facciones.

El enviado fue directo.

El Clan Jinrae quería acceso a la veta espiritual del territorio norte de la Qingtian Zong — un recurso que sus exploradores habían identificado recientemente y que consideraban demasiado valioso para dejarlo en manos de una secta sin los recursos para aprovecharlo correctamente.

Ofrecían compensación.

Ofrecían protección.

Era, según el enviado, una oportunidad que la secta debería considerar seriamente.

Era también, aunque nadie lo dijera en voz alta, la última vez que lo pedirían.

Shen Kaiming escuchó todo en silencio.

Cuando el enviado terminó, el patriarca sacó una carta doblada del interior de su ropa y la colocó sobre la mesa con calma.

—Antes de responder, quiero que veáis esto.

El enviado tomó la carta.

La leyó.

El silencio que siguió duró exactamente lo que tardó en entender lo que tenía en las manos.

Era una carta del Pabellón del Viento Sin Frontera.

Un acuerdo en proceso de formalización — protección, alianza comercial, respaldo político.

El sello del Pabellón en la esquina inferior no dejaba dudas sobre su autenticidad.

—Ya tenemos un acuerdo en proceso con ellos —dijo Shen Kaiming—.

Quería que lo supierais antes de dar una respuesta.

El enviado dejó la carta sobre la mesa.

Miró al cultivador que tenía a su derecha.

Algo pasó entre ellos en ese segundo — una decisión tomada sin palabras.

Entonces tomó la carta, la sostuvo un momento entre los dedos y la rompió por la mitad con un movimiento limpio y deliberado.

Dejó los dos trozos sobre la mesa.

—El Pabellón del Viento Sin Frontera está muy lejos de aquí —dijo.

Su voz no había subido ni un tono—.

Esta secta, en cambio, está exactamente donde siempre ha estado.

Shen Kaiming miró los trozos de carta sobre la mesa.

Después miró al enviado.

—Acabáis de romper el acuerdo de una facción que no está aquí para defenderse.

—Lo que acabamos de romper es papel.

—El enviado se recostó levemente en su asiento—.

Patriarca, os hemos dado una oportunidad.

Habéis elegido complicar las cosas.

Eso tiene consecuencias.

—¿Qué consecuencias?

—preguntó Shen Kaiming.

—Que ahora ya no hay negociación.

—El enviado se puso de pie.

Los cuatro cultivadores detrás de él hicieron lo mismo—.

El Clan Jinrae tomará lo que necesita.

Eso siempre fue inevitable — simplemente esperábamos que hubiera una forma más ordenada de llegar hasta ahí.

Shen Kaiming no se levantó.

Permaneció sentado, mirando al enviado con la misma expresión tranquila de siempre.

Solo sus ojos tenían algo diferente — no miedo, sino la comprensión exacta de lo que acababa de ocurrir y de lo que vendría después.

Se volvió hacia Jaha y Moshi.

—Id —dijo.

Jaha no se movió.

—Patriarca— —Os lo prometisteis —dijo Shen Kaiming.

Sin urgencia.

Sin drama.

Solo ese tono definitivo que usaba para las cosas que no admitían discusión—.

Id ahora.

—Lo prometimos —dijo Moshi en voz baja, poniéndole una mano en el brazo a Jaha.

Jaha miró al patriarca.

Miró al enviado del Clan Jinrae que los observaba con la indiferencia de quien mira marcharse a gente que no representa ningún problema.

Una secta de discípulos de bajo nivel.

No era una amenaza.

Era ruido de fondo.

Esa indiferencia fue lo último que Jaha vio antes de darse la vuelta.

Salieron del pabellón.

Detrás de ellos, el enviado del Clan Jinrae dijo algo en voz baja a los cultivadores que lo acompañaban.

Ninguno de los dos se volvió a mirar.

Tenían una promesa que cumplir.

Jaha puso la mano en el hombro al primer discípulo para despertarlo cuando una luz brillante y violenta estalló a sus espaldas — tan cerca que el calor llegó antes que el sonido.

No había amanecer que pudiera hacer eso.

La negociación había terminado.

Fin del Capítulo 17

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo