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El Soberano de las Cenizas - Capítulo 18

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18: Capitulo 18- Después del trueno 18: Capitulo 18- Después del trueno El túnel olía a tierra húmeda y a años sin luz.

Jaha caminaba al final del grupo con el pincel en la mano — no para usarlo, sino porque necesitaba tener algo.

Delante de él, doce siluetas avanzaban en fila con la lámpara de Moshi como único punto de luz.

Las sombras que proyectaban en las paredes de tierra se movían con cada paso, alargándose y encogiéndose como si el túnel respirara junto a ellos.

Arriba, el suelo temblaba.

No de forma continua — llegaba en golpes separados.

Primero uno, después otro, después varios seguidos que hacían caer polvo fino del techo sobre sus cabezas.

Jaha los contaba sin querer.

Cada golpe era una formación destruida, un edificio cediendo, algo que había tardado treinta y dos años en construirse y que tardaba segundos en dejar de existir.

Uno de los discípulos más jóvenes — uno que Jaha había visto practicar en el jardín semana tras semana sin que nadie le prestara atención especial — lloraba en silencio mientras caminaba.

No se detuvo.

No hizo ningún ruido que los demás pudieran escuchar.

Solo seguía poniendo un pie delante del otro, con la cabeza gacha y los hombros temblando levemente, con la determinación silenciosa de alguien que ha decidido que el llanto y el caminar no tienen por qué excluirse el uno al otro.

Jaha lo miró un momento y apartó la vista.

Moshi avanzaba al frente sin haberse vuelto ni una sola vez desde que entraron al túnel.

La lámpara en alto, el libro bajo el brazo — ese gesto automático que probablemente ni él notaba ya — con la misma cadencia constante de siempre.

Si había algo ocurriendo dentro de él que no fuera la concentración de alguien guiando a un grupo por la oscuridad, no lo mostraba.

Otro golpe desde arriba.

Este más cerca.

El suelo tembló lo suficiente para que alguien del grupo diera un traspié y se apoyara en la pared para no caer.

Jaha apretó el pincel y siguió caminando.

Lo prometió.

Lo prometió delante del patriarca y delante de Moshi y eso era lo correcto y todo eso era verdad y aun así había algo en su pecho que no cabía en ninguna de esas palabras — algo que quemaba de una forma específica y silenciosa, la quemadura de quien sabe exactamente lo que está dejando atrás y no puede hacer nada para evitarlo.

La trampilla de salida estaba donde Shen Kaiming había dicho.

Jaha la encontró con la mano antes de verla, presionó en el punto exacto que el patriarca les había enseñado una sola vez con claridad suficiente para que no necesitaran repetirlo, y la madera cedió hacia arriba sin ruido.

El aire frío del bosque entró de golpe — tan diferente al del túnel que varios discípulos contuvieron el aliento al sentirlo.

Salieron uno por uno en silencio.

Jaha fue el último.

Antes de cerrar la trampilla se quedó un momento con la mano en la madera, mirando hacia arriba.

El cielo sobre los árboles tenía el color equivocado.

No era el gris tranquilo del amanecer — era naranja, vivo, demasiado brillante para esa hora.

Cerró la trampilla.

Moshi ya tenía al grupo organizado.

Se volvió hacia el sur sin esperar más.

—Siete kilómetros.

Caminamos.

Nadie protestó.

Nadie habló.

El bosque los recibió en el mismo silencio con que los animales guardan distancia cuando saben que algo grande acaba de ocurrir cerca.

* * * Clan Jinrae — al mismo tiempo El anciano Wei Suihen llevaba cuatro décadas en el Clan Jinrae y sabía exactamente lo que hacía.

No era destrucción.

Era un mensaje.

Había una diferencia fundamental entre tomar algo por la fuerza y asegurarse de que el mundo entero supiera cómo y por qué había ocurrido.

El Clan Jinrae no operaba en silencio — eso era para los que tenían algo que ocultar.

Lo que hacían esta noche lo hacían con sus colores puestos, sus técnicas sin restringir, sus cultivadores visibles desde cualquier punto del territorio.

Precisamente para que quedara claro sin necesidad de explicaciones: esto es lo que le ocurre a quien dice no cuando no tiene el poder para sostenerlo.

Las técnicas del trueno no eran las más elegantes del mundo cultivador.

Eran las más visibles.

El rayo que caía sobre el pabellón principal no necesitaba ser preciso ni eficiente — necesitaba ser visto desde lejos, necesitaba dejar una cicatriz en el territorio que cualquier cultivador que pasara por aquí en los próximos años pudiera leer sin que nadie tuviera que explicársela.

Los discípulos que se habían quedado a resistir cayeron rápido.

Sin nivel real, sin técnicas que pudieran cambiar el resultado.

Wei Suihen ni siquiera supervisó esa parte — era trabajo para los más jóvenes del grupo, práctica de campo para cultivadores que todavía necesitaban experiencia enfrentando situaciones reales.

Uno de ellos se acercó.

—Señor Liu.

Hay un túnel en los aposentos del patriarca.

Algunos discípulos escaparon antes de que comenzáramos.

—Lo sé.

—¿Lo sabía?

—Detecté el movimiento cuando todavía estaban dentro del túnel.

—Wei Suihen no apartó la vista del patio—.

Una docena de discípulos de bajo rango, sin cultivadores de nivel real entre ellos.

Que escapen.

Que cuenten lo que vieron aquí esta noche.

Eso también es parte del mensaje.

El cultivador procesó eso.

—¿Y si hablan con el Pabellón del Viento Sin Frontera?

—El Pabellón ya tiene nuestra carta explicando lo ocurrido.

Rompimos la suya delante del patriarca — deliberadamente, para que quedara claro que sabíamos del acuerdo y actuamos de todas formas.

Que sepan exactamente dónde estamos.

El cultivador no respondió.

Asintió y se retiró.

Wei Suihen miró el árbol sin nombre que seguía en pie en el centro del patio, solo entre las ruinas, con el patriarca de la Qingtian Zong caído debajo de sus ramas.

Sí.

Eso hablaría.

Con el patriarca había sido distinto desde el principio.

Tres de los cultivadores más jóvenes se habían encargado de él mientras Wei Suihen supervisaba el resto de la operación.

Las burlas llegaban desde ese extremo del patio en fragmentos — comentarios sobre el valor de resistir sin poder real detrás, risas cuando el patriarca caía, apuestas en voz baja sobre cuántas veces más podría levantarse.

Y el patriarca se levantaba cada vez.

No con fuerza.

No con técnicas que cambiaran nada.

Se levantaba porque seguía eligiendo hacerlo, con la misma expresión tranquila de siempre, sin apartar la vista de sus atacantes ni un momento.

Como si la humillación no encontrara dónde agarrarse en él.

Como si el suelo fuera simplemente un lugar temporal desde el que volvería a ponerse de pie, sin importar cuántas veces lo enviaran ahí.

Cada vez que el patriarca se incorporaba algo cambiaba levemente en ese extremo del patio.

Las risas llegaban más espaciadas.

Los comentarios perdían convicción.

Un hombre sin poder real estaba incomodando a cultivadores que lo superaban en varios rangos con un método tan simple que resultaba difícil de combatir: negarse a caer de la forma que ellos esperaban.

Wei Suihen lo observó durante un tiempo.

Después levantó una mano.

Los tres se apartaron sin preguntar.

Caminó hacia el centro del patio.

—Suficiente —dijo.

No a los jóvenes.

Al patriarca.

Dio un paso adelante.

* * * La cabaña apareció entre los árboles cuando el cielo empezaba a aclarar de verdad.

Era exactamente lo que el patriarca había descrito — pequeña, de madera oscura, sin ningún camino visible que llevara hasta ella.

El tipo de lugar que solo existe para quien ya sabe que está ahí.

Moshi comprobó el interior primero.

Hizo un gesto y los demás entraron.

Había una mesa, varios catres básicos apilados contra la pared, y provisiones almacenadas en orden.

Alguien las había repuesto hace no mucho.

Jaha lo vio y no dijo nada.

Apartó la vista.

Los discípulos se acomodaron sin hablar.

Algunos cayeron dormidos casi de inmediato — el cuerpo reclamando lo que la mente todavía no podía procesar.

Otros se quedaron con los ojos abiertos mirando el techo de madera, con la expresión de quien sigue esperando que algo resulte ser un error.

El más joven del grupo se sentó en un rincón con la cabeza entre las manos y no se movió.

Jaha salió.

El bosque estaba en silencio salvo por los primeros pájaros que empezaban a moverse entre las ramas.

En la dirección de donde venían, el cielo todavía tenía un resplandor que no debería estar ahí.

Moshi salió detrás de él y se sentó a su lado contra la pared de madera sin decir nada.

Tenía el libro en la mano pero no lo abrió.

Lo sostuvo como Jaha sostenía el pincel — algo conocido con qué ocupar las manos cuando todo lo demás estaba fuera de su control.

Estuvieron en silencio un rato.

—Fang Ruochen se quedó —dijo Moshi.

—Sí.

—Los maestros también.

Jaha miró de reojo a Moshi.

Hablaba con el mismo tono de siempre — directo, sin adornos, como cuando describía una formación o evaluaba una situación.

Pero tenía los ojos brillantes.

No dijo nada.

Volvió a mirar el bosque.

* * * Cuando todos los demás dormían, Jaha seguía en el exterior con el pincel en la mano.

Nivel uno avanzado.

Un pincel.

Unos pendientes.

Doce discípulos sacados por un túnel porque no existía ninguna otra opción real — porque cualquier cosa que hubiera intentado hacer con lo que era ahora mismo habría terminado exactamente igual, pero con una persona más entre los que no regresaron.

Eso era lo que más ardía.

No la impotencia en abstracto sino la suya propia, concreta, medible con números exactos.

Sabía perfectamente el nivel de los cultivadores del Clan Jinrae.

Sabía lo que habría ocurrido si hubiera intentado enfrentarlos.

No había espacio para la ilusión en ese cálculo.

La presencia dentro de él estaba quieta.

Aethon no habló.

Jaha ya había aprendido a distinguir ese silencio del vacío — no era ausencia, era la presencia de alguien que entiende que hay momentos en los que las palabras sobran.

Pensó en Shen Kaiming sentado frente a la tetera fría, sirviendo té con la misma calma con que hacía todo.

En la forma en que había puesto las cartas sobre la mesa sin urgencia ni miedo.

En el árbol sin nombre en el centro del jardín que llevaba décadas creciendo exactamente donde quería.

Se preguntó si el árbol seguía en pie.

Moshi se sentó a su lado en algún momento.

Jaha no lo escuchó salir de la cabaña — simplemente en un momento no estaba y en el siguiente estaba, con el libro cerrado sobre las rodillas y la vista entre los árboles.

—¿Cuándo volvemos?

—preguntó Jaha.

—Cuando el Clan Jinrae se haya ido.

No tienen razón para quedarse más tiempo del necesario.

—Los que pudimos sacar duermen ahí dentro.

Jaha lo dijo mirando la cabaña.

Moshi asintió sin añadir nada.

Doce personas.

Era insuficiente y era real al mismo tiempo, y las dos cosas eran igualmente ciertas.

Jaha volvió a mirar el pincel en su mano.

Lo había construido una noche con materiales básicos y compresiones a medias.

Era el principio de algo que todavía no tenía forma completa.

Pero era suyo, y era real, y apuntaba en una dirección.

La única respuesta que tenía sentido era volverse alguien que no volviera a perder de la misma forma.

No hacía falta decirlo en voz alta.

Moshi seguía mirando entre los árboles con el libro cerrado, y el bosque seguía en silencio, y la noche fue pasando lentamente hacia el amanecer.

Fin del Capítulo 18

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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