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El Trono de las Bestias - Capítulo 52

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Capítulo 52: Capítulo 51: Bajo el dorado.

Capítulo 51: Bajo el dorado

El peor escenario para Beltrán se había asentado.

Uno donde su mente, su principal arma desde el déficit, le jugaría en contra

Partículas doradas cayeron desde los cielos, dispersándose a varios cientos de metros antes de caer en asentamientos, ciudades, bosques, montañas, ruinas y valles completos.

Sin embargo, su efecto, fue alcanzado por cada ser vivo.

Incluso las cúpulas, que protegían a la gente de los efectos adversos que traerían las albas, se veían ineficaces de frenar por completo el efecto de esta.

El alba dorada era singular en su tipo, siendo rara vez constante e incluso no surgiendo en los 24 ciclos que conformaban un año.

Beltrán solo habría experimentado aquella alba una vez; sin embargo, aún era muy joven para ser plenamente consciente del efecto que esta causaría, no solo en él, sino en todos los que lo rodeaban en aquel entonces.

Personas como su padre y madre apenas veían alterado su carácter, por lo que su efecto fue apenas perceptible a través de los sirvientes, quienes durante su servicio permanecieron alejados del propio Beltrán.

…

En las zonas internas del alcantarillado, ubicadas en un sitio cercano a las plazas centrales, una red de túneles se interconectaba, desembocando hacia zonas desconocidas incluso en la actualidad.

Un constante misterio para los guardias era el paradero final de los alcantarillados; la red de túneles resultó lo suficientemente compleja como para representar un reto auténtico no solo para topógrafos, sino para cronistas, ingenieros civiles y conspiradores.

Se desconocían sus dimensiones totales y existieron incluso algunos que creyeron que el interior conectaba con otras ciudades construidas sobre asentamientos antiguos.

La supuesta existencia tanto de pasajes secretos como de zonas inexploradas en más de 1,000 años impulsaba a los aventureros a indagar, sumergiéndose en los misterios de este subterráneo.

Sin embargo, poco solía regresar.

Hacía no mucho, como consecuencia del efecto colateral de un alba, una criatura se habría visto sumergida en el alcantarillado, haciendo que varios guardias se aventurasen en su interior para subyugarla. Durante el acto, la bestia pareció huir en una dirección que yacía tapada tras sedimentos rocosos acumulados en conjunto con múltiples desechos.

Al indagar en aquella dirección y tras retirar una gran parte del sedimento, se descubrió la existencia de la zona subterránea. Debido a órdenes superiores, se prohibió estrictamente a las autoridades difundir información al respecto.

Con la iglesia notificada y en marcha, varios guardias se encontraron instalados en el silencioso interior.

Las leyendas sobre el interior del alcantarillado instaban a cualquiera a abandonarlo lo más pronto posible; la gente desaparecía sin dejar rastro aparente.

—Este sitio es inquietantemente silencioso.

Dispersados alrededor de los túneles que rodeaban el subterráneo, un guardia habló; inquieto por el silencio, decidió perturbarlo un poco conversando al respecto.

Otro guardia lo observó de reojo.

—Es normal en un sitio tan apartado del exterior, ¿no crees?

Las luces de las lámparas crepitaban sutilmente, dejando que las sombras se extendiesen por momentos antes de acallarse.

Escuchando a ambos guardias, un tercero habló, curioso.

—De igual forma, ¿no les parece un poco raro?

—¿Acaso no todo esto es raro? —contestó en burla otro guardia.

El hombre negó con la cabeza.

—No me refiero a lo que sucede alrededor de las desapariciones; sin nadie que dibujara la zona, es natural que la gente se pierda en el interior del alcantarillado.

El segundo guardia frunció el ceño, sin entender del todo.

—¿Entonces a qué te refieres?

—El ruido es escaso —dijo, callándose un momento para que los otros guardias pudieran percibir—. ¿Lo escuchan?

Uno de ellos negó con la cabeza.

—No escucho nada.

—¡Exacto! No hay ruido, además del de nuestras respiraciones y palabras, claro está.

—¿Y de qué forma eso es raro? Estando tan profundos de la superficie, es común no escuchar nada.

—Olvidas algo: las pequeñas criaturas que viven aquí, insectos y roedores, también algunas plantas. Pero no escuchamos sus ruidos; además de las propias aguas, por lo menos deberíamos sentir sus vibraciones.

—Bueno, definitivamente eso es raro, pero ¿eso sirve de algo?

El guardia negó.

—Realmente no, sin embargo me pareció curioso.

—Cambiando de tema, ¿creen que el alba ya haya caído?

—Debería, aunque me pregunto cuál podría ser. No se manifestó en la mañana, lo que podría significar que…

¡Plash!

Un ruido repentino hizo que los tres guardias instintivamente se sostuviesen en sus armas, preparados.

El sonido de una salpicadura lejana hizo que estos mismos observasen el extenso y aparentemente infinito túnel delante suyo.

Habiendo sido puestos a vigilar una de las entradas desconocidas a la zona, los guardias observaron.

Aunque no se creía que alguien además de ellos y los reclutadores conociera sobre la misteriosa zona, se insistió mucho en vigilar los túneles externos antes de llegar a su interconexión.

Alertados por el sonido, los guardias se pusieron en posición, con dos a los costados alzando sus espadas cortas, adecuadas al terreno.

El último avanzó hacia la lámpara crepitante en el suelo; tras tomarla, apuntó su luz hacia lo que estuviese delante suyo.

A través de las finas rendijas de malla, la luz amarillenta reveló una gran parte del pasaje a oscuras.

Las leves curvaturas, como bloques sobresalientes y raíces en el túnel, proyectaron sombras a los costados, dejando únicamente su interior central revelado.

Suaves corrientes de agua se movían por los suelos, los cuales no llegaban ni siquiera a superar la altura de los tobillos.

Por un instante, una gran sombra se dejó observar.

De cuerpo extenso, tan grande como un carruaje, y una gran cola —incluso más larga que su propio cuerpo—, esta pareció alzarse, aumentando su ya de por sí gran sombra.

—E-eso es…

Un guardia intentó completar la oración.

—Es una rata.

Completó el que sostenía la linterna, avanzando y haciendo que la sombra se encogiese significativamente.

Los otros dos guardias exclamaron “¿uh?” en conjunto.

Observando hacia abajo, pudieron ver una pequeña rata de apenas poco más de 10 centímetros parada sobre sus patas traseras. La misma pareció percatarse de la cercanía del guardia, pues tan pronto como este dio otro paso más, la rata se giró, corriendo a toda velocidad por el túnel.

Los guardias suspiraron; aquel susto los hizo relajarse, retrocediendo y permitiéndose bromear al respecto.

Sin embargo, fueron incapaces de observar aquello que se deslizó fuera de su visión, en las sombras.

La lámpara se deslizó de la mano del guardia, cayendo contra el suelo y apagándose abruptamente.

—Mierda.

Durante unos escasos segundos, el lugar quedó a oscuras, hasta que lograron restaurar la luz interna de la linterna en unos cuantos segundos torpes.

—Debes tener cuidado con esta cosa —regañó uno de los guardias al otro.

—Te juro que no sé qué pasó… bueno, quizá estaba algo nervioso —admitió con torpeza el guardia.

La linterna fue dejada con cuidado en el suelo.

Desde la oscuridad, varios pares de ojos observaron con alivio cómo los guardias simplemente volvían a sus posiciones.

—Casi nos descubren.

Murmuró por lo bajo una voz femenina.

—Pero no fue así, tú y Emet lograron hacernos pasar.

Daenerys, apenas observando algo en la oscuridad, continuó caminando, asegurándose de que su voz no se filtrara a través de las paredes.

La niña descubrió que en el interior de las alcantarillas el ruido era sofocado y casi arrebatado; sus interiores parecían amortiguar el eco entre secciones.

Habiéndose confiado de aquel factor, un descuido suyo habría causado que el chapoteo de sus pisadas fuese escuchado por los guardias.

Sin embargo, lograron ocultarse gracias a su amiga semielfo y su amigo galibrano.

De entre los miembros de su grupo, ambos individuos eran los únicos que podían observar adecuadamente en la oscuridad, debido a su singular especie.

Emet logró aprovechar el momento y, según lo planeado, derribar la linterna de los guardias.

Así avanzaron más profundo, aprovechándose de la oscuridad.

Como una simple humana, tanto ella como los gemelos tenían dificultades en avanzar.

Sin embargo, todos formaban una parte importante de su plan en conjunto.

La intersección se dejó ver ante los ojos de los miembros del grupo de Daenerys, vigilada por cuatro guardias, todos posicionados en una de las esquinas de la habitación.

Esta, al igual que la mayoría de los túneles, tenía un sutil nivel de agua, el cual no llegaba más allá de los tobillos.

Era cúbica, con cuatro paredes y un techo.

Según fue capaz de apreciar con detalle, tres de las cuatro paredes poseían conductos que conectaban con otros túneles, en los cuales, en sus inicios, debería haber por lo menos tres guardias vigilando.

«Estamos rodeados por unos 16 guardias», pensó Daenerys.

Observó a los gemelos, quienes, casi igual de ciegos que ella, apenas parecieron devolverle la mirada.

Aquí Daenerys no quiso probar si las paredes eran capaces de amortiguar el eco, prefiriendo seguir su plan.

Su coordinación, como en trabajos en conjunto anteriores, les permitió sincronizarse casi como una sola unidad.

«Más les vale que esto funcione.»

Daenerys observó a los gemelos extraer tres objetos de sus pantalones; uno pareció un pequeño juguete de engranes al cual previamente le habían dado cuerda.

Los otros dos eran frascos sucios que claramente habían reutilizado.

Daenerys se preparó.

Aun si Beltrán no hubiese cumplido con su parte del trato, creía que aún tendrían tiempo de ejecutar su plan y huir con lo que ocultase aquel pasaje.

Solo ella y sus aliados, como siempre había sido.

Por un momento Daenerys observó sus manos, temblando en conjunto con su cuerpo.

Apretó los dientes en silencio, no podía darse el lujo de dudar o temblar, no delante de ellos.

Saldrían de esta, definitivamente lo harían.

…

Beltrán jadeó, golpeándose suavemente el rostro mientras intentaba no dormirse.

Incluso alerta debido a la aparición del alba, le costó recuperar el aire suficiente como para no hacer otra arcada.

No sabía cuánto tardarían los efectos del alba dorada en azotarlos; sin embargo, debía desaparecer lo más pronto posible, habiendo restaurado la ilusión en su rostro, asumiendo el aspecto de aquel gnomo.

Le tomó varios minutos recomponerse y dejar que su mente funcionase adecuadamente.

«Necesito relajarme.»

Beltrán sabía que los efectos del alba dorada alterarían su mente hasta cierto punto, por lo que debía concentrarse e identificar qué no estaba bien.

Según sabía, el alba dorada solo tenía un efecto mental que no alteraba de gran manera a la mayoría de los individuos.

El alba dorada aumentaba el «deseo» de los individuos.

Mientras más grande fuese este anhelo, el efecto del alba lo amplificaría en mayor escala.

Guardó silencio, observando al gran cometa moverse por los cielos.

«¿Qué podría ocasionar su efecto? En los cielos no parece haber nada además de vacío… quizá no exista un sol auténticamente.»

Beltrán maldijo sus conocimientos.

Tuvo la necesidad de dirigirse a una biblioteca y estudiar sobre la astrología en estas tierras, si es que existía alguna base auténtica de ella.

Las albas ocultaban enigmas que naturalmente—

Tap

Tap

Tap

Algo sacó a Beltrán de su estado de concentración anterior: el ruido de pasos.

Observó.

La calle solitaria repentinamente se vio perturbada por la aparición de un individuo solitario.

Su armadura delató un símbolo que Beltrán solo había visto en iglesias y en un grupo singular de individuos.

Guardias reclutadores.

«¿Cómo llegó aquí?»

Las dudas se acumularon en Beltrán cuando, deliberadamente, buscó dónde ocultarse.

Sin embargo, sus oídos escucharon algo.

Tap

Desde un callejón, otro guardia reclutador hizo acto de presencia.

Tap

Tap

Tap

De entre otros callejones y calles opuestas, los guardias reclutadores aparecieron, rodeando la posición donde Beltrán se hallaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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