El Trono de las Bestias - Capítulo 53
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Capítulo 53: Capítulo 52: Velado.
Capítulo 52: Velado.
Sin dudarlo un instante, Beltrán se movilizó; su estómago ardía y su nariz ya no le entregaba el aire suficiente, sus pasos se volvieron jadeos.
Sin mayor alternativa, tuvo que tomar el único camino que vio visible: subir a los tejados. Para ello, escaló una tubería sobresaliente en un edificio, peligrosamente cerca de un cosechador.
Sus brazos débiles apenas pudieron exigirse para levantar su propio peso; tuvo que agradecer todo el entrenamiento del instituto, así como las prácticas físicas que Sir Aliss le hizo realizar. Si hubiese sido el mismo de semanas antes, quizá no habría logrado ni la mitad de las cosas que había hecho ese día.
Tras subir, observó a sus alrededores; tenía que buscar una alternativa, fuese cual fuese la situación.
«Puta Daenerys, me trajo a esta situación.» Insultó a su compañera, incapaz de controlar su rencor por la situación.
Por un momento, la opción de delatarla a cambio de que lo dejasen ir inundó su mente con más seriedad de la que quiso.
Sin embargo, la madurez invadió la psique del joven, haciéndole saber que Daenerys no sería la culpable, sino que él se habría movido por su cuenta propia hasta la situación en la que se encontraba.
Entonces, su odio y rencor se dirigieron a los auténticos culpables de todo aquello.
Noah Gibraltar y probablemente Samantha.
Apretando los dientes, Beltrán cayó en cuenta de que se había dejado llevar demasiado por sus pensamientos.
Escuchó el ruido a sus alrededores, instándolo a asomarse desde el borde del edificio; pudo observar a los cosechadores dispuestos a seguir sus pasos.
Aún con sus cuerpos pesados, las tuberías parecieron soportar sus pesos; con su mayor fuerza, les costaría breves instantes llegar hasta donde el joven.
Los ojos de Beltrán captaron la figura de un cosechador, alejado del resto; se encontraba pisando algo entre sus manos. Cuando se percató de qué era —una ballesta—, Beltrán retrocedió a tiempo, justo para ver una saeta volar por encima en su dirección.
Giró, observando una de las tuberías sobresalientes del tejado.
«Trágate esta, zombie pendejo.»
Exclamó en su mente antes de patear con fuerza una de las tuberías que rodeaban el edificio. La tubería cedió, haciendo que el cosechador cayese; un escándalo hizo eco en los callejones.
Aunque desquitó su molestia, Beltrán supo que no serviría de nada. Intentó visualizar una salida.
Sin energía para ganarles en una carrera, aun conociendo el terreno…
¿Qué opciones le quedaban?
Beltrán fue incapaz de pensar claramente, su mente ofuscada con varios deseos entrelazados.
Quería escapar.
Quería cumplir la misión.
Quería ayudar a Daenerys y sus amigos.
Las pupilas de Beltrán se contrajeron; su mirada, aguda, pareció centrarse en una zona específica.
…
Daenerys hizo una seña, la cual, aunque no fue vista por los gemelos, fue captada por su amiga semielfa Bela y su amigo galibrano Emet.
Ambos pusieron sus manos en los hombros de los jóvenes, su temblor dejándose notar a través del contacto físico.
No hizo falta verlos para saber que todos estaban nerviosos; con la falta de sonidos, fueron capaces de escuchar el ruido de sus corazones acelerados.
Aquel sería el mayor acto en conjunto que harían los cinco.
Aún recordaba cuando recién su abuela había muerto, la sensación de que todo acabaría y no saber qué hacer.
«Es algo hipócrita, todavía ni siquiera sé qué hacer», pensó Daenerys, esbozando una sonrisa nerviosa por instinto.
En un pasado había creído que su destino habría sido sellado desde el momento en que su familia cercana murió, y sin embargo luchó tanto como pudo; peleó tanto por comida como por refugio, encontrando gente que, al igual que ella, no se resignó aun creyendo haber caído en lo más bajo.
Primero encontró a Emet, luego a Bela; finalmente, los gemelos Jozh y Valar se les unieron.
Durante mucho tiempo buscó una oportunidad, una oportunidad de escapar del destino que se le fue dado.
Ahora, más cerca que nunca, su determinación se encontraba en el punto más alto.
Sin dudarlo, Daenerys observó a los cuatro guardias asentados en la pequeña sala que servía como conexión de tres vías en el alcantarillado.
Al fondo de estos, Daenerys logró ver la rejilla recientemente limpiada de sedimento antiguo, revelando un túnel oscuro que, según sus fuentes, conectaba con la zona o habitación-almacén perteneciente a los tiempos de la gran guerra.
Antes dudó respecto a si tal sitio albergaría recursos valiosos; sin embargo, la presencia de los cosechadores y la gran vigilancia de la zona delató que, por lo menos, existió algo que valía la pena custodiar con tanto esmero.
De las manos de uno de los gemelos, un pequeño juguete modificado fue puesto en el suelo mojado.
Daenerys fue jalada sutilmente. Sus ojos, aunque adaptados a la oscuridad, no superaban a los de sus dos compañeros. Daenerys, Emet, Bela y Valar retrocedieron.
Jozh finalmente liberó su juguete, dejándolo avanzar.
El sonido de los engranes moviéndose en su interior marcó un ruido sutil pero constante que, tras avanzar varios pasos, finalmente fue notado por los guardias.
Sin sendas especiales y con entrenamiento básico, los guardias no poseían una gran mejora general.
Aunque sus capacidades físicas superaban a la media de la gente debido a que estaban enfocados en el combate, no sobresalían en mayores aspectos, como sus sentidos o siquiera una pericia destacable en el uso de equipamiento militar.
Tardaron bastante en finalmente captar la dirección del sonido; estando alerta ante el ruido que lentamente se volvió más reconocible para ellos, prepararon sus espadas cortas.
—¿Qué es eso? —preguntó uno, viendo la pequeña silueta aparecer ante sus ojos.
Tras avanzar unos pasos más, la luz finalmente reveló la forma de la criatura.
Se trataba de un pequeño Horun de juguete, sus ojos saltones reemplazados por canicas oscuras mucho más grandes de lo que un Horun común debería tener.
—¿Un Horun?
Los Horun eran criaturas cuadrúpedas y de tamaño reducido, llegando a poco más que la rodilla de un adulto humano. Sus cuerpos acumulaban bastante grasa, usualmente usados en la ganadería, siendo una de las comidas más comunes en varios continentes.
Este poseía la misma fisiología regordeta, con la excepción de que, tras quedarse quieto, se paró sobre sus patas traseras; de sus patas, pequeños frascos salieron.
—Esos son…
Un guardia observó los frascos con curiosidad.
Sin embargo, sus pupilas se contrajeron al comprender cuál sería el objetivo final.
—Cuidad—
Antes de poder hablar, el Horun hizo que sus patas chocasen entre sí, reventando los frágiles frascos.
El líquido de estos fue vertido sobre el pequeño Horun, mezclándose entre sí. La colisión de ambos líquidos causó una reacción exotérmica que no tardó en corroer la pintura del Horun, haciéndolo derretirse.
Una gran explosión de burbujas inundó el subterráneo. Conformadas por un vapor caliente, las burbujas se expandieron a través del suelo repleto de agua; por un momento, estas llegaron hasta los guardias.
—¡Cúbranse!
Rápidamente, estos alzaron sus escudos, cubriendo sus rostros y cuerpos, logrando evitar el contacto directo con las burbujas que aún desprendían aquel vapor, indicando su temperatura.
Las burbujas llegaron hasta la linterna, tapándola y momentáneamente reduciendo la cantidad de luz que iluminaba los alrededores.
El pequeño grito del guardia no pasó desapercibido por los guardias en las demás entradas.
Aprovechándose de la visibilidad reducida, Daenerys llevó a cabo la siguiente parte de su plan.
Bela, a su costado, rápidamente extrajo de su cinturón un dardo arrojadizo.
Como una semielfa, Bela poseía una gran precisión y control sobre su cuerpo, apenas comparable con otras especies más fuertes o resistentes.
Girando su muñeca en un suave movimiento con efecto, la daga realizó una curva en el aire, atravesando las burbujas y chocando contra la linterna que los guardias poseían.
¡Crash!
El sonido de las rendijas rompiéndose, en conjunto con la agitación metálica del objeto al caer al suelo, hizo eco cuando la escasa iluminación fue sofocada por la sacudida.
Las burbujas se encargaron de cortar el flujo del aire, asfixiando la flama.
A oscuras totales, Daenerys sintió cómo Emet tomó su brazo, moviéndose rápidamente a través de la intersección.
Con el corazón en la mano, Daenerys confió completamente en Emet.
Escuchó movimiento: el aire siendo cortado, probablemente por los guardias al utilizar sus armas.
Daenerys giró la cabeza, observando cómo desde la oscuridad de la habitación múltiples luces empezaban a asomarse lentamente.
Eran los guardias acercándose.
Finalmente, Daenerys se detuvo, soltada por Emet. La chica tocó lo que yacía delante suyo, encontrándose con rendijas que impedían el paso incluso a ella, con un cuerpo más delgado y pequeño.
«Esta debe ser la entrada.»
Daenerys supo que había pasado el punto sin retorno. Le hubiese gustado ser más sigilosa; sin embargo, con la cantidad de guardias presentes, los cuales superaron sus expectativas, y con el tiempo contado antes de la llegada de la iglesia…
Debían actuar en ese momento.
Sin esperar su indicación, Daenerys pudo sentir cómo Bela actuó velozmente.
Con el sonido de la cuerda tensándose, Daenerys supo que estaba utilizando su honda.
Disparó varias veces; estruendos lejanos hicieron eco por toda la habitación.
La voz de los guardias, en conjunto con todo el movimiento, causaron un espacio de tiempo invaluable.
Daenerys reconoció el leve chillido del metal siendo movido y sintió pequeños escombros caer sobre ella cuando la rejilla se tambaleó momentáneamente.
«Emet está haciendo su parte.»
Pensó Daenerys, sin poder evitar esbozar una sonrisa.
El galibrano, haciendo uso de una fuerza imposible incluso para adultos, empezó a alzar lentamente la reja que los separaba.
Emet, como galibrano, poseía un físico mucho más desarrollado en comparación con otras especies, teniendo una fuerza explosiva que, incluso sin haber llegado a la adultez ni tener una alimentación adecuada, superaba con creces a la de los humanos.
Además, Emet era mucho mayor que cualquiera del grupo, teniendo 13 años. Lo que significaba una ventaja clara.
Poseía una senda.
Aun sin ser especial, esta le otorgaba una recuperación levemente mayor, así como la capacidad de ejercer su gran fuerza con mayor impacto.
De entre los integrantes del grupo, Emet no solo era el más fuerte y grande, sino también el más capaz en casi cualquier aspecto.
Aunque era más torpe que los demás y algo bruto, sabía pelear, defenderse y sobrevivir por su cuenta. No por nada había vivido más de 8 años completamente solo.
Antes de que Beltrán se uniese a sus planes, Daenerys consideró que Emet sería quien distraería a los cosechadores; dudaba que cualquiera de esos cadáveres andantes tuviese la capacidad de alcanzarlo, por lo menos en el corto plazo.
Ahora, Emet poseía un rol aún más importante.
Daenerys tocó el suelo, agachándose; sus rodillas se mojaron con el agua. Con una mano tocó la parte más baja de la reja y con la otra el suelo: la abertura aún no resultaba suficiente.
«Vamos, solo un poco más.»
Cada segundo resultaba importante para la chica, pero ahora solo quería que el tiempo pasara más rápido.
Solo requería una abertura mínima.
Cuando, de manera repentina, escuchó un ruido singular.
El de carne siendo cortada.
—¡Agh!
Una voz exclamó con dolor, mientras Daenerys sintió cómo la abertura se redujo unos breves centímetros.
Reconoció al dueño de aquella voz.
Fue Emet.
…
Beltrán se chocó contra la pared; su hombro impactó en seco, sin embargo cumplió su cometido, pues utilizando su codo con fuerza tomó impulso.
Detrás suyo, los pasos acelerados de los cosechadores eran audibles.
Lo habrían alcanzado.
Como supuso, los trucos anteriores no fueron efectivos; aunque por momentos lograba adelantarlos, otros cosechadores atajaban, evitando el error del anterior.
Aunque su mente pareció advertirle de algo, fue incapaz de escucharla. Un solo pensamiento se mantuvo más presente que cualquier otro.
«Necesito sobrevivir.»
«Necesito sobrevivir.»
«Necesito sobrevivir.»
Beltrán se tropezó, casi cayendo de rostro, pero logró rodar.
Sus piernas ya no le respondían como quiso, y eso le costó.
Apenas logró ponerse de pie cuando sintió algo casi atravesar su brazo.
Una saeta impactó a su lado; la manga de sus ropas oscuras ahora estaba abierta.
Finalmente, antes de poder echarse a correr, algo tomó el brazo de Beltrán.
Sin observar hacia atrás, el olor de algo fétido le advirtió que finalmente había sido atrapado.
Sin embargo, su deseo por escapar fue mayor. Tiró con todas sus fuerzas hacia delante, y la manga de su ropa se descosió.
Rasgándose, Beltrán logró por poco liberarse, utilizando el último atajo que conocía, creando una apenas prudente distancia.
A este punto, el cuerpo de Beltrán se encontraba lleno de heridas: raspones, moretones y cortadas.
Sin embargo, tanto riesgo finalmente lo llevó justo donde quiso.
Observó una de las entradas al alcantarillado.
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