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El Vínculo de los Fragmentos: Crónica de las Bestias del Éter - Capítulo 17

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  3. Capítulo 17 - 17 Capítulo 17 Ecos de Acero y Sangre
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17: Capítulo 17: Ecos de Acero y Sangre 17: Capítulo 17: Ecos de Acero y Sangre El viento de las montañas se llevó las últimas palabras de Maelik mientras Kael, Erion y Naia descendían del valle.

En sus manos, el mentor les había entregado un pergamino con los nombres de los materiales necesarios para sobrevivir a las Forjas de Umbrael: Escama de Titanocerno: un coloso reptiliano cuya piel es más dura que el acero y capaz de canalizar Éter puro.

Cristal de Éter Primigenio: fragmentos rarísimos que se forman solo en los abismos de los desiertos rojos de Lumeria.

Pluma de Skynox: criatura aérea legendaria que habita los cielos tormentosos del norte, cuyos vientos pueden cortar incluso la corrupción del Vacío.

—Sin estos tres materiales —había dicho Maelik—, ni sus armas ni sus vínculos resistirán el Artefacto.

***** Primera parada: El Titanocerno El viaje los llevó hasta los bosques de Kaevar, donde la tierra temblaba con cada paso de los Titanocernos, criaturas gigantes con cuerpos cubiertos de placas minerales.

Al ver al primero, Kael entendió por qué nadie cazaba estas bestias: medían como torres, con cuernos de obsidiana y un rugido que rompía ramas a kilómetros.

—¿Cómo se supone que vamos a quitarle una escama sin morir aplastados?

—murmuró Erion.

Naia sonrió.

—Con viento, fuego y sombras… y un poco de locura.

Tras horas de estrategia, lograron tenderle una trampa con Zeyr cortando sus movimientos desde el aire, Kalzen distrayéndolo con fuego azul, y Rho proyectando ilusiones que lo confundieron.

Kael finalmente trepó hasta su lomo y, usando la fuerza de su vínculo, arrancó una escama entera mientras Erion contenía un embate mortal con su lanza reforzada.

La criatura huyó herida pero viva, y ellos quedaron exhaustos, celebrando su primera victoria.

***** Segunda parada: Cristal de Éter Primigenio Atravesaron desiertos abrasadores hasta llegar a los abismos de Lumeria, donde los cristales primigenios flotaban suspendidos sobre pozos de magma.

No estaban solos: antiguos guardianes mecánicos creados antes del Desgarro custodiaban el lugar, autómatas olvidados con órdenes de proteger los cristales a toda costa.

Una batalla brutal los obligó a unir técnicas: Naia usó el Corte Celeste para abrir pasajes en los acantilados.

Erion combinó su Llama Purificadora con los rugidos de Kalzen para desactivar trampas explosivas.

Kael y Rho crearon un campo de Oscuridad Viva que desorientó a los guardianes, permitiéndoles romper el núcleo que sostenía los cristales.

Con esfuerzo, extrajeron fragmentos suficientes para reforzar sus armas.

Pero algo inquietante ocurrió: uno de los guardianes, antes de apagarse, murmuró una frase olvidada: “El Artefacto… no forja, consume.” ***** Tercera parada: Pluma de Skynox El último desafío fue el más arriesgado.

En los cielos tormentosos del norte, criaturas gigantes conocidas como Skynox dominaban los vientos.

Estas aves míticas vivían en la cima de torres naturales donde relámpagos de éter caían constantemente.

Llegar allí exigió colaboración perfecta: Naia y Zeyr guiaron los vientos para permitir que Kael y Erion escalaran.

Rho usó ilusiones para distraer a otros depredadores alados.

Kalzen soportó descargas eléctricas para abrir paso.

Finalmente, se enfrentaron al Skynox alfa.

No podían matarlo; debían ganarse su respeto.

Kael, arriesgando su vida, saltó desde un risco, confiando en que Rho y Zeyr lo guiarían.

Aterrizó sobre el lomo del Skynox y, en un acto de pura conexión, fusionó temporalmente su vínculo con el viento.

La criatura aceptó su valor, dejando caer una pluma luminosa, más afilada que cualquier espada.

Con los tres materiales en mano, el grupo regresó a Maelik, solo para descubrir que el valle estaba desierto… y que en la roca donde él había estado sentado, alguien había grabado un mensaje reciente: “Si el Artefacto consume, ¿qué estarán dispuestos a perder?” El silencio fue aplastante.

—No solo vamos a forjar armas —dijo Naia, mirando la pluma—.

Vamos a decidir qué parte de nosotros… sacrificaremos para que resistan.

Kael y Erion intercambiaron una mirada.

El camino a las Forjas de Umbrael ya no era solo un reto físico.

Era un desafío al alma misma de los fragmentados.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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