El Vínculo de los Fragmentos: Crónica de las Bestias del Éter - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 Capítulo 19 Umbrael – La Prueba de la Sombra
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19: Capítulo 19: Umbrael – La Prueba de la Sombra 19: Capítulo 19: Umbrael – La Prueba de la Sombra El yunque flotante brillaba con una luz casi cegadora, suspendido sobre un vórtice de lava líquida que pulsaba como un corazón vivo.
El calor era insoportable, pero ninguno de los tres retrocedió.
Las runas en las paredes comenzaron a moverse, formando una frase que resonó en sus mentes: “Para forjar armas vivientes, deben unirse al Éter… y el Éter exige memoria, sangre y alma.” Rho, Kalzen y Zeyr dieron un paso al frente, como si supieran que este momento también era suyo.
Las bestias estaban inquietas, sus ojos brillando con una intensidad nunca antes vista.
—Esto no es solo mejorar nuestras armas —susurró Naia, mirando la pluma de Skynox—.
Es… convertirnos en una sola entidad con ellas.
Erion levantó la escama de Titanocerno, pesada como una montaña.
—Entonces hagámoslo juntos.
O no saldremos vivos de aquí.
Kael cerró los ojos y colocó el cristal de Éter Primigenio sobre el yunque.
En cuanto lo hizo, un rayo de energía azul los envolvió a todos, levantándolos del suelo.
El eco del coloso aún retumbaba en la cámara principal de las forjas.
Las runas antiguas brillaban con fuerza creciente mientras Kael, Erion y Naia eran separados por columnas de luz que los arrastraron a espacios distintos.
Kael sintió cómo su cuerpo se desmaterializaba.
Cuando volvió a abrir los ojos, ya no estaba en la sala del yunque, sino en un desierto de sombras.
No había cielo ni suelo, solo oscuridad líquida que ondulaba bajo sus pies.
Rho apareció junto a él, aunque parecía más sólido, sus ojos plateados iluminando la nada.
—Este es tu juicio, Kael —dijo Rho—.
Aquí la sombra no puede mentir.
De la negrura surgió una figura idéntica a Kael, pero más joven, con los ojos llenos de miedo y la espada temblando en su mano.
—No puedo —susurró la sombra—.
No pude salvar a Rael.
No pude proteger a mamá.
No puedo luchar contra el Vacío.
Kael apretó los puños.
El reflejo avanzó, su voz quebrándose.
—¿Por qué seguimos fingiendo que somos fuertes?
¿Por qué cargas conmigo… si solo soy miedo?
La oscuridad se elevó formando cadenas que se enrollaron alrededor de Kael, apretando su pecho, inmovilizándolo.
Los recuerdos lo golpearon: La promesa rota con su hermano.
Los días huyendo en las Colmenas.
La desesperación de cada derrota.
—Tienes que aceptarlo —dijo Rho, acercándose—.
La sombra eres tú… pero el miedo no tiene que controlar el vínculo.
Kael miró a su reflejo, jadeando.
—No te destruiré… —dijo con voz firme— porque eres parte de mí.
Pero ya no guiarás mis pasos.
Con un grito, rompió las cadenas y abrazó a la figura.
La sombra se deshizo en un torrente de luz azul que cubrió todo el espacio.
Cuando Kael despertó, se encontraba frente al yunque de Umbrael.
Su espada flotaba en el aire, rodeada por las sombras que ahora latían al mismo ritmo que su corazón.
Rho estaba a su lado, con una nueva marca luminosa recorriendo su lomo.
La espada descendió lentamente, y al tomarla, Kael sintió la conexión: ya no era un arma separada, era parte de su alma y de Rho.
Una voz antigua resonó en su mente: “Sombra y portador, inseparables.
Lo que se esconde en el miedo, ahora se mueve en la oscuridad.
Has despertado la habilidad: Sombra Vinculada.” Kael alzó la espada, sintiendo cómo la sombra podía extenderse por el suelo, envolver enemigos y permitirle luchar en sincronía total con Rho.
—Ahora sí —susurró el lobo, con un tono casi orgulloso—.
Somos uno.
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